nefilimsoul Nefilim Soul

Una historia de amor entre dos guerreros guardianes de mundos distintos, mundos fantásticos. Una historia de amor designada por los dioses desde el principio del tiempo. Una historia de amor escrita en el libro de la vida.


Fanfiction Anime/Manga Déconseillé aux moins de 13 ans.

#one-shot #fantasía #romance #árbol-de-la-vida #referencia-a-mitología-eslava #referencia-a-mitología-turca #guerreros-ancestrales #animales-fantásticos #universo-alternativo #dragón
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The Book of Life





-Vamos, Tiamat, ya falta poco preciosa, pronto estaremos a salvo y podré curar tus heridas-. Alentó a su dragón dorado mientras cruzaba el Mar de los Monstruos rodeado de una oscuridad profunda.



Escasamente pudo distinguir la punta de las alas de Tiamat, que por instinto de protección, había cambiado la coloración de su cuerpo ennegreciéndolo.


A lo lejos, en el punto central del horizonte, captó un reflejo azuloso causado por el movimiento del velo traslúcido que resguardaba la isla, Bujan, el refugio de sol durante la noche, su próximo destino.



Guió con maestría el vuelo del Dracan, tomando las corrientes de aire que le permitiera alcanzar mayor velocidad, apurado por el estado físico de la criatura y la propia... La estrategia funcionó, empero, justo cuando estaba a un tercio de terminar el recorrido, a su izquierda un enorme tornado de agua hizo su aparición trayendo consigo una tormenta de proporciones catastróficas... Sintió a Tiamat agitarse asustada por el movimiento de las aguas debajo sus pies.



Al fijar su vista con detenimiento en las olas del mar cuyo altura aumentaban conforme la tormenta se acercaba. Captó el movimiento veloz de una sombra negra que duplicaba el tamaño de su dragón, nadaba en círculos debajo de ellos, acechando... Era uno de ellos, uno de los monstruos del Inframundo marino que resguardaban Bujan.


Rogó vehementemente a sus dioses pidiendo le fuera permitido cumplir con su cometido, con su promesa.



El tornado de agua les alcanzó al poco tiempo.


Hizo acopio de fuerza para no resbalar del lomo de Tiamat. Se aferró a las crestas mientras eran golpeados por la manga de agua. Giro, tras giro, trató de mantener el equilibrio, de no perder de vista el objetivo y dar seguridad a su dragón.



Logró vislumbrar un espacio entre las corrientes arremolinadas, cálculo los movimientos y el tiempo exacto en que debía guiar al Dracan para salir del caos de agua, de viento... Así lo hizo, movió las crestas de donde se afianzaba a Tiamat, ella entendió enseguida. Con un solo batir de alas tomó impulso, se apoyó en la corriente de aire y con un par de giros salió por el agujero.


Resopló aliviado al percatarse de que estaban a punto de cruzar el velo. Casi podía ver el hocico de Tiamat rozarlo... Y entonces... Entonces el monstruo acechante hizo acto de presencia dando un salto desde las aguas con sus fauces abriéndose para tragarlos enteros... Seis hileras de dientes afilados que brillaron reflejando la luz de los relámpagos de la tormenta... Llamó con un grito al Dracan, al mismo tiempo que jalaba las escamas y golpeaba con sus pies en el lomo para que se elevara, para lograr esquivar la muerte.


El rugido agónico de Tiamat le indicó que habían evitado el mordisco pero con consecuencias fatales. Los dientes afilados del monstruo habían rasgado parte del pecho del dragón. Era tal su dolor que había perdido el camuflaje regresando a su color dorado. Maldijo internamente, porque estaba seguro de que ahora se convertirían en el objetivo no de un monstruo, sino de todos los entes del Inframundo.


El ataque los había alejado un poco del velo, pero, decidido, alentó nuevamente a Tiamat para llegar a tierra.


Sucedió lo que había previsto.



Un nuevo monstruo más grande y temible que el anterior se elevó por detrás abriendo sus fauces para capturarlos, a la par que el ser anterior emergía de las profundidades con un nuevo ataque... Se puso de pie ocupando el último de sus recursos, indicó a Tiamat que se mantuviera firme, que volara hasta cruzar el velo y poder entregar la carga preciada que les fue encomendada.


Sacó las espadas gemelas de sus costados, trajo toda su energía dirigiéndola a sus espadas, recitó la invocación que conocía de memoria desde pequeño. De inmediato, su armadura negra se tornó dorada, sus ojos oscuros se transformaron en una réplica en color oro de los de Tiamat. Un resplandor dorado lo envolvió, creando un aura luminosa, convirtiéndolo en un pequeño sol en medio de la negrura marina.


Justo cuando el hocico de los seres malignos estaban por tocarlos. En un movimiento veloz hizo chocar su espadas delante de él y sobre su cabeza manteniéndolas unidas...Del centro de ambas, salió un rayo de luz del color del sol que iluminó desde el firmamento hasta el fondo del mar..El brillo cegó al instante a los monstruos que se replegaron buscando refugio.


Por desfortuna, el más grande de ellos, al volver a clavarse en las aguas alcanzó a dar un coletazo en el cuerpo del dragón.


El golpe impulsó al jinete y al Dracan dentro del velo, pero, la velocidad hizo perder el equilibrio al primero quien se precipitó al vacío cayendo inconsciente al impactarse con el fondo.



~*~




Llegó a la cima de la roca dispuesto a dirigirse a su morada.


Acababa de terminar su recorrido de vigilancia por las inmediaciones de la isla, revisando minuciosamente que el velo no hubiera sido mancillado por algún monstruo o algún ser maligno.


Guardó su espada en la funda de su armadura pétrea, apoyó su mano en la madera de la entrada sintiendo el conocido cosquilleo de su transformación. La piel ambarina, que era un fiel reflejo del aspecto de la brillante piedra de Alatuir cambio paulatinamente a un color marfil, adornada por la tinta dorada que conformaba las insignias escritas por los dioses Rod y Djiva desde su nacimiento, símbolos que le distinguían como El Guardián del Djivanna Kniga, el Guardián del Libro de la Vida.



La armadura se tornó del color marrón de la madera, los mismos patrones, la misma rugosidad aunque manteniendo la dureza impenetrable de Alatuir. Sus ojos tomaron el color del follaje del inmenso roble. Su cabello cambió transformándose en largas ramas sobre su cabeza, cuya apariencia resplandecía por los reflejos dorados similares a los símbolos en su piel.


Dio el primer paso dentro.


Al instante, sintió el golpe de energía a su espalda proveniente de afuera del velo. Se envaró recibiendo enseguida el impacto cegador del destello luminoso que asustó a todos los habitantes de la isla.


Giró rápidamente alertado por la sensación en las marcas de su piel que picaron ante la intromisión en el velo. Llamó a los dos seres antiguos que al igual que él eran guardianes: Garafena, la gran serpiente que vive en las raíces del roble, la más antigua, la guardiana del Djivanna Drevo, del Árbol de la vida; el otro, Gamayu, el esplendoroso pájaro con pico de hierro y garras de cobre, el ave más antigua, más sabia, la que resguarda el nido de Samarkul.


Al regresar sus pasos fuera de la protección del roble, su aspecto volvió a ser ambarino, pétreo. Trepó sobre Garafena y se dirigió a velocidad vertiginosa en dirección a donde había sentido la ruptura del manto protector. Gamayu volaba sobre su cabeza, lanzó un par de graznidos indicándole el punto exacto donde había divisado a los invasores.


En el lugar encontró a dos seres conocidos para él solamente a través de las historias dentro del Djivanna Kinga: un Dracan y un Baghatur Altin. Ambos guardianes protectores del Huevo Solar de otro mundo.


Espantó a las ninfas que ya rodeaban al Baghatur acariciándole curiosas.



Se percató de las heridas en ambos e indicó a Garafena cargar en su lomo al Dracan, él tomó al guerrero en brazos, trepó también a la serpiente. En seguida dio instrucciones a Gamayu para que fuera en búsqueda de Zarya, la Señora del Amanecer, pues necesitaban de su asistencia.


Pidió al reptil les llevara lo más pronto posible a Alatuir, ambos intrusos necesitaban ser sanados y explicar el porqué habían hurtado el Huevo Dorado de su mundo, el porqué habían robado el Sol a su raza.


~*~



Zarya cosió y lavó las heridas de los forasteros con las aguas curativas que manaban de la piedra mágica. El Baghatur permanecía inconsciente, a diferencia del Dracan que ya había bebido por su propia cuenta del manantial.


Resultaba gracioso para él que un guardián tan fiero se mostrara temeroso y sumiso ante su presencia, no así con el resto de los guardianes, incluso con Zarya se había mostrado juguetón, agradecido. Permanecía alejado de él y no le devolvía la mirada. Entendió al fin que tal vez más que temor era vergüenza o arrepentimiento por sus actos.


Ese hecho le hizo sopechar. Con un movimiento de su mano el resto de los Guardianes se alejaron dejándole a solas con el Dracan que al instante se replegó llegando al filo del precipicio. Sin hallar más espacio a donde correr, se enroscó en si mismo.



-Yurakkha...-. Le llamó Zarya deteniendo un segundo su paso amenazante.



Él encontró y mantuvo la mirada ambarina un par de segundos para enseguida reanudar su paso ignorando el llamado insistente de la otra.


-Yurakkha...Sé benévolo, aun sufre-. Suplicó una vez más la Doncella al verlo frente al temeroso dragón.


Colocó la palma derecha sobre el símbolo rojizo distintivo de los Guardianes del Sol ubicado enmedio de los ojos del animal. De inmediato, las imágenes de la desgracia vivida en su mundo fueron mostradas, entendió la razón de su huida. Una vez terminada la visión, el Dracan le miraba esperando ser juzgado. Como respuesta, Yurakkha situó su propia frente sobre la insignia al igual que la palma de ambas manos a los costados a manera de consuelo. El dragón gimió pesaroso compartiendo el dolor, la pérdida, la angustia que toda guerra provoca.


Estuvo así, compartiendo pensamientos y emociones con el Dracan por largo tiempo hasta que su pesar menguó poco a poco. Fueron interrumpidos por el un carraspeo grave.


Se envaró cuadrando los hombros ante el sonido extraño, notó que venía del jinete del Dracan ya consciente y sentado sobre un montículo saliente de la misma Alatuir al lado de Zarya.


-Yurakkha, te presento al Baghatur Altin, es el Guardian del Huevo Solar de Samarkul en el reino de Burabai, estaba por explicarme la razón de su inesperada visita-. Mencionó la Señora de Amanecer.


Escudriñó al forastero mientras se acercaba, esperando narrara la historia de la que él ya tenía conocimiento. El extranjero abrió los ojos con sorpresa al reconocerle, se levantó tambaleante para enseguida postrarse en una reverencia apoyando una rodilla en el suelo e inclinar su cabeza.


-Mi Señor, soy Ôth-Bekkha, descendiente de la estirpe Altin, Guardianes del Sol en Burabai-. Se presentó el guerrero con una voz tan voz grave, tan poderosa, que en sus oidos resonó como un trueno haciendo estremecer su interior.


Vio de soslayo a Zarya buscando una explicación a la sensación desconocida que le apresó después, parecida al cosquilleo reconfortante que dejan las aguas curativas del manantial sagrado. Ella observaba la interacción con ojos entrecerrados y una sonrisa formándose en sus labios.


El Baghatur Altin levantó su ojos buscando los suyos, expectante. Él, Yurakkha, le sostuvo la mirada perdiéndose en la oscuridad de esos ojos extraños cuyo único brillo lo daban pequeñas motitas doradas. Así se mantuvieron por un momento, ambos embelesados en el otro, perdiendo la noción del tiempo hasta que el resoplido juguetón de Tiamat los trajo de vuelta a la realidad.


Ôth-Bekkha carraspeó lanzando un rápido vistazo a su dragón que resopló de nuevo mirándole atento.


Yurakkha observó con fascinación el momento en que el guerrero extranjero fruncía el ceño luciendo mortificado y sus mejillas cambiaban de coloración volviéndose rojizas, bajando después sus ojos al suelo. Enseguida, levantó brevemente su mirada oscura viéndole entre sus pestañas, el sonrojo se avivó.



Entonces dirigió la mirada hacia Zarya y preguntó con esa voz poderosa cargada de timidez:


-¿Mi Señor no conoce el lenguaje de los mortales?-.


-Sí, lo hace, aunque él no se comunica como un mortal... No lo necesita, su nivel de sabiduría le permite comunicarse a través de la mente, del espíritu, siempre y cuando él considere necesario hacerse oir-. Explicó ella.


El Baghatur regresó su atención a él con ojos dudoso.



Yurakkha, consciente de la incertidumbre y el temor reflejado en la mirada oscura, sacó la daga cuya hoja había sido forjada con el polvo dorado que escribía la historia del universo en el Djivanna Kinga.


Acortó la distancia quedando a un paso del Guardián.


Con la punta de dicha daga trazó en la frente de Ôth-Bekkha el mismo símbolo que tenía plasmado el dragón en su cabeza. Al instante, los ojos oscuros se transformaron en la versión dorada de los del animal, soltó un jadeo profundo antes caer tembloroso de rodillas al suelo, a penas sosteniéndose con las palmas sobre la piedra ambarina.


-¿El malestar amainó?-. Escuchó Ôth-Bekkha la voz ronca y masculina resonar en su cabeza, sintiendo al mismo tiempo un escalofrío placentero que atravesó todo su cuerpo dejándolo más aturdido.


-Sí...mi Señor-. Respondió titubeante.


-No había sido consegradoconsegrado, Guardián-. Afirmó Yurakkha de nuevo.


-No, mi Señor...Mi padre, Aslakkhan, fue asesinado por un demonio del inframundo antes de realizar la ceremonia de sucesión. El templo dedicado a Rod y Djiva fue destruido al igual que los sacerdotes que debían llevar a cabo la ceremonia. Mi padre únicamente me dio su armadura, las espadas y las instrucciones para venir aquí a pedir ayuda. Él me dijo que resguardarían el Huevo Solar, que me ayudarían a regresar la paz a mi mundo, a Burabai-. Explicó dolido.


-Ven, Ôth-Bekkha, siéntate y cuéntanos lo que ha sucedido en Burabai-. Pidió con amabilidad Zarya.


Así lo hizo ante la atenta mirada del pétreo e imponente guardián.


Les habló de la guerra originada por opositores a las leyes de los dioses benévolos, que, aliándose a los demonios del inframundo trajeron el caos y la oscuridad a su raza. Ejecutaron matanzas de inocentes y dracan por igual, sacrificandoles en honor del dios de la guerra, de la diosa del inframundo para que ambos ascendieran a gobernar.


Escuchó con atención cada palabra que él ya había leído tiempo atrás en el Libro Sagrado que resguardaba, él sabía del intento de secuestro del Huevo Solar, no obstante, las páginas del Djivanna Kinga narraban crípticamente la historia de la vida de los mundos. Aun así, sabía que llegaría la paz en algún momento. En su lectura sin embargo, no especificaba la aparición del Guardián del Sol en Bujan y mucho menos si su aparición era con buenas intenciones.


Al terminar, Zarya dijo:



-Teníamos conocimiento de la situación en Burabai... Supongo sabes que tenemos prohibido intervenir en la vida de tu mundo, o de cualquier otro, a menos que los dioses así lo designen... Si llegaste aquí es porque los dioses así lo dispusieron, consultaré con ellos acerca de tu petición, mientras tanto debes terminar de recuperarte de tus heridas. Necesitarás de toda tu energía y estar listo para regresar a tu mundo cuando los dioses te llamen-. Concluyó con una sonrisa.



-Yurakkha...-. Dijo ahora en su dirección con un brillo divertido en la mirada, sin borrar la sonrisa. -En tu morada tienes espacio para nuestro visitante, como mencioné, necesita recuperarse. En cuanto tenga respuesta de los dioses, les informaré de su de su decisión-. Terminó y desapareció en una nube blanca brillante que se elevó hasta el firmamento, sin darle tiempo a replicar.


El Baghatur le observaba atento a la espera de sus instrucciones, con los ojos ya de su color y forma natural.


Hizo un movimiento de cabeza indicando que debía seguirle. El otro fue tras él obediente.



~*~





Escuchó la expresión de sorpresa de su acompañante a su espalda. Dedujo que su sorpresa se debía a su trasformación al cruzar el umbral de su hogar bajo el cobijo del enorme roble. Se introdujo dentro del pasaje que llevaba al patio central donde se situaba el Libro Sagrado.


Verificó que todo estuviera en orden, sintió la presencia del Baghatur Altin a su lado mirando todo con ojos y boca abiertos, deslumbrado.


-Ese... ¿Ese es...?-. Balbuceó el invitado.


Asintió invitándole a acercarse.


En la parte central de la estructura, había un amplio pedestal del mismo material que la Alatuir. Sobre la base reposaba el Libro de la Vida, el Djivanna Kinga, abierto, iluminado por los rayos del primer Huevo Solar nacido de Samarkul. Rayos que caían a través del follaje y atravesaban la parte central del tronco hasta la base... Caía también un polvillo dorado que era la escencia mística de los dioses convertida en arenilla. Ésta, se posaba sobre las páginas en blanco del libro y comenzaba a plasmar en ellas los trazos que describían el destino de cada mundo creado por Rod y Djiva... Cuando las páginas eran completadas, el mismo polvo que caía se fusionaba creando un hilillo dorado que se colaba debajo de la hoja, le daba vuelta y dejaba libre el siguiente par de páginas vacías donde se continuaba el proceso.



Yurakkha no le permitió acercarse demasiado al objeto sagrado, solamente él tenía permitido tocar el Libro o sus páginas.


Hizo ademán para que le siguiera a los extremos del tronco que cercaban el espacio central. A primera vista, lucía como la corteza común de cualquier roble, empero, el Baghatur creyó notar un brillo divertido en los ojos verdosos de Yurakkha antes de que éste posara la palma de su mano sobre la corteza. Inmediatamente los símbolos dorados de su piel brillaron, acto seguido, la corteza se desvaneció dando lugar al interior... Era una biblioteca llena de los ejemplares finalizados, cada uno describía una era distinta de la historia de la vida desde el inicio del tiempo.



El imponente Guardián del Libro le permitió a Ôth-Bekkha acceder a los ejemplares antiguos. Éste, únicamente entendía algunas palabras, su conocimiento del lenguaje de los dioses era precario debido a que recién había comenzado con su instrucción en el tema, aun así, disfrutó y agradeció sobremanera la oportunidad de estar tan cerca de esos objetos sagrados. Oportunidad con la que ningún otro guardián había sido bendecido antes.



Tiempo después, Yurakkah lo guió hasta donde sería su sitio de descanso. La estancia era amplia, todos los muebles y utensilios estaban hechos de la misma madera del roble, algunos tenían incrustaciones de piedra ambarina, del mismo color y textura que Alatuir, que el mismo Yurakkha en su forma pétrea. La cama estaba cubierta por hojas, ramitas y plumas suaves, semejaba un cálido nido que invitaba a dormir por siglos enteros.


Un conjunto de risitas y murmullos femeninos interrumpieron el ambiente calmo. Yurakkha resopló con fastidio, cerro los ojos un corto momento y enseguida un grupo de ninfas hermosas entraron al lugar trayendo consigo lo que parecía un par de mantas hechas de flores, hojas, y plumas. Los dejaron sobre la cama junto con un par de túnicas blancas, además de una capa.



El grupo de ninfas se acercaron curiosas a Ôth-Bekkah, quien se mantuvo inmóvil ante el escrutinio.


Cuando las ninfas comenzaro



Cuando las ninfas comenzaron a acariciar cada parte del cuerpo del Baghatur, Yurakkah sintió otra sensación extraña, una mezcla entre ira y angustia. Fue tal, que no pudo evitar el gruñido molesto que salió de su pecho y que asustó a las ninfas haciéndoles huir despavorida. Volvió su vista hacia su invitado y lo encontró mirándolo con ojos muy abiertos, atemorizado.


Una mancha rojiza en el suelo captó su atención. Fijó sus ojos e inconscientemente acortó la distancia hasta Ôth-Bekkha. La mancha era sangre roja, pequeñas gotas que escurrían debajo de la armadura negra.


-Zarya no le curó-. Afirmó con molestia.


-No, mi Señor, no se moleste. Probablemente ella no lo notó... Además, son heridas menores, sanarán por si solas con el tiempo. Solamente necesito lavarlas-. Aclaró el guerrero extranjero trando de apaciguar su molestia.






-Sígame-. Ordenó escueto.


El otro acató la orden.


Se movieron entre los pasadizos del roble, cuyas aberturas fungían como balcones que permitían apreciar el paisaje paradisíaco de la mítica isla. Llegaron a una zona rodeada de flores y follaje verdoso que daba acceso a una pequeña cascada interna, ésta, desembocaba en un estanque cristalino donde flotaban varios pétalos.



-Las aguas son curativas, provienen del manantial sagrado de Alatuir. Puede tomar un baño, lavar sus heridas. También puede beber de la cascada-. Explicó Yurakkha.


-Le agradezco una vez más, mi Señor-. Respondió Ôth-Bekkha con una pequeña sonrisa que le produjo una agradable inquietud.


Al notar que el invitado se movía con dificultad para retirar la armadura, Yurakkha decidió asistirle. Le ayudó también a retirar la camisa.


Inclinó su cabeza para observar con detenimiento el grado del daño en las heridas. Por instinto, acostumbrado a tocar a los guardianes de la isla o a cualquier otro ser que ahí habitaba cuando resultaban heridos, palpó la piel circundante de las aberturas causadas por flechas y espadas.



Ni sus eras de vida, ni sus sabiduría ancestral le prepararon para lo que sucedería a continuación.


Un segundo después de que la punta de sus dedos hubieran hecho contacto con la piel de Ôth-Bekkha, sintió el conocido cosquilleo en su piel que anunciaba su transformación.


Se quedó muy quieto, nervioso, e incluso asustado por la reacción de su cuerpo... La piel marfil endurecida se volvió blanda, sensible, tal como la piel que tocaba; las prendas bajo la armadura se volvieron suaves, las sentía con cada parte de su cuerpo; la piezas de su armadura se volvieron duras, metálicas, parecidas a las que acababa de retirar a su invitado, pero manteniendo un color dorado... Tocó su rostro con la mano libre, se sentía firme y suave igual que el resto de su anatomía. Con el movimiento, largos mechones dorados cayeron a sus costados, exploró con sus dedos percatándose de que dichos mechones formaban parte de su cabellera.


Jadeó deconcertado al notar un sonido proveniente de su gargarta. Jadeó de nuevo impresionado ante la mirada del herido que le observaba maravillado.


-Mi Señor... ¿Se encuentra bien?-. Preguntó Ôth-Bekkha ya preocupado por su reacción.


-No...No lo sé-. Balbuceó abriendo lo ojos de par en par al escuchar el sonido de su propia voz, ronca, grave, fuerte, como un rugido.


Captó el estremecimiento en el cuerpo del otro ante el sonido de su voz.


-Me oyes...- No fue una pregunta, se acercó un paso más al forastero.


-Sí, mi Señor-. Susurró el Baghatur admirandolo de pies a cabeza.


Yurakkha acortó la distancia, posó sus manos recorriendo el contorno de sus ojos oscuros, sus pómulos, su nariz para regresa a tocar su propia cara, comparando, descubriendo...Dirigió la yema de sus dedos largos ahora sobre los labios ajenos, palpando con suavidad de extremo a extremo, fascinado con la textura...Completamente ajeno a las reacciones del mortal que contenía el aliento y cuyo corazón latía desbocado por la cercanía.


Cautivado como nunca antes por la actitud sumisa y receptiva del mortal que se dejaba hacer, no pudo detener el impulso de rozar con la punta de su nariz el costado del cuello contrario, deleitándose con el aroma que llenó su olfato. Se mantuvo ahí, grabando en su memoria cada nota de su esencia, disfrutando también del calor que irradiaba la piel desnuda de Ôth-Bekkha...Al darse cuenta del estremecimiento provocado por el roce insistente de su nariz en el Baghatur, se separó lentamente, aunque permaneció cerca, muy cerca. Su cuerpo inexplicablemente se rehusaba a alejarse.


-Hueles...-. Murmuró Yurakkha con voz más ronca, profunda.


Afirmó el Baghatur viéndose hechizado, con la mirada perdida






-¿Yo huelo?-. Le preguntó curioso.


Ôth-Bekkha asintió de la misma forma.


-¿Huelo como tú?-. Inquirió una vez más.


-No, mi Señor, yo tengo el olor de un mortal-. Musitó ido sin apartar la mirada de él.


-¿Como las ninfas?-. Insistió Yurakkha.


-No, mi Señor...U-usted huele como...Como todo lo bueno que hay en el universo...Huele como la vida, como el Dijavanna Drevo... Como la tierra calentada por el sol... Como la noche en una lluvia de estrellas...Como la magia mística de los dioses-. Declaró en un susurró grave, acercándose y levantando el rostro hasta hablar casi sobre sus labios.


Yurakkha levantó su mano derecha y puso la palma sobre el pecho de Ôth-Bekkha que soltó un suspiro tembloroso, percibió en su extremidad el golpeteo bajo la calidez de la carne.


-Es mi corazón-.Musitó el Baghatur Altin.


La alegría del descubrimiento le hizo sonreir sin percatarse. Entonces, Ôth-Bekkha tomó la mano que se mantenía sobre su corazón y la dirigió a su propio pecho, colocando después la suya sobre su dorso.


-Ese es su corazón-. Susurró sin alejarse.


Sus palabras lograron que la sonrisa se ampliara.


-Es mi corazón-. Repitió sonriente.



-Sí, mi Señor... ¿No lo había sentido antes?-. Cuestionó con un brillo divertido en los ojos oscuros.


-No...No había presentado una transformación con estas características...Es...Nuevo...Puedo oler, sentir, hablar...Como tú...Es...Distinto-. Trató de explicar aun confuso por las sensaciones novedosas.



-Aunque su presencia mantuvo su belleza deífica, su magnificencia...su hermosura divina-. Murmuró mirándole con algo parecido a la adoración.


-¿De verdad?- Susurró Yurakkha complacido por los elogio, regresando a la par su mano derecha al pecho desnudo de Ôth-Bekkha y colocando la otra en su mejilla.


-De verdad...Su belleza es incomparable mi Señor-. Insistió el guardián Altin afianzando sus manos en su cintura provocando una descarga energética en cada punto donde le tocaba.


Una emoción desconocida, cálida, se alojó en el centro del pecho de ambos, bañando de calor reconfortante el resto de sus cuerpos por el toque ajeno. Una sensación que mutó rápidamente en una energía atrayente, chispeante, que despertó en ambos la necesidad por tener más... Más calor, más contacto, más olor, más cercanía... Más...Simplemente más del otro.


-¿Yurakkha?¿Estás ahí dentro?-. La voz de Zarya viniendo de la entrada del roble interrumpió el intercambio de místico.


Sin embargo, el nombrado no se alejó.


-Acompáñame, Zarya trae la respuesta de los dioses-. Susurró Yurakkha rozando sus labios al articular cada palabra cortándole la respiración al Baghatur y haciendo enloquecer su corazón.


Ôth-Bekkha asintió con un movimiento leve rozándole ahora él con sus labios suaves... Con reticencia, se separaron para ir a atender el llamado de la doncella, sin embargo, Yurakkha le tomó de la mano entrelazando sus dedos y le guió por los pasadizos.


-Yura...- Musitó con sorpresa Zarya al verlo desde la entrada del lugar con su nuevo aspecto. -Otra transformación... ¿Cómo sucedió?- Cuestionó curiosa analizándolo a detalle.


El aludido le explicó lo sucedido en la cascada. La Dama del Amanecer veía a uno y otro con una sonrisa luminosa.


-¿Y no has dejado de tocarlo para ver qué ocurre?-. Inquirió divertida al ver sus manos unidas.


-No...- Respondió Yurakkha viendo la unión de sus manos con duda.


Levantó la mirada de sus manos a los ojos oscuros y la fijó ahí mientras soltaba el agarre poco a poco. El efecto fue inmediato, su cuerpo se transformó de nuevo al aspecto que tenía dentro del gran roble...Una punzada de dolor en el centro de su pecho acompaño el cambio dejándole desconcertado. Cortó el contacto visual con Ôth-Bekkha y se dirigió a Zarya.


-¿Porqué?-. Cuestionó con el pensamiento, con la forma usual de comunicarse.


-Creo que debes repasar tus lecciones, Guardián, ya conoces la respuesta, pero, al parecer la has olvidado-. Mencionó con una sonrisa comprensiva.


Yurakkha asintió turbado sin agregar más, ni tampoco fue capaz de mirar de nuevo en dirección a Ôth-Bekkha, que le veía con insistencia. El inusual dolor persistía aunado a una necesidad creciente por volver a tocarle, a olerle, a sentirle...Perdido en un torbellino de pensamientos confusos escuchó vagamente la explicación de Zarya.


Los dioses habían decidido intervenir en Burabai, hecho que indicaba la gravedad de la situación. Rod y Djiva habían decidido ir a erradicar el mal, a restaurar la paz. Hasta entonces Ôth-Bekkah permanecería en la isla, donde terminaría su instrucción como Guardián del Sol bajo su tutela. Una vez que los habitantes de Burabai ganaran de nuevo la confianza de los dioses benévolos, éstos llamarían a Ôth-Bekkah para regresar a su mundo trayendo consigo el Huevo Solar, que, con su luz purificadora iluminaría el camino para instaurar un nuevo orden.


-Creo que también deberías repasar tus lecciones sobre curación Zarya-. Intervino molesto Yurakkha.


-¿Qué dices?-. Inquirió la diosa confundida.


-La próxima vez, procura hacer una revisión exhaustiva del herido antes de iniciar con tu atosigante parloteo...Cúrale bien si quieres que cumpla las órdenes de los dioses-. Señalo con un movimiento en dirección al Baghatur.


Dicho esto, se introdujo dentro del roble perdiéndose en un pasaje detrás del Djivanna Kinga, ansioso por encontrar las respuestas a todas sus inquietudes.






~*~



Yurakkha al cruzar detrás del Libro de la Vida, detuvo su paso notado un cambio en el libro de menor tamaño colocado sobre un pedestal más bajo.


Las páginas de dicho libro eran pintadas con parte del polvo dorado que caía del Djivanna Kinga...Ese libro, era "El Libro de su Vida", donde se escribía su destino dictado por los dioses día a día, el único ejemplar al que tenía prohibido dar lectura...Ese libro cuyas páginas llenadas abarcaban la mitad de su totalidad antes de la llegada del Baghatur y ahora...Ahora se habían consumido rápidamente dejando solo un cuarto de hojas libres.


Aunado al cambio notorio, observó que partículas del mismo polvo caían en el piso maderoso formando lo que parecía un nuevo pedestal a un costado del que sostenía "su Libro".


Apretó los puños golpeado por el entendimiento de que el final de su camino estaba cerca. El dolor en su pecho se acentuó, no obstante, sabía que el dolor no era por la próxima conclusión de su ciclo y la consecuente sustitución por un nuevo guardián, sino por el pensamiento de no poder ver más al extranjero que estaba transformando su vida.



Embargado de dolor, dio la espalda a los objetos sagrados y se introdujo en la inmensa biblioteca.



~*~


Más tarde, regresó para acompañar a Ôth-Bekkha a sus aposentos, comprobó que sus heridas habían sido sanadas adecuadamente.


Le explicó al Baghatur que en Bujan siempre era de día y la primavera era eterna, por lo tanto, los seres que habitaban ahí no necesitaba dormir, a diferencia de los mortales quienes necesitaba horas de sueño en la oscuridad. Por tal motivo, colocó la palma de su mano sobre la cama que había dispuesto para él transformándola en una especie de capullo hecho de flores, ramas y plumas que impedían el paso de la luz exterior. Trazó después con su daga un símbolo en la palma de un asombrado Ôth-Bekkha para que pudiera abrir y cerrar el capullo según su necesidad.


Al despedirse para iniciar con su recorrido de vigilancia por Bujan, Ôth-Bekkha detuvo sus movimientos tomando sus manos. La transformación en su cuerpo se presentó.


-¿No descansará conmigo, mi Señor?-Le miró desde el interior del capullo a medio cerrar.


-Tal vez más tarde, una vez haya terminado mis tareas-. Susurró hincándose de nuevo frente al nido.


-Mi espíritu estará con ustedes hasta entonces-. Murmuró Ôth-Bekkha al mismo tiempo que besaba el dorso de sus manos con las mejillas entintadas de rojo. -Gracias por todo...mi Señor-. Le miró a través de sus pestañas.


Se acercó más hasta el Baghatur ansioso de sentirle...Instintivamente, rozó lentamente su mejilla con la ajena, pasó la punta de su nariz delineando el costado de su cuello y la línea de su mandíbula. Al quedar frente a frente, posó su frente en la contraria y dijo:



-Y mi espíritu estará contigo velando tus sueños-. Susurró sin aliento sobre los labios gruesos. -Duerme, Ôth-Bekkha...-Agregó haciendo que sus marcas brillaran y el mencionado cerrara los ojos cayendo dormido al instante.


Le acomodó dentro del capullo y le cubrió mientras recordaba palabra por palabra la respuesta a sus dudas hallada en los libros.


Se dirigió entonces al Alatuir sentándose en el borde del precipicio, contemplando el horizonte, con la mente perdida entre sensaciones, deseos y pensamiento, todos ellos dirigidos a Ôth-Bekkha.


-¿Obtuviste tu respuesta?-. Comentó Zarya sentándose a su lado.


-Sí-.


-¿Qué te turba entonces?-.


-No sé qué hacer...No entiendo...Nunca pensé que llegaría a mi este regalo-.



-Los dioses son justos, Yurakkha, tú has sido el mejor Guardián, es un regalo bien merecido... Además, él lo sabe-. Se giró a verla sorprendido por la respuesta y ella agregó: -Me dijo que hay una leyenda ancestral en su mundo. Ésta, menciona que un Dracan solamente puede compartir pensamientos y sentimientos con dos seres...Su jinete, a quién se enlaza siendo un crío...Y...Con el compañero de vida de éste, con la mitad de su alma, con el dueño de su corazón...Esa es la razón de que estuviera tan nervioso cuando se presentó contigo, te vio hablar con Tiamat, el Dracan se lo confirmó.


-Pero nuestra unión no está destinada a ser...Él pronto partirá a cumplir su destino...Y yo también...Pronto concluiré mi ciclo como Guardián-. Concluyó dolido.


-¿De qué hablas?-. Preguntó extrañada.


Yurakkha le explicó de su descubrimiento al ver "el Libro de su vida".


-Los dioses no nos envían cargas que no podamos soportar, Yurakkha, tienen un plan para todos...Siempre son justos y benévolos con sus fieles servidores...No dudes de su bondad, haz tu petición, pídeles que te dejen permanecer a su lado, estoy segura que te lo concederán-.


-Realicé mi petición en el momento supe que él era la mitad de mi alma... Les pedí protección y bendiciones para él, pedí que tuviera una vida feliz...aunque esté lejos de mí-.


-Yura...-. Musitó triste la Señora a su lado.


Se levantó rápidamente alejándose por el sendero que desembocaba en el bosque. Tiamat le acompañó durante su recorrido por la isla.


~*~



Los días pasaron con Yurakkha y Ôth-Bekkha cumpliendo cabalmente las órdenes divinas.


El Guardián del Libro instruyó al Baghatur en el lenguaje de los dioses, en técnicas de pelea, en la interpretación de los libros; le enseño a canalizar la energía de su dragón para aumentar su poder y viceversa, le enseñó también a canalizar el poder del Huevo Solar para aumentar su fuerza. Le mostró cómo comunicarse con los otros guardianes, con cualquier otro ser inmortal incluyendo los monstruos del inframundo... Lo convirtió en un Guardián del Sol, el mejor y más diestro de la historia.



A la par de su convivencia como maestro y aprendiz, se fueron conociendo. Pasaban largas horas hablando de anécdotas vividas, de sus costumbres, de sus pensamientos... De sus sentires.


Apesar de que Yurakkha se aferrara a la idea de no mostrar mayor interés del necesario, de no crear un lazo, teniendo siempre presente que el momento de su separación estaba cerca, su corazón y su alma tomaron su propia decisión.


No pasó mucho tiempo antes de que se diera cuenta de que había entregado su corazón y su alma a Ôth-Bekkha, de quien había quedado irremediablemente prendado, a quien comenzó a necesitar más que al mismo Djivanna Drevo y quien se había impregnado en su cuerpo más profundo que los símbolos dorados divinos.



Todo era felicidad, alegría y lo que Zarya llamó como "amor" cuando estaba con Ôth-Bekkha. A su lado le colmaba una sensación de plenitud que le hizo agradecer entre lágrimas a lo dioses por darle la oportunidad de haberle conocido, de haberle amado, de haberle hecho sonreír.



Sin embargo, Yurakkha nunca olvidó que el destino de los todos los seres lo decidían los dioses... y el de ellos ya estaba escrito desde hace mucho tiempo.


~*~



-Los dioses han hablado-. Se presentó ante ellos Zarya un día.


Estaba a punto de entrar en el roble al lado del Baghatur, quedaron inmóviles dando la espalda a la Doncella.



-Los dioses han cumplido, la paz reina en Burabai ahora... Han decidido que es momento de regresar el Huevo Solar a su mundo-. Agregó ella.



Ôth-Bekkha fue el primero en girarse, pero con la mirada clavada en él, quien la mantuvo en el suelo.


-¿Cuándo?-. Preguntó escueto Ôth-Bekkha.


-Ahora mismo...Tu Dracan ya está en el nido de Samarkul, está siendo cargado con el Huevo Solar-.


-No...-. Jadeó Yurakkha girándose a mirarla desvalido.


-Yura...-.Musitó ella apesadumbrada.


-¡No!...¿Por qué no avisaste con antelación?-. Reclamó dolido al tiempo que sentía los dedos del Baghatur entrelazarse con los suyos haciéndole transformarse.


-Acaban de notificarme...Enviaron a Gamayu por Tiamat...Yo no sabía, tú sabes que ellos deciden cuándo y cómo-. Susurró Zarya con voz quebrada y lágrimas ya escurriendo por su cara.


-No, no quiero-. Musitó también con lágrimas doradas escurriendo por sus mejillas, sientiendo una dolorosa opresión en el pecho que estaba cambiando rápidamente al dolor de una laceración profunda, insoportable.


-Yura...Mi Yura... Mi Señor-. Le llamó esta vez Ôth-Bekkha colocándose frente a él, enmarcando su rostro con sus cálidas manos. -Ha llegado el momento de nuestra separación...-. Añadió con voz suave.


-No...No quiero...No puedo...Moriré sin ti-. Murmuró aferrándose a cintura, adhiriéndose a su cuerpo, inclinando su frente para hacer contacto con la de él.


-Ha llegado el momento de separarnos, así estaba escrito, así lo decidieron los dioses y ellos nunca se equivocan...Tú me enseñaste esa premisa...Yo tampoco quiero separarme de ti, pero sé que no estaré solo porque mi alma y mi corazón se quedarán contigo, porque te pertenecen, eres su legítimo dueño-. Susurró sobre sus labios.


En ese momento Tiamat hizo acto de presencia cargando en su lomo el Huevo Solar envuelto en el mismo saco en el que lo llevaron hasta la isla. Parecía cabizbaja, Zarya se acercó a ella para despedirse.



Yurakkha apretó su abrazo sobre Ôth-Bekkha negándose a dejarle ir.


-Mi Señor, mi Yura...He rogado a los dioses me permitan volver a tu lado una vez que cumpla mi ciclo como Guardián, volver para unir nuestras almas como está destinado a ser, para concretar nuestro amor, nuestra únión tal como está escrito en el Djivanna Kinga...Espérame, alma de mi alma...Regresaré por ti...Regresaré a ti...Es una promesa-. Declaró entre susurros todavía sobre sus labios para después darle un dulce beso.


El primer beso...Una caricia de amor místico que selló la promesa entre ambos, que selló la unión de dos almas que encontraron su complemento a mundos de distancia.


Todavía aturdidos entre destellos dorados que explotaron en su interior con la novedosa caricia, se separaron muy lentamente... Yurakkha le acompañó hasta la Alatuir donde se encontraba Tiamat, subió con él cerciorándose de que estuviera seguro durante el viaje. Antes de bajar le obsequió la daga que siempre cargaba con él y Ôth-Bekkha el medallón con el símbolo de su estirpe.


-¿Me esperarás?- Inquirió Ôth-Bekkha con lágrimas mojando su rostro.


-Te esperaré-.


-¿Es una promesa?-. Insistió tomando su mano mientras descendía del Dracan.


-Es una promesa-. Afirmó antes de dar un salto y bajar por completo del dragón, su aspecto pétreo lo envolvió al instante.


Tiamat comenzó a agitar sus alas, dio paso veloces sobre Alatuir y se elevó poco a poco. Desde el aire la voz poderosa de Ôth-Bekkha resonó en todo Bujan.


-¡Regresaré a ti, Yurakkha! ¡Es una promesa!-.


Permaneció estoico viendo desaparecer las figuras negras en el aire hasta sentir los símbolos dorados de su piel picar por la irrupción en el velo.


Permaneció ahí, inmóvil, mirando el horizonte, mientras su interior se desgarraba por la ausencia de la mitad de su alma.



~*~


-Yurakkha-. Llamó Zarya a sus espaldas.


Siguió enfocado afilando su espada.


-¿Seguirás sin hablar?...Han pasado siglos-. Insistió ella sin obtener respuesta. -¿Recuerdas del "libro de vida" que se estaba creando al lado del tuyo?... No es para tu sustituto-. Susurró logrando que él detuviera su labor aunque no le miró ni le habló.




-Es de un Guardián que ya conoces, un Guardián al que tu vida se enlazó desde el principio del tiempo y que habrá de acompañarte por siempre-. Agregó en un murmullo.




-¿Quién?-.


-No puedo revelarlo...Los dioses me lo prohibieron-. Susurró a penas audible.



Soltó un bufido disconforme, enfundó su espalda y se alejó de Alatuir al interior del bosque.


Él no deseaba otro acompañante, él necesitaba a aquél que le arrebataron, a aquél que probablemente ya no existía, a aquél a quien prometió esperar su regreso hasta el fin de sus días.



~*~



Había sido una jornada particularmente complicada.


Tormentas desastrosas se habían desatado al rededor de la isla sin motivo aparente. Garafena y Gamayu se mantuvieron inquietos, yendo de un lado a otro hacia donde él les ordenase cuando sentía alguna alteración en el velo protector. Podía afirmar con seguridad que los monstruos del inframundo estaban librando una batalla encarnizada contra los invasores que buscaban adentrarse, no era la primera vez que sucedía.


De pronto el caos cesó y la calma volvió a Bujan. Permaneció alerta tiempo después, todavía esperando detectar aguna intromisión. Al darse cuenta de que nada sucedía, decidió adentrarse en el Djivanna Drevo.


Dio el primer paso dentro.

Al instante, sintió el golpe de energía a su espalda proveniente de afuera del velo. Se envaró recibiendo enseguida el impacto del cegador destello luminoso que asustó a todos los habitantes de la isla.

Giró rápidamente alertado por la sensación en las marcas de su piel que picaron ante la intromisión en el velo, aunado al golpeteo de su corazón que ya creía petrificado.



Fijó su vista en el firmamento buscando el origen del destello y entonces lo vio.



Un Dracan dorado atravesaba el cielo Bujan dirigiéndose a él...Un Dracan cuyo jinete portaba la armadura distintiva de los Guardianes Dorados del Sol...Un jinete que cabalgaba de pie con maestría sobre el lomo del dragón haciendo ondear su larga cabellera negra con el viento.


Un Guardián del Sol que regresaba a su lado, a cumplir su promesa.



~FIN~















21 Avril 2021 00:08:27 4 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
3
La fin

A propos de l’auteur

Nefilim Soul Mis historias en su mayoría tienen como protagonista a dos personajes: Otabek y Yuri... son historias que cuentan la manera en que las vidas de estos dos se ven entrelazadas, en diferentes circunstancias, contextos, universos, diferentes tiempos... Historias que pueden ser la tuya, la mía, la de cualquiera. En AO3 puedes encontrar algunas pequeñas historias más con el mismo nombre de usuario: Nefilimsoul

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Andy Alys Andy Alys
Me encantó esta historia, tiene tanto potencial para continuarla, pero así como esta, es perfecta, gracias por este regalo
April 24, 2021, 22:14

  • Nefilim Soul Nefilim Soul
    Me hace muy feliz que te gustara. De hecho, sí también pensé en alargarla, pero, cuando la escribí para especialmente para una dinámica a la que me invitaron, me dieron un límite de palabras y finalmente terminó así... ¿Cómo te gustaría que continuara o se alargara? April 26, 2021, 18:49
Valeria Cortazar Valeria Cortazar
Perfección 🤩😍🤩😍✨✨
April 21, 2021, 01:11

  • Nefilim Soul Nefilim Soul
    Gracias, me hace muy feliz que te gustara. Y gracias por leer este trocito de mi alma. April 26, 2021, 18:45
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