Histoire courte
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No fuerces el hilo, de Adrián Castrellón


− Le juro, padrino, que ya casi la hago mi novia –

Juan remató con esta frase al descender de la pick up rotulada con “Lonas del Norte”, donde trabajaba después del colegio, esa tarde estacionaron frente al número veintitrés de la calle Álamo.

−Ella olvidó su libreta de Sailor Moon en el aula –recordó al bajar el cajón de herramienta −, yo la alcancé para dársela, me sonrió y se hicieron ollitos en las mejillas, nos fuimos por la sombrita platicando de lo fuerte del calor y me dijo que yo le caía bien, puede creerlo −.

El padrino bajó la escalera de la camioneta, con la paciencia de quien oye sin escuchar asintió a todo lo que le decía el adolescente.

−Tiene los cabellos que se le transparentan con el sol, los ojos así como de café con leche, más café que leche, y huele a fresas, todavía la traigo en la nariz, de veras que sí −.

Juan sostenía las esquinas de la lona, y ante la seña de su padrino arriba de la escalera, se las hacía llegar una por una para que este las amarara con cable de acero a la estructura instalada.

−Llegamos hasta su casa y nomás de lejitos me despedí porque su perro, el Negro, me gruñó al verme; luego se acostumbrará, voy a acompañarla todos los días.

Sujetaron tres esquinas y Juan se propuso para la cuarta –déjemela a mí, padrino.

−No fuerces el hilo que lo vas a romper−

Juan respondió con un suspiro.


−Ahora sí, Padrino, ya se me hizo −.

Juan descendió de la pick up de un brinco, bajó las herramientas y las hizo rodar hasta donde se proponían una nueva instalación.

−Hoy hasta me esperó para que la acompañara a su casa – continuó cuando ya preparaba el cable de acero −, llevaba puesto el uniforme deportivo que se le ve tan bien, aunque los demás dicen que no tiene cuerpo, yo les dije “ustedes que saben”, y me hicieron bulla.

El padrino colocó la escalera en la primera esquina y respiró hondó, escaló peldaño a peldaño sin prisa mientras Juan ya le extendía las pinzas, el cable y el ojal de la lona.

−Me platicó que le gustan las mangas, no sé que sea eso pero voy a preguntar para también saber. Luego me dijo que si hacíamos equipo para el proyecto que viene y hasta se me fue el aire, usté cree −.

El padrino se secó el sudor de la frente contemplando al joven.

−Hasta le tomé la mano para despedirnos, las tiene suavecitas como de terciopelo, y el Negro no dijo nada, como que ya me acepto−.

Faltaba una esquina por atar y Juan se adelantó a subir a la escalera – yo amarro esta, Padrino−.

−No fuerces el hilo que lo vas a romper−

Juan se limitó a sonreír.


−Ya valió, padrino−

Juan tardó un momento para bajar de la camioneta, hasta que vio a su padrino hacerlo, esta vez, de regreso al veintitrés de la calle Álamo para cubrir la garantía por una esquina caída.

−La esperé afuera del colegio y le convidé de mis fritos –dijo Juan al bajar la caja de herramientas−, todo el camino me habló de unos coreanos que cantaban y hasta puso canciones en el celular. Era pura risa −.

El padrino advirtió desde la llegada la cuarta esquina caída, misma que instalaron dos días atrás.

−Llegamos a su casa y nos quedamos mirando sin decir nada, como en las películas, en eso, se me ocurre darle un beso y que se echa para atrás – dijo con los ojos acuosos− ni tiempo tuve de disculparme, se me echó encima el Negro y por poco me muerde. Ando bien triste, hasta se me olvidó ponerme calcetines −

El padrino se dio cuenta del problema, mientras examinaba el cable de acero roto, adelgazado por la tensión. Se tomó el tiempo de compartirle media sonrisa al joven y desde arriba de la escalera le recordó.

−Te dije, no fuerces el hilo que lo vas a romper−.

21 Mars 2021 19:13 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

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