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¿Qué le pasó a April Loughty? Era claro que viva ya no estaba pero Thomas tenía el poder para hacerla volver, solo consiguiendo aquel amuleto que tanto deseaba El amuleto de la muerte Rose Borbuck es su único pase para volver a tenerla en sus manos, ¿una bruja traicionando a su especie? Si esa es la única manera, que dios los salve


Fantaisie Fantaisie sombre Interdit aux moins de 18 ans.

#vida #muerte #amor #traición #brujas #oscuridad #dolor #salvación #maldad #tentación #amuletos
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I

Before


La brisa golpeaba los ventanales de uno de los salones del castillo del duque, dentro de este yacía una pequeña castaña, aproximadamente ocho años, dibujaba en el centro del lugar, no había nada en aquella habitación, solo la pequeña, su libreta y un lápiz en la mano, corazones en ella, arcoíris, cupidos mal dibujados y demás, todo aquello que tuviera que ver con lo que sentía en el momento

Amor

El amor es la manera más hermosa de demostrar cariño, es mágico y no puedes elegir, solo nace, revolotea en tu estomago como mariposas y te sientes en las nubes como un pegaso, es perfecto y eso es lo que cree la castaña que no para de suspirar cada vez que termina uno, falta el toque principal.

TxA

Oh, April podía sentir con todo su ser la necesidad de estar para su amado, seguirlo, apoyarlo, amarlo.


No tenía miedo de sus sentimientos, mucho menos de expresarlos, su padre siempre había sido muy comprensivo, era algo que lo caracterizaba y estaba segura de que si su madre aún viviera también la apoyaría, porque eran la familia perfecta, tenía apoyo, solo faltaba coraje y claro que lo tenía, pero no quería verse desesperada, mejor lo seguía, feliz de la vida y siempre con una sonrisa, una muy característica.


Terminó su dibujo y lo guardó en uno de sus tantos baúles de dibujos, uno más a la colección los amaba son lugar a duda, eran sus registros, registros acerca de su vida, si existía un evento importante ella lo retrataba, a su manera claro está, y su amor por aquel chico iba más allá de su destino.


La pequeña no recuerda el día exacto en que se enamoró de aquel chico, su cabellera, su personalidad, su pasado, todo en él la volvía loca y aunque pareciera que a los ocho años uno es ingenuo April Loughty tenía la certeza de que estaban hechos el uno para el otro, era su hilo rojo y este había decidido que ambos estuvieran juntos, su corazón se lo decía, siempre tenía la razón y ella nunca iría en contra de su hilo, mucho menos de su corazón.


Era temprano, le habían dado un descanso de sus deberes, no se preocuparía hasta más tarde, es por eso por lo que se dedicó a dibujar, porque era una gran satisfacción ver sus obras, pero si de verdad quería ver arte, entonces aquel chico por el que se desvivía era la opción, sabía en donde se encontraba, solo debía ser rápida si no querían que la descubrieran.


Las caballerizas del palacio del duque son verdaderamente hermosas, con los caballos bien domados y de las más finas razas, siempre son cuidados, alimentados y atendidos, son los bebés de la familia real y es que al Duque y a su hija les encantan los caballos, dicen que la pequeña April había aprendido a montar apenas comenzó a caminar, tenía una fascinación por los animales, pero los caballos eran su perdición, es por eso que los sirvientes tenían la obligación de mantenerlos en buen estado, solamente ciertas personas tienen un acceso completo a él y el hecho de que un estudiante del ejercito esté ahí es raro, aunque si ya conoces a la persona te darás cuenta que se trata de un rizado de aproximadamente nueve años que está limpiando como puede al nuevo caballo que le regalaron de cumpleaños, por ello había asumido la responsabilidad en todo, bañarlo, alimentarlo, domarlo, entre otras cosas (obviamente con asesoría en algunas cosas) aunque eso no quitaba el hecho de que el chico sintiera que iba a desmayarse de la picazón, solo esperaba que fuera hiedra venenosa y no alguna pulga, el año pasado tuvieron que cortarle todo el cabello debido a una, su tesoro le había sido arrebatado y era lo peor que podía pasarle, según él <<las erupciones podían quitarse, el cabello no crecía con medicamento>>.


Casi terminaba y podría seguir practicando con los demás pues si había algo que odiaba era faltar a sus entrenamientos, así jamás se convertiría en un soldado de categoría como su padre lo fue, debe ser fuerte, sobresalir a como dé lugar. Con una sonrisa se levantó orgulloso de su trabajo


— ¡Tommy! ¡Tommy! — solo hay una persona en el mundo que lo llama así, y aunque su nombre no rima con fastidio, su cara y su voz lo hacen y como siempre, rueda los ojos porque sabe que está atrapado y comienza a preguntarse ¿Por qué se tardó? Si hubiera sido rápido habría alcanzado a escaparse porque al menos en el ejército, con los demás, no pasaría nada, dice ser muy respetuosa, pero él sabe que solo en una fachada de aquella princesita — no puede ser — murmura para sí mismo, al darse la vuelta un pequeño cuerpo impacta sobre el suyo y si no fuera porque su deber es proteger a la criatura la hubiese dejado caer en las heces del animal, en cambio el que ahora huele horrible es él quien no puede con el coraje.


— ¡Lo siento tanto Tommy! — exclama la pequeña con los ojos llorosos, un tremendo sentimiento de culpa y el temor de que el mayor se enoje, pero solo es recibido por la pacifica mirada de este — no es tu culpa — muestra una pequeña sonrisa de lado que tranquiliza a la pequeña aunque el rizado esté a nada de matarla pues deseos no le sobran y más porque él no se creyó para nada la máscara de inocencia de esta, ahora, matar a un miembro de la realeza resulta un gran signo de traición, aun cuando la princesita no sea una heredera directa a la corona, no podría con la vergüenza ni mucho menos querría imaginarse lo devastados y decepcionados que estarían sus ya fallecidos padres, debía soportar el trabajo a como dé lugar, aun cuando la pequeña sin previo aviso lo abrazó.


— Pero ¡qué haces! — gritó apartándola de un tirón — te estás ensuciando, ¡van a matarte! — y aunque para el rizado era algo malo, April no hacía más que rebozar de la felicidad, el chico se preocupaba por ella, Thomas Gastrell no quería que la regañaran y eso era algo que anotaría próximamente en su diario, sabía que iba por buen camino, podría conquistarlo — ahora hueles asqueroso y van a culparme también — la castaña rio y Thomas podía sentir un tic en el ojo, su estrés aumentaba al estar junto a ella, si seguía así tendría canas a los dieciocho — no pasa nada Tommy, me gusta abrazarte, aunque huelas a popo de caballo — rio aún más — pues yo no quiero abrazarte si hueles feo, ahora debo limpiar este desastre y ya había recogido todo — caminó dejando atrás a la pequeña — ¡te ayudo! — gritó corriendo nuevamente hacia el chico, pero este no permitiría que algo nuevo como lastimarse la espalda (porque obviamente tendría que atraparla si se resbalaba) o algo peor sucediera por lo que rápido se dio la vuelta deteniéndola antes de que impactara — no, tú te irás a bañar porque es tu deber y yo debo limpiar porque es el mío, no hagas que te regañen, anda — la pequeña suspiró vencida, no podría pasar más tiempo con él pero lo había visto y era el mejor de los regalos que podrían hacerle a diario — está bien Tommy, adiós — agitó su mano frente al rostro del rizado tantas veces que por poco caía mareado, odiaba que hiciera eso, April se dio la vuelta y se fue feliz, cuando Thomas vio que se encontraba muy lejos suspiró — ¡al fin! — exclamó fastidiado.


Y si, a Thomas Gastrell no le agradaba April, para él era una persona demasiado inmadura, siempre se la pasaba en las nubes sin importarle nada más que ella misma, atrasando y lastimando a los demás (como a él) y provocando aún más desastre, y lo que acababa de pasar solo era prueba de ello, lo peor es que Thomas siempre terminada recibiendo los castigos y regaños, estaba seguro que lo hacía a propósito y luego se preocupaba bajo la fachada de niña inocente, ya no sabía qué hacer, lo seguía a todas partes ¿acaso no tenía amigas? Bueno, dada su horrible personalidad posiblemente no.


Lo peor era que su trabajo y deber era cuidarla, claro que aún no era un soldado y no tendría por qué hacer eso, pero como siempre April tenía que intervenir pues a petición de ella fue que pudo convertirse en uno de sus guardias y en otras circunstancias lo hubiese amado, es solo que sabe que la pequeña lo hizo para sacarlo de quicio, Thomas está totalmente seguro de que ambos se odian y es que no hay otra manera para expresar lo que hace la castaña, ciertamente, lo último que quiere ver en su vida es a April Loughty y para su desgracia no podrá cumplirse.


April había estado caminando feliz de la vida, pensaba como todos los días que era su día, lo que (junto a los demás) lo hacía más que perfecto. Saludaba cordialmente a todos como siempre, con una pequeña inclinación y una sonrisa, hoy más brillante de lo normal y es que para la castaña la educación era la base de cualquier reino y el respeto venia incluido ¿Cómo es que iba a regir a su pueblo si no se comportaba a la altura? Y no es que la pequeña estuviera interesada en la corona, pero sabía que en cualquier momento podría ser inevitable, fuese como reina o como duquesa al igual que su padre, siempre le enseñaron modales y aunque no debía inclinarse ante un sirviente April sentía que era una barbaridad, ella era una persona, independientemente de su cargo y como cualquier persona sabia saludar e inclinarse, ella iba a hacerlo, al igual que su madre quien estaba segura brillaba en el cielo orgullosa y a pesar de que siempre fuese reprendida nunca dejaría de hacerlo, lo que no sabía nuestra pequeña era que las personas intentaban por todos los medios no topársela, al menos no ahora que olía horrible y no se acordaba.


— ¡Santa madre de dios! — gritó una mujer, la castaña se detuvo abruptamente — ¡oh! Hola nana — saludó emocionada — ¿Por qué demonios hueles así? — la mujer de nombre Martha se tapó la boca tan pronto se escuchó, la castaña elevó una ceja divertida — ¿Qué fue lo que dijiste? — preguntó burlona — esas palabras nana, no quieres que mi padre te oiga y yo no quiero otra nana — la mujer entrecerró sus ojos — pequeña dem… — la chica comenzó a reír y estaba dispuesta a lanzarse a los brazos de la mujer de no ser porque se quitó — vamos a bañarte antes de que tu institutriz te vea — con la cabeza le hizo una señal para que avanzara y esta suspiró para después hacerle caso.


— Ay April, si no fuera porque yo estaba aquí estoy segura que hubieses recibido la regañada de tu vida, ¿Por qué hueles a popo de caballo mi cielo? — preguntó la mujer mientras la lavaba como siempre en su tina, la pequeña la veía con los ojos cansados, los baños siempre la relajaban, al escuchar a la mayor una sonrisa la traicionó pero la mujer la vio seria causando que ella la imitara — lo siento nana, corrí hacia las caballerizas y choqué, caí pero…— sus palabras se las llevó el viento y se dedicó a mirar un punto en exclusivo, ella no se había caído, el rizado si, la había salvado — ¿sucede algo cariño? — preguntó preocupada la mujer, la chica analizó todo, quería un consejo pero para eso debía confesarle sus sentimientos a ella, después de todo, era su nana, su segunda madre, no creería que le haría algo, mucho menos delatarla — ¿puedo contarte un secreto? — esta se sorprendió un poco pues April siempre era muy reservada con todos sus secretos, para ella los secretos eran tesoros muy valiosos, al igual que las promesas. Asintió — no debes decir nada — volvió a asentir ahora con una sonrisa de ternura — me gusta alguien — soltó para después tomar aire y meterse completamente a la tina, Martha estaba sorprendida, la miraba con ternura, amaba a esa niña, pasaron unos segundos y la castaña por falta de aire tuvo que regresar con un muy notable sonrojo.


— ¿Quién es? — preguntó a prisa una vez la vio, la pequeña respiraba pausadamente — pues… — tomó aire — ¡Thomas! — la chica cerró los ojos, por ello no pudo ver como la mirada de la mujer se iba apagando, la sonrisa que poseía se transformó en una mueca de disgusto — mi amor, no te puede gustar Thomas — apenas terminó de pronunciar y los ojos cristalinos de la castaña la atacaban — ¿por qué? — el corazón de la mayor se estrujó y algo en su pecho le dolía y es que absolutamente todos en el palacio (a excepción del duque y la mini duquesa) sabían que el rizado detestaba a la menor, pues lo admitía sin pudor alguno, también quería a Thomas, pero si de algo estaba segura era que no permitiría que lastimaran a su bebé, aunque ahora conociendo los sentimientos de la castaña sería mucho más difícil para ella su tarea de cuidarla — porque él es un sirviente…


— Eso no es cierto, él es un soldado no un sirviente.


— Claro que lo es mi cielo, pero tu sangre es real, no son compatibles — acarició su mejilla con la esperanza de que tal vez reflexionara — conoces a mi padre, él jamás se opondría si nos queremos — los ojos de la mujer se entristecieron al ver a su pequeña — ¿y ya sabes si es lo que quiere Thomas mi amor? — la castaña iba responder pero sinceramente la pregunta la había dejado en blanco y pues… era obvio que Thomas quería, solo… debía estar segura, debía confesar sus sentimientos, dejar de ser una cobarde.


El silencio abrumó a Martha, al igual que la preocupación no quería que la niña se sintiera mal — te tengo una buena noticia — aquello pareció funcionar al ver la mirada de emoción de la castaña, misma que le devolvió la seguridad a ella — mañana viene mi hija — el ceño de April se frunció — ¿tienes una hija? — preguntó impactada — si mi amor, mañana vendrá para ayudar con los labores y espero que tú y ella sean amigas — la pequeña solo asintió fingiendo emoción, algo en su interior le decía que eso no sería bueno.


El baño termino, Martha secó la pequeña con una gran toalla, tomó su ropa para dormir y la vistió, una vez terminado cepilló sus dientes y fue a la cama, la mujer la tapó bien, ahora veía esos grandes ojos marrones con un brillo que desbordaba curiosidad, ingenuidad, pureza, una niña tan bondadosa y perfecta — de hecho, mi cielo, te estaba buscando antes de verte sucia — la menor frunció el ceño — últimamente todo ha estado muy inseguro, las brujas…


— Ya no tengo cinco años nana, no me quieras asustar con cuentos de fantasía — y la mayor deseaba con todas sus fuerzas que eso no fuese cierto — cariño, las cosas son difíciles allá afuera, los soldados se preparan, han estado secuestrado muchos niños, en verdad no quiero que algo te pase, me moriría — la preocupación en su voz fue lo que hizo que la pequeña se alterara. Siempre había oído hablar sobre las brujas en el pueblo, pero pensaba que solo era cosa de los medios, vaya equivocada estaba. Aquello le causo incertidumbre, talvez, solo talvez, era cierto, pero, aunque así fuera ella estaba a salvo, no había nadie más a salvo que una princesa, no le sucedería nada, estaba segura.


Por segunda ocasión, vaya equivocada estaba.

14 Février 2021 20:51:14 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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