moonchinthesky Moon child

Micro-relatos en dónde se busca que el lector de sienta más adentrado en la situación narrada, poniéndose en el lugar de los personajes o llevándolo a pensar más a profundidad sobre las situaciones descritas. Contiene: Erótico, +18, amor, infidelidades, traiciones, engaños, problemas mentales, problemas psicológicos, entre otros.


Fiction adolescente Déconseillé aux moins de 13 ans.

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Confianza (Erótico, +18)

Podía pasar días enteros en su casa o él en la mía, disfrutábamos del tiempo juntos, éramos una pareja de amigos completamente inseparables y únicos, si me permiten decir.



Un día como cualquiera, yo había ido a su casa a pasar la tarde, era fin de semana y habíamos concluido con las tareas escolares. Ambos concordamos en que merecíamos un rato de descanso y una tarde de palomitas, chucherías y conversaciones controversiales.



Comenzamos hablando sobre la naturaleza humana y el porque creíamos que los seres humanos no eran una raza monógama.

–¡Solo piénsalo! si fuéramos monógamos como lo dictan libros como la biblia o películas como esas en las que los protagonistas se conocen en la infancia y se aman el resto de su vida, nuestra especie se habría extinguido hace años!–Mencioné con cierta emoción en mi voz, tratar estos temas con él siempre era divertido–Estamos genéticamente construidos para buscar la diversidad genética, por eso no podemos pasar el resto de nuestra vida con alguien–Me recargué en la cabecera de la cama y tantee con la mano el bol de palomitas que estaba dispuesto entre ambos cuerpos.

–Llámame anticuado, pero creo que yo si quiero una relación como las de antes, dónde cada mañana despierte al lado de la misma mujer, a esa a la que amaré el resto de mis días–Me respondió él sin mirarme a los ojos. Sabía perfectamente que se refería a una chica en específico pero era demasiado tímido para decirlo en voz alta.

–A veces me das repelús–Me senté más erguida y crucé las piernas sobre el colchón, girándome a verlo–¿Ya olvidaste lo que ocurrió con tu ex-novia, eh?



Volví a mirarlo. La imagen mental de él, aferrado a mi cuerpo, llorando por una chica que no valía ni sus lágrimas me hizo sentir un escalofrío repentinamente. Él se enderezó y se puso en la misma posición que yo, mirándome fijamente.



–Ya lo sé, estoy consciente de lo que me hizo. Pero ya acepté que ella no era la indicada–Comió el último puño de palomitas que quedaba y me pidió a señas la botella de jugo que tenía en su escritorio.



Cuando se la di, vi por un momento su expresión. Parecía estar ocultando algo, pero no lograba descifrar que era. Por lo que rápidamente dejé de pensarlo y proseguir a hablar.

–Tengo una pregunta para ti, y más vale que me respondas con sinceridad o la próxima vez que nos veamos serás una linda y perfecta chica–Me encorvé hacia el frente y vi como él frunció el ceño. Se había imaginado la situación.

–Esta bien, pero no toques mi hombría–Limpió sus labios con el dorso de la mano y cerró la botella de jugo, dejándola entre sus piernas.



Pese a tener mucha confianza, tratar un tema con ese nivel de delicadeza me resultaba aún un poco incómodo, sobre todo porque se trataba de mi, de mi propia incomodidad.



–¿De verdad es tan importante a quien le entregas tu primera vez?–Sentía como mis mejillas ardían y mi estómago cosquilleaba, mi respiración se agitó cuando lo ví poner cara de confusión y acto seguido ladear la cabeza.

–¿Por qué me preguntas eso? ¿a quien le entregaste tu primera vez, al cholo de la esquina?–Su risa lleno la habitación y despejó todo el temor de mis hombros, dando paso a un sentimiento de molestia que me hizo golpear suavemente su hombro–Ya, ya, lo siento. Es solo que te veías muy tensa–Respiró profundo y apartó la vista de mi, mirando algo en el techo de su cuarto–Bueno, cuando sucedió, yo creía que esa chica sería la madre de mis hijos y con la que volvería a hacerlo el resto de mi vida–Bajo la vista hacia mi y alzó las cejas en un ademán de frustración–Luego me engañó y caí en cuenta de que al final no importó que ella fuera mi primera vez o yo la suya, sencillamente fue el inicio de algo que seguiría por el resto de su vida–Alzó los hombros y volvió a destapar su jugo, dándole un trago largo.



Lo miré durante el instante en que lo hizo. Parecía relajado y nada alterado por la pregunta, él no se daba cuenta de la cantidad de cosas que estaba sintiendo por dentro. El estómago se me hacía un nudo mientras yo imaginaba una y mil situaciones en las que podía ocurrir mi primera vez y que podrían hacer que la recordase como la peor experiencia de mi maldita vida.



Él pareció notarlo, y tomo mi mano para agitarla y llamar mi atención.

–No lo pienses demasiado, al final, es solo el inicio y casi nunca es tan bueno como las comedias románticas lo hacen creer–Se arrastró por la cama hasta bajarse y dirigirse al cesto de basura junto a la puerta del cuarto.



Tal vez, lo dije sin pensar, o realmente, algo muy, muy en el fondo de mi me dijo que era buena idea, porque éramos tan cercanos y tan confiables entre nosotros.



Tragué saliva y me senté al borde de la cama, mi voz salió sin que mi cabeza pudiera procesar la pésima idea que iba a ser una vez que lo hubiera expresado.

–Quiero que seas mi primera vez–Al segundo siguiente de haberlo dicho, me arrepentí y pedí a gritos internos que me tragara la tierra, escupiéndome lo más lejos de él que se pudiera.



No tenía el valor de alzar la vista de mi regazo, pero mi periferia me hizo darme cuenta que se había quedado estático a mitad de la habitación, con una expresión indescifrable en el rostro. Parecía creer que era una broma, pero por el tono de mi voz y lo que me costó decirlo, rápidamente debió asumir que iba en serio.



No sabía que decir para suavizar la situación, por primera vez en mucho tiempo, me sentí como cuando lo conocí; tartamudeaba, no podía mirarlo a la cara y lo único que quería era poner la mayor cantidad de distancia entre él y yo.

No sé cuánto tiempo pasó, pero en un momento se acercó a mi y se sentó a mi lado en la cama, mirando el suelo, como si aún le costara procesar mis palabras.



–No... no tienes... no tienes que aceptar, es solo... pienso que... por como lo describes... no quiero... pensé que...–Apreté los párpados, tratando de ordenar mis palabras y expresarlas tal cual quería que las entendiera–Si no va a ser tan especial como... cómo dices... prefiero que sea con alguien en quien confío... y que sé... que si lo hago mal, no sé reirá de mi–Seguí sin valor para mirarlo a los ojos, pero la luz que proporcionaba la ventana abierta me dejaba entrever que sus pómulos y orejas estaban de un tono rosado oscuro.



Yo sabía perfectamente que él no se sentía atraído por mi. Había tenido cantidad de novias, y me contaba sus experiencias con cada una, como si no le importase lo que pudiera pensar sobre él. Y tampoco me sentía atraída por él, en realidad, lo veía como un hermano menor, fastidioso, divertido y jodidamente despreocupado. No pensé que en algún momento le pediría a él que fuera quien se acostara conmigo.



–Está bien–Fue lo único que pronunció. Alcé la vista sin pensarlo mucho y lo ví a los ojos. Parecía aceptar de buena gana, como si él quisiera experimentar la sensación de hacerlo con alguien a quien no amaba.



Lo seguí con la vista cuando fue a cerrar las cortinas y a poner el seguro a su puerta. No entendí el porqué, si sus padres nunca estaban en casa, aún así, supuse que él sería el experto, por lo que no dije nada.

Cuando hubo terminado, en lugar de venir hacia mi, que estaba sentada al borde de la cama, tomo la silla giratoria de su escritorio y se sentó en ella, frente a mi, con las piernas separadas y los codos apoyados en las rodillas.



****************************



Aún no podía aceptar del todo que me hubiera dicho que quería que yo fuera su primera vez. Para empezar, creí que ya no era virgen, pues hablaba de temas sexuales como toda una experta, conociendo puntos de vista o situaciones que solo alguien con experiencia sabría.



Cuando me lo dijo me costó procesarlo, pero la confianza que había entre nosotros me hizo aceptar. Normalmente hubiera tomado a cualquier otra y la hubiera follado hasta que sus piernas temblaran y no pudiera pensar en nada más allá del orgasmo.



Pero ella era mi mejor amiga, mi hermana mayor, mi lugar seguro. Y la mera idea de hacerle daño me pesaba en el pecho, mientras cerraba las cortinas y ponía seguro a la puerta, me preguntaba cómo podría hacer para que disfrutara de cada momento, de cada sensación.



Acabé decidiendo que lo haríamos sentados. Tomé mi silla y me senté frente a ella mientras su mirada, fija en mi, me gritaba lo nerviosa que estaba.

Extendí mi mano hacia ella y cuando la tomó, la atraje suavemente hacia mi, de pie, su estómago quedaba a la altura de mi rostro. Me forcé a no mirar hacia su busto, no se trataba de mi propio placer.



La noté tensa y muy nerviosa, su mano temblaba sobre la mía y no era capaz de mirarme a los ojos. La guié a sentarse sobre mi regazo, dejando caer sus piernas a los lados de mi cadera y a una distancia prudente de mi intimidad. No quería que pensara que era un degenerado que simplemente le arrancaría la ropa.

Tome ambas manos y las puse sobre mis hombros, mirando su rostro en todo momento. La semi-oscuridad de mi habitación hacia que su perfil se viera mucho más delgado y afilado, con el cabello cayendo rebelde por sus hombros me fue difícil mirarla a los ojos.



Posé mis manos sobre su cadera, y de no haberlo hecho, jamás me hubiera dado cuenta que tenía caderas muy bien formadas, mi respiración se agitó por la sorpresa y ella lo notó, apretando su agarre en mis hombros.



Subí, y noté su cintura, la curva era pronunciada, incluso sobre la playera holgada que vestía, el tacto era suave y cálido. Sentí una descarga eléctrica en mi columna y apreté la mandíbula. Estaba comenzando a excitarme.



Ella inclinó su torso hacia adelante y sentí su frente en mi hombro. Noté como comenzaba a respirar con más dificultad, reaccionando a mi tacto. Sus piernas estaban tensas y se aferraban a las patas de la silla haciendo presión sobre mis muslos, tratando de mantener su pelvis lo más lejos de mi que pudiera.



Continué mi recorrido, acariciando sus brazos, sus hombros y su espalda. Rocé accidentalmente el seguro de su sostén y eso provocó que ella diera un suave brinco contra mi. Mordí mi labio inferior y la tomé de los brazos, alejándola de mi hombro.



Cuando lo hice, pude ver con la poca luz que había, que estaba apenada, sus mejillas estaban rojas y casi juraría que podía ver dos tonos distintos en su piel, uno rojo y otro aún más rojo.



Mis manos subieron a su cuello y se enrollaron en su cabello. Con los pulgares presioné un punto suave y su boca se entreabrió.

Tal vez fue por el calor del momento, pero a mis ojos, mi mejor amiga se convirtió en la mujer más jodidamente hermosa y perfecta que había visto en mi vida.



–Carajo–Alcancé a pronunciar antes de atraerla hacia mi. La expresión tímida en su rostro, su respiración agitada y su boca entreabierta habían despertado en mi la necesidad de besarla, de saber cuál era el sabor de sus labios y como era el tacto de su boca.



Sentí como sus labios comenzaban a moverse sobre los míos y la sensación de sus manos recorriendo mi cuerpo hasta posarse en mi cuello me hicieron pegar un pequeño brinco también. Parecía quererme más cerca.



Los besos eran suaves, sus labios no eran muy carnosos, pero no me importó, me parecían más que perfectos. Ella tomó mi labio inferior y me besó como si lo único que deseara fuera a mi. Yo hice lo mismo. No podía pensar en nada más que no fuera besarla, hacerla mía, hacer que no pudiera ver a nadie más que a mí.



Se separó de mi y escuché el ‘Click’ de nuestros labios al alejarnos, su respiración agitada chocaba contra mi pecho y el olor de su perfume me embriagaba, el fantasma de sus besos aún estaba presente y me quemaba el cuerpo.



Aún seguía sentada casi sobre mis rodillas, y la distancia entre nosotros comenzaba a desesperarme. Como si me leyera la mente, se apoyó en mis hombros y se acercó más a mi, quedando a escasos centímetros de mi cuerpo.



El calor de su presencia y de su situación me hacía desearla aún más. Me perdí unos segundos en esos pensamientos, volví en mi cuando sentí sus manos jugando con la orilla de mi camisa.



Una presión en el pecho me obligó a respirar con dificultad. Sus manos jugaban ágilmente con la costura de la camisa, rozando mi vientre entre toque y toque, creándome la necesidad de acercarme.



–Vamos lento, ¿de acuerdo? solo disfruta–Me acerqué una vez más a ella y dejé un corto beso en sus labios, ahora hinchados.

Baje mis manos y tomé la orilla de su playera. Sentí como su cuerpo se tensaba nuevamente ante mis caricias, pero aún así, no opuso resistencia cuando deslicé la prenda por sus brazos y su cabeza. Su cabello rebelde cayó una vez más sobre sus hombros, ocultando parcialmente su rostro.



Aunque intentase no mirar mucho, me fue imposible. Con esa ropa nunca habría imaginado que ella tenía buenos atributos. Me incliné hacia adelante y besé su hombro, estaba caliente y su piel era suave. Dibujé una línea de besos desde su hombro hasta la línea de su mandíbula. Sintiendo como en cada nuevo beso, ella se aferraba con más fuerza a mi. Casi podía sentir su pecho pegado al mío.



***************************



Nunca un chico me había hecho sentir tantas cosas en un mismo instante. Estaba luchando internamente por mantenerme cuerda mientras sentía la humedad de sus labios recorriendo la piel desnuda de mis hombros.



Sus manos tibias jugaban libremente dejando caricias en mi espalda y provocándome toda clase de sensaciones. De un momento a otro, dejé de verlo como mi hermano menor y pasó a convertirse en el chico al que más deseaba, al único que quería que me tocara de esa manera, como si ya conociera cada rincón de mi cuerpo.



Cuando sentí su respiración en mi mejilla, voltee un poco la cabeza hacia él, sin pensarlo dos veces, volvió a unir sus labios con los míos. Lo traje de nuevo hacia mi, jalándolo del cuello.



Ahora había poco espacio que nos separaba y eso estaba estresándome, comencé a moverme como pude hacia adelante, logrando mi cometido y quedando pecho a pecho con él. Haciendo que tuviera que alzar la cabeza para alcanzar mis labios.



Sus manos jugaban aún con las caricias en mi espalda, pero su vista estaba clavada en mi rostro. Podía ver en sus ojos el mismo líbido que sentía yo, ahora no había vuelta atrás, ambos nos deseábamos intensamente.



Cuando pude quitarle la camisa y logré que dejara mis labios en paz por cinco minutos, me dediqué a recorrer con mis manos las líneas de su abdomen. Provocándole toda clase de espasmos. Sentía como se removía debajo de mi, como apretaba su agarre en mi cintura y como luchaba contra él mismo. Sonreí orgullosa del efecto que tenía sobre él.



Al estar tan cerca me fue imposible no notar la erección que estaba sufriendo. Con un pantalón ajustado debía ser doloroso o cuando menos tortuoso a estás alturas. Me decidí a ayudarlo un poco.



Quiero decir, era mi primera vez, pero no era tonta.



Desabroché el pantalón y como pude me deshice parcialmente de la ropa interior. En todo momento, su mirada seguía posada en mis manos, siguiendo cada movimiento que hacía.



(.....)



Estiró su mano hacia el cajón a un costado de la cama y sacó un preservativo. Me lo ofreció mientras me miraba.

–Pónmelo.



Abrí el pequeño empaque y saqué el viscoso preservativo, lo coloqué al final de su longitud y lo deslicé cuidadosamente hacia abajo.



Apenas hube terminado ya sentía sus manos en mi cadera, haciendo fuerza para atraerme hacia él.

–Ven–Me dijo y apenas tuve tiempo a sujetarme de sus hombros cuando ya me había acercado a él.



Al ser días de primavera, el calor había comenzado a aflorar, por lo que ese día llevaba puesto un short de mezclilla sobre uno de licra. Apartó el short de licra lo suficiente como para poder entrar y frotó la punta contra mi botón de nervios. Sentí la urgente necesidad de sujetarme de algo.



Él alzó la vista, como si quisiera asegurarse de que estaba bien. No podía explicarle justo ahora que sentía un nudo en el vientre bajo y que quería meterle un buen golpe por estar jugando conmigo.



–Solo hazlo, maldita sea–Mencioné y sus manos hicieron presión en mi cadera, obligándome a bajar.

Tuve que reprimir toda clase de sonidos mientras lo hacía, pegué mi boca a su cuello y me aferré como pude a su espalda. Lo escuché gruñir y sentí como se tensaba. No sabía lo que podía estar sintiendo. Pero yo, al menos, sentía una extraña y dolorosa calidez interna, como una sensación que no necesita ser explicada para disfrutarla.



Cuando estuve lista, comencé a moverme, guiada por sus manos de arriba hacia abajo, aferrándome a sus hombros. Mierda, se sentía dolorosamente bien. Él soltaba graves gruñidos desde lo profundo de su garganta y apretaba constantemente mis caderas.



Pronuncié su nombre entre la dificultad de mi respiración y el intento por no hacer ruido. Estaba comenzando a sentir que el nudo en mi vientre comenzaba a deshacerse, creándome un sentimiento puro de placer. Mantuve mis ojos cerrados, por mucho que deseara ver su rostro, probablemente con el entrecejo fruncido, la frente levemente sudada y su cabello rebelde cayendo por hacia el frente.



Como si pudiera escuchar mis pensamientos, se irguió tanto como pudo

–Mírame–Ordenó. Alcé la vista sin detener mis movimientos, conectando nuestros ojos. Llevó sus manos de forma inesperada a mi punto dulce e hizo una leve presión. El contacto fue tan repentino que no pude contener un gemido, haciendo que el silencio de la habitación se rompiera momentáneamente.



Todas esas sensaciones comenzaban a agotarme, sintiendo como mi cuerpo comenzaba a a ceder bajo el peso del orgasmo. Mi piel se erizaba con cada nuevo choque de caderas o cada nueva caricia que él medaba.



De repente sentí un escalofrío recorrer mi columna y sentí la debilidad en mis piernas, tuve que reprimir la respiración cuando sentí como mis paredes comenzaban a contraerse.



–Carajo, Carajo–Su voz grave y los improperios que soltaba hacían que todo fuera demasiado excitante, y en el momento en el que se movió e hizo presión una vez más con mi punto dulce, sentí como el nudo de mi vientre finalmente explotaba de manera deliciosa, llenándome de euforia y de absoluto placer. Me obligué a estampar mis labios contra su cuello para acallar el sonido que pudiera salir de mi garganta, mientras el orgasmo se apoderaba enteramente de mi.



Seguí con mis movimientos apenas sin energía, notando como perdía el control en apenas unos segundos.



****************************



Algo parecía tener su cuerpo que me hacía enloquecer. Nunca había experimentado algo así y no es que tuviera muchas relaciones anteriormente, pero mi anatomía parecía reclamar la suya, derritiéndose entre mis caricias y estremeciéndome con sus besos.



Sentí una calidez poco común en mi zona pélvica y sentí como sus muslos se apretaban alrededor de mi, al mismo tiempo sentía sus manos aferrándose a mis hombros y el conjunto de sensaciones me llevó a bloquear de mi mente todas aquellas veces en las que lo había hecho con otras chicas, todo eso pareció irrelevante, solo pensaba en ella, en su cuerpo y en cuanto quería que solo sintiera esto conmigo.



Sentí su cuerpo temblar, y después la sentí mientras unía su boca a mi cuello, sabía que estaba conteniendo el ruido de su garganta, pero sus ruidos ahogados solo provocaban que yo quisiera más.



Sus movimientos se volvieron lentos y suaves, como si quisiera acariciarme, estaba cerca del clímax y sabía que no podría contenerme. La aparté de mi, la miré y estampé mis labios contra los suyos, pronunciando su nombre entre besos. No sabía que había sentido o imaginado ella, pero al menos, ahora yo no deseaba a nadie más, no quería besar a nadie más, no quería tocar a nadie más, la quería a ella.



La habitación quedó en silencio, y solo podíamos escuchar nuestras respiraciones agitadas, mezclándose hasta volverse una sola. Finalmente cedió y se apoyó contra mi pecho. El tacto de su piel seguía siendo tibio y suave y su corazón palpitaba sincronizado con el mío.



–Gracias–Susurró contra mi cuello. Su aliento cálido hizo que me invadiera un nuevo escalofrío. Solo tuve fuerza para rodear su cintura en un abrazo y recargar dulcemente mi cabeza en la suya.



Aunque no tenía fuerza para contestarle, sabía que lo decía en serio y sabía que al igual que yo, ya no me veía como un hermano. Cerré los ojos y desee intensamente que después de hoy, ella fuera la que despertara a mi lado el resto de mi vida.

25 Février 2021 04:11:11 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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