kasakura K Asakura

La capital es una de día y otra de noche; el gobierno continua ocultando las nuevas e imparables masacres; poco a poco los ciudadanos irán abriendo los ojos exigiendo una solución. Para evitar que los seres de la oscuridad se alimenten sin control, los cazadores son llamados para limpiar las calles por las noches. La antigua consorte del soberano de las tierras del norte regresa a la urbe para crear un nuevo imperio. Con el corazón envuelto en muros de hielo, no vacilara y menos ahora que tiene la esperanza de hallar a quien podría mantenerla en la luz y darle una razón para existir. Pero el reencuentro con su entrañable amor será inevitable. A través de "Las ciudades Santas" con antiguos y nuevos rostros; aquellos que desean llevar el infierno sobre la tierra aguardan.


Paranormal Vampires Déconseillé aux moins de 13 ans.

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“Querubín”


—Ven, acércate, mi pequeño querubín… tienes que ser un chico bueno si quieres ir al cielo —pronuncio el hombre con la voz baja, rasposa y profunda.

—¡No quiero! ¡por favor!

—Si no haces lo que te digo, el cielo te castigara y jamas volverás a ver a tu hermano.

Ante esa amenaza disfrazada de consejo, el pequeño emergió de su escondite, un agujero en el piso de debajo de su cama de madera podrida, que había cavado con sus propias uñas sobre el suelo semi firme.

Una vez fuera y con un gran temor en sus ojos que luchaban en contener el llanto, fue examinado por aquel hombre que fácilmente podría pasar por un inofensivo abuelo.

—¡Mira nada mas! de nuevo te haz arañado tu precioso rostro, aun cuando tus uñas se han desgastado entre la piedra del suelo dejas un poco para flagelarte —Tomó uno de los dedos del niño y lo introdujo en su boca hasta que la cuarteada linea que suponían sus labios llego hasta el nudillo y así mismo de manera lenta, como si lo estuviera saboreando retrocedió hasta la uña donde comenzó arrancársela con sus amarillentos dientes.

Inmediatamente el pequeño de unos siete u ocho, ya no pudo contener su llanto, pero no fue por el dolor que le estaba causando el ir perdiendo poco a poco cada una de las uñas, sino por la sensación tan desagradable que sentía al ser tocado por ese hombre.

—Voy a tener que castigarte por esto —continuo el anciano limpiándose con la parte de atrás de la mano, el sobrante de sangre con saliva y poniéndose en pie con esfuerzo para llevar sus manos hasta el nudo de su cíngulo.

—¡No! ¡Eso no! ¡No mas! ¡Por favor! — El Niño se soltó a llorar de tal manera que ni el salado de sus lagrimas sobre sus heridas lo hizo dejar de temblar debido al horror que de nuevo viviría…

Alarmado, por el grito que provino de la torre, mas que por el estruendo del rayo que había caído en la cercanía del lugar, Henry se desplazo por las escaleras lo mas rápido que le permitieron sus habilidades para llegar a aquella habitación en lo mas alto. Allí, al abrir la puerta se encontró con una habitación totalmente revuelta y una criatura que se escudriñaba en la esquina mas recóndita, envuelto en las sobras que la luz de los rayos centelleantes no alcanzaban alumbrar.

—¡¿Walter?! — dijo aproximándose con cautela al otro.

—¡Por favor! ¡Por favor! —sollozaba con la voz ahogada.

Una vez en el medio del lugar, los ojos de Henry, vampiro de cabellera oscura y lánguido perfil; lograron contemplar al rubio platinado, en cuclillas, completamente desnudo, con la mirada perdida y el rostro desencajado, cubierto por hileras de sangre, producto de las lesiones que se estaba provocando al pasar sus largas y afiladas garras, profundamente desde la raíz de sus cabello hasta poco mas abajo de su cuello.

Henry abrió los ojos de par en par, mas no parecía tan sorprendido de verlo así, pues no era la primera vez que contemplaba una de sus tantas crisis, y debido a eso se hizo de una de las mantas mas próximas y regreso a su pareja, colocándose de rodillas para cubrirlo cuidadosamente.

—Te daré un baño, lavaremos la sangre — le susurro. Mientras Walter continuaba hiriéndose y sus aberturas cerrándose conforme se provocaba cada una, como un ciclo sin fin.

—¡No mas! ¡No mas! — repetía y Henry, de manera paciente aparto lentamente sus manos de su propio rostro y lo condujo casi cargándolo hasta donde lo lavaría y le devolvería su dignidad —Todo estará bien, estoy contigo.

Con mucho cuidado deslizo el estropajo sobre el delgado cuerpo de su amante, lavaba despacio y con tacto, como si fueran caricias sobre la piel llena de las cicatrices de su antigua vida como mortal. El agua que se había entibiado para que las flores y hiervas desprendieran su aroma, se tiñeron ligeramente del escarlata que impregno el rostro de Walter minutos atrás, pero no alcanzo a enrojecer la bañera, solo a enturbiar el agua.

—Recuerda que nada puede hacerte daño ahora — le dijo en voz baja al tanto que Walter permanecía abrazando sus rodillas, con la mirada fija al frente y los labios sellados —Ningún mortal es capaz de poner un dedo sobre ti, eres respetado y adorado en este lugar —yo te adoro.

Después de eso y al ver que el otro no reaccionaba a sus palabras, Henry decidió continuar con su labor, ya se había resignado a nunca recibir respuesta cada que confesaba su devoción al otro. En silencio y con solo el sonido del agua que caía sobre si misma, el de cabello oscuro cerro los ojos, deseando que su amado pudiera transmitirle un poco de su dolor.

—Temido — Pronuncio Walter, apenas en un susurro.

—¿Como haz dicho?

—Temido — elevo un poco la voz —quiero que tiemblen al verme y al escuchar mi voz— recogió del agua un puñado de pétalos entre rojos y blancos con algunas delgadas hiervas —Cada persona, cada mujer, hombre, niño, cada mortal —Henry se detuvo y lo miro desde un punto en el que solo podía contemplar su espalda y parte de su perfil — Quiero que griten de horror con solo pronunciar mi nombre —estrujo las plantas dejando correr el agua que había traído junto con estas —Los haré testigos de la infamia de su propia naturaleza vil y ruin, de lo que nace a raíz de sus perversiones y bajezas —apretó con mas fuerza, mas y más, hasta que volvió a sangrar por las uñas que se incrustaban en su propia carne — traeré el infierno a la tierra y así les demostrare que su Dios los ha abandonado, como me abandono a mi.

Escucharlo pronunciar aquel discurso lleno de odio y resentimiento le devolvió una leve dicha a Henry, su amado se estaba recuperando de aquel episodio en el cual muy seguramente se fugo hasta su infame pasado.

—Así sea — contesto con los ojos brillando de admiración.

2 Février 2021 08:03:50 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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