relative Victorie S.

Gabrielle es un ángel considerado a sí mismo como un Trotamundos descarriado. Decide descender al mundo de los mortales para conocer todas esas historias que le son negadas en la Ciudad de Plata. En la tierra conoce a Lancaster: Un mercenario que se entretiene en su eternidad haciendo recados al mejor postor. Ambos seres, contra todo pronóstico, logran entablar una amistad. Poco sabría Gabrielle que, al volver al cielo, sería juzgado como un traidor y como castigo andaría deambulante lejos de su hogar. Aquel mercenario no supo entonces más de su compañero. Todo se hubiera mantenido tal cual de no ser que a sus oídos llegó una noticia: El Bajo Mundo arrastró a un joven ángel de la Ciudad de Plata a las profundidades de los abismos como símbolo del resurgimiento de la Eterna Guerra.


Fantaisie Épique Tout public.

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Prólogo


Destino: Tercera parte.


Solo un alma vana podría deambular por esos valles inhóspitos el cual el mismo hombre creó para su propia destrucción y remordimiento. Por el daño causado a los suyos, por un daño hacia sí mismo y hacia su señor es donde llegan a perecer las almas que antaño no tenían rumbo ni un sitio a donde ir. Es un valle lleno de silencio y piedras inmensas que obstruyen la vista más allá de ellas. El rey conocido en todo el páramo era el mejor amigo del viento. Consigo llevaba una ola de recuerdos a quienes pudiese tener la dicha de ahí morir con una hermosa vista: El silencio y una eterna oscuridad en tonos cenizas.

Sitio destinado a aquellos que fueron miserables en la tierra mortal. Un mundo lleno de odio hecho a la imagen y gloria de su creador, donde reina el rencor y la inconformidad de estar recibiendo la luz del sol. Su destino es terminar aquí, una habitación más abajo de los peldaños centrales de un infierno gélido e incesante donde converge el límite de lo existente sin descubrir, a un paso del espacio entre los espacios.

Sobre aquella enorme grieta en el suelo infertil rodeado por árboles que alguna vez fueron frondosos y llenos de vida, reposan sobre sí carentes de alma propia, conviviendo entre ellos como corazas viejas y secas con ramas que se extendían a lo alto apuntando a un cielo que jamás ha visto una luz real. A su alrededor, vigilantes del inmenso abismo de esperanzas rotas deambulan en busca de un alma que pudiera servirles a su morada y proteger lo que queda del valle.

Reciente, desde una grieta en la alta cúspide del valle, se vio caer fuerza un cuerpo que era proyectado hacia la eterna oscuridad. No lleno de ira como se suele ver, ni tampoco de tristeza. Solo era un hombre cuyo cuerpo rezaba para sí una única palabra: Derrota.

Los vigilantes se aproximaron con un paso perpetuamente lento hacia el fondo del acantilado buscando ese nuevo ser. Entre todos ellos, uno era el rey. Un líder que llevaba años siendo reconocido entre toda su legión se encontraba en lo profundo del lugar. Las artes de la hechicería antigua tendían a tener preferencia sobre los objetos fragmentados. Lo importante nunca fue tener varios fragmentos, sino el motivo por el cual se quebró lo que alguna vez fue.

El impacto fue inmenso. El eco resonó por los extremos sobre una pila de humanidad olvidada. Una capa de humo provocada por el impacto empezó a espesar como neblina indicando a las almas merodeadoras que había un nuevo invitado.

El Arcano de la antigua legión se aproximó. Detestaba el salvajismo de las bestias mitológicas cuando algo se salía de lo común. “Es un hombre al que temer” contaba los rumores de sus tropas. Su rostro carecía de expresión alguna. No se tenía un leve rastro de lo que antaño pudo haber sido. No se sabe de su pasado ni de su nombre en los más altos cargos del infierno. Sin embargo las antiguas escrituras lo idealizaban como un ángel caído, de los que más cerca estuvieron de tocar el sagrado trono pero cayeron por traición por intentar salvar y redimir a los mortales en la tierra de nadie. Desterrado y errante recurrió a las artes arcanas de la hechicería. Temido entre las sombras como un verdadero maligno por la vida que se le fue arrebatada.

Poseía una túnica teñida de oscuridad, con una capucha que casi nunca estaba colocada sobre su cabellera negra, larga y lisa. Entre los soldados lo comparaban con una de las estatuas que debían mantener el peso de todo el panteón del cielo sobre su espalda por su compostura gruesa, pero serena.

Sus rasgos firmes y tez blanca, ojos oscurecidos por la desgracia. Se extrañó verdaderamente al escuchar el estruendo. Hizo un ruido de desagrado por la neblina generada. Había cuidado no bajar cuando los ángeles decidieran lanzar los cuerpos a ese lado del infierno. Con un brazo levantado protegiendo su rostro mientras se acercaba, recordaba con cierto recelo todo lo que cayese del mundo mortal.

“En manera de castigo, serás errante entre los hombres y el cielo se te será negado por la traición a su Señor. Condenado a custodiar las fisuras del mundo infernal en espera del Juicio Final”

El hombre que cayó se revolcaba en el suelo. Estaba herido a muerte con flechas que él siempre reconocería: Las armas de los Arcángeles. Se arrodilló a su lado y retiró la capucha que cubría su estropeado rostro.

"Has caído muy bajo para pertenecer aquí" pensó el líder mirando las marcas en sus brazos. El hombre intentaba levantarse, cegado, pero estaba demasiado herido para mantenerse en esa posición. El antiguo legionario pasó la mano sobre las runas en sus brazos.

Has sido derrotado, triste y miserable mercenario –sus runas lo identificaban. Un antiguo lenguaje de los caídos le permitía saber que, efectivamente, era un demonio que logró adoptar una forma humana que no resistió al ataque.

Entre las rocas se podían escuchar rumores. Los muertos no necesitaban hablar alto ya que tal era el silencio que simplemente murmuraban: Era el lenguaje de los olvidados. Entre susurro se escuchaba que las bestias estaban llegando. El líder miró al mercenario y se vio a sí mismo cuando cayó.

– Vendrás conmigo –de sus labios salieron las palabras que nunca había mencionado. Se acostumbró a viajar solo. Contra todo pronóstico pensó para sí: Quien no crea en las segundas oportunidades para redimirse, que cuente las que se ha dado a sí mismo.

4 Mars 2021 13:26:04 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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