walalaos German Gabriel

En una gala de ensueño, personalidades procedentes de las más altas esferas se reúnen para formar parte de una organización que lo controla todo. Empalagado por el lujo, Moren, un joven político, es incapaz de prever la telaraña que se cierne sobre él y se ve guiado por una extraña mujer a un sitio horroroso que encierra terribles criaturas. "No se escuchaba ningún sonido, ni siquiera el del mar o el de los árboles al ser movidos por la brisa; era como si el mundo estuviera en silencio, en expectativa del horror que estaba por ocurrir".


Horreur Littérature monstre Déconseillé aux moins de 13 ans.

#terror #arañas #245 #295 #monstruos #misterio #fantasia
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Luna de sangre

Cuando Moren ingresó a la gran sala principal, la reunión aún no había comenzado. Era un palacio realmente espléndido: El piso ajedrezado resplandecía gracias a la luz de los lujosos candelabros. A lo largo de la sala se alineaban inmensas columnas de mármol negro, de las que colgaban tapices violetas con el dibujo de una araña en ellos.

—Va a ser una jornada esplendida —Pensó Moren.

Mientras esperaba a que la reunión diera comienzo, Moren recorrió la sala, examinando su entorno. Notó que los demás invitados provenían de muchas partes del mundo, ya que las vestimentas de los presentes eran de estilos muy variados entre sí, aunque todas emanaban riqueza y formalidad. Pudo identificar los estilos de algunas ciudades que él conocía, pero la gran mayoría le eran completamente desconocidas, lo cual era llamativo teniendo en cuenta que él era un hombre conocedor del mundo. Había tanto mujeres como hombres y nadie parecía estar acompañado, todos acudieron solos, como había sido indicado en la invitación. Además, mozos de modales refinados caminaban entre las personas, ofreciendo alimento y bebida a los invitados. Cuando le ofrecieron a él, aceptó una copa de vino con gusto.

Luego de un tiempo, dejaron de llegar invitados y la reunión comenzó. Una mujer de cabellera oscura y con un lujoso vestido de gala negro descendió por la escalera principal hasta un rellano. Su piel era muy pálida, casi gris, y su largo cuello le daba una apariencia elegante. Con una copa de vino en la mano y una leve sonrisa, se dirigió a sus invitados desde la altura.

—Queridos invitados ¡les damos la bienvenida a nuestro humilde palacio! Nos complace ver que todas las personas a las que invitamos asistieron en esta hermosa noche a nuestra reunión. Todos ustedes vienen de lugares muy lejanos, por lo que esperamos que su viaje haya sido lo más placentero posible y también esperamos que disfruten del resto de nuestro encuentro. Como nuestro tiempo es limitado, permítanme ser directa: todos ustedes tienen razones fundadas para ser parte de nuestra organización. Algunos desean obtener dinero para expandir su negocio, otros quieren obtener contactos valiosos. Entre ustedes, incluso hay personas que necesitan ayuda para cometer un importante asesinato, otros la necesitan para cometer una rebelión y también hay reyes que necesitan ayuda para evitarla. Lo sabemos todo. —luego de esas palabras, un rumor de voces se desató en el público—. Pero hay algo que necesitan todos ustedes por igual —dijo, elevando su voz por encima del murmullo­—, que en el fondo todos ansiamos con furor: ustedes quieren poder y nosotros se lo podemos dar. Somos una organización, una telaraña de influencias que se extiende a lo largo y ancho del mundo. Destronamos reyes y ponemos a otros en su lugar, decidimos el rumbo de la economía mundial, incitamos rebeliones y las apagamos. Nosotros controlamos gran parte del mundo a través de nuestros miembros, que ejecutan nuestra voluntad. Los elegimos para ser parte de nosotros porque vemos ambición de poder en ustedes y porque los creemos capaces de satisfacerla. Ustedes ya poseen una posición privilegiada en el mundo y creemos que nos pueden beneficiar en gran medida, y nosotros podemos beneficiarlos a ustedes. Si al final de este encuentro mantienen la voluntad de ser parte de nosotros, obtendrán poder e influencias inimaginables, a cambio de llevar a cabo pequeños mandamientos que les serán ordenados.

Al final del discurso, un torrente de rumores se desató en el público. Las palabras de aquella mujer impactaron mucho a Moren. Si todo lo que había dicho era verdad, ya no había vuelta atrás. No podría simplemente rechazar unírseles: lo asesinarían en el instante, ya que era imposible que lo dejaran salir con tal información. Luego, se le ocurrió que todo aquello no tenía sentido: lo dicho por la mujer era completamente absurdo, no podía ser verdad. Debía de ser una broma hecha por algún rico con mucho tiempo libre. Y por lo visto, el mismo pensamiento también asaltó a los demás, ya que estos empezaron a reírse y a cuestionar a la mujer.

Los invitados, a los gritos, empezaron a pedir pruebas que comprobaran la veracidad de su discurso, pero para el terror de todos los presentes, la mujer de cabello oscuro empezó a ofrecerlas. Les explicó todo: cómo funcionaba la organización, como estaba integrada y que países abarcaba. Ofreció muchos ejemplos históricos del accionar de la misma y de cómo esta había cambiado el rumbo del mundo por completo al llevar a cabo algunas de sus intervenciones. En muchas ocasiones algunos invitados conocedores e incluso partícipes de aquellos episodios levantaban la voz, tratando de refutarla, pero era inútil, ella siempre probaba el accionar de la organización y su existencia. Para demostrar su poder, reveló información completamente secreta de muchos de los presentes: las conspiraciones que un monarca había realizado para conseguir el trono, malas prácticas económicas que un mercader había llevado a cabo para llevar a la ruina a sus oponentes, incluso reveló las artimañas que Moren había ejecutado para conseguir su banca en el senado. Ella tenía una velocidad mental impresionante para refutar a sus contrincantes y además lo sabía todo sobre ellos. Era demasiado inteligente.

La discusión se prolongó por horas hasta que, aterrorizados y resignados, uno a uno los invitados empezaron a quedar en silencio. La organización existía y ellos no tenían más opción que ser parte de ella. Moren sintió como la telaraña se cernía sobre él. Todos habían caído en una trampa y ya no había escapatoria, solo podían seguir adelante.

—Ahora, los que deseen proceder, acompáñennos al último paso necesario para ser parte de nosotros. A los que no haya convencido la lucha que hemos mantenido por ya varias horas, pueden volver a sus casas, los carruajes los estarán esperando en el exterior —dijo la mujer de pelo oscuro. Una sonrisa burlona se asomó en su rostro.

La mujer esperó un rato, mientras observaba a sus invitados uno a uno. Al ver que nadie se retiraba, les pidió que formen una fila, para así descender por una escalera que se encontraba al final de la sala, al lado de la escalera principal. El descenso fue arduo. La fila fue liderada por su anfitriona, y mientras descendían, los invitados veían como la escalera se iba convirtiendo gradualmente en un largo túnel, iluminado por la luz tenue de las antorchas. Las paredes desgastadas, combinadas con el polvo que se acumulaba en el suelo y con las grandes telarañas que recorrían el túnel de lado a lado, daban a aquel túnel un aspecto muy antiguo que contrastaba con el resto del palacio, que parecía haber sido construido hace poco tiempo. Observando aquel panorama, Moren empezó a sentirse asfixiado. Arrastraba los pies al caminar, se sentía agotado y pensamientos desdichados le invadían.

Aquella mujer emanaba algo extraño desde su presencia que Moren no podía precisar. Era como si una energía o esencia impidiera a Moren intentar llevar la contra a la mujer o abandonar el lugar. Su presencia desparramaba autoridad. Moren pudo observar que los demás invitados sentían lo mismo; todos avanzaban con la cabeza gacha, como rendidos. Nadie intentaba revelarse.

Luego de pasar un largo rato descendiendo, Moren quedó estupefacto al ver como se abrían más pasadizos al costado del túnel, de los cuales no se podía ver su final debido a la oscuridad. Incluso había túneles que descendían aún más hacia abajo, vaya a saber hacia qué lugar. Algunos túneles parecían clausurados; había puertas enormes de hierro cerradas con candados, las cuales parecían tener mensajes en su superficie escritos con extraños caracteres desconocidos para él. Era como caminar por un enorme mundo subterráneo que parecía no tener fin. Moren se preguntó cuando habrían sido construidos estos túneles, así como la tecnología y mano de obra que fueron necesarios para construirlos, pero no llegó a ninguna conclusión. No conocía nada como esto.

Descendieron aún más y Moren empezó a sentir otro sonido además del de sus pasos. Era suave, como un susurro que aumentaba de intensidad en momentos y disminuía en otros, pero al que sin duda se estaban acercando progresivamente.

Mientras descendía, comenzó a recordar la noche en que había recibido la invitación, una semana atrás. Un sobre violeta, con el motivo de una arañita en el sello, se había deslizado por debajo de la puerta de su despacho, mientras él trabajaba. En ella, lo felicitaban por su reciente triunfo político, por obtener una banca en el senado de la república, mientras exaltaban su astucia e inteligencia. Al final de la carta se encontraba la invitación en sí: lo invitaban a ser parte de una organización, que era integrada por personas influyentes provenientes de todas partes del mundo. “Una enorme telaraña de influencias que llega a todos los lugares conocidos”. Moren, luego de meditarlo por mucho tiempo, había aceptado la invitación, ya que tal organización le aportaría contactos valiosos que lo ayudarían en su carrera política. En aquel momento se había sentido afortunado por haber recibido la invitación, había pensado que era la oportunidad de su vida, que podría ascender en la sociedad. En cambio, en estos instantes, se sentía completamente desdichado.

De repente, una luz iluminó el túnel frente a ellos: era la salida. Al terminar el descenso, todos salieron hacia el exterior. Moren aspiró una gran bocanada de aire y por un momento se alegró por tomar contacto con el exterior, luego de haber descendido por horas en aquellos túneles. Sus ojos parpadeaban, molestos, intentando acostumbrarse a la nueva luz que contrastaba con la constante penumbra del túnel. ¿Cuánto tiempo estuvieron descendiendo?, pensó Moren. ¿Tal vez 6 o 10 horas? Era imposible saberlo para él, ya que no había llevado cuenta del tiempo exacto transcurrido en el túnel; estaba demasiado nervioso. Aun así, estaba seguro de que había sido mucho tiempo. Cuando por fin se acostumbraron sus ojos, pudo notar que se encontraban debajo de un cielo nocturno, completamente estrellado y con una luna llena inmensa. Siguió examinando sus alrededores y, al darse cuenta del lugar en que se encontraban, Moren se sobresaltó junto con los demás: estaban en la costa, frente a un inmenso mar negro y revuelto. Detrás de ellos había un acantilado gigante, visible por la luz de la luna, por el que habían salido a través de una enorme cueva. No había rastros del enorme palacio.

¿Cómo habían dado a parar en este lugar?, pensó Moren. Él recordaba que el palacio se encontraba en una zona rural, completamente alejada de cualquier costa. ¿Cómo pudieron llegar al mar? Pensó que era imposible, tendrían que haber caminado por días o incluso semanas. Pero inmediatamente se reprochó a si mismo por ese pensamiento; luego de presenciar la inmensidad de los túneles, de aquella ciudad subterránea, todo era posible.

En la costa, una gran cantidad de barcos aguardaban al final de unos rústicos muelles de madera. Todos tenían un farol en la proa, que iluminaba las aguas oscuras debajo de ellos. A bordo había hombres de aspecto estoico e inmutable que portaban los remos, esperando para zarpar. Resignados, los invitados abordaron los barcos, sin siquiera saber hacia donde iban. La anfitriona solo se limitó a invitarlos a subir con una señal de la mano, mientras mantenía su característica sonrisa.

Zarparon hacia el mar y mientras navegaban, Moren y sus futuros compañeros miraban a sus costados, sin lograr rescatar forma alguna de la completa oscuridad que los rodeaba. Su vista solo parecía alcanzar el círculo de luz que emitía el farol, más allá de él era todo oscuridad. La vasta luz de la luna llena, que antes iluminaba la costa plenamente, ahora parecía ser engullida por la completa negrura del mar, dejándolos completamente desamparados. Solo estaban ellos, el mar, las estrellas y el calmo sonido del mar.

De repente, una masa negra apareció enfrente de ellos, tapando las estrellas en el horizonte. Navegaron hacia ella, llevados por la propia corriente, hasta que por fin llegaron a la isla. Al descender, la mujer los guio a través de la oscuridad hacia el interior de la isla, entre una tupida selva tropical, sin mediar palabra alguna. No era necesario que ella les ordenara seguirla; se encontraban en el medio de la nada, no tenían donde ir, seguirla era su única opción. En el trayecto, Moren pensó en asesinarla, en romperle la cabeza con una piedra o un palo, o en ponerse de acuerdo con los demás y ahogarla en la costa, en venganza por la trampa que le habían tendido, y luego escapar. Pero sería completamente inútil. No tenía donde escapar. Además, esa “esencia” autoritaria que rodeaba la mujer y que Moren no podía describir ni precisar con exactitud, pero que sentía a su alrededor, le impedía intentar algo en contra de ella y lo impulsaba a seguirla entre la selva.

Caminaron por mucho tiempo por lo que parecía ser un sendero ya marcado en el interior de la isla, hasta que llegaron a un gran claro iluminado por la luz de la luna, con una gran plataforma de piedra en medio. La plataforma era alta y las enredaderas que la envolvían le daban un aspecto antiguo. Moren pudo ver las mismas escrituras de los túneles inscriptas en la piedra y tuvo un mal presentimiento.

La mujer ascendió a la plataforma a través de una escalera y nuevamente se dirigió a ellos desde la altura, como lo había hecho en la lujosa sala del palacio. Pero esta vez lo hizo con una esplendida sonrisa en su rostro que ya no podía ocultar.

—¡Por fin, hemos llegado! Pronto nuestro ameno encuentro culminará. Ahora, deléitense, disfruten el momento, pues este será el día más glorioso de sus vidas.

Luego de que la mujer pronunció esas palabras, se hizo el silencio. Nadie supo que esperar en ese momento. Moren observó sus alrededores, expectante, y vio que los demás hacían lo mismo: todos estaban muy inquietos y dirigían miradas a su alrededor. No se escuchaba ningún sonido, ni siquiera el del mar o el de los árboles al ser movidos por la brisa: era como si el mundo estuviera en silencio, esperando. Luego, por fin comenzó. Un grito espantoso, de agonía, se elevó desde el silencio, para ser silenciado rápidamente. Un rumor de voces se desató entre el tumulto, todos intentaban saber que había ocurrido. Otro grito, esta vez se mantuvo por más tiempo, pero había tantas personas apretadas en el mismo sitio que intentar mirar más allá de unos pocos metros era imposible. Moren, desesperado por saber qué estaba sucediendo, elevó la vista hacia los árboles que los rodeaban e intentó ver más allá de la oscuridad, y por fin las vio: eran grandes, demasiado grandes, pensó. Completamente negras y velludas. Sus ocho ojos rojizos los observaban desde la oscuridad del bosque, mientras se deslizaban de un árbol a otro sin hacer ruido y golpeaban las ramas con sus largas patas, impacientes.

No tuvo tiempo de avisar a nadie.

—Veo que están apuradas, hermanas. ¡Desciendan y disfruten su festín! —dijo la mujer, con una sonrisa en el rostro.

Descendieron desde los árboles a montones, chocando unas con otras. Fueron demasiado rápidas. Los gritos, llantos y plegarias se combinaron dentro del claro, el caos se desató. Las arañas saltaron sobre ellos, desgarrando la carne con sus afiladas patas y clavando sus colmillos en la piel. Moren no podía moverse, su cuerpo no le respondía. A pocos pasos de él, una araña saltó sobre un hombre corpulento. El pobre intentó forcejear con la criatura, la agarró de sus patas y la mantuvo lejos de su cuerpo. Fue completamente inútil. Los colmillos se clavaron en su cuello y de su boca brotó una espuma blanca y verduzca, mezclada con sangre. Luego, como un cirujano, la araña desgarró su abdomen de lado a lado con sus filosas patas, para devorar su interior. Moren dirigió la mirada hacia otro lado, aun paralizado, y vio el torso de una mujer que antes había portado un hermoso vestido blanco, ahora teñido de rojo. A unos metros, una araña arrastraba su parte inferior hacia la oscuridad del bosque, mientras otras peleaban por sus extremidades. En unos segundos, el suelo del claro se fundió con la sangre, creando un lodo viscoso y rojizo. Era una carnicería.

En ese momento, el cuerpo de Moren reaccionó y pudo salir corriendo del claro, despavorido. Corrió por mucho tiempo, sin descanso, sin pensar, como un autómata, tropezando con obstáculos que la oscuridad no le permitía ver. Los gritos y llantos que eran arrancados de las personas a la fuerza se iban enmudeciendo, hasta que Moren se encontró en completo silencio, muy profundo en la isla. Así, sin darse cuenta, se iba adentrando aún más en el infierno.

Luego de correr sin descanso por horas, cayó agotado en el suelo, en medio de otro claro. Estuvo tirado un largo rato, desamparado, sin siquiera entender lo que había sucedido. Su mente no podía procesarlo. Las arañas, la sangre, la sonrisa de aquella mujer mirando todo desde la altura, como una simple espectadora, sin mover un dedo. Todo venía a su mente en forma de rápidas imágenes en sucesión.

Frente a él, dentro del claro, una grieta comenzó a expandirse en el suelo, hasta el punto de abarcar una gran extensión. Luego, la tierra empezó a elevarse, como si algo la estuviera empujando desde abajo, queriendo salir. Moren se levantó, sobresaltado, pero estaba demasiado cansado para reaccionar. Unos golpes abruptos terminaron de hacer el trabajo y en la tierra se abrió un gran hueco, del que trepó, lentamente, una araña terrible como ninguna de las que él había visto en aquel lugar. Era mucho más grande, se elevaba unos cuantos metros por encima de Moren, y sus ojos, rojos como los de las demás arañas, veían de forma distinta; prestaban atención a todo en su alrededor y analizaban, en especial, a Moren. Eran ojos inteligentes. De su abdomen, colgaban miles de arañas pequeñitas que se movían alrededor de ella. Ella lo miró y el la miró a ella, ambos en silencio. Él quería gritar, pero algo le impidió hacerlo.

Un sonido de pasos a su espalda hizo que Moren se diera vuelta, y volvió para encontrarse cara a cara con la pálida mujer. Ella cargaba algo en sus brazos que le resultó familiar, pero al principio no pudo descifrar que era. Eran pliegues de algo, como de una tela o un cuero, pensó Moren. Luego de unos momentos, por fin lo comprendió: eran pieles humanas.

—Deberías haber muerto en el claro—le dijo la mujer. En su voz había un tono de compasión.

Moren sintió un profundo dolor que lo atravesó desde la espalda hasta el abdomen y cayó al suelo. Los miles de crías descendieron en una negra cascada para terminar el trabajo, hambrientas. Él no se resistió, ni siquiera gritó. Simplemente se quedó tirado, mirando al cielo, mientras la luna se iba tiñendo de sangre.

16 Février 2021 20:09:39 2 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
2
La fin

A propos de l’auteur

German Gabriel Me gusta mucho leer y en mis tiempos libres intento escribir alguna que otra historia. Los invito a ponerse cómodos y a disfrutar de mis relatos 👊

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Jancev Jancev
¡Vaya! Tremenda historia has escrito, me ha gustado mucho y sobre todo porque amo como entretejen las arañas. Tienes muy buena ortografía, apenas unos errores de dedo que se entienden debido a lo extenso del cuento, te aconsejaría que hicieras más uso del punto y aparte, de resto pues buen estilo narrativo, trama y fluidez. ¡Saludos!
March 22, 2021, 00:45

  • German Gabriel German Gabriel
    Muchas gracias! Voy a tener en cuenta tu consejo sobre la puntuación. March 22, 2021, 02:50
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