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Viajar en transporte público os puede dejar muchas historias para contar.


Non-fiction Tout public.

#realidad #vida #historia
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Trasnporte público

Por aquellos días con frecuencia se escuchaba que el transporte público era una barrabasada, el peor servicio que puede existir, en el que no viaja gente sino al parecer sardinas con cara de anchoas pululantes por los perfumes poco agradables y la presión ejercida sobre las costillas. Si alguna vez habéis usado el autobús, el tren, el tranvía, el aeródromo o lo que sea que uséis en vuestros países sabréis que no es exageración.

A qué viene todo esto, será que no tengo nada mejor por hacer que ponerme a cotorrear del transporte público, pues no, que yo podría estar aquí hablando de los magníficos descubrimientos del Rover y la posibilidad de agua debajo de la superficie marciana, pero me parece un tanto superfluo hablar de otros planetas cuando ni siquiera conocemos el nuestro y mucho peor la psiquis de un autobús, mirad que eso es más que un planeta, el viaje en autobús es un viaje intergaláctico.

Es normal que después de unos cuantos años o a lo mejor unos cuantos meses viajando en autobús algunas personas se inmiscuyan en pensamientos profundos y posibles decisiones relacionadas con los bolsillos: “No me vengo en autobús nunca más, prefiero desgastarme la vida y un auto comprar” “No me dejo ver la cara por mis colegas, que vergüenza llegar siempre con ese olor a todos menos a mí” “No, que si no compro ese auto la chica que me gusta se me va con el repartidor del pan; mirad que el tipo tiene moto” “Me voy a comprar un auto, aunque sea lo último que haga, os juro que no vuelvo a llegar tarde al trabajo” “Hostia, estoy aburrido de llegar pisoteado, magullados, dolido, y al ras de las náuseas, me compraré un auto” “Estoy cansado del bullicio y de esos cerdos que gustan pasarse al frote en mi espalda, compraré un auto”. Más o menos drama, según la sazón que usted decida ponerle, pero yo no vengo aquí a sumarle pestes al transporte público, vengo a contaros de lo que os van perdiendo aquellos que se han sumado a la cadena de contaminación, sin antes decirles que tenéis toda la razón respecto a los cerdos frota espaldas.

Viajar en transporte público es toda una aventura. Acaso en vuestro auto particular vais escuchando de primera mano la gran historia del par de vecinas y sus perspectivas de la vida, o al par de colegas que debaten interminablemente sobre una apuesta para conquistar a una tal Daniela (pobre carne de cacería) o al par de ancianos que comentan sobre lo desgraciados que son sus nietos y los fantabulosos planes para levantarles el ánimo con sus galletas de chocolate o la gran decisión de algún estudiante de dejarlo todo e ir a cazar quimeras o a lo mejor el pequeño comentario entre dientes de alguna secretaria que dice sentir que le sudan partes que no sabía que sudaban (transporte público en verano) o los grandes piropos y susurros de algún tipo narcisista que cree que se puede coger a cualquiera.

De todo hay, el transporte público fuera de sus contras tiene algo espectacular: conocer gente e historias sin involucrarse con ellas y sin romperse la cabeza por el estrés que causa conducir.

Sigamos con está gran historia tirada de risas.

Que yo iba en el autobús hace algunas lunas más o lunas menos, usted imagine la fecha, aparentemente todo iba espectacular: un par de pelagatos en un autobús con capacidad para 40 personas, aquello es como viajar en limusina. La primera historia tiene lugar cuando el teléfono del colega que iba sentado en la primera fila empezó a timbrar, aquel tipo contestó y una gran frase soltó: “Qué querías, que me quedará ahí sentado como un tonto, yo no voy a esperar tus ganas, la cita era a las diez y mirad que son menos cuarto para las tres, seré animal, pero no tanto para dejarme apabullar, así que no me volváis a llamar”.

En la siguiente estación subió un trio (no os alarméis) de amigas, charlaban como cotorras que casi olvidan pagar, el conductor les llama la atención y una de ellas deja de hacerse la tonta, acto seguido se acomodan en la fila intermedia, una de ella suelta un comentario particular: “Viste lo fácil que fue copiar en ese examen, la vieja esa ni cuenta se dio y tú que te estabas meando de miedo, esto de sacar mala notas y andar pringando materias es de tontos, mi padre dice que la vida de escuela así como la de fuera es solo para gente inteligente y os digo que no hay nada más inteligente que disfrutar sin el estrés de joderse los ojos toda la noche con esos libros asquerosos, es mejor joderse los ojos mirando las fotos de Marco, está re chulo”.

En la siguiente estación subió cuanta gente, que ya no pude contar, pero entre ellos un par de señoras muy particular, aquellas que no dejaban de mirar a todos, cuchichear, reír y volver a mirar, en este punto cualquiera de los viajantes puede sentirse levemente psicoanalizado de gratis y levemente acosado por la escopaestesia. De entre sus susurros casi gritados escuché el siguiente: “Ves a la tipa que va con blusa amarilla y jean blanco, esa, esa la de los zapatos de payaso. Esa tipa es la madre de una de las compañeras de mi hija, trae esas greñas y esa forma de vestir de loca desde que el marido se fue con otra, el tipo se consiguió a una de la edad de la hija, fue una barbaridad, todo el mundo en el colegio lo sabe, pero parece que a ella no le importa, mira lo desaliñada que anda, parece que se quiere morir, si yo hubiera sido el marido seguramente le dejaba… que fea”.

A la siguiente estación suben y bajan, pero más suben de lo que bajan, así que la temperatura comienza a aumentar y ciertos dramas en la nariz a perjudicar, de entre los recién subidos se puede notar a unos amigos que sonríen, miran, sonríen y vuelven a mirar a toda aquella que por dama se pueda identificar, uno de ellos señala: “La tipa que va junto a la ventana, esa la que lleva ese sacón negro, seguro debajo de toda esa ropa se esconde un cuerpo espectacular, esa cara de timidez. El viejo Sandro, el tipo que nos vendía las pintas cuando todavía no teníamos edad, ese viejo nos dijo que las que tiene caras de santas son las que mejor le dan, mira que me voy hacer tonto, rozaré con ella, le haré platica y le sacó el número, ya verán”.

Para la siguiente estación, noto que todos vamos tomando cara de sardinas, en este punto uno no sabe ya cual es la mano o pierna propia y el conjunto de platicas comienzan a trastornar, uno no sabe a cuál de todas ponerle atención, pero en este caso me quedé con la conversación entre lo que parecía ser un par de universitarios: “Es que yo no sé que hacer, se me agota el dinero y trabajo como loco, sé que tú también, ayer conseguí un segundo empleo de medio tiempo en el restaurante del centro, pero creo que ni sumándole todo me alcanza. El otro día me llamó mi padre desde el pueblo, dice que mamá está enferma y necesita dinero, hago lo posible, pero apenas y me alcanza para el alquiler y mi comida. Estoy llegando a creer que debí quedarme en la granja, aquí lo único que he conseguido son deudas, más deudas, trabajo, más trabajo, preocupaciones y enfermedad. Sabes, estoy preocupado, durante un mes todas las noches me han dado fuertes dolores de estómago y de vez en cuando me sangra la nariz. No tengo dinero, no tengo salud, no tengo a mi familia, estoy triste, tengo que estudiar y todos los días a dos trabajos acudir sin chistar… Te juro, uno de esos días me voy a rendir, me regreso al pueblo y se acabó todo”.

El amigo le mira con una especie de compasión y le comenta: “Ayer llegué tarde a la oficina del arquitecto y me despidió, no tengo mucho problema con eso, el tipo era un idiota, me fastidiaba por todo y yo no sabía si era pasante o mucama lame pies, sin embargo, recibía cierto dinero que me ayudaba. Sabes, tengo un hijo de tres años, cuando estaba en último año de preparatoria me cargué los sabios consejos de mis padres, me enamoré y al final con un hijo me quedé, lo intentamos como pareja, pero ella se enamoró de alguien más y me dejó al niño, así que vengo siendo padre soltero a los 19 edad en la que muchos la están gozando, hace un par de meses que mi madre amenazó con echarme de casa si no empezaba a pagar alquiler por mi habitación y hace un par de días que me quedé sin dinero, estaba confiado y compré uno juguetes para mi hijo, algo de ropa y unos zapatos. Me quedé sin nada, ahora estoy sin empleo, pillado por el profesor por no poder comprar el material para las maquetas y absolutamente temeroso, el otro día me encontré con el abuelo de mi hijo, se la juro, tiene intención de quitarme al niño, me considera incompetente, insolvente, inútil, bobo y no sé que más. Tengo ganas de tomar a mi hijo, dejar la universidad e irme a Asturias, unirme a esas comunidades rurales y trabajar ahí”.

Los dos colegas se consuelan, se sonríen y prosiguen el viaje.

Llegada mi estación, desciendo, pero mi cabeza está solapada, de todo he oído, historias graciosas, críticas e historias de vida. Me pongo a pensar y concluyó: en está vida, al parecer todo se resume a tres cosas: amor, dinero y salud (el orden es subjetivo).

Aparentemente todo gira en torno al amor.

23 Mars 2021 16:14:18 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

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