svamr SVA MR

Dos amigas hablando se amores, confundidas y anhelantes, por cosas que son más fuertes que ellas, pero que contradicen sus ideales de crianza, lo que creen y lo que aparentan ser. ¿Por qué es tan difícil aceptar que nacemos diferentes?


Romance Tout public.

#amor #amigas #confesión #ser-o-no-ser #embajadorinkspirado
Histoire courte
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To (Bi).

Serví un vaso de agua fresca y la llevé hasta la habitación, donde me estaba esperando ella. Se sentó frente a mi escritorio, y yo en la cama. La miré por un momento mientras bebía, con tanta tranquilidad que me estaba desesperando. Necesitaba explicaciones. Necesitaba entender lo que pasó. Quería entender lo que pasó, aunque después de eso, ya nada sería igual. Prefiero correr el riesgo. No nací para ser budista, lo sé.

Por fin, bajó el vaso y se secó los labios con cuidado. Solo le faltaba decirme que quería ir al baño para aumentar mis ansias y ralentizar el momento.

—¿Y bien? —pregunté, mirándola con tanta atención que se me podría caer una mano y no me daría cuenta.

—Esto no es fácil para mí tampoco —me dijo.

Imagino que no. No es fácil para nadie. Pero, aun así, quería entenderlo, y entenderla a ella. Creí que éramos amigas. Y me sentía como una mierda por tener estos pensamientos. Por sentirme traicionada, sin saber el infierno que debía ser su cabeza. Por eso quería entenderla.

—Te entiendo. Pero solo un poco, y quiero entenderte más, de otra manera —le dije, tratando de hacer que se sintiese mejor— ¿Desde cuándo sos… así? ¿O desde cuando sabés que sos así?

—Desde que tengo diecisiete.

—Hace más de siete años.

—Sí.

—Pero… vos y Francis…

—Sí, lo sé. Y no fue algo falso.

—¿O sea que vos… vos sos? —no supe cómo terminar la pregunta. No quería ofenderla.

—Sí —respondió ella, sabiendo ya qué le iba a preguntar. ¿Le habrá pasado muchas veces ya? Al parecer no, por eso estaba tan nerviosa. De seguro se sentía como la mierda, yo también me sentía así. No me imaginaba lo que era estar en su pellejo.

—Esto no es fácil para mí. La gente no suele entender a las personas como yo. No lo hacían en mi país de origen. Y aquí todavía es un poco tabú. Creen que en verdad no he madurado. Pero no. Es lo que soy. No es una etapa. Me costó mucho aceptarme por eso. Me costó perder a varias personas en mi vida. Y quiero convencerme de que fue lo mejor, pero igual es doloroso. Y no me gustaría que seas un nombre más en esa lista.

Mierda. Quería llorar. Esto era muy difícil. Me sentía como una basura. Me dolía verla así. Comencé a sentir mis ojos arder y mi garganta volverse un nudo.

—Pero te lo voy a contar —continuó diciéndome—. Desde el principio.

Yo, cuando estaba en secundaria alta, que sería equivalente a los tres últimos años de secundaria aquí… tuve mi primer novio. Éramos amigos desde los quince y nos hicimos muy cercanos hasta que comenzamos a salir. Recuerdo que siempre nos hacíamos preguntas un poco coquetas. Él no quería aceptar que yo le gustaba, y yo no sabía cómo tomar la iniciativa. Así que, cuando otro chico comenzó a coquetear conmigo, sintió que podía adelantársele, que yo me cansaría de esperarlo, así que por fin se decidió.

Nos convertimos en amigos y pareja. Nos llevábamos muy bien y nos mostrábamos cariño el uno al otro, cuando estábamos a solas, claro. Allá no está bien visto que una pareja se demuestre afecto frente a los demás.

Más rápido de lo que se acostumbra aquí, tuve mi primera experiencia con él. Recuerdo que no sabíamos muy bien qué hacer. No era algo sobre lo que aprendes más que leyendo algunas novelas y viendo películas. Aquí, los padres suelen tener “la conversación”. Y deberían apreciarla más, porque al menos hacen el intento. Nosotros lo comprendimos cuando pasó, y demoramos un poco en disfrutarlo. Al principio estaba bien, pero no parecía la gran cosa. Hasta que nos animamos a ver un par de películas.

Yo lo quería mucho… sentía que lo amaba de verdad. Y todo era normal entre nosotros.

Durante el último año llegaron nuevos alumnos al colegio, entre ellos una chica que fue mi amiga. Las dos congeniamos desde el principio. Nos volvimos muy cercanas tan rápido que parecía increíble. Teníamos muchas cosas en común. Yo esperaba que ella tuviera novio para que hiciéramos citas dobles. Pero a ella le molestaba la idea. Tampoco le agradaba mi novio, y no sabía decirme porqué.

Un día, ella fue a mi casa para hacer un trabajo y nos encerramos en mi habitación. Trabajamos hasta que se fue mi mamá… Y después nos pusimos a escuchar música y a bailar como dos locas, fue muy divertido. En un momento ella grito que nunca conoció a alguien con quien se llevara tan bien como conmigo… yo le grite lo mismo. Y en un momento nos callamos… nos miramos un poco extrañadas. Creo que las dos nos pusimos nerviosas de la nada…

De pronto, ella me preguntó qué se sentía besar a alguien, porque nunca lo había hecho. Yo me entusiasmé porque creí que al fin querría tener un novio. Le dije que al principio se sentía raro, pero que, con la práctica, se volvía agradable. Cuando le contesté, mi amiga puso un par de dedos sobre sus labios, y yo vi cómo se hubieron un poco. Me encontré pensando que eso se debería a que eran muy suaves… y me di cuenta de que quería tocarlos. Me mordí el labio inferior y ella me observó con atención.

En ese momento, las dos sentimos un magnetismo la una por la otra. No sé cómo explicártelo bien, miramos al mismo tiempo nuestros ojos y nuestros labios, y casi al instante, nos dimos un beso. Pensé que sería raro e incómodo. Pero no lo fue. Se sintió demasiado bien.

Luego nos alejamos y comenzamos a murmurar al mismo tiempo: esto no pasó, no pasó, no pasó… De repente, ella se puso de pie, me miró y me dijo: Maki… creo que me gustás. Esa fue la experiencia más extraña de mi vida. Yo le recordé que tenía novio, ella se puso triste, quiso irse, pero yo la detuve, no quería que se fuera así… entonces la bese otra vez.

Me di cuenta de que ella me gustaba, así que le pedí a mi novio que nos diéramos un tiempo… y no fui muy buena con él, porque… durante ese tiempo experimenté con mi amiga.. Siempre que podíamos, nos besábamos a escondidas. Pero no llegamos a nada más hasta que terminé mi relación.

­—¿Y ustedes dos comenzaron a salir después de eso? —pregunté al fin, con los ojos llenos de lágrimas, luego de un incómodo silencio. La mano en la que tenía mi crucifijo me dolía por tanto apretarlo mientras la escuchaba.

—De cara al mundo, no. Todos creían que éramos buenas amigas, por el hecho de que yo había salido con un chico. Sin ese antecedente, creo que sí les parecería raro, y tal vez lo hubiesen aceptado mejor.

—¿Y hasta adonde llegaron?

—A… comprar un manga yuri, porque no sabíamos cómo lo hacían las chicas. Hicimos esa clase de locuras. Yo me di cuenta de que no era muy normal. Me gustaban los chicos, y me sentía bien con mi ex novio, pero… lo mismo pasaba con mi amiga…

—¿Y por qué no te aceptaron? Es como ser medio homo y medio hetero. ¿Cuál era el problema?

—El concepto de Bisexual no está bien visto. Para muchos, tenés que ser una cosa o la otra. O te gustan los chicos, o te gustan las chicas. Alguien como yo, que está en el medio, es una abominación. La gente hace bromas sobre lo bien que la pasamos, pero cuando tienen en su círculo a alguien que es bisexual, lo miran como a un bicho raro, como a un indeciso.

—Lo siento —le dije, después de una pausa.

—De vos lo entiendo, porque tenés una educación muy religiosa, y entiendo que te ha costado mucho acertar a Julio y Enzo.

—Es que… —mierda, otra vez ese nudo en la garganta. No quiero volver a llorar.

Mi problema no era ella o sus gustos. Mi problema era yo. Eran mis sentimientos. Lo que deseaba y no me atrevía a asumir.

—Y lo que te pasó con tu amiga… ¿te pasa ahora conmigo? —pregunté al fin.

Ella suspiró.

—Sí.

Dejé caer mi cabeza sobre mi regazo y comencé a llorar otra vez. Estúpidos sentimientos. Estúpida educación. Estúpidos prejuicios que me hicieron sentir culpable. No me gustaba eso. No lo quería. Me gustaría poder sentirme libre y hacer lo que quiero sin reproches, ni propios ni ajenos.

¿También me verían como a ella? ¿También me considerarían una abominación por quererla?

Escuché la silla del escritorio y la vi ponerse de pie y mirar hacia la salida.

—Tranquila, te entiendo —me dijo, y pasó cerca de mi hacia la puerta, pero estiré la mano y la detuve. Me le arrojé a los brazos, ocultando mi cabeza en su cuello, y lloré mientras le pedía disculpas. Ella se acarició la cabeza, suplicando que me calmase, pero no podía. No quería que se fuera, no así.

Una vez que me calmé, me separé un poco de ella, pero seguía aferrando sus brazos.

—¿Podés hacerlo de nuevo? —le pregunté, y ella me miró extrañada—. Lo de… esa vez. ¿Podemos… hacerlo otra vez?

29 Mars 2021 17:07:41 2 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

A propos de l’auteur

SVA MR No vivo en una burbuja. Creo que, de hecho, soy demasiado consciente de la realidad. Al menos de la mía. Soy profesora de japonés, escritora por vocación, futura Licenciada en Letras, blogger eventual, petmadre por siempre, jlover (amante de la música del país del sol naciente), tejedora, lectora y conversadora compulsiva.

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Giles Le Coste Giles Le Coste
Pues me ha gustado mucho tu historia, de verdad, escribes realmente bien. Gracias por una historia tan bonita.
April 08, 2021, 10:41

  • SVA MR SVA MR
    Woo, muchas gracias!!! Y gracias por el comentario! May 02, 2021, 16:38
~
Saga Asia
Saga Asia

Las historias que escribí sobre culturas asiáticas en realidad están relacionadas. Todo empieza con ¡Hagamos que valga la pena!, sigue con Mi stalker favorita y termina con Perfectos mentirosos. En savoir plus Saga Asia.