dearmood Haikeiki Dokuga

Diez alumnos de la Academia Houusagi deciden entrar al terreno escolar durante la noche para desmentir un mito sobre una supuesta maldición, la cual se vincula a las diversas desapariciones de algunos estudiantes de la academia. Desafortunadamente los alumnos son víctimas de esta maldición y quedan atrapados dentro del colegio. Separados, aterrados y con pocas esperanzas, los protagonistas deberán encontrar la forma de salir con vida mientras luchan contra su mayor amenaza: sus propios miedos.


Horreur Déconseillé aux moins de 13 ans.

#paranormal #thriller #terror #misterio #drama #miedo #suspenso #295 #245
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Toriteki Rikou - 酉

Muchas veces me dijeron que la felicidad es algo que no se puede comprar, pero nunca me contaron cómo se consigue. Yo misma tuve que aprender a encontrarla. Algunos días aparece, otros no, y es en estos días poco comunes que hago todo lo posible para disfrutarla. A veces la encuentro en las pequeñas cosas de la vida: puede ser un comentario que me hizo reír, una buena nota o simplemente me desperté de buen humor. Otras veces no puedo encontrarla; casi todos los días me miro al espejo y mi día se arruina, y si no pasa esto me siento abrumada cuando estoy entre mis amigos. Cada uno de ellos tiene algo para destacar pero yo no me siento así, y no es que me sienta como una chica promedio, sino como alguien por debajo de lo normal. Esta diferencia que no puedo cambiar me aplasta cada día y cuando miro al cielo para tratar de despejarme empiezo a sentir una gran envidia hacia las aves: sus diferencias no las hacen distanciarse, no tienen que ver su piel y sentirse disgustadas, solo tienen que volar hacia adelante. A menudo, en estos días que me levanto con el pie izquierdo, lo único que necesito es que me obliguen a hablar, que no me den una escapatoria ni oportunidad para dar excusas.

Hoy fue uno de esos días malos, pero a diferencia de otros, este fue empeorando cada vez más.

Estaba acostada en mi cama mirando al techo. No pensaba en nada, solo me mentalizaba hasta que fuera la hora de salir. Hace un par de semanas surgió como idea ir a investigar algún lugar abandonado. Cómo no, esto fue idea de Eishiro, y al instante se sumaron su mejor amigo, Gekihi, y Heiko, mi mejor amiga. Luego de discutirlo un poco el resto se sumó.

Miré la hora, 21:45, ya era tiempo de salir. Me levanté, me puse mi bufanda favorita y bajé las mangas de mi uniforme escolar hasta que tapasen mis muñecas. Por un momento pensé en verme al espejo, pero decidí no seguir arruinando mi día. Saludé a mis padres y salí de mi casa.

Cerca de la puerta estaba Heiko esperándome. Me recibió con su clásica sonrisa y particular apariencia, mitad gótica mitad infantil.

Holiiiiis Rikou, ¿estás lista?

—Vamos.

Las dos nos pusimos en marcha.

—¿Era necesario salir con el uniforme de la escuela? —le pregunté a Heiko.

—Es que si vamos con otra ropa podríamos meternos en problemas. En cambio, si vamos vestidos así y nos descubren podemos decir que nos quedamos dormidos o nos dejaron encerrados.

—Ya veo. Y dime, ¿cómo es todo este asunto?

—Con los chicos vimos varios videos de exploración urbana y quisimos hacerlo. Por un lado se ve divertido y ya sabes, espeluznante, por todo eso de la maldición. Y por otro lado generalmente tienen muchas visitas así que si todo sale bien podemos repetirlo pero con cámaras y luego es cuestión de tiempo para que nos hagamos famosos.

—¿Pero el punto de la exploración urbana no era investigar lugares abandonados?

—Bueno, es que… nos daba miedo… Pero esto sirve como práctica.

No me sorprende, después de todo Heiko era el tipo de persona que le gusta probar cosas nuevas, aunque para ser honesta no sé si ignora las consecuencias o simplemente no se le pasan por la cabeza.

—Además, Santa Dánae es muy peligrosa. Quién sabe qué clase de persona puedes encontrar en los lugares abandonados.

—En eso tienes razón. Aún así no puedo creer que tengan miedo de un pandillero y no de una maldición.

—Pero no sabemos si la maldición es real.

—¿Tú crees que lo sea?

—No realmente. Pero es normal que este tipo de mitos se creen, aún más con los casos de desapariciones que hay por aquí. Igualmente yo creo que estas desapariciones son obra de las mafias, eso es lo más lógico.

Luego de un rato llegamos al portón de la escuela. Levanté mi vista y leí el cartel de entrada: «Academia Houusagi». Ese letrero que veía desde hace años se me hizo especialmente tétrico esa noche, me sentí pequeña, como si fuera un insecto, y ese cartel, el pie de un humano a punto de pisarme.

—¡Hey Rikou! ¡Ven aquí!

Heiko detuvo mis pensamientos.

—Está bien, pero no grites.

Me acerqué a donde estaba Heiko.

—Es por aquí, ¿no?

—Ajá, menos mal que todavía no arreglaron esto.

El colegio estaba rodeado por una cerca bastante alta, hecha de barrotes de metal colocados en forma vertical. Hace un par de meses un camión se desvió y chocó con la cerca. El colegio obligó a pagar al camionero los daños pero este se negó ya que según él: «Una bicicleta se cruzó y tuve que desviarme», por lo que nadie se hizo cargo del asunto. Ahora ese espacio entre los barrotes, producto del choque, era nuestra puerta de entrada.

Entramos las dos por ese espacio con cuidado, una vez dentro nos miramos y dijimos al mismo tiempo: —¿Y ahora qué?

Caminamos hasta las escaleras de la entrada y subimos; a la derecha estaban los dos edificios principales que estaban unidos por dos pasillos. Esa estructura enorme tenía dentro las aulas de primaria, la enfermería, teatro, piscina, básicamente todo lo presencial para los alumnos. A la izquierda del terreno estaba el edificio de kínder, que solo tenía un piso y cinco aulas juntas con un pasillo que al fondo daba con el arenero. En medio de estos dos edificios había un extenso terreno que daba a la parte trasera del terreno. Al fondo estaban los baños públicos, el edificio de secundaria, el gimnasio, el comedor de secundaria y el campo de deportes, además de una gran estatua de Santa Dánae, un par de asientos de piedra y un pequeño jardín redondo.

Caminamos hasta el fondo despacio hasta que escuchamos las risas de nuestros amigos. El primero en percatarse en que llegamos fue Katou, quien simplemente levantó la mano con una sonrisa, luego Rinbotsu y Ryourin con los mismos gestos. Heiko se apresuró pero yo fui sin apresurarme. Sentados en los asientos de piedra estaban Satsuki, quien la hermana de Katou, Fuji y Ubasemi. Delante de ellos estaban Gekihi y Eishiro quienes seguían riéndose sin darse cuenta de nuestra llegada. Heiko aprovechó esto para ponerse detrás de Eishiro y tirarle de la remera.

—¡Ahhhh!

—Caíste por distraído.

Todos nos reímos.

—Por un momento pensé que fue un fantasma…

—Si sigues siendo así de distraído te va a secuestrar un fantasma en serio —dijo Katou mientras se reía y acomodaba sus lentes.

Eishiro se puso pálido.

—Ey, ey, ey… No digas eso en este lugar.

Conversamos un poco más para mentalizarnos. Terminamos con un silencio incómodo una vez no tuvimos nada más que decir.

—Bien. —Gekihi rompió el hielo—. ¿Estamos listos para armar los grupos?

Nos miramos entre todos y luego asentimos al mismo tiempo hacia Gekihi.

—¿Cómo vamos a armar los grupos? —preguntó Heiko.

Eishiro sacó de su bolsillo cinco papeles pequeños torpemente doblados.

—Estos cinco papeles tienen escritos adentro el nombre de cada uno de los chicos, incluyéndome a mí. La idea es que cada chica agarre un papel y lea en voz alta. El chico cuyo nombre esté en el papel será su pareja.

Heiko y yo nos miramos al mismo tiempo con desdén. Eishiro era muy mujeriego, aunque nunca tuvo novia. Este no era más que otro juego con el fin de tener una excusa para hablar a solas con una chica. Aún así agarramos un papel cada una y le seguimos la corriente. Abrí el papel, dentro estaba escrito con muy mala letra Rinbotsu.

—Bien chicas —dijo Eishiro—. Cuéntennos quiénes son los afortunados.

La primera en hablar fue Ryourin, quien le tocó con Katou. Luego Ubasemi, con su voz baja dijo que su pareja era Fuji. En ese momento pensé si se animarían, pues los dos eran los más callados y tímidos del grupo. La siguiente fue Satsuki, que sin cambiar su usual cara de aburrimiento señaló sin hablar a Eishiro; este le sonrió.

Al final quedábamos Heiko y yo, y cometí el error de dejarle hablar primero.

—Rinbotsu.

La miré sorprendida, apenas abrí la boca pero me pisó fuerte y me guiñó disimuladamente. Fue en ese momento que entendí: dijo que su pareja era Rinbotsu para que yo estuviese con Gekihi, mi crush. Debí haberlo pensado antes, Heiko es la única que sabía que me gustaba Gekihi. Me tapé la cara con mi bufanda para esconder mi vergüenza.

—Entonces el último par es Rikou y Gekihi —dijo Eishiro impaciente mientras sacaba otros cinco papeles—. Estos otros papeles dicen las áreas a donde vamos a ir cada pareja, así que acérquense y elijan su veneno.

Gekihi agarró un papel y se acercó a mí, me miró un poco preocupado.

—¿Estás bien?

—Si…Es que… nada… Tengo un poco de miedo, eso es todo.

—No te preocupes, si pasa algo salimos los dos corriendo —Gekihi sonrió—. Pero no me dejes atrás, mira que soy un poco lento.

Ese comentario me hizo sentir mejor. Yo ya sabía que Gekihi era confiable, lo que me calmó fue su sonrisa, pues esta era genuina; no creo que sus gestos fuesen los mismos si él supiese que me gusta, igual no es como si alguna vez lo hubiese visto ligar, pero decidí dejar de pensar en eso. Él era el tipo de persona que confiaba al 100% en los demás y eso era suficiente para mí.

—Ah sí, el papel —Gekihi lo abrió y leyó—. Edificio… Bueno… no entiendo que dice.

—A ver —Miré el papel—. No entiendo ni lo primero.

—Espérame, le voy a preguntar.

Gekihi fue a preguntarle a Eishiro, pero por lo visto ni él entendía su propia letra.

En ese momento sentí que el mundo se detuvo. Miré abajo y no me anime a levantar la vista. Él sentimiento de vulnerabilidad que sentía a mis espaldas se extendió a mis alrededores. Mi cabeza empezó a llenarse de sentimientos negativos y sentí nauseas, mis piernas temblaron como si tuviese frío. Mi campo de visión se puso borroso y sentí que mi mente se separaba de mi cuerpo. Miré mis piernas y una angustia se apoderó de mí. Sin darme cuenta empecé a morder las uñas de mi mano y con la otra rascaba fuertemente mi panza como si quisiera sacar algo de adentro mío. «Otra vez esto… Nada más tengo que esperar a que termine», pensé.

De golpe volví a la realidad con un escalofrío. Miré hacia adelante, cada uno estaba hablando con su pareja, salvo Satsuki y Eishiro, a quienes Gekihi había interrumpido (aunque conociendo a Satsuki no creo que hubiesen hablado mucho igualmente). Gekihi se dio la vuelta y levanto su pulgar como preguntando si todo estaba bien, a lo que yo asentí y me acerqué. En ese momento Eishiro logró descifrar su propia letra: nos había tocado el edificio de secundaria. Luego se subió al asiento de piedra y aplaudió.

—Bien chicos, ¿estamos listos?

Todos nos pusimos en marcha. El grupo de Ubasemi y Fuji tenía que ir al kínder y el de Ryourin y Katou al edificio frontal de primaria, así que volvieron por el mismo camino por el que entramos. A Satsuki y Eishiro les tocó el edificio trasero de primaria. A Heiko y Rinbotsu el gimnasio, que era un cuadrado bastante grande que estaba en el medio de la parte de atrás del terreno. Atrás del gimnasio estaba el comedor de secundaria y a la izquierda nuestro objetivo, el edificio de secundaria.

Al final quedamos Gekihi y yo solos frente a la estatua, él se estaba atando los cordones y yo esperaba. La luna era brillante, parecía una bola de queso. Por un lado las estrellas también brillaban y por el otro eran opacadas por las luces de la ciudad, que mayormente venían del barrio Pinball, donde estaban los casinos, bares, etc. Todas las luces del cielo eran suficientes como para iluminar el suelo; recuerdo que una vez mi abuela dijo que ese cielo dividido era clásico y único de Santa Dánae.

Gekihi se levantó y me dio una palmadita en el hombro mientras sonreía amablemente.

—¿Vamos?

Mientras nos acercábamos a la puerta del edificio vi al otro grupo: Rinbotsu estaba tratando de abrir la puerta del gimnasio y Heiko miraba disimuladamente hacia mi lado. Cuando las dos cruzamos miradas ella me guiñó el ojo con una sonrisa picaresca, a lo que yo simplemente le levanté el dedo medio.

Llegamos a la puerta y Gekihi trató de abrirla, pero estaba cerrada con llave. Le dio un par de golpes con el hombro y giró la manija varias veces pero la puerta no se abrió.

—No hay caso —dijo él y luego suspiró.

—Encima esta es la única entrada —agregué —. Hubiese estado bueno que pusieran ventanas en el primer piso.

—Ya sé que hacer —Gekihi chasqueó sus dedos y señaló al comedor de secundaria—. Si nos subimos al tejado del comedor podremos abrir las ventanas del segundo piso, si es que están abiertas. Igualmente no perdemos nada en intentar.

Nos acercamos al comedor, pero el tejado era muy alto como para poder subir. Un poco frustrados volvimos a la puerta para darle una segunda chance. Gekihi siguió intentando abrir la entrada con cuidado de no hacer ningún daño que pudiese delatarnos. Yo estaba parada detrás de él pensando en otra forma de entrar, desde mi rabillo del ojo podía ver a Rinbotsu y Heiko golpeando la puerta del gimnasio al mismo tiempo.

De golpe sentí una fuerte presión en mi pecho; no era lo mismo de siempre, esta vez era diferente: mi cuerpo y mi mente se empezaron a adormecer de a poco. Quise hablarle a Gekihi pero él estaba tirado en el piso. Giré mi cabeza hacia el otro grupo, Heiko parecía estar dormida y Rinbotsu la sostenía sobre su hombro, pero él también se veía mal. Mis rodillas se rindieron y todo quedó oscuro.

3 Février 2021 00:28:58 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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Isla Lug Lámfada
Isla Lug Lámfada

Santa Dánae es la ciudad principal de la isla Lug Lámfada, ubicada en medio del océano Atlántico. Se caracteriza por sus calles largas, edificios altos y un gran número de habitantes. El idioma oficial de la isla es el esperanto, y el sistema de gobierno es monárquico. En el pasado hubo mucha inmigración desde todo el mundo, por lo que hay infinita variedad de nombres y apellidos. En savoir plus Isla Lug Lámfada.

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