zetismo Yuyu Caicedo

Esta historia historia nos narra la vida de un adolescente soñador, Tae Hyung Min, un chico de 15 años con mucha esperanza y sueños por cumplir. su vida pasa de ser cotidiana a ser una llena de aventuras extrañas que le harán dar un giro su personalidad extrovertida y tímida, a una intrépida y extrovertida.


Science fiction Dystopie Déconseillé aux moins de 13 ans.

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Último día de examen

Un niño se encontraba llorando en medio de un incendio, las paredes y escombros a su alrededor estaban cubiertos de fuego, todo un aroma a azufre se olía por todo el lugar vacío. Adelante del infante había un cuerpo inerte en el suelo, era el de una mujer, una con rasgos asiáticos. Ella había perdido la luz de sus ojos, su alma había sido tomada a la fuerza. Luego unos pasos se escucharon, una presencia se le aproximó al chiquillo y esta era completamente negra, de ojos rojos agresivos y tenía en sus extremidades garras filosas que amenazaba con penetrar al más ligero corte. Su presencia asustaba al infante, se había quedado callado con la aparición del ser a su frente. Luego se escuchó una voz que aclamada un nombre, una voz que llamaba desesperadamente, 《¡Tae Hyung, despierta, despierta!》, cada vez era más y más fuerte. El ser acercó una mano al pequeño para tocarlo, pero antes de hacerlo, la persona se despertó de su pesadilla. Toda la escena anterior había sido producto de un sueño, uno bastante tétrico y turbio que no era muy agradable de apreciar.

El chico abrió los ojos lentamente y se topó con el umbral de la mañana, la luz del sol le estaba dando directamente a sus ojos acabados de despertar. Una silueta se apreció en aquella luz, una chica era la que lo estaba llamando, era su hermana; quien lo estaba despertando para ir a clases.

—Hyung, levántate, ya son las 12 de la tarde, vas a llegar tarde—lo estremeció su hermana en la cama—. Sabes, esto de estar te levantando, Oppa, es bastante molesto. Ya estás lo suficientemente grande para eso

—Pe-perdona, Teresa, yo debí haber puesto el despertador—se levantó con prisa

—Espera, te vas a desmayar si te levantas así—lo detuvo con sus manos—. Espera unos momentos, Oppa, vuelvo enseguida

Teresa salió de la habitación y cerró la puerta. Despertar y levantarse eran una rutina diaria que él realizaba, siempre le gustó llegar temprano a su compromisos o deberes, era muy emprendedor en ese aspecto. Sentado en la cama, se levantó lentamente y se pasó las manos por los ojos, dio un pequeño bostezo mañanero y se removió el flequillo de color castaño que cubría su rostro. Tenía puesta una pijama, gruesa, ya que en estas épocas era común las lloviznas imprevistas, así que por eso se encargaba de ponerse algo cálido para el frío de la noche. Movió su mano a la mesita de al lado y tomó su carátula donde estaban sus gafas. Pero, encima también notó una nota que decía 《Mira lo que hay en uno de los cajones》. Luego de leer la nota, abrió un cajón y tomó algo de su interior, era unos lentes de contacto, unos recién comprados. Abrió nuevamente el vagón y metió los lentes de contacto. Los usará en otra ocasión, aunque teniendo en cuenta sus flequillos, no eran muy notorios por su cabello azabache cubriendo el 30 % de su cara.

Luego de esperar unos momentos, Teresa volvió a la habitación, esta vez él alcanzó a apreciar su vestimenta. Portaba unos pantalones de tela Jeans color rojo vino con una correa negra, una pequeña blusa con mangas de tiras, se sostienen en los hombros y no tienen mangas, de color marina que dejaba a la vista su abdomen. Y, de calzado, unas botas negras largas hasta la pantorrilla. Iba bien maquillada, con coloreado en las mejillas, en sus párpados un color azul pavo real que resaltaba sus ojos rasgados. En sus manos tenía un plato con un emparedado de jamón con queso y una taza con té natural de hierbas.

—No te apresures maníaco de la puntualidad, es mejor llevar algo en el estómago que irse sin comer nada—le pasó el plato y el té a Hyung. Ella se quedó viendo un momento—. Espera, es período de exámenes, puedes tomarte tu tiempo

—Yo no he dicho nada, hermana—era algo de lo más normal para Hyung, ya que él estaba acostumbrado a que su hermana comenzara a hablar demasiado—. Lo que pasa es que… bueno, es que la profesora que me toca hoy es…

Teresa interrumpió a Tae ante de pronunciar el nombre de aquella mujer, la educadora.

—No me digas que es ella—se molestó Teresa—, esa puta gorda no va a molestarte, yo te defenderé. Me molesta mucho que tu la hayas denunciado de pederastia y el sistema gubernamental de este país no haya hecho nada. Dizque por falta de pruebas.

—Es que en cierto sentido las leyes dictaminadoras en Panamá tienen razón, yo no tengo pruebas—le brindó un mordisco al emparedado. Sintió una delicia suave en su boca, el jamón era perfecto y el queso el mejor acompañante—. Gracias por el desayuno—agradeció con la boca llena

—Ya verás, Oppa, me voy a graduar en leyes y detendré este sistema injusto—puso las manos en su cintura y posó como en las vallas publicitarias de los políticos—. Tú y yo, Oppa, juntos lo lograremos todo—sacó una proclamación al cielo

Hyung se le quedó viendo con una sonrisa, este tipo de cosas le alegraban sus mañanas, el ver a su hermana alegre y llena de esperanza le motivaba a seguir. Luego de terminar su desayuno, Hyung se levantó de su estancia para irse a dar una ducha. Al terminar de ducharse, Teresa entra en el baño de manera precipitada.

—¡Hoy te irás hermoso al colegio! Y no, no es una petición, es obligatorio—aseguró su hermana con una sonrisa quisquillosa en su rostro. Regularmente esto no era una buena señal y menos para Hyung—. Quedarás DI-VI-NO

En sus manos cargaba su bolso de maquillaje y lo puso en el estante del baño. El ver el montón de maquillaje en el sitio, de todos los tipos y colores era algo abrumador. No había sido el juguete para maquillar de su hermana desde hace años, hoy no era su día de suerte al parecer.

—Oppito, deberías hacer ejercicio, últimamente tienes el cuerpo de esos K-poper de los bts—su mirada se posicionó en el torso desnudo de su hermano y esta lo contempló con asco—. Ya sabes mi lema

—Mientras más músculos, más es la verg…—la voz de Hyung se detuvo en ese instante, había entrado otro persona al baño y esta tenía un rociador de agua

Esta caminó hasta Teresa y comenzó rociarla. Su rostro se veía cansado y tenía los ojos apagados con ojeras enormes. Esa persona era su otra hermana, Ámbar, o como ellos le dicen, la chomba de la familia; quien se encontraba en su pijama de traje, se había acabado de despertar.

—¿Qué te he dicho de esas cosas, Teresa? No quiero que estés como las otras Gyales de putas—dijo con voz de bostezo—. Ah, buenos días Hyung, ahora salgan que tengo que bañarme. Y, Teresa, Hyung no es modelo de K-pop, no le pongas maquillaje

Luego de mostrar una sonrisa, su rostro se apagó nuevamente y volvió la cara de cansancio. Teresa salió del baño con su rostro caído por no poder maquillar a su hermano, Hyung se salvó esta vez ya que casi no la cuenta.

Luego, Hyung salió de su cuarto vestido, tenía puesto su uniforme del colegio: camisa celeste, pantalón azul marino y zapatos azabache oscuros de punta fina. Llevaba en su espalda una mochila, pero, estando vacía; no portaba más que un lápiz, bolígrafo y un cuaderno de notas innecesario, ya que no lo iba a usar. Estaba bien peinado y presentable, listo para ir a su colegio y dar su último vistazo a las clases. En el caso de Teresa era distinto, sus clases terminaron antes ya que era una graduada de bachillerato en ciencias y letras, ella no tenía que ir a ningún sitio.

Ámbar salió del baño transformado, tenía su uniforme policial puesto y bien maquillada, su rostro ya no era el de un zombie, sino el de una oficial de la policía. Ella caminó apresuradamente a la cocina y se puso de puntillas para poder alcanzar una caja de café Duran, algo que le despertaba por las mañanas y le hacía retomar fuerzas. Metió la mano adentro y no encontró nada más que unas simples bolsitas vacías sin café.

—¡Teresa!—soltó un grito de ira. Teresa se atendió a su llamado

—¿Qué pasa? ¿Por qué gritas?—preguntó sorprendida por el bullicio; en sus manos tenía un rímel rojo vino y su boca estaba media pintada

—¡Ay Dios! Me va dar un somponcio—su mirada estaba llena de furia—. ¿Tú te tomaste mi café?

—Si, te lo pedí ayer en la noche—aseguró

—Ya sabes que no se me puede pedir nada mientras duermo—replicó Ámbar—. Mira, yo no no me voy a estresar. Me voy así mismo. ¡Hyung muévete que se nos puede ir el bus!

Hyung y Ámbar se apresuraron a salir, iban a toda prisa para alcanzar el transporte. Apenas llegando a la parada ve a su autobús irse, no se rinde y sale corriendo detrás para alcanzarlo, pero en vez de eso su traje bien planchado y su blower mañanero quedaron arruinados. Se dio la vuelta en dirección a su hermano, comenzó a quitarse el polvo de su uniforme todo sucio. Hyung no dijo una sola palabra, sólo se quedó admirando cada detalle de la escena protagonizada por su hermana.

Luego de 10 minutos llegó el bus, era un diablo rojo con decoraciones extravagantes por todos lados y con música reguetonera a todo volumen; eran los últimos éxitos de los cantantes panameños del reguetón clásico que se originó en ese sitio. Sorprendentemente el vehículo estaba vacío, acababa de llegar a recoger pasajeros. La mujer y el chico se subieron al bus, estos caminaron hasta la parte de atrás donde habían puestos vacíos. Por accidente en el transcurso Ámbar golpeó sin querer a una mujer sentada con su amiga a un lado.

—¡Oye! Se dice disculpas—gritó la mujer

Ámbar se acercó a la mujer y le pidió disculpas y luego se devolvió a su asiento. La mujer solamente la miró con mala cara y siguió mensajeando por su teléfono, uno de último modelo. La mujer era delgada y de buena apariencia, vestimenta elegante y presentable y un buen maquillaje.

—Ya no hay respeto con esta gente, se creen que por ser de la policía pueden hacer lo que quieran—pronunció la amiga de al lado

La conversación era percibida por todos los pasajeros, ya que el conductor había bajado el volumen de la música. Hyung estaba sentado pegado a la ventana, de repente una señora anciana se subió al autobús y como no había más espacio este le cedió el suyo, quedando parado agarrado de la barra.

—Si, Mana, no hay respeto últimamente—Pronunció viendo de reojo a Ámbar quien estaba mirando su teléfono—. Estás policías se hacen las muy poderosas, pero no saben que con un garnatón se le quitalo bellaca—hacia movimientos con la mano y muecas con la cara

—Además, no ves que es policía—pronunció con falsa preocupación la amiga—. Hay amiga, ten cuidado

—No te preocupes, esa marimacha no me va a hacer nada—mencionó despectivamente

Hyung observó a su hermana y apreció cuando esta cerró los puños luego de la última proclamación. Ámbar le pidió permiso a la anciana a su lado y se paró en el transporte.

—Ey, ¿qué tú dijiste?—preguntó con furia, Ámbar. Ya no podía mantener la compostura, ellas estaban tratando de humillarla y eso era algo que ella no iba a permitir—Te crees la muy muy y eres una simple puta. ¡A mi tu no me vas a decir una verga! Te voy a demostrar que yo soy más mujer que tú ¡fucking puta barata!

—¡Cállate la boca, fucking lesbiana de mierda!—exclamó la mujer y su amiga se mantenía callada

Ámbar se amarró el cabello en una cola y se recogió las mangas.

—¡Qué! Tú quieres venir a humillarme cuando tú eres puta barata. Todos aquí te conocen el culo de tantos hombres con los que te has metido, ah, y gratis puta de mierda

Hyung se acercó a su hermana y la tomó de la cintura. El transporte estaba en transcurso mientras ellas dos discutían. Todos estaban expectantes de lo que iba a acontecer, algunos sacaron sus teléfonos para grabar la escena.

—¡Tú y tu amiga se creen que porque a ti te llaman la Chucky, la Pucky, la Puti tu eres la más lisa! ¡No te equivoques conmigo que te arranco esa peluca que tienes, fucking cocobola de mierda! ¡Mira como debes tener la micha, sucia hija de puta!—ahí fue su momento de auge, sacó toda la ira que llevaba dentro y la desbordó en aquellas mujeres—. ¿Por qué no te paras y te haces la lisa? Te gusta estar buscando cuchillo, ven y pelea conmigo, a ver quien es más mujer, fucking estúpida

Hyung ya no podía soportar los movimientos bruscos de su hermana, quien estaba tratando de acercarse a las dos mujeres para golpearlas.

—¡Oigan señoras dejen la bulla!—mencionó el conductor

—¿A quién tú estás callando? Crees que por ser hombre puedes hacerte el duro, ven aquí que te parto la cara—exclamó Ámbar

Su furia era incontrolable, nadie podía detenerla, estaba en su punto máximo de enojo.

—Hermana por favor cálmate—le susurró Hyung al oído—, no vale la pena discutir

Hyung se encontraba apenado por su situación, algo que a él no le gustaba era resaltar, recibir toda la atención de las personas. Le gustaba más ser alguien desapercibido que se escondía de la presencia de los demás.

Luego, el autobús se detuvo y las dos mujeres se bajaron de prisa, como si el diablo las persiguiera, mientras, Ámbar trataba de quitarse a Hyung de encima.

Varios minutos después se bajaron en uno de los establecimientos de Colón, era una telefónica famosa donde se realizaban contratos para datos móviles o alguna consulta en específico.

—Hyung, ten, toma esto, serás recogido por un taxi—explicó Ámbar. Quien se había calmado luego de su pelea—. Yo no podré ir contigo, una de mis amigas me recogerá aquí en unos minutos

—Gracias, te lo agradezco—le sonrío con una cara tierna. Ver ese rostro de felicidad era algo bastante ameno para Ámbar, era feliz de alegrar a su familia, lo único que tiene en la vida

Ella le tomó de la cabeza y le besó la frente, era más alta que su hermano, y le dio un abrazo cariñoso.

Hyung se encontraba en camino al colegio, en el vehículo admirando por última vez el recorrido. Ver a los niños corriendo, personas jugando en la cancha de baloncesto, era algo de lo que hay por tomar y apreciarlo como un lindo recuerdo de algo que no se va a repetir. Cada callejón, las personas abarrotadas buscando un billete de lotería, los buhoneros con sus artilugios para vender, los restaurantes públicos con sus fuertes olores de alimentos recién preparados y las veredas angostas en el medio, con sus árboles con más de 100 años de antigüedad. Todo eso de apreciar y recordar, aunque tuvo malos momentos él quiere ver la parte positiva del asunto.

Luego de dar unas vueltas por el taxi llegó hasta su destino, el colegio Rufo A. Garay. Un colegio bastante amplio y de buen prestigio en Colón. El día no resaltaba su brillo mágico con luz de sol, estaba nublado por cúmulos grises que advertían la próxima llovizna. Los dos vendedores ambulantes se encontraban guardando sus cosas para irse, al parecer no sería un buen día para la pesca de clientela, no con una lluvia próxima.

Hyung se apresuró para entrar al colegio, ese lugar de enseñanza y aprendizaje, un colegio de gloria y esfuerzo estudiantil. Al entrar por el enorme portón se quedó quieto admirando la vista de los edificios de la parte delantera. Los pasillos y callejones de la planta superior tenían sus puertas de hierro negro cerradas. De repente, escuchó el pitido de un automóvil que lo asustó, era un vehículo que traía a dos personas. Una de las ventanas se abrió y de esta una señora se asomó.

—Hola Tanyung, ¿cómo te va?—le saludó con la dama

—Mamá, su nombre es Min Tae Hyung, no Tanyung—mencionó una chica robusta y de tez muy oscura, de cabello largo hasta la cintura, cachetes rellenas, ojos castaños, con una cinta rosa en su cabeza—perdónala, no era su intención

Esta portaba la falda azul marino de su uniforme, pero tenía una camisa Blanca donde se le notaban los pechos apretados.

—Hola señora Dolores—respondió amistosamente Hyung—, ¿cómo le va con su jardín?

—Ah, pues bastante bien, yo esta mañana hice…—su hija la observó con mala cara y le hizo una seña, sin que Tae se diera cuenta, para que se vaya—. Bueno, nos vemos. Vuelvo en 1 hora

La señora retrocedió con su automóvil, y salió por el portón del centro educativo.

—Buenas tardes Josiaris—saludó Hyung

Ella, como si de un baile se tratará, comenzó a dar saltitos mientras caminaba y muecas de alegría que Hyung no las percibía de esa forma, solo como algo común en ella.

—Buenas tardes, Min—ella le propinó un abrazo cariñoso, en el cual todo su cuerpo quedó pegado al de Hyung. El no pensaba en ninguna malicia al respecto, solo como algo netamente cariñoso y fraterno

—¡Niños!, aquí no se permiten acciones lascivas—mencionó una educadora. Era la persona encargada del último examen de Hyung—. Señorita Josiaris, más le vale salir estupendamente en su examen o sino fracasará conmigo—mencionó la mujer con sus cuencas completamente abiertas para intimidar a la chica—. Usted, señorito Min, nos vemos en el examen

Le susurró al oído a Hyung, lanzó una mirada coqueta y un guiño de ojos propinó la profesora, mientras se contoneaba con un movimiento de caderas. El chico cerró los ojos y comenzó a temblar, la presencia de la mujer le incomodaba, le daba escalofríos solo pensar en ella.

Josiaris se abalanzó sobre Hyung dándole un abrazo en la espalda.

—Algún día ella pagará por lo que te hizo, no saldrá impune de eso—aseguró con su rostro en la espalda de su amigo; ella era pequeña y solamente le llegaba a los hombros.

—No te preocupes, yo estoy bien. Gracias por estar a mi lado—confesó Hyung

—Tú siempre tan bueno, eres perfecto—sus ojos se iluminaron

Sus latidos se hacían cada vez más acelerados, el aroma que desprendía Hyung, su presencia y el estar pegada a su cuerpo, sentía una felicidad infinita al estar a su lado.

Luego de estar unos momentos en la entrada, dieron paso al colegio, este estaba repleto de estudiantes en todos los pasillos. El camino era sofocante, esquivar a cada persona que trataran de tocarte. También, la sensación y el peso de las miradas se acrecentaron, era lo que Justamente Hyung no quería. Josiaris le tomó la mano y lo guió hasta unas escaleras zigzagueantes que los llevaron al salón más arriba, fueron al último pasillo y vieron salir a un montón de personas decepcionadas. Eran sus compañeros, los que ya habían realizado el examen. Omitiendo la existencia de ellos entraron al salón, aún con las manos juntas.

—Así no pueden hacer el examen, los quiero dispersados en una distancia de 3 metros—le propinó una mirada coqueta a Hyung, quien la obvió por completo. La profesora caminó contoneando las caderas de manera sensual, mientras se dirigía a entregar el examen a Hyung

Todo el salón estaba vacío, solamente quedaban ellos dos por terminar.

Luego de unos momentos, ellos terminaron de realizar sus exámenes y se devolvieron a la planta baja, Josiaris se fue a despedir de unas amigas, mientras él se fue al gabinete psicopedagógico.

Al terminar, los dos se reunieron en la salida, estaban debajo de un establecimiento comercial, al frente del colegio.

—Hyung, si tu quieres puedes venir a mi casa. No creo que con esta lluvia puedas llegar sin enfermar, además, estás temblando—proponía Josiaris

—Tengo que avisarle a mis hermanas, pero están cayendo rayos y no quisiera que tú y tu madre estuvieran en problemas por mi culpa—mencionó Hyung, quien se había mojado la cabeza y los pies. No tenía un abrigo o algo para taparse del frío

—No es momento para ser un chico tierno y responsable, te vas a enfermar—le tomó de la mano con decisión—. Me habías dicho que tienes problemas en tus huesos cuando tienes frío. Ya veré que hago con tus hermanas, pero hasta ahora te vas conmigo

Hyung se sentía mal, siempre alguien tenía que anteponerse para ayudarle y él no podía devolver el favor. Era una de las cosas que más detestaba de su persona.

Hyung soltó un pequeño estornudo, sonaba como el de un cachorro de gato.

—Mi mamá dijo que estaría aquí en 1 hora, pero no ha llegado y tú ya casi estás enfermo—le removió el cabello de la vista a Hyung y se quedó unos momentos admirando sus ojos. Luego le tocó la frente—Dios mío, estás muy caliente. Te vas a desmayar

—No… no te preocupes, estoy bien—al terminar la frase cayó desmayado entre los brazos de Josiaris

—¡Hyung!—gritó sorprendida, Josiaris

Luego todo se volvió oscuro, se sentía frío por fuera y calor por dentro como si estuviera siendo abrazado por algo, una cosa de tela y algodón, un cuerpo lleno de amor.

20 Décembre 2020 17:49:53 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

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