J
Janeth Aguilar


Novalee Campbel, es una joven bailarina que a muy temprana edad se enamoró perdidamente del primer chico que conoció y que con el paso del tiempo se convirtió en su mejor amigo. Lucas Walker, es el chico más apuesto de su pueblo. Siempre ha estado enamorado de ella, pero teme que al confesárselo, pueda perder su amistad. Así que decide mantener su amor en secreto aunque aquello le esté destrozando el corazón. Ambos lucharán contra un sentimiento que ya no pueden seguir ocultando. Sin embargo, el destino se empeñará en ponerlos a prueba hasta que el deseo y la pasión, sean más grande que sus propios temores. Pero, cuando el amor por fin llega a unirlos para siempre, todos sus planes serán destrozados por una gran tragedia que marcará sus vidas para siempre. Una situación escalofriante enfrentará a Novalee, a los momentos más terribles de su existencia, una que acabará con sus deseos de vivir. Un solo recuerdo la mantendrá con vida hasta que llegue el momento de la decisión final, Lucas Walker, el gran amor de su vida. Su única opción: escapar y ser libre… o morir en el intento.


Érotique Interdit aux moins de 18 ans.

#amor #tragedia #salvaje
1
398 VUES
En cours - Nouveau chapitre Tous les dimanches
temps de lecture
AA Partager

Prólogo

Mis piernas se tambaleaban insistentemente, era difícil sostenerse de pie. Pero ceder no me daría ninguna oportunidad para sobrevivir. Corrí con todas mis fuerzas tratando de alejarme de aquel lugar que durante 7 años de mi vida se convirtió en mi celda particular, en mi infierno... en mi peor pesadilla.

El tiempo marchaba al compás en el que lo hacían los latidos de mi corazón, mientras que el miedo se instalaba alrededor de mi garganta como una enredadera, asfixiándome sin piedad. Mis pies heridos y cansados me pedían que me detuviera, pero aquello no era una opción, ya que mi vida dependía de ello. Debía escapar de allí a como diera lugar y evitar que él pueda encontrarme.

Respirar era difícil, sobre todo cuando requería de toda la energía para correr más rápido de lo que podía hacerlo. Mis pulmones luchaban con todas sus fuerzas para obtener cada pequeña bocanada de oxígeno que necesitaban. Pero mi pecho ardía tanto, que por momentos tuve la intención de detenerme y olvidarme de todo. Sin embargo, al recordar todo lo que me pasó durante los últimos siete años, encontré las fuerzas necesarias para continuar corriendo.

No podía detenerme y permitir que él me atrapara y me llevara de vuelta a aquel lugar. El camino era difícil, las ramas constantemente golpeaban cada parte de mi cuerpo, lacerándolo con cada ataque, pero no importaba cuando mi vida dependía de que lograra escapar.

No tenía idea de hacia donde correr. Lo hacía por inercia, hacia donde mis pies me llevaran. Inclusive, existía el riesgo de perderme en aquel oscuro y solitario lugar, y empeorar mí ya precaria situación, pero estaba más que segura que cualquier parte sería mejor que volver a ese maldito infierno. Me esforcé con cada pisada, con la poca energía que me quedaba y de ser necesario… con mi último aliento. No tenía otra salida, solo había una opción y esa era…. escapar y vivir.

A medida que avanzaba, la vegetación se hacía más espesa y más difícil de atravesar. Las ramas de los árboles y arbustos eran tan gruesas y otras tan finas y afiladas, que en corto tiempo las heridas se hacían más profundas y dolorosas. Mis pasos cada vez eran más lentos y sentía que mi determinación desfallecía con cada lesión que me provocaban. Desesperada y adolorida, las lágrimas comenzaron a caer una tras otra, al advertir que mis esperanzas se desvanecían como la sal en el agua. Mis sollozos no tardaron en llegar y ya agotada, caí de rodillas sobre la tierra inhóspita, destrozándolas en el descenso.

El dolor destelló como un relámpago por todo mi cuerpo. Apreté las manos por la impotencia, apuñando dentro de ellas todo lo que encontré esparcido en el suelo. Mi pecho comenzó a sacudirse incontrolablemente y mis gritos se escucharon a lo largo y ancho del bosque, sin medir las consecuencias de tal actuación.

No pasó inadvertido el instante en el que el sonido de pisadas y el de ramas quebrándose se oyeron a lo lejos. Fue un hecho desalentador… él se estaba acercando.

Obligue a mis piernas a levantarse, aun cuando el intento fue doloroso y desgarrador. Alcé mis lastimadas manos para apartar con brusquedad las ramas que se interponían en mi camino. Luche, luche ferozmente contra toda dificultad, pero cada vez se hacía más difícil continuar.

―¿Dónde estás, maldita perra? ―su voz se escuchaba tan cerca que creí que estaba justo detrás de mí―. ¿Crees que puedes escapar de mí? ¿A caso no sabes que me perteneces?

Se expresó con furia. Podía escuchar con claridad cada palabra que pronunciaba y escucharlo tan próximo, hizo que el miedo oprimiera mis entrañas y me provocara ganas de vomitar.

― ¡Oh, Dios! ¡No permitas que me atrape!

Rogaba por cualquier oportunidad que me diera para escapar lejos de ese maldito loco.

―¡Allí estás, maldita puta!

Todo mi cuerpo se estremeció ante la certeza de saber que podría atraparme en cualquier instante. El terror caló hasta lo más profundo de mis huesos, sacudiéndome con intensidad. Estaba hiperventilando. Mi pecho contraído por el pánico, haciendo mi reparación tan pesada y dificultosa hasta el punto que duele, duele mucho respirar.

Me embarga la desesperanza. Quería rendirme ante tanto dolor, dormirme para nunca más despertar. Pero mi determinación a escapar y tomar cualquier oportunidad que tuviera, fue mayor. Recordar las perversidades a la que fui sometida, la crueldad con la que me trató y el daño que me provocó durante todos estos años y lo que sería capaz de hacerme si me atrapaba de nuevo, fue suficiente para recobrar mi valor y superar el dolor que me atormentaba.

―¡Detente, maldita o lamentaras lo que has hecho! Has sido una perra muy desobediente y te arrepentirás hasta el último día de tu vida por haber intentado escapar de mí ―cada una de sus palabras me aterroriza―. No imaginas con qué placer voy a castigarte ―sabía que cada una de sus amenazas eran reales, conocía el alcance de sus atrocidades―. Voy a tomar cada parte de tu cuerpo y transformarla en una lección de vida. Pintare como un lienzo cada espacio de tu piel, hasta que cada marca que deje en ella, te recuerde a cada instante a quien perteneces y cuál es tu lugar.

Sus palabras me producen tanto terror que mis piernas se sienten débiles y sin fuerzas. Enérgicos sollozos agitan mi cuerpo, al comprender que todos mis esfuerzos por escapar, tal vez fueron en vano. Sé que él me atrapará tarde o temprano y me llevara de regreso a ese espantoso lugar. Sigo corriendo con desesperación, buscando cualquier atajo que me permita alejarme de él. Pero me siento perdida y sin saber hacia dónde correr.

―¡Auxilio, que alguien me ayude por favor!

Grito y lloro a todo pulmón, rogando por que exista alguien que pueda escucharme. Las lágrimas nublan mi poca visión en medio de la oscuridad, así que trato de limpiarlas para poder ver hacía donde corro.

Me precipito con desenfreno a través del oscuro camino.

Perdida.

Confusa.

Mientras la crudeza de la vegetación continúa lastimándome con gravedad y provocando que mi sangre comience a brotar por cada parte de mi cuerpo. El dolor es terrible e insoportable, hasta el punto que comienzo a desvanecerme lentamente. De repente, un fuerte impacto me detiene. Dirijo la mirada hacia mi hombro derecho y detecto que una rama muy gruesa se encuentra incrustada en lo alto de mi hombro, produciendo una dolorosa punzada con cada movimiento que intento realizar. La adrenalina se propaga a través de mi torrente sanguíneo, acelerando precipitadamente mi ritmo cardíaco. Mi cuerpo reacciona con agilidad y una fuerza inexplicable, me impulsa a levantar mis manos y a sujetarla con fuerzas para intentar sacarla de allí.

Mis manos están destrozadas, así que mis intentos son caóticos y torpes. Respiro profundo, temblando del frío y del dolor, pretendiendo por todos los medios resistir el inmenso sufrimiento que me asalta. Empujo una vez más mi cuerpo hacia atrás, mientras sostengo con firmeza la rama, lo hago con todo el valor y con todas mis fuerzas y después de un alarido aterrador que erizaría el cuerpo de cualquier humano al escucharlo, logro sacar la estaca de mi hombro.

En medio de mi entumecimiento, logro escuchar sus pasos. El pánico me hace avanzar, dejando que mis pies me guíen hacia donde pueda sentirme a salvo. Un líquido caliente comienza a empapar mi cuerpo con rapidez. Náuseas y mareos me sobrevienen y comienzo a caminar entre tumbos y tropiezos. De forma mecánica llevo mi mano hasta donde está la herida y confirmo lo que me estaba temiendo… me estoy desangrando.

Sigo avanzando aun en contra de las adversidades. Desorientada y sin un rumbo cierto hacia dónde ir, mis movimientos comienzan a ralentizarse y el mareo se hace cada vez más intenso. Presiono la herida con mi mano para tratar de evitar que la sangre siga saliendo, no obstante, el líquido viscoso sigue fluyendo como una cascada. Sé muy bien que si no logro detenerlo, en poco tiempo voy a morir.

Devastada por la situación, logro avizorar un pequeño destello de claridad delante de mí y avanzo con prontitud en esa dirección, sintiendo mis esperanzas renacer. Pero la terrible realidad se abalanza sobre mí como una avalancha, acabando con todas mi esperanzas de libertad. Un profundo acantilado se convierte en el punto final de mi recorrido. Me detengo súbitamente cerca del borde, sabiendo que todo ha llegado a su final. Él pronto me atrapará y me llevará de vuelta a su infierno.

―¿A dónde crees que vas, mi pequeño solecito?

Oigo su voz detrás de mí, mientras permanezco parada a pocos metros de la orilla, con la mirada fija en las caudalosas y turbulentas aguas que se agitan como trituradoras potentes en el fondo de aquel precipicio.

Me giro de inmediato, cuando el sonido de las hojas al crujir me advierten que mi captor está muy próximo. Elevo mi cara y veo su silueta en medio de la oscuridad. Segundos después, la luz de una linterna se enciende y puedo ver su rostro. Su sonrisa triunfal me provoca náuseas y escalofríos.

Doy un paso hacia atrás cuando noto sus intenciones de acercarse a mí.

―¡Detente o juro por Dios que saltaré!

El tono de mi voz es apenas perceptible. Me estoy quedando sin fuerzas, sin embargo, con todo el aplomo, trato de sonar convincente.

―¿A quién crees que le hablas, maldita zorra? ¿A caso piensas que puedes amenazarme y darme malditas putas órdenes?

Sus ojos parecen destellar fuego y su cara esta contorsionada de tal manera, que me hace estremecer. Su ira es incontenible y sé que si logra atraparme el castigo será terrible y despiadado.

Da un nuevo paso hacia mí, así que yo también retrocedo uno.

―Ven conmigo, solecito, papi te va a cuidar y a protegerte como él sabe hacerlo.

Sonríe sin que el gesto llegue a tocar sus ojos. Extiende su mano y da un nuevo paso para acercarse más a mí. Intenta convencerme para que la tome, pero no hay nada en este mundo que me obligue a hacerlo. Respondo dando un nuevo paso hacia atrás para evitar que me alcance, pero cuando lo hago, siento que la tierra bajo mies pies comienza a desaparecer. Giro mi cara y descubro que estoy en la orilla. La tierra ha comenzado a desprenderse por mi peso y si sigo avanzando caeré directo al precipicio.

―¡No te atrevas a dar un paso más… ¡Malnacido!

Grito con ira cuando devuelvo la mirada hacia él. Le hago entender que si intenta acercarse de nuevo, no me quedará otra opción que saltar.

―No te atreverás, mi solecito ―recibe mi advertencia de manera clara y puedo ver un leve rastro de preocupación en su rostro―. ¿Sabes por qué? Porque no hay manera de que puedas sobrevivir si saltas al vacío ―intenta amedrentarme―. Pero si tomas mi mano y vienes con papi, dejare que vivas, te daré una nueva oportunidad y serás nuevamente mi favorita. La reina de nuestro hogar.

¡Maldito mentiroso de mierda!

―Prefiero morir antes que volver contigo, maldito hijo de puta ―le grito con mucho coraje mientras mis lágrimas comienzan a rodar por mi cara―. Me robaste mi vida, mis esperanzas ―le recrimino entre sollozos―, me apartaste de mi familia, de mis amigos y de todo lo que era importante para mí. Mancillaste mi cuerpo como te dio la gana. Acabaste con todos mis sueños y mis ilusiones. Destruiste… destruiste mi vida entera, mi futuro, todo lo que un día soñé tener…

Se me parte el corazón al recordar todo lo que dejé atrás, cuando este maniático me obligó a venir con él.

―¡cállate! ¡¡¿Cómo puedes ser tan malditamente malagradecida?!! –su grito retumba como el rugido de un bestia en medio de aquel oscuro paraje―. ¿A caso no comprendes que yo te modelé, que te construí y te transformé en un ser perfecto, limpio y puro, cuando tu vida estaba al borde de la destrucción? ¡Eras una pecadora! ―grita con furia―. Te habían convertido en una maldita puta y estabas destinada a arder en el infierno. Por eso, cuanto te vi en aquel callejón llorando, te elegí ―el tono de su voz cae y se oye como un lamento―, te seguí y te observe durante largo tiempo y eso me dio la oportunidad de conocerte a plenitud. Pude descubrir tus fallas para remediarlas, tus gustos, lo que te hacía reír y llorar y todo aquello que te producía dolor. Malditamente te elegí. Eras la indicada.... Y entonces, lo decidí en ese momento. Tenía que salvarte, así que acaté el llamado de Dios y te salvé llevándote conmigo. ¿Es que acaso no lo ves? ―eleva su mano y me señala con ella―. Ahora eres perfecta, te convertí en un ser divino y celestial. Eres mi ángel y aunque me has decepcionado con tus acciones estoy dispuesto a darte una nueva oportunidad para redimirte y… ―se acerca hacia mí, con sigilo, de la misma forma en que lo hace una fiera al asecho de su presa, con esa mirada intensa y penetrante que he llegado a conocer muy bien… es la mirada del mismo demonio antes de atacar―. ¿Sabes por qué lo haré? Porque. Te. Amo ―me expresa como si aquello fuera algo especial―, y por ese mismo amor que te tengo, te aleccionaré hasta que te haga entender que eres mía, que tu vida es mía, que tu destino está atado a mí y que me perteneces de todas las formas y maneras posibles.

―Eres un maniático asqueroso ―le grito, asqueada―. Tú no eres mi nada. Eres la bestia repugnante que pudo cruzarse en mi camino. Maldigo el día en que apareciste y destruiste mi vida. Maldigo a la mujer que te dio la vida por ser capaz de parir a semejante aberración. Prefiero estar muerta a que vuelvas a poner una mano sobre mí. Me das asco, te aborrezco y te odio con todas las fuerzas de mi alma. ¿Es que acaso no te has mirado en un espejo? ―le digo desafiante, mientras lo repaso de pies a cabeza―, eres un ser despreciable y mezquino, como puedes tan siquiera imaginar yo pueda sentir algo por ti. ¡Tú solo me produces repulsión! ―su cara se retuerce de rabia cuando descargo todo lo que siento sobre él. Suelta la lámpara y queda apuntando hacia él, una vez que cae al suelo. Sus puños se aprisionan y su boca se comprime en una sólida línea con tanta intensidad que su mandíbula se ve desencajada. Su pecho sube y baja con frenesí haciendo que su respiración se torne violenta y furiosa. Su ira lo impulsa a dar nuevos pasos para acercarse, por lo que aterrada por su proximidad, intento retroceder y alejarme. Resbalo y trastabillo perdiendo el balance. Por lo que él se detiene abruptamente. Recobro el equilibrio y vuelvo a fijar mi mirada en su cara. Veo su determinación y sé que ya no hay marcha atrás. Él está decidido y esta vez no se detendrá hasta tenerme.

En un movimiento fugaz, giro la cara sobre mi hombro para mirar el profundo precipicio y vuelvo nuevamente la mirada hacia él. Entonces tomo mi decisión y sé que él logra comprenderlo, puede leerlo en mi mirada. Veo la desesperación en sus ojos, por lo que rápidamente se abalanza sobre mí para intentar detenerme. Pero antes de que me de alcance, cierro los ojos y extiendo los brazos hacia los lados y dejo que mis pulmones se llenen de aire por última vez. Doy un salto hacia atrás y mi cuerpo comienza un rápido descenso hacia fondo del acantilado.

Puedo escuchar sus gritos de desesperación, mientras caigo al vacío. Miles de imágenes se proyectan en mi mente como diminutas diapositivas, unas tras otras. Retratos aleatorios de diferentes sucesos de mi vida antes de ser capturada. Momentos felices con mi familia antes de que me alejaran de ella, con mis amigos y con él… con Lucas Walker, el amor de mi vida.

Una especie de “Experiencia de Revisión de la Vida”, antes de morir. Me siento feliz y nada se siente mejor, que estar en libertad, aunque sea a escasos segundos de que mi vida se extinga.

Impacto fuertemente contra las duras y heladas aguas. El golpe me deja sin respiración. Las aguas me atrapan como garras feroces y me llevan con ellas. Mi cuerpo se hunde lentamente en sus profundidades dándome una sensación de paz y descanso, no intento defenderme, ya no tengo fuerzas para hacerlo. Segundos después, todo es absoluto silencio. La oscuridad comienza a absorberme con lentitud y poco a poco se va desvaneciendo mi vida con el último latido de mi corazón.

1 Février 2021 17:12:39 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
0
À suivre… Nouveau chapitre Tous les dimanches.

A propos de l’auteur

Commentez quelque chose

Publier!
Il n’y a aucun commentaire pour le moment. Soyez le premier à donner votre avis!
~