ivanlg96 Ivan Gonzalez

En un futuro cercano investigan como acabar con un coma profundo. Sin embargo, los procesos se llegan a revertir y el resultado no tiene nada que ver con la aparente realidad.


Science fiction Futuriste Tout public.

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Cabaco & Tarbón

Cabaco C&T Tarbón


Estaba corriendo por el jardín, jugando con la pelota sin visualizar nada más que el esférico huyendo de mis rápidos pero torpes pies, cuando mi vecino y amigo Tarbón me llamó desde su terraza—: ¡Cabaco! —gritó con su querido ímpetu como siempre hacía—. ¿Quieres que juguemos al caza? —continuó desde lo alto con energía. Él era así, energético y feliz. Al fin y al cabo éramos niños, pero siempre sabía sacarte una sonrisa en los peores momentos, aún siendo él testigo en primera persona de ellos.

—¡Bájate y jugamos al caza! —le respondí con una intensidad similar tratando de emularlo, y desapareció de mi campo de visión para aparecer dos minutos más tarde en el rellano trasero que daba al jardín trasero de mi casa.

—¡Tu pillas! —me adelanté a cualquier movimiento suyo. Siempre me tocaba a mí, y yo ya me conocía todos sus escondites, aunque de alguna manera me la jugaba para salir ganando, y ciertamente lo conseguía en la mayoría de las veces. Pero esta vez me interpuse en su afán de ganar todo lo que se propusiese, esta vez me tocaba a mi llevar el mando.

—No Cabaco. ¡Conoces las reglas! —replicó con una alteración falsa y desobediente—. Yo tengo que ser el buscado —prosiguió con un tono de indignación que me sorprendió a pesar de conocerlo desde hacía décadas—. ¡El más buscado! —rió con su gracia, lo que rompió con su efímero enfado.

—La última docena de veces fui yo el cazador, Tarbón. Sabes perfectamente cuáles son nuestras reglas y ser yo siempre el que cede y te busca no es una de ellas —articulé sin percatarme de mi tono expresivo, el cual sonó más adulto del que yo hubiese dictado con aquella edad—. Me he adelantado a ti, y es más que obvio que de una vez por todas me toque a mi ser cazado —traté de infantilizar mi discurso, pero no resultó como yo deseé.

—Joder tío, esto no vale... —se apenó y agachó la cabeza. pero la volvió a levantar con energía y dijo—: ¡Es tu casa y conoces muy bien todos los mejores lugares para ocultarte! —culminó sin comentar sobre mi diálogo.

—No todos, amigo. Aún no todos, ya sabes qué mi familia me prohíbe moverme libremente por todas y cada una de las zonas de esta casa. Dicen que si hago algo extraño o rompo algo... —quedé dubitativo puesto que aquellas palabras fueron casi las mismas que dije tantos años atrás, y lo más raro de todo es que las he dicho sin pensar previamente en ellas—. Pero intentaremos hacerlo hoy. Hoy estamos solos, por lo que ¡todo vale!. ¡Así que cuenta hasta cien! —despegué intensamente del jardín y dejé a Tarbón con la palabra en la boca. Subí por las escaleras del jardín que conducían a la segunda planta, y tras ello, me dirigí hacia el cuarto de la colada, donde había ciertos armarios con el tamaño suficiente para que aquel cuerpo que portaba pudiese caber. Pero lo descarté de inmediato debido a que sería un lugar muy obvio. Por lo que me estresé, «piensa en un lugar, ¡rápido! Los cuartos más pequeños tienen su encanto terrorífico. Aquellos que disponen de una débil luz y está repleto de cajas y mantas. ¡Será perfecto! », me dije a mi mismo con una adrenalina que aceleró mi ritmo cardiaco y me volvió eufórico.

—Veintidós, veintitrés —le escuché cantar desde lo más bajo. Me dirigí a la primera planta y al llegar me topé con una de las puertas prohibidas de las que mis padres me hablaron en numerosas ocasiones. Encendí el interruptor, pero la luz no produjo ninguna luz, por lo que tuve que descartarlo de inmediato. No sabía que iba a encontrarme ahí dentro, ni siquiera si podría ocultarme con éxito. Recorrí el gran pasillo principal y solo tocaba puertas cerradas con llave. Pensé que no encontraría ningún lugar interesante, así que desarrollé rápidamente un último recurso en mi mente, un lugar que no recuerdo bien que existiese en mi casa pero que si lo buscaba, podría encontrarlo. El lugar que menciono se situaba en el salón, y era una simple esquina. No sé si es producto de mi imaginación o realmente he estado antes ahí, y ha sido algo que siempre me lo he preguntado pero nunca supe encontrar respuesta alguna. Dudé unos instantes. Algo dentro de mi me paró los pies, la piel se me erizó y mi corazón se paró un segundo. Creí entonces que no debía hacerlo, pero mi mente de niño obvió todo aquello para entrar en el escondrijo.


Supuse que Tarbón estaría buscándome, y no tardaría mucho tiempo en saber que no me encuentro arriba. Bajará y me encontrará como un tonto dudando si esconderme o no. «¡Decidido!», me dije a mé mismo.

El lugar estaba situado detrás de una vitrina de vidrio que silenciaba una esquina. Puse toda la fuerza de mi parte y, con mis brazos junto con una pierna, traté de forzar el movimiento y finalmente desplacé la vitrina los centímetros necesarios para acceder a esa esquina. Acto seguido me tapé con una sábana marrón y me quedé allí esperando.

Pasó bastante rato cuando empecé a escuchar los primeros pasos de Tarbón. Eran sigilosos, precisos y misteriosos; era su estilo de caza. Lo conocía, a pesar de no haberlo presenciado mucho. Intentaba hacer poco ruido para infringir miedo a la hora de destapar el escondite. Sin embargo, este no lo encontraba.

Notaba su presencia a menos de un metro, quizás estaba a punto de tirar de la manta con fuerza. Pero me equivocaba. Al parecer, no podía percibirme. O eso pensé yo puesto que no era capaz de ver nada más allá de la tela que confeccionaban la manta.


Me giré, y mi veloz mente recorrió numerosos recuerdos del pasado en los que estuve yo, y fue en aquella esquina hace años. Otra visión aún más antigua me conllevó explorar que visité aquel lugar. Sin darme cuenta, caí en un bucle que se remontaba a una escena dentro de la misma escena y que a su vez, rompía con ella misma. Un espejo traspuesto con otro y así sucesivamente. Miles de millones de imágenes de mi propio ser se extrapolaron por toda una avenida cargada de extensiones de la misma visión. Del espejo o la visión rebosó un exceso de agua y sentí la falta de aire, me ahogaba sin darme cuenta que tan solo era mi mente la que envíala señales falsas al proceso de inspiración. «¿Inspiración?«, pensé en lo que mi subconsciente me estaba dictando. Mis conexiones sinápticas comenzaron a desfragmentarse. Notaba como mi ser se dividía en una prolongada lista de imágenes que recorrían mi vida entera, desde mi nacimiento hasta mi muerte en un carrete. ¡Flash! Todo pasó de la oscuridad a una luminosidad la cual derritió mis retinas. Estaba acabado, había visto toda mi vida en un instante y sin embargo, no me dio miedo. No supe que decir, aunque mi mente no me permitía articular palabra alguna, pues poco a poco quedé en trance.


En trance, recibí una imagen perfecta de mi caída a dicho trance. La metavisión me afirmó, visualmente, que vivo en un... ¡Flash! Un grotesco estruendo me hizo volver en sí. Me observe las manos, mi cara, mi ser físico completo en los espejos; era un adulto. Hice un gesto con la mano y los espejos desaparecieron. En su lugar, aparecieron líneas estructuradas por mecanismos aún irreconocibles para el conocimiento humano. No obstante, yo sí conocía esos mecanismos, pero sería imposible explicarlos ya que lo que yo estaba presenciando era mi propio módulo cerebral recordatorio.


Las líneas representaban el mundo físico, y al parecer, esas líneas en concreto pertenecían a mi hogar. Allí encontré a Tarbón, que estaba buscándome sin cesar. Amplié las líneas, y aunque no podía modificarlas, entendía sus códigos. Digamos que estaba en una nueva dimensión, un metamundo o mundo abstracto. Comprendí que el mundo es irreal y lo real es su paralelo, las estructuras que lo conforman desde otro nivel visual y cognitivo.


Mientras caminaba por la avenida del metamundo mi cuerpo cambiaba respecto a la edad. Lo que me hizo considerar cuestiones altamente primitivas como «¿pertenezco a este mundo en vez del mundo real tal y donde he vivido? ¿Sería este el mundo real en vez de abstracto?». Seguí caminando y obtuve todas las proporciones de un vórtice oscuro. El espejo infinito se me volvió a aparecer y lo abrí como si de una puerta se tratase. Me adentré en una espiral eléctrica de oscuridad para desaparecer de aquel mundo y volver a despertar.

Desperté, o abrí los ojos. Estaba aún tapado por aquella manta marrón. Todo había sido un sueño. Decidí salir de mi escondrijo cuando todo se paralizó y volví a caer en aquel metamundo. Regresé al mundo real y seguía tapado por la manta, y volví a caer. La mecánica del bucle me había atrapado. Mi cuerpo y mente se habían desmembrado y dividido en dos conciencias que comparten dos tipos de mundo, el real y el pseudo real. «¿Cuál es el verdadero?»

Podía elegir entre vivir en el metamundo o en el otro, tapado de por vida. Aún puedo hacerlo, pues han pasado cincuenta años desde aquello y aún sigo en este bucle. ¿Tendré alguna función que realizar para salir de este agujero? ¿Habré entrado en coma? ¿Habré conocido los secretos de este mundo y por ello me mantiene atrapado?

«Lo que me da más lástima es que Tarbón aún me sigue buscando después de todo este tiempo», articulé entre sollozos y suaves lamentos.


—De regreso a la realidad, señor Sullivan. Su visita a durando exactamente doce segundos coma siete milésimas —puntualizó H. James, neurocientífico de la Universidad de Oxford—. Espero que su regreso haya sido agradable, aunque he de comentarse que tenemos un serio problema...

Interrumpí al doctor al alzar mi brazo en señal de silencio, y tras una breve pausa respondí con severidad—: La transición se está deteriorando, James. Por un momento pensé que quedaría dentro de aquel bucle y no supe cómo actuar. Las pautas..., nuestras pautas tomadas y estudiadas no han servido para nada, sigo perdiendo los reflejos cada vez que trato de regresar al mundo real.

—Eso es justo lo que te quería decir. Por otra parte, su amigo Tarbón ha estado sufriendo una parálisis mayor durante esos doce segundos. Ha rozado el paro total de todo su sistema cerebral. En otras palabras, si sigue usted jugando va a acabar con su amigo.

—Intento que llegue hacia mí, pero no logra encontrarme. No puedo darle ninguna señal porque sería demasiado evidente... No es capaz de reaccionar a mis palabras cuando actúo como un adulto. Su mente se muere y yo no puedo hacer nada, doctor.

—En realidad hay algo que usted podría hacer por su amigo, pero estamos hablando de un último recurso, y este no le perjudica a él, sino a ti.

—Cuéntemelo por favor —rogué impaciente —por favor, doctor. Llevo sintiendo la presión desde hace más de treinta años. Todo fue por mi culpa y yo tengo que sufrir las consecuencias.

—No me interesa saber de quién fue la culpa o que ocurrió. Tan solo quiero que entienda que, si en vez de conectar su mente con la de su amigo invertimos el proceso, usted podría quedar vegetativo, como lo está Tarbón.

—¿Y qué podríamos conseguir con esto? —pregunté con los ojos brillantes.

—Tarbón recuperaría la consciencia y tras ello, despertar solo sería cuestión de tiempo en el mejor de los escenarios. Piénselo, en el mejor de todos los casos, de un porcentaje muy reducido. Es una probabilidad...

—Si, es una probabilidad. De que mi sacrificio no haya sido en vano.

—¿Sabe usted lo que va a hacer?

—Si, el mejor regalo de navidad que jamás habré hecho.



Invertimos el proceso. Desconectaron a Tarbón temporalmente para que se pudiese conectar a mí. Pensé en el bucle, en todos los recuerdos vividos. En todas estas navidades que he visitado a Tarbón con el objetivo de revivirlo, aunque siga siendo un niño y no me recuerde. Iniciaron la inmersión dentro del bucle. Deseo ver de nuevo su energía. Todo comenzó a girar muy deprisa dentro de mi cabeza, o quizás era fuera. Deseo...

—Cabaco —articuló Tarbón mirando a su amigo—, el día en el que despiertes ya será demasiado tarde para que me puedas reconocer. Tu cuerpo de niño se habrá fundido con tu mente, deteriorada por la falta de funcionamiento directo. Si algún día nos volvemos a encontrar, quiero que sepas que fui yo quien te encontró, yacido en la nada. Si realmente me escuchas, quiero que sepas que conozco parte de tu secreto, pues yo estuve allí la primera vez que jugamos, y cuando salí, me di cuenta de que había vivido demasiadas navidades... Pero, ¿es esta la realidad en la que realmente debo estar, o es otra artimaña del bucle para hacerme pensar que esta es la vida que debo de vivir, doctor? —preguntó Tarbón cambiando de tema.

—Ya le dije que invertir el proceso daría lugar a ciertos cambios que podrían romper con su percepción general —afirmó H. James.

—Entonces, ¿me estás diciendo que ni tú mismo conoces los secretos del bucle de recuerdos? —me exalté.

—Como bien sabes, Tarbón, esto es tan solo la versión de prueba. Firmaste para que nosotros tratásemos de hacer regresar a su amigo de este coma tan extraño. Sabías desde un principio que nos llevaría años obtener resultados y que, sobretodo, te afirmamos que la posibilidad de que fuese salvado no sería muy amplia.

—¡Joder! ¿Entiendes tu respuesta? ¿Quieres que me vuelva loco? ¿Quieres que pierda la paciencia?

—Su amigo está a un paso más de poder despertar. Y todo gracias a tu contribución, a tu regalo de navidad. Reinvirtamos los procesos —dijo el doctor de manera que su articulación estaba presenciando una ruptura—. Reinvir-tamos los... reinvirtamos los procesos..., pro- procesos...


Volví a ver a Tarbón tumbado en aquella camilla. La escena volvió a repetirse una y otra vez, y jamás pude deshacerme de este momento. «Jamás volveré a cazarlo», pensé con un nudo en la garganta.

«Cabaco ya no volverá a respirar el aire que yo estoy respirando. Ya no volverá a cazarme», dije con un tono dominado por la angustia.

14 Novembre 2020 17:01:59 1 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

A propos de l’auteur

Ivan Gonzalez Estudiante de Filología Inglesa en Málaga. Un joven a quién le da placer soltar todas las peripecias interestelares mentales que se le ocurren diariamente. Aficionado a la ciencia ficción.

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La poetisa del dolor La poetisa del dolor
Esta es una historia llena de amor fraternal, dos pobres hombres atrapados en universos paralelos sin poder verse realmente y su única y repetitiva interacción es una mentira. Me he quedado muy sorprendida con el final, un final complejo y abierto, que me deja dudas, ¿Podrán encontrarse de verdad o en su estado inmortal seguirán viéndose por ilusiones? Lo de inmortal lo digo porque al parecer pasan los años y ellos siguen intentando volver a estar juntos sin que los aquejen los inconvenientes naturales propios de la vejez como si a la naturaleza no importará que 2 vidas por 30 años o inclusive más estuvieran haciendo el mismo proceso, inmergiendo sus almas y mentes dentro de un blucle hipnótico peligroso que busca atraparlos por toda laeternidsd, y por lo que se deja ver la consciencia de Cabaco es más fuerte que la influencia del propio bucle.
March 31, 2021, 00:40
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