estela-caruso1600230418 ela Caruso

A veces, el amor esta tan cerca,y no nos damo cuenta.


Drame Tout public.

#cuento
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Tu Abrazo


Si alguien me adoro en la vida, ese fuiste vos, en silencio, con ese amor único y verdadero que sienten las personas buenas.
Me adoraste desde el momento en que nací y cuidaste de mí en cada instante de mi vida.

Creí, que algunas cosas eran para siempre, sin embargo, la vida me demostró que solo existen momentos, qué todo pasa, lo malo y también lo bueno.
Soy la menor de cinco hermanos varones, fui para ellos algo así como una mascota, de esas que se llevan a la cancha o al potrero , dejándola sentada en un banquito mientras ellos juegan a la pelota, para más tarde enseñarle a patear convirtiéndola en la princesa del equipo.
Y así, mientras mis muñecas lucían impecables entre sedas y puntillas, mi infancia transcurría entre camiones, bolitas, y ni que hablar de subirme a los arboles, en eso, era campeona.
Para mi madre, era una muñequita almidonada, con chuflos y cintas cayendo sobre los hombros, perfumada desde que me levantaba, hasta que me agarraban los chicos y todo se esfumaba en un instante.
Las veces que se enojaba con ellos, amenazándolos con que –no me llevan más a la chica- pero era inútil yo era de ellos, solo de ellos.
Para mi padre su tesoro más preciado, creo que siempre sintió miedo de haber tenido una hija mujer.
Olía a tierra, a humedad, a taller mecánico y siempre la cara sucia, tanto que me quedó de apodo "Carita Sucia" me decian.
Así pasaron mis días creciendo entre pantalones y no solo los de mis hermanos sino también los de sus amigos, en especial los tuyos.
Té llamabas Julio, eras demasiado alto y flaco para tu edad, el más chico de todos. Te la pasabas todo el día metido en casa.
Desde la cuna me alzaste en tus brazos, hasta me diste alguna que otra mamadera, y así, siempre a mi lado.
Recuerdo aquella navidad en que trajiste escondido en tus bolsillos un papa Noel chiquito, que habías sacado del arbolito de tu casa, y juntos, lo pusimos en el mío.
Eras el que me limpiaba la cara y la nariz cuando estábamos en el taller y yo que era tan toqueta, siempre terminaba toda engrasada. O cuando me caía en la cancha tratando de hacer un gol me levantabas del piso y me cargabas en tus brazos. Siempre en tus brazos cálidos y protectores. Simplemente, el que estaba siempre en todo acontecimiento, guiñándome un ojo de complicidad.
Pasaron los años, entonces, yo te quería como a uno más de mis hermanos, o como a mi hermano preferido.
Jamás pensé que te estabas enamorado de mí, porque a mis catorce años ya me veías de otra manera, pero no se te notaba, además que por entonces tenias veinte y yo era una niña para vos.
Me gustaba andar descalza, así me sentía más libre, lo hacía desde niña, en aquellos veranos que el sol quema el aire y no te dejaba respirar. Mis cabellos desalineados y siempre una solera, eso era todo, no necesitaba más para ser feliz.
También recuerdo los comentarios que venían de los demás sobre vos,
-Es feo el flaco, pero... las vuelve loca a todas.
-Salió mujeriego el Julio, no hay mina que se le resista.
- Es flaco, narigón y seductor- y venían las risas.
Todo aquello me ponía muy celosa, el solo hecho de pensar que te fueras de mi lado y mi abandonaras me ponía tan mal que cuando te veía te peleaba.
-¡Que pasa que estas tan odiosa con Julio! -preguntaban algunos.
Como toda pendeja que no sabe lo que quiere, creo que mis sentimientos por aquella época estaban bastantes confundidos, tanto que que me enamore de un compañero de la escuela.
Seguramente fue el encanto de vernos a escondidas que potencio la pasión, además a esa edad se confunde atracción con amor.
El tenia solo un año más que yo y me buscaba, me esperaba en la esquina de casa o cuando salia del cole. Me persiguió tanto que finalmente me consiguió.
Entonces era fácil soñar y decir palabras bonitas que para una niña como yo eran creíbles y sinceras, sin darme cuenta que el también era demasiado chico. Así transcurrieron unos meses viéndonos cómo podíamos, mis hermanos eran tan cuidas que de darse cuenta no se qué hubiera pasado.
Aquella tarde lloviznaba y todo parecía ponerse de acuerdo, fue tan solo un instante en que todo se transformo, como su rostro que paso de la alegría al desconcierto, no sé si me miraba con odio o con desesperación, pero después se alejo sin decir nada, no lo seguí, sentí que tenía que dejarlo, así era mejor.
Fui a su casa, así, como si fuera una sinvergüenza que le va a pedir algo que no le pertenece. Recuerdo que me atendió su madre y antes de cerrarme la puerta en las narices me dijo que ya no estaba.
Un nudo en la garganta y el llanto que no rompía, la sensación de que ya no había más, todo estaba allí en aquel instante, en que el piso se movía y me tragaba, en que las cosas no son como uno se las imagina, no todo es tan blanco y hasta las relaciones se terminan en un instante para darnos cuenta que no sabíamos con quien estábamos o que simplemente nos equivocamos.
Deje de comer y caí en cama. Mi madre se había dado cuenta, ya no lopodia disimular. Mis hermanos que no eran tontos, se lo preguntaron y ella no pudo negarlo. Mi padre fue el último en enterarse o a lo mejor ya lo sabía pero se hacia el disimulado, porque sufría en silencio.
Lo fueron a buscar pero su familia ya lo había sacado de la ciudad. Hubo trompadas con el padre y sus tíos, fuiste vos el que puso tranquilidad.
A mí no me hablaban, me habían sentenciado, decían que mi madre me apañaba, pero no era así. Y mi padre, seguía guardando aquel silencio que me partía el alma.
El único que me hablaba y no dejaba de sonreír eras vos. Siempre estabas en los momentos más importantes. Pasabas a mi lado acariciándome la cabeza, me preguntabas cómo estaba y me decías -Ya se les va a pasar.
Una tarde te vi observándome, te encontrabas parado en la galería, hoy me pregunto qué sentirías, porque si habías empezado a enamorarte de mí, además de haberme cuidado desde que nací, seguramente estarías sangrando por dentro.
Cuando mi panza se empezaba a notar mi padre me abrazo y me dijo que no estaba sola, hubiera preferido que no dijera nada, porque comenzó a crecer en mi aquel sentimiento de culpa que hacía que huyera de todos.
Aquella tarde también lloviznaba, como la otra en que lo vi por última vez, solo que esta nacía mi hijo, entonces me acompaño mi madre y cuando finalmente conocí su rostro, fueron apareciendo de a uno como quien no quiere la cosa, mirándolo de reojo y de lejos, vi como se le llenaban los ojos de lagrimas.
Sabía que mi padre no vendría ¡Pero vos! ¡Dónde estabas ¿ Es posible que esta vez no estuvieras a mi lado? No quise preguntar, tuve miedo a la respuesta, quizás era demasiado para vos.
Pensaba porque no habrías de venir ¿Porque si todavía me dolía el abandono del padre de mi hijo, me preocupaba tanto tu ausencia?
Estaba cabeceando porque el sueño me vencía, entonces, apareció un oso tan gigante que apenas entraba por la puerta, atrás suyo estabas vos, con tu eterna sonrisa que me hacia olvidarlo todo. Jamás te vi enojado, eras la alegría misma. El inmenso peluche tenía un cartel que decía- Déjame amarlo. Yo reía y lloraba, tu mano acaricio mi rostro y fue la primera vez que percibí su calor, me deje acariciar… tus dedos recorrieron ingenuamente mi cuello y mi pelo, cerré los ojos y sentí que estaba muy lejos de allí, eso era lo que me producía verte y sentirte.
Mi hijo tuvo el padrino mas adorable, vos, y fue por unanimidad, todos los integrantes de la familia así lo quisieron. A veces pensaba en qué lugar de tu vida estaban tus padres, porque yo recuerdo verte largos ratos con mi mama, hablando, tomando mate, contándole tus cosas. Fue a ella a quien le confesaste tu amor por mí, porque ella se daba cuenta y te lo preguntó y vos no pudisteis negárselo. Así eran los dos, unidos como si fueras su hijo, tanto que no se notaba la diferencia con el resto.

📷

1 Janvier 2021 15:53:00 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

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