andres_dm Andrés D.

Los guerreros medievales corren en medio de un bosque oscuro, buscando con valentía a la bestia escupe fuego que ha devastado al reino entero. Jorge es el líder de los combatientes, blande su espada con coraje, pero su enemigo pronto demostrará ser más poderoso de lo que nadie se pueda imaginar. © TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS, 2019 No se reclama derecho alguno por la imagen original usada para la portada.


Histoire courte Tout public.

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Histoire courte
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El guerrero y el dragón


Dedicado a Ray Bradbury


En medio de un bosque inmenso y sombrío, repleto de árboles antiguos, cuyas ramas se enredaban como nidos de víboras hasta cubrir la luz del sol, el valiente caballero Jorge miraba en derredor, espada y escudo en manos, asomándose entre los arbustos para divisar dónde se hallaba la bestia escupe fuego, el monstruo devorador de hombres del que sus compañeros de armas le habían advertido.

Cinco eran los guerreros embarcados en la misión, encomendados por el Rey en persona para proteger al castillo y las aldeas de la comarca: hacía meses que la criatura infernal había llegado desde parajes lejanos para devastar al reino entero con su aliento carbonizante. Estos valerosos hombres serían los encargados de abatir al demonio alado, causante de pesadillas y carnicerías indescriptibles.

Conforme la luz se colaba entre el follaje de los árboles, los niños corrían de un lado al otro en el parque, escondiéndose de sus padres. Era una fresca tarde de viernes y los adultos trataban de vigilar que sus hijos no se hicieran daño, siempre sentados desde una banca de descanso, antes de volver a sumergirse en sus dispositivos móviles de última generación, conversando sobre la película que acababan de ver en el cine, lo impresionante de los efectos especiales, tan reales y convincentes, y después sobre lo mucho que estaba creciendo la ciudad.

«¡Chicos, no se alejen demasiado!», gritó la madre de Jorge, antes de volver con sus amigos para enfrascarse en un arduo debate sobre los beneficios de las nuevas tecnologías para el desarrollo de varias industrias, los negocios vía internet o los peligros de redes sociales y videojuegos, que absorbían demasiado a las mentes jóvenes, incapaces de reconocer los límites entre ficción y realidad si no interactuaban con el entorno de vez en cuando. «Nuestros hijos tienen suerte», insistió orgulloso el padre de otro chiquillo, «ya casi no hay niños de su edad que jueguen en los parques usando solo su imaginación. Mírenlos, obsesionados por su película de dragones. Ahora ya salieron en busca de monstruos para combatirlos. Recuerden cuando jugábamos a...».

Los niños se mantenían agazapados y se arrastraban a través de la tierra, usando codos y rodillas para avanzar sobre el pasto, también montaban sobre corceles imaginarios a lo largo de las sendas del bosque medieval. Todos sostenían unas largas ramas de árboles con las que simulaban duelos de espadas en arduas contiendas contra otros guerreros, luchando para conquistar las torretas de castillos altísimos a los que solo podía accederse por escalerillas verticales o resbalosas rampas de lámina.

Sin embargo, el caballero Jorge y compañía, habían sido repelidos momentos antes por otro grupo de niños mayores, quienes resultaron ser mejores combatientes, mucho más diestros en el manejo de sables y espadas. Y así, con el orgullo dañado y la sangre rebullendo de ganas de seguir luchando, los furiosos guerreros se dieron a la tarea de cazar a la mítica y sangrienta criatura que deambulaba en las orillas del reino, al otro lado del bosque. Se decía que, al pie de una montaña de concreto se hallaba una caverna profunda y oscura donde, según las voces de familias aterrorizadas, campesinos inocentes eran desintegrados vivos por un aliento infernal, más caliente que la lava de los volcanes.

Entre los hombres se acordó elegir a Jorge, el mayor de todos, el más valiente, para dirigir la expedición en la que encontrarían y acabarían, de una vez y para siempre, al gigantesco dragón de acero, un monstruo con lomo de plata, escamas metálicas y aliento de muerte.

«¡¿Dónde se encuentra esa criatura?!», gritó Jorge a sus colegas; «¡Te llevaremos hasta ella y por fin podrás librar a nuestro reino de su horror!», respondió uno de ellos, los demás lo secundaron con valentía, alzando las espadas relucientes para vitorear juntos el nombre de su dirigente.

A través de oscuros senderos, los combatientes se alejaron cada vez más del área de juegos y de la vista de sus padres, absortos todavía en sus pláticas sobre crianza. Poco después, llegaron a la acera que delimitaba el perímetro del parque, antes de una pequeña vía vehicular, apenas transitada, frente a la cual se alzaba imponente un edificio de varios pisos, todavía en construcción, desde donde manaban los poderosos rugidos de la bestia.

La salamandra era una enorme máquina de acero, un prototipo que recién comenzaba a distribuirse en el mercado de las constructoras, cuyo objetivo era eliminar desechos mediante combustión y fundir metales. Esa tarde, un obrero regresaba, cansado, de su hora de comida para comenzar a operar la innovadora bestia metálica, que siempre parecía gruñir, con su novedoso motor y sus válvulas llenas de combustible inflamable, listas para expulsar llamaradas dirigidas mediante un cañón con alcance mayor a diez metros. El trabajador se colocó los auriculares para escuchar música y se introdujo en un pequeño cubículo, desde ahí manipulaba las palancas con las que dirigía la pinza para recoger y depositar chatarra frente a un grueso muro de concreto, marcado por una oscura mancha de hollín, como vestigio de las decenas de abrasadores disparos ejecutados día tras día.

Los chiquillos cruzaron corriendo la fosa de asfalto, esquivando los coches que pasaban cerca de ellos, pitando para que se alejaran y volvieran a la acera. Imaginaban que estos eran caballos o animales salvajes huyendo en estampida, intentando aplastarlos. Una vez vencida la prueba, arribaron a la malla de alambre que cerraba el paso a peatones y curiosos hacia el interior de la construcción. El dragón había protegido muy bien su guarida...

«¡Es ahí dentro!», exclamó uno de ellos, «¡ahí es donde vive la bestia! ¿Pueden escucharlo?». Todos asintieron. Desde el interior del lugar, un rugido hacía retumbar el piso bajo sus pies.

«¡Hey!, ¿dónde están los niños?», gritó la madre de Jorge súbitamente, interrumpiendo la encendida charla que habían sostenido hasta entonces. «¿Pueden verlos? ¡Jorge!, ¡niños, vuelvan acá!». Se levantaron y comenzaron a caminar en dirección a la zona de juegos pero ya no se veía a nadie ahí. El padre de otro chico gritó, «¡Por allá, miren!», y acto seguido, todos corrieron apresurados hacia donde alcanzaron a divisar a sus hijos, más allá de los árboles y las aceras.

La alambrada estaba bastante descuidada, había un punto donde esta se hallaba rasgada. A través de la fisura, apenas cabía el cuerpo de un niño pequeño. «Debes matar al dragón. Por fin es la hora, Jorge», murmuró uno de los caballeros, mientras indicaba a su líder el punto por el que entraría para hacerle frente a la horripilante criatura. Todos ayudaron a tirar de la malla para levantarla y abrirle paso al guerrero más valiente del grupo. Uno sostuvo su espada y esperó hasta que este estuviese dentro del escondite para entonces entregársela con sumo respeto, encomendando la loable hazaña.

«¡Tú nos salvarás a todos!», corearon los otros, y con sus gritos llenándole los oídos, el valiente Jorge se armó todavía más de coraje para escabullirse al interior de la caverna, mientras el operador preparaba el dispositivo para activar el lanzallamas como siempre lo hacía, después de meses de la misma rutina, apenas prestando atención mientras veía la pantalla de su teléfono móvil.

Jorge empuñó su espada de madera con valentía y sostuvo su escudo imaginario junto al pecho, con el orgullo de los más solemnes combatientes en toda la historia. Se enfiló después en una carrera a través de los pasadizos de la cueva oscura con aroma a cuerpos calcinados, brincando sobre huesos rotos, cráneos ennegrecidos, varillas chamuscadas y tarimas pulverizadas, hasta quedar frente a frente con las fauces del poderoso dragón de acero.

Entonces, levantó su espada para intimidar al demonio encarnado.

En ese momento, los preocupados padres los chicos llegaron corriendo hasta la verja donde estos se encontraban y los vieron a todos reunidos frente a la malla de alambre. A todos excepto al pequeño Jorge. La madre del guerrero se asomó al interior de la zona y observó una pequeña silueta sosteniendo en el aire una vara de madera frente a la salamandra metálica. Entonces empezó a escucharse un ruidoso pitido de advertencia.

«¡Morirás hoy, terrible dragón!», exclamó Jorge con toda la bravura de su corazón, pero su voz se hizo imperceptible ante la estridente sirena de la maquinaria.

Y antes de que su madre o el resto de los adultos pudiera hacer o decir algo más, el operador oprimió el disparador del lanzallamas: del cañón brotó un potente rayo anaranjado, rojo y amarillo que deslumbró a todo mundo, dejando tras de sí solo una estela de humo de los desechos de construcción y vapores de materia orgánica…

«¡Jorgeee! ¡Díos mío!... ¡Nooo!», gritó la mujer entre llantos histéricos al contemplar lo que acababa de suceder con su hijo.

Una vez más, el terrible dragón de acero resultaba invicto ante su adversario y había acabado con la vida de otro valiente guerrero.



Relato escogido de mi antología Noches de Octubre; Cuentos de Horror y Locura (2019), también disponible en Inkspired.




Historia escrita en octubre de 2019 y editada en noviembre de 2020.
20 Novembre 2020 15:44:48 4 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

A propos de l’auteur

Andrés D. ¡Bienvenida/o a mi perfil! Aquí encontrarás historias de terror y género fantástico. Mis autores favoritos son Poe, Lovecraft, King, Pacheco, Rulfo, Dávila, Garro, Quiroga, Cortázar, entre otros.

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 Silva Silva
Olá! Admito que não conheço Bradybury (irei me atualizar), mas certamente foi uma ótima homenagem pois o conto foi surpreendente. O protagonista chamar-se Jorge foi uma boa referência e gera um pouco de expectativa quanto ao final. Ao fim, temos uma revelação e somos surpreendidos por um trágico final. Desculpe a pergunta, não sou tão bom espanhol embora tenha lido o texto mas pelo que entendi, Jorge usava uma espada de madeira e um escudo imaginário. E os pais e mães gritando ao fim, Jorge era uma criança? No mais, excelente conto
December 19, 2020, 10:51

  • Andrés D. Andrés D.
    Muchísimas gracias por el comentario y por la linda reseña. Te recomiendo totalmente leer a Bradbury, escribió principalmente obras de ficción, como Fahrenheit 451, a la que hago referencia en el cuento por la "salamandra", pero también tiene cuentos de terror impresionante, "El país de octubre" también es una antología imperdible. Jorge era un niño, sí. Todos sus amigos son niños imaginando y jugando a cazar dragones, hasta que descubren a la "salamandra", una máquina de acero que dispara fuego y le pone fin a la fantasía... Un saludo enorme desde México! 🤗 Nos seguimos leyendo 😊 December 19, 2020, 14:36
Diana Guiland Diana Guiland
Vi el toque de Bradbury, muy interesante y entretenido.
November 23, 2020, 01:46

  • Andrés D. Andrés D.
    Muchísimas gracias por tu lectura y tu comentario, Diana 😊 Bradbury es una de mis grandes influencias, no pude evitar rendirle este homenaje el año pasado. Un saludote inmenso desde México! November 23, 2020, 13:30
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