hovurus Luciano Coppola

Puede que no solo existan seres cósmicos abominables que anhelan asolar este mundo en nombre de la perversidad, sino también males antiguos, entidades que nos han acechado desde tiempos inmemoriales: demonios, fantasmas y criaturas críptidas, son sólo algunos de ellos. Relájese unos minutos; siéntense a leer en algún lugar silencioso, bajo la tenue luz de su lampara o en la absoluta oscuridad si lo hace desde su dispositivo móvil, y dispóngase a leer esta antología de cuentos de terror, que busca explorar senderos ignotos tras historias macabras y lúgubres. Cada relato aquí publicado fue registrado en Safe Creative. Copyright © Todos los Derechos Reservados


Horreur Horreur gothique Tout public.

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El Circo


En noches como esta, me embriaga el recuerdo ominoso de aquellos días, como si la sombra del circo perdurara inmutable; sin embargo, mi temor no carece de justificación, por al contrario, cada miedo que evoca las inexorables tinieblas en mí, inició una terrible noche de octubre.

Un relámpago iluminó el páramo boscoso por el cual avanzaba dificultoso tropezando con los vestigios de tormentas pasadas, al mismo tiempo, divisé la enorme carpa del circo en medio de aquel solitario lugar. Tan rápido como la luz se extinguió, el firmamento se volvió tan fúnebre, como hubiese atravesado el umbral hacia un maléfico reino de pesadillas. Me había perdido de camino al pueblo donde visitaría a un amigo, por lo que, al ver las luces de las caravanas entre la anarquía del diluvio, me sentí afortunado.

A las fuera del viejo circo había un terreno de barro y suciedad. El ímpetu de los elementos era tal, que no pude examinar por más tiempo todo aquello; al instante, una parte de la enorme tienda se abrió y me encontré de frente con un hombre de gran sombrero de copa que me invitó a entrar con mucha cortesía. El interior yacía impregnado por una luz marchita, humo de cigarro y el sonido aciago de las gotas de lluvia que golpeaban la carpa negra.

Una vez dentro, mi benefactor, un sujeto delgado y de rostro cordial, se presentó como Razvan Radulescu, maestro de ceremonia de aquella empresa singular. Luego de agradecerle su generosidad e indicar mi nombre, me condujo por el escenario: una modesta plataforma en el centro del complejo. La zona estaba iluminada por cuatro cirios, cada uno de ellos sobre un suelo pintado de rojo rutilante. Varios sujetos de tamaños anormales, uno tan alto y corpulento que bien podía ser descendiente de Anteo, mientras que su acompañante era la antítesis con una estatura casi cómica, por lo que no pude evitar esbozar sonrisa. También tenía lugar sobre el escenario unos extraños espectáculos de marionetas y danzas tribales. Sintiendo curiosidad por aquellos actos, le pregunté al señor Razvan de dónde provenían.

—Desde muy lejos, cruzando el mar negro hasta tierras rumanas —respondió orgulloso.

No lo dudé, pues el aspecto de mi protector tenía esos rasgos moldavos distintivos. Rodeamos el escenario sin molestar a los presentes hasta llegar a un camerino pintoresco y bien iluminado. Enseguida me prestó ropa seca y ordenó a una mujer pequeña que vestía ropajes oscuros y un velo que le ocultaba el rostro, traer comida y bebida. No transcurrieron escasos minutos cuando reapareció cargando una bandeja con frutas y whisky. El señor del circo dispuso ante mí la charola y sirvió tragos para ambos.

—Tuvo mucha suerte —dijo Razvan—, hoy será nuestra última noche en este sitio.

Le pregunté hacia dónde partiría, pero esbozó una sonrisa ufana y miró un mapa a su diestra con enigmático anhelo.

—Sudamérica... sí, el clima allá es muy bueno para el trabajo y está repleto de ejemplares interesantes —expresó en tono satírico mientras sé servía otro vaso de whisky.

La luz de las lámparas de gas irradiaba un halo antinatural, haciendo que cada color en ese camerino fuese más lúgubre. Mis ojos se posaron sobre las vestimentas ahí colgadas; todas eran de tallas muy pequeñas o muy grandes, pero ninguna constituía a la de una dama promedio; las zapatillas no eran ajenas a este peculiar hecho, pues cada una dictaba de ser tallas absurdamente extrañas. Sus composiciones podrían ajustarse a las de un niño, un adulto o una mezcla blasfema de ambas. El maestro de ceremonia sonrió al ver mi cara confusa y me invitó a que le acompañase. Regresamos por nuestros pasos hasta estar cerca del escenario donde muchos de los circenses laboraban envueltos en la triste luminosidad moribunda de los cirios.

—Permítame que le cuente una historia, una leyenda que se narra con horror en el viejo continente desde hace décadas... —comenzó a decir dirigiéndose a mí.

El relato que siguió acabó con la tranquilidad que yo había poseído.

—Desde la lejana Rumanía hasta la gris Inglaterra, se cuenta la supuesta existencia de un circo errante de bestias dignas del mismísimo Satanás —hizo una pausa y aclaró su voz antes de proseguir—. Se dice que este infausto circo nómada está poseído por demonios y otras calamidades abisales del inframundo.

En ese momento todos los circenses entonaron un cántico incesante, un murmullo de terror, como si quisieran penetrar en mi mente. Justo ahí fue cuando me percaté que todas las miradas se cernían hacia mí, y me di cuenta del sentido de aquellas palabras de burla, de la farsa pantomima que se ocultaba detrás de los ojos oscuros de Razvan Radulescu.

—El circo de los monstruos... los títeres de Lucifer... hijos del averno.... pero la realidad es más simple. Las personas tienden a asociar todo con males primitivos y ocultismo; la verdad es que, sí existe tal circo y también lo es sobre sus criaturas inefables —dijo en tono irónico—... aunque para la profunda decepción del público, estos no provienen del infierno, ni de las entrañas del mundo.

El maestro de ceremonia dio un paso al frente para colocarse delante de los circenses, y con solemnidad dijo:

—No es fácil, he de admitirlo, crear un espécimen digno y fuerte es una tarea de años. Verá —hizo una pausa teatral y prosiguió en una especie de susurro—: Todo ser viviente está hecho por natura para adaptarse según los términos que se le impongan. Digamos que un perro desde que nace se le puede domesticar... obligar a su creciente cuerpo a caminar en dos patas y poco a poco enseñarle a seguir órdenes complejas. La morfología y la fisiología son materias fascinantes; con algunos estrictos procedimientos en los animales idóneos, se pueden conseguir maravillas —dicho esto, Razvan retiró el velo del rostro de aquella mujer pequeña.

Di un grito de horror cuando vi la cara achatada y canina de aquel dantesco ser. Al instante, todos desvelaron ante la luz mortecina sus fauces monstruosas: osos, ovejas, caballos y lobos yacían ahí, erguidos como humanos, creaciones diabólicas de aquella mente perversa. Lo último que recuerdo antes de salir corriendo de aquel infecto circo, es un terrible trueno consagrando las carcajadas antinaturales de aquellas execrables bestias.



25 Mars 2021 14:03:07 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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A propos de l’auteur

Luciano Coppola ☢️ Warning... 💀Escritor de terror con la dosis justa de ciencia ficción. 🖋️ Suelo ser poeta en noches iridiscentes cuando mi alma vaga por incognoscibles senderos. 🦑 Adepto de Lovecraft 💀 Discípulo de Clive Barker 🎶Amante de la música clásica, rock y metal. Respeta tu inteligencia y dile no al plagio.

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