arismeyer Aris Eithne

El inicio de una nueva vida espera a Marco, tras huir de casa para evitar ser encontrado por Len, inicia un proceso de reclusión en pro de su salud mental. No obstante, diversos cambios en su cuerpo empiezan a aterrarlo, mientras que Tenmei permanece a su lado, desatando una nueva clase de tensión entre ellos.


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Un frío nuevo hogar

Instalarse en la casa de Tenmei Himura le pareció lo de menos. El chico, amable como siempre, le abría las puertas de su departamento a Marco con gusto. Quizá un poco más de culpa y arrepentimiento, sin poder evitar responsabilizarse de lo ocurrido. Como siempre, hablar de un abuso sexual era algo difícil de tocar, aun entre amigos.

Salieron casi a la media noche de casa de la familia Herz, conducidos por Emil, en un terrible silencio que incomodaba a los dos jóvenes. Al llegar al conjunto departamental, después de que Tenmei anunció que se adelantaría a subir las maletas de Marco, padre e hijo permanecieron en el interior del auto.

—Te voy a extrañar, Marco —la voz de Emil era suave, tan melancólica que delataba su tristeza casi de inmediato. Si no tenía cuidado, podría incluso soltarse a llorar en el asiento de conductor.

—Yo también los extrañaré, a ti y a mamá —por otro lado, Marco dejaba notar su dolor en el tono con el que pronunciaba sus palabras. Guardaron silencio otra vez, el gamma deja salir un suspiro quebrado, mientras Emil le observa desde el espejo retrovisor a la vez que se frotaba el rostro, limpiando las lágrimas que no quería dejar notar.

Qué ganas tenía de arrancar el auto e ir de vuelta a casa, y estaba a punto de hacerlo cuando sintió la mano de su hijo posarse en su hombro. Volteó entonces a verle, notando en plena oscuridad las lágrimas de Marco rodar por sus mejillas.

—Estaré bien aquí, lo prometo papá —el joven rubio le dijo, con la voz entrecortada, y apresurándose así a salir del auto, cosa que inmediatamente Emil imitó, con el único objetivo de abrazar a su pequeño antes de dejarlo ir.

—Nos harás tanta falta en casa, no me voy a acostumbrar a tu ausencia —no se pudo contener más, y el mayor lloró como jamás en su vida se le había visto hacer. Le repetía inmediatamente lo mucho que lo amaba, que lo había amado desde el momento en que lo sostuvo en brazos al nacer… era tan desgarradora la situación, que le costó a ambos soltarse.

—Prometo llamarlos a diario, y visitarlos cada vez que pueda, a menos que ustedes quieran venir, entonces…

—Shh, calla, Marco. No tienes que preocuparte de nada. Por lo menos una vez cada dos semanas nos tendrás aquí, ¿está bien? —Emil le pidió, cosa que Marco asintió inmediatamente.

Era ya demasiado tarde, lo mejor para todos sería despedirse, desearse buenas noches y permitir a Emil volver a casa sano y salvo. No sin antes ver que por lo menos Marco ingresara al edificio, siendo que Tenmei ya le esperaba en la puerta.

El departamento era bien conocido por Marco, pero ahora le causaba una sensación extrañamente ajena. Quizá se deba a que desde ahora será éste el lugar al que se refiera cuando hable de su casa, en vez de ser donde se llegó a resguardar para evitar todo inconveniente que su celo le pudiese causar. Tal vez era aquella la razón por la que se sentía como un sitio tan frío y desconocido.

Las palabras amables de Tenmei incluso se sentían igual de desconocidas. Un tan sencillo «siéntete como en casa» le resultaba ajeno a su realidad, una petición imposible. Así, el pelirrojo, algo temeroso acerca de qué tan cercano debía mostrarse, fue a sentarse a su lado de la cama para hablar.

—Esa noche me tardé porque habían seguido a una de las vecinas hasta la reja del conjunto —el comentario vino tan de repente, que le pareció a Marco por un momento una manera de deslindar cualquier responsabilidad con respecto a su tardanza de la noche en que todo pasó.

Naturalmente, el gamma volteó a ver a Himura, quien mantenía hasta ese momento la vista hacia la pared desnuda.

—Se llama Jaqueline, es omega. Llegó corriendo, yo ya estaba fuera cuando la escuché gritar por ayuda. Corría como alma que lleva el diablo, fue imposible dejar pasar la situación. Creí que, si me quedaba por un momento, acompañarla a casa junto con todos los que salieron cuando la escucharon, podría evitar una tragedia, pero veo que en lugar de eso causé una a alguien que estimo.

—Tenmei, ya te he dicho que no era tu culpa…

—Pero, de no ser que me importó más Jaqueline que mi encuentro contigo…

—…a ella le hubiera pasado algo. Bueno, quizá no, pero seguramente se pudo calmar del susto que se llevó. Y, te aseguro que no solamente la acompañaste a casa, sino que también le avisaste a tus amigos de Elefthería, y mejor aún, la dejaste bajo el cuidado de gente que la pudiera ayudar. Lo que pasó con Len no tuvo que ver con lo que tu hayas o no hayas hecho. Era algo que… estaba destinado a pasar.

De esa manera, Marco se culpaba a sí mismo de su violación. Si no hubiera sido tan necio como para citar a Tenmei a esas horas de la noche, si no le hubiera prometido su virginidad a aquel hijo de puta a cambio de ayuda, si tan solo no hubiera salido de nuevo a sabiendas que él estaba por ahí en busca de un segundo encuentro…

Las cálidas manos de Tenmei se posaron encima de sus hombros, al hacerlo voltear para verlo firmemente a los ojos.

—Tú tampoco tienes la culpa. Nunca será tu culpa lo que te pasó. Fue culpa únicamente de ese imbécil de Len, y de nadie más. Tú no eres culpable, y no tienes por qué cargar con ninguna culpa.

Sus palabras eran tan ciertas, pero la conciencia de Marco no le permitía creer en aquello. Aún dolía. Más allá del dolor físico que pudiera presentarse —extinto ya, aunque algunas marcas seguían siendo ligeramente notorias—, le dolía en su corazón lo sucedido. Lo que más le afectaba es que seguramente ninguna de las personas con las que hablara podrían comprender al cien por ciento ese dolor. Podrían mostrarse compasivos, darle su apoyo, pero tal como el bebé de Serge, ninguno de ellos sabía lo que era el abuso sexual.

Ni siquiera le había dicho a Serge, siendo su mejor amigo, pues no quería perturbar la paz que hasta ahora empezaba a conocer. Sus ojos empezaron a humedecerse una vez más, frunciendo ligeramente la boca para tratar de ocultar su estado de ánimo en vano. Tenmei notó su expresión adolorida, era de esperar que el simple hecho de tratar el tema le afectara de esa forma, por lo que no dudó en recibirlo entre sus brazos.

Le repetía sin parar palabras de calma, diciendo que las cosas mejorarían y que a partir de ahora no estaría solo nunca más, pero era aquello en parte mentira, puesto que cosas malas estaban en camino. Marco no estaba por nada en aquel lugar, por supuesto. Airlia le había pedido a Tenmei llevarlo por su bien, en pro de la causa. Eran tantas cosas que tenía que hacerle saber, pero podrían esperar a lo mejor un par de días, esperar solamente a que su corazón se relajara.

—Quédate tranquilo, mientras yo viva, nadie tendrá por qué colocarte un dedo encima otra vez —Tenmei le aseguró, soltándolo poco a poco de aquel abrazo para anunciar luego que iría a pedir algo de comer por teléfono. Salió de la habitación, dejando al gamma solo.

Estando en la intimidad de lo que sería ahora su habitación, no reparó en cerrar las ventanas del lugar con prisa, temiendo absurdamente que alguien le pudiera vigilar de lejos. ¿Quién iría a ser? Nadie a excepción de su familia sabía que se encontraba en el departamento del pelirrojo, Len ni siquiera tenía noción de en dónde era el domicilio, así que estaba totalmente seguro. Nadie podría ser atraído por su olor, pues en el conjunto habitaban exclusivamente omegas y mujeres beta. Era un sitio cien por ciento seguro para él. Y, sin embargo, seguía con miedo.

Es normal que, tras un evento traumático como una violación, surja algún tipo de trauma en la víctima. Marco, en lo personal, sufría de un temor recurrente a ser encontrado por Len Myers. Aquel beta se convirtió en el combustible de pesadillas de Marco, el objeto de repulsión y terror del joven gamma, al cual rogaba con toda su alma no encontrar nuevamente en la vida. Alguien tan detestable para Marco, que no sabía si agradecer o maldecir peor el hecho de haber estado inconsciente mientras era ultrajado.

La luz de la habitación era bastante brillante, extrañó por un instante las luces amarillas de su casa. Sería bueno dejar de pensar de esa manera, y aceptar de una vez por todas que ahora vivía al lado de Tenmei y que esta era su nueva casa, pero resultaba tan difícil poder hacerlo. No obstante, debía de ser fuerte y aceptarlo por las buenas o por las malas, en pro de su propia sanidad mental.

—¿Quieres cenar algo? —Tenmei interrumpió aquel silencio que empezaba a ahogar a Marco, pero tan absorto estaba el castaño en sí mismo, que dio incluso un brinco en su lugar en cuanto escuchó al contrario.

—No gracias, no tengo hambre —Marco declinó cortésmente, pero Tenmei estaba dispuesto a aceptar una negativa.

—Por lo menos puedes tomar algo de café, también tengo unas galletas. No puedes ir a dormir sin nada en el estómago —sin siquiera volver a preguntar o esperar respuesta alguna, fue a donde Marco para tomarlo desde la muñeca con delicadeza y hacerle levantarse. Marco no tuvo opción más que seguirlo. No era como si realmente no tuviera hambre, era de hecho, la mejor opción.

Alguna vez en el pasado estuvieron sentados en una misma mesa, a altas horas de la madrugada. El ambiente ya no era tan amable como en aquella ocasión, y era aquello tan lamentable.

—Mañana se supone que iría a las oficinas a hablar con Airlia de algunas cosas, pero supongo que lo mejor será atender aquellos asuntos desde aquí —Tenmei quiso entablar la conversación, indeciso de si era buena idea o no el tocar el tema de Elefthería.

—No, no deberías detenerte de tu labor por mí —Marco inmediatamente le pidió, pues lo que menos quería era el estorbarle.

—Un poco de home office no puede hacer daño de vez en cuando. De todas maneras, he recibido un trabajo de programación por lo que quedarme en casa asegurará mi eficiencia.

Marco se quedó callado por un momento. Daba sorbos a su café, pero en algún momento, volteó a ver a Tenmei antes de volver a hablar.

—Entonces te ha ido más que bien como programador. Debe ser genial, que nadie sepa tu casta y te contraten por tu habilidad.

—Es… casi como una especie de ventaja, el trabajar vía internet sin que sepan mi casta. Es una fortuna que para casos de freelance no te pidan tu certificado de casta. Solamente preguntan por tu nombre, tus tarifas, y voila, tienes un trabajo de varios dalers crecientes.

—Tendría que aprender una profesión de ese tipo, siendo que la escuela ya no me va.

—Nunca es tarde para aprender. Veamos, te puedo contratar como mi ayudante, si te parece, y convertirte en mi aprendiz —Tenmei mencionó, cosa que hizo reír a Marco.

El pelirrojo en verdad era de su agrado, le daba tanta seguridad que poco a poco dejaba de pensar en sus penas y dolores, encontrando algo de paz mientras bebía su taza de café. Al acabar, se despidieron para verse la mañana siguiente. Era ya cerca de las dos de la mañana, y dormir era necesario. Se fueron a sus habitaciones, despidiéndose hasta la mañana siguiente.

El mundo de los sueños, lamentablemente, no funcionaba como método de escape para el joven de cabellos rubios, siendo que desde el momento en el que ocurrió su desgracia, las pesadillas con el rostro de Len por doquier no le abandonaban. A veces parecía tener visiones, en las que su vaga conciencia le daba más detalles de lo que ocurrió esa noche en la casa de Len como, por ejemplo, el estar debajo suyo, mientras aquel bastardo le susurraba palabras sucias en su oído, aun si no estaba cien por ciento seguro de que lo fuera a escuchar.

Daba miedo pensar que Myers estaba tan enfermo que lo trataba como si estuviera consciente a pesar de haberlo dormido más que bien, y todavía tener el maldito descaro de tirarlo en un vertedero a riesgo de que pudiera morir o bien a causa del frío, o porque los recolectores no vieran su cuerpo. Por dichos pensamientos tan espantosos, no sintió descanso alguno en cuanto despertó. Quiso incluso volver a dormir, pero su cuerpo le gritaba que ya era suficiente.

Se quedó así, recostado en la cama, mirando hacia el techo que ya le era familiar, pero sintiendo todavía el frío de ese lugar, como si fuera la primerísima vez que lo pisaba.

El sonido de los pájaros le parecía tan extraño y molesto, así como el ángulo en el que el sol se colaba por la ventana. Lo que más le venía a la mente para tratar de apaciguarse era aquella frase tonta, «sonríe, este es el primer día del resto de tu vida», pero el pensar en eso le hacía sentir flojera de vivir el resto de su vida. Tenmei tocó a la puerta poco después, indicando que el desayuno estaba listo. No podía dejarlo así nada más, obligándose a ir al comedor para comer algo.

El pelirrojo no era ajeno a su tensión, limitándose a saludarlo, decirle que ojalá haya descansado, aunque por la cara del contrario, se notaba que eso no le fue posible.

—Después de comer, estaré en el estudio para seguir trabajando. Puedes hacer lo que quieras mientras estoy ocupado, como ver televisión, leer algo, o no sé…

—Preferiría estar en el cuarto, y solo descansar —Marco dijo, en un tono relajado, siendo obvio que de esa manera se gastaba los días en su casa.

—Dijiste que tienes un amigo, ¿y si le llamas? Te haría bien escuchar una voz conocida. Puedes incluso darle el número de aquí, para que te llame en vez de tratar de contactarte a la casa de tus padres.

Marco lo pensó bien, y quizá el platicar con Serge le sería beneficioso, asintiendo así mientras acababa con su desayuno. Tenmei entonces sonrió, complacido de que hiciera caso a su recomendación. Le serviría para distraerse, y así, al terminar de recoger la mesa, fue a tomar el teléfono inalámbrico y entró a su habitación para marcar el número.

—Diga —la voz del pelinegro se escuchó del otro lado de la línea, emocionando a Marco.

—Serge, soy yo, Marco —le dijo inmediatamente.

—Oh, ¿cómo estás? Hace tanto que no sé de ti. Me dije a mí mismo que a lo mejor te topaste con un nuevo mejor amigo.

— ¡Por supuesto que no! Nunca nadie tomaría tu lugar como mi mejor amigo.

—Entonces, ¿a qué se debe tu repentina desaparición?

—Cosas, complicadas de mencionar —respondió el rubio—. Pero deberías estar contento de que nuevamente estamos hablando.

—Claro que lo estoy. Llamé un par de veces a tu casa, pero tu mamá me dijo que no te encontrabas bien para hablar. Incluso te mandé mensajes que no respondiste. ¿Seguro que todo está bien?

Tragó algo de saliva. No quería preocupar demasiado a Serge por lo que, al contar la historia, omitiría demasiados detalles que de por sí eran difíciles de contar para él.

—Pues, tuve una especie de inconveniente con algún estúpido, además de eso, me empecé a sentir mal.

—Ya veo… pero, ¿te estás atendiendo? Si te sientes mal, ¿has tomado algo? —Serge sentía que algo no estaba bien con la historia de Marco, y la preocupación y cariño que le tenía hacía que fuera imposible el incluso no sobreprotegerlo.

—Eh, no, no del todo…

—Si quieres, puedo ir hoy a tu casa. Podría hablar con Iván y quedarme a dormir contigo…

—No me encuentro ahora en mi casa, Serge… es, es muy repentino, pero tomé la decisión de mudarme con un amigo —Marco no recibió respuesta inmediatamente, pues Serge se sorprendió de tan repentina revelación—. Hubo un «inconveniente» y, tuve que irme de casa.

—Pero, ¿en dónde te encuentras? Marco, si necesitabas un lugar donde quedarte, pudiste venir conmigo.

—Es que es complicado, te contaré, pero… dame tiempo, ha sido muy difícil.

Serge no podía evitar el pensar en varias cosas que estaban mal con aquello, aunque les daba más protagonismo a sus sentimientos heridos por no haber sido la primera opción de refugio de Marco. Las ganas de cortar la llamada no faltaban, pero se trataba de calmar al escuchar lo que su amigo tuviera que decir.

—Entiendo. Por favor, dame entonces la dirección de donde te encuentras ahora. Quiero visitarte, saber cómo te encuentras cara a cara.

—Te mandaré la dirección en un mensaje, también el teléfono de este lugar, pero solamente te pido algo. No les des estos datos a nadie. Solamente tú y mi familia debe tenerlos. Si alguien te llega a preguntar por mí, no le digas nada. Menos si se trata de Len.

Serge estaba extrañado de semejante petición, pero no dudó en prometerlo.

—Así será, Marco. No se los daré a nadie —le prometió, escuchando a Marco hablarle con un alivio tremendo, colgando poco después la llamada.

Serge no podía simplemente evitar preocuparse de lo que estaba pasando. Era extraño el perderle rastro a Marco, y de repente aprender que se encontraba viviendo en algún otro lugar, tan lejos de su casa original. Algo sucedía, pero temía preguntar por ello.

4 Avril 2021 21:59:06 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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