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La transición de Ray

Aquellas malas noticias retumbaban todavía en mi mente, la noche se alzaba lentamente en el cielo, recordándome que a kilómetros de aquí está naciendo el sol. Necesito irme, es lo que me repito una y otra vez, mientras el eco de mis pisadas resuenan sobre las ya solitarias calles. Al llegar a casa entro en cuenta que, muy pronto esto dejará de ser y que debería de dejar de llamarlo un hogar. ¡Vaya cumpleaños número 26!, pienso. Aún no lograba asimilar que todo aquello que conocía, desaparecerá... dando lugar a un futuro enigmático. Mi nueva vida comenzaba ahora. Mirándome al espejo podía ver mi rostro y aunque los años no habían pasado en vano, seguía sintiéndome igual, sentía que nada había cambiado. Debería considerarme un adulto, no obstante, no me siento como uno. Recorrí lentamente cada habitación de aquella solitaria casa. Noté cosas que antes no me había percatado pese a que llevaba ya un tiempo ahí.


Había estado bastante cómodo ahí, sumergido en mi mundo sin darme cuenta de lo frágil que puede llegar a ser. Me pregunto si la tierra también será igual de frágil pues si así fuera el caso, en cualquier momento dejaríamos de existir. Comencé a empacar algo de ropa y las cosas que a mi consideración era lo importante. No quedaba mucho tiempo y aún así no me esmeraba lo suficiente para terminar de empacar todo. Quizás inconscientemente no quería que terminara. No quería desalojar aquel lugar en el que comenzaba a crear recuerdos y sobre todo no quería lanzarme hacía ese foso enigmático que no tenía ni idea de a donde iba a dar. No quería lamentarme por lo sucedido, a esas alturas era ya algo inevitable, sin embargo, en mis acciones se podía notar que quería postergar todo esto lo máximo que se pudiera.


En momentos me convencía a mi mismo de que pasará lo que pasará iba a seguir adelante, como siempre lo he hecho, solamente para momentos después sucumbir hacia ese temor que yacía dentro de mi y que crecía de manera exponencial. Una guerra se libraba dentro de mi, la cual enmascaraba para que aquellos a mi alrededor no lo notaran. Por una parte me armaba de valor diciéndome que si podía y por otro lado el miedo al fracaso y que nada salga bien. Y entre todo ese caos pasando inadvertidamente la fecha limite se acercaba. Una semana antes, comencé a tratar de concentrarme y en asimilar todos estos cambios que estaban ocurriendo. Así que decidí comenzar a lidiar por esa parte de mi pasado que nunca había cerrado y que llevaba años arrostrando conmigo. No podía tratar de reparar mi presente sin antes sellar mi pesado. Y para poder sellar ese pasado tenía que contactar con aquella persona por la que había iniciado todo esto.


Habíamos hablado por teléfono para concretar el día en el que íbamos a hablar, no sabía que esperar pero, de algo estaba seguro y es que las cosas no iban a salir bien. Comencé a mentalizarme sobre todo lo que podía pasar y el como tenía que lidiar con cada uno de los escenarios que podrían surgir. Sin darme cuenta, el momento de la reunión había llegado. Había llegado con antelación pues no me sentía cómodo de ser el último en llegar y para mi suerte aquel lugar acordado aún se encontraba vació. La tensión iba en aumento y aunque la otra persona no había llegado, mi corazón latía increíblemente rápido. Cuando de pronto una voz por otras se hizo escuchar.


—Hijo... ¿Cómo vas con la mudanza?


Aquella persona era mi padre.


—Bi... bien—. Titubeé, sabiendo que aún faltaban varias cosas por mover y empacar.

—Tienes un compromiso, sabes bien que ya no puedes quedarte ahí.

—Yo lo sé... estoy haciendo lo que puedo—. Repliqué.


La atmosfera comenzaba a volverse hostil, no quería estar ahí pero me repetía en mi mente todo el tiempo que tenía que hacerlo. En eso mi padre agregó.


—¡Ya te tardaste mucho! Debiste de haberte salido de ahí desde hace mucho—. Podía notar como iba creciendo su tono de voz.

—Yo sé, ¡estoy haciendo lo que puedo! ¡De verdad! No es fácil, todo esto es algo nuevo para mi y estoy lidiando como puedo

—¿Por qué no le pides ayuda a tu mamá? como ella si siempre se la pasa diciendo que te ayude y ella ni siquiera hace nada.

—No quiero pedir ayuda. Tengo que hacer esto solo, no soy como tú que se la pasa pidiendo favores a la gente—. Sin darme cuenta mi tono de voz también se había levantado a su vez de un ceño cada vez más fruncido.

— No me vengas con eso, después de todo yo siempre te ayudé...—. Su voz se cortó abruptamente por mi que lo había interrumpido


—¿Ah, si? Y dónde dejas toda la mierda que hiciste? —. Reproché. — Estuve mal, mucho tiempo ¿ y qué fue lo que hiciste? me dijiste que no era nada, bueno pues ahora te lo digo, ¡SI ERA ALGO!—. Lo que había comenzado mal había terminado peor.


Los gritos no se hicieron esperar y por primera vez sentía tanto enojo por todo, mi voz había cambiado, mi cara había cambiado, nunca había llegado a ese punto, en parte porque siempre había guardado las cosas pues, siempre he tratado de evitar conflictos y discusiones. Algo dentro de mi había sido liberado. Grité y dije todo lo que tenía que decir y que en su momento no pude. Nunca me había considerado valiente e inclusive una persona fuerte. Hasta ese momento no creía que podía llegar a tal punto de enojo. Mis lagrimas salían a brotes de mis ojos, la ira me invadía por completo, sin embargo, con todo eso podía mantener algo de compostura. Aquella discusión no terminó en nada pero había dado lugar a lo que sería el primer cambio en mi vida.


Acabada la discusión y aún con lágrimas en mis ojos, sentía un gran alivio, un alivio que había buscado por mucho tiempo pero que no sabía como conseguirlo. Entre sollozos sonreí porque era algo que nunca me había atrevido a hacer. Había vuelto a aquella casa aún con miedo y aún con toda esa incertidumbre de no saber lo que pasará pero, con la determinación de que las cosas podían mejorar.

28 Janvier 2021 06:53:05 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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