gabyjeon69 Gaby Jeon

"La edad no importa. Si te gusta, te gusta" Daniela torrealba es una estudiante de secundaria y Jeon Jungkook su profesor de química. Con el pasar de los días el flechazo se vuelve incontrolable, a tal gravedad de no poder dejar de pensarse el uno al otro. Daniela, junto a su mejor amiga Kim, intentaran hallar la manera de ganarse a sus profesores favoritos y seguir sus corazones. . . . •Los personajes le pertenecen a Big Hit entertainment, BTS. •Contenido +18. Por favor, tomar en cuenta la advertencia. ✔Historia 100℅ creada por Gaby. ⚠️Prohibida su copia o adaptación.⚠️


Fanfiction Groupes/Chanteurs Déconseillé aux moins de 13 ans.

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*Capìtulo 1*


-Kimi…-Llamé a mi amiga, forcejeando de nuevo para que ambas telas de mi camisa escolar se juntaran. Pero era en vano sin el botón o algo que las sujete- ¿No tienes un alfiler? O al menos ¿Aguja e hilo?

-¿Qué me ves cara de costurera o qué? –Kimi sacó su cartuchera de su bolso y buscó entre los miles de marcadores que tenía. La llamaba; la mochila de dora la exploradora, porque siempre su dueña, Kim, tenía un sinfín de cosas allí dentro.

Era roja, igual que la mía, sólo que yo no tenía escrito el nombre del profesor de matemáticas en la parte del frente.

“Park Jimin”.

-Una vez tenías el repuesto de un ventilador pequeño allí dentro, sin mencionar el chicle que aun conservas desde el kínder, ¿Cómo no vas a tener un alfiler? –Vi a Kimi hundirse de hombros y me entregó la cartuchera para que buscara yo misma.

Chasqueé mi lengua.

-Todo esto es tú culpa

-Considérate una buena amiga por dejarme agarrarte de la camisa para no caerme en el metro -Sonrió Kimi, sacándose la chupeta de la boca para poder hablar.

-Considérate un cadáver bajo tierra si recibo un castigo por tu culpa.

Bueno, primero que nada, me presento; Soy Daniela Torrealba, tengo 17 años y estoy a un puesto de Kimberly Rodríguez, mi mejor amiga. Ambas estamos en 5to año de secundaria. Ella suele ser más amistosa y pervertida, mientras que yo soy más callada y algo reservada para el resto. Aunque con ella soy igual de puta, literalmente. Ya saben cómo son las amigas de confianza.

Aquí hay profesores que antes ni volteaba a ver pero ahora están más buenos que comer pollo frito con las manos… Y yo amo el pollo frito.

-¡Muchachas! -Escuchamos la voz de una compañera a lo lejos, pero yo seguí buscando algo que me sujetara la camisa. Pues, no quería estar por ahí enseñando mi sostén.

Jamás de los jamases.

Llegó hasta nosotras y clavó sus manos -literalmente- contra una mesa justo a un lado de mí puesto, regalándonos una sonrisa de depravada que hasta me dieron ganas de salir corriendo y no volver a hablarle jamás. Pero ya estoy acostumbrada.

Es Dannah, la flaquita del grupo.

-Adivinen quien llegó de su intercambio –Dannah nos miró a ambas, y yo por instinto me hundí de hombros. Se oía muy emocionada.

-¿Quién? –Preguntamos Kimi y yo al mismo tiempo. Mis dedos seguían moviéndose entre los marcadores para así intentar encontrar lo que buscaba.

¿Qué buscaba? Ni idea. Pero es la mochila de dora ¿no? Ella entenderá que necesito su ayuda.

-¡El profesor Jungkook! -Gritó Dannah muy feliz, arrugando la nariz y enseñando sus blanquecinos dientes. Ella era el tipo de chica que no le importaba lo ruidosa que fuese, no iba a callarse jamás.

A veces creo que le da piquiña en el culo, porque siempre se anda riendo de todo.

Es una de las más inteligentes del salón. Suele ponerse partes de borradores en sus perforaciones cuando no consigue el tapón de sus sarcillos. Sin mencionar que también tiene como más de 12 ligas de animalitos en cada mano.

Dannah era una chica muy agradable, divertida y hermosa. Como todas las del resto del grupo con el que me la paso.

-Dannah, ten más respeto hacia el profesor -Me hice la decentica y seguí buscando en la cartuchera- Debes decirle; Profesor Jeon Jungkook.

Kimi rió, pues, aún recordábamos cuando una profesora nos cachó viendo a ciertos profesores de química y matemática. Partes innombrables por ahora. Poniéndoles sobre nombres a nuestros queridos profesores. “Kookie y Chimchim”.

-Siii, Estúpida –Dannah me dio un empujoncito en el hombro, haciéndome reír- Cuando ya le has dicho de muchas formas y vienes a ser formal. Déjame limpiar el parabrisas, porque me acabas de llenar la cara de mierda con tu hipocresía.

-Hay que cumplir con las reglas de esta institución, porque “Simis simplis istidiintis” -Imité la voz de una de las profesoras que nos había regañado hace media hora, por la “diminuta falda”.

Mamá no tiene ni para la comida y yo no pienso prostituirme para comprarme otro uniforme.

-La profesora Valeria podrá ser muy linda pero, esa vieja es una ladilla –Se quejó Kimi, haciendo sonidos extraños con su chupeta de piña. Dejó caer su mentón en una de sus palmas, detallando el caramelo amarillo como si fuese lo más maravilloso y especial del universo.

Su cara de perversión… Ya puedo hacerme una idea de lo que está pensando la niña.

-Como me gustaría que esto fuera Jimin.

Sep…

-Hm… ¿Jimin… o algo de Jimin? –Alcé una ceja, esperando su TAN única respuesta.

Dannah rió a mas no poder.

-Shhh. Secreto, secreto –Kimi llevó su dedo índice hacia sus labios, ocultando una sonrisa mientras sus cachetes le declaraban la guerra al color rojo. Kim era blanca, tan pálida, que hasta cuando llora la nariz se le pone como Rudolf el reno. Dejando de lado eso, mi amiga es preciosísima- Aunque… No te voy a decir, pero tampoco te lo voy a negar.

Somos unas tontas colegialas precoces. Sí, no hay por qué negarlo. Tampoco sé para qué. Pero, oigan, nuestras mentes suelen viajar a diferentes dimensiones hormonales cada vez que vemos a nuestros queridos profesores. Esos hombres parecen venir del olimpo, tallados por la misma afrodita, y ni hablar de sus cabellos, totalmente sacados de un comercial de Pantene.

Pero, para mí… Sólo hay un hombre perfecto, y era el profesor de Química. Sin contar el trasero potente del profesor de matemáticas, Park Jimin.

Pero eso ya es otro beta.

Se los juro, nunca me había pasado esto con un chico y mucho menos con un hombre mayor. Y sé que está mal, muchas veces me lo he cuestionado. Todo aquel con cuatro dedos de frente puede decirlo. Pero yo tengo tres, vean, soy retrasada y estoy enamorada de mi profesor.

Joder, es que… Tienen que ver a ese hombre. Desde que se fue hace un año, lo único que recuerdo es su deliciosa boca moverse lentamente al explicar un ejercicio, y sus irresistibles muslos que se marcaban debido a su pantalón negro. Siempre llevaba su típica camisa formal azul claro junto a una corbata roja, y créanme cuando les digo que parecía un ángel descender del mismísimo cielo. Su cabello siempre estaba bien peinado de un lado y en sus pies brillaban sus mocasines, o cualquier otro zapato. Una vez lo vi con vans, y casi, casi me arrodillo para besarle los pies. A él sólo le faltaba el filtro de los ángeles y ya podía tomarse una foto como símbolo de la perfección.

También logré detallarle ciertas perforaciones algo cerradas en sus orejas. De seguro en su juventud usaba aretes o túneles. Bueno, tampoco es como si fuese muy mayor. Sólo tiene veinticuatro años, y la verdad, no lo parece.

Recuerdo la primera vez que lo vi. Tenía trece años y él veinte. Yo sólo era una niña, no estaba pendiente de nepes todavía. Por un tiempo fui su alumna preferida la primera vez que me dio clases en la asignatura de matemáticas, y eso fue en primer año a tercero, hasta ahora… no ha vuelto a darme clases. Y nunca había deseado tanto ver clases de química como ahora.

Ya que mi sección no tenía tutor de esa asignatura, simplemente no la veía. Y bueno, él ya estaba con muchas secciones como para ocuparse de la nuestra.

Pero, si Dios me cumple el sueño, les contare mi historia a los creadores de la rosa de bangtan. Se ganan un óscar por el hecho de que muchas colegialas en el mundo se sientan identificadas.

-¿Crees que haya llegado más bueno que antes? -Preguntó Kimi luego de un rato que nuestra compañera Dannah se fuera. Yo seguí rayando garabatos en la parte trasera de mi libreta, con un bolígrafo que yo misma le había robado al profesor.

Así es, puedo ser bien acosadora cuando quiero.

-Lo dudo. Pero, es Jeon Jungkook después de todo.

-¿Crees que este año podrás aunque sea darle un beso? -Miré de reojo a Kimi, con mis mejillas ardiendo. Una cosa era robarle ciertas cositas, como su bolígrafo, una foto suya, el aromatizante de su carro y hasta un reloj que dejo por accidente en el comedor.

Accidente dije.

Algo muy distinto es ir e insinuármele, más que todo, a él. Me escupiría en la cara si dijera que no quiero besarlo y cumplir ciertas cosas que pasaron en mi mente cada noche que el no estuvo en la escuela. Pero, se cuál es mi lugar… No voy a obtener nada viniendo de él.

Sólo soy una simple alumna.

-Le daría hasta mi virginidad si es necesario

-¡JÚRALO! -Kimi levantó la voz y por un momento quise darle un lepe en la frente, por ruidosa.

Pero si, no mentía. Aunque, como dije, no va a pasar

-Yo sé cómo podrías… -Ella Sonrió perversamente. Eso no significaba nada sano…- Raspa la materia, ve y pídele puntos de otra forma.

-Ni que fuera puta barata –Kim soltó una risita.

“¡NAWEBONA!” Escuchamos a un compañero de clases correr hacia el aula, seguido por varios más, quienes se sentaron rápidamente en su puesto “¡Revisión de uniforme!”

-Ay no… ya viene la coordinadora Sayuri a joderme la mañana -Gruñó Kim para sí misma, sacando de los bolsillos de su falda la envoltura de la chupeta. Porque sabía que si la coordinadora Sayuri la veía, se la sacaría con todo y dientes.

Recordé lo de mi camisa y me maldije mentalmente. Justo hoy lunes tenía que pasarme esto, cuando revisan el uniforme, el cabello y accesorios. Puras estupideces.

El uniforme no tiene nada de especial, sólo una camisa formal blanca manga corta con un bolsillo al lado izquierdo donde se supone que va la insignia.

Insignia que muchos no tienen, incluyéndome. Porque aja, está cara.

Usábamos corbata roja y una falda o pantalón del mismo color. Y no podías usar accesorios muy coloridos que no vayan con el uniforme. Cosa que Dannah está luchando ahora mismo por esconder sus ligas.

Y para los chicos era no tener el cabello tan largo, aretes, y tampoco la rayita de cristiano Ronaldo.

-Buenos días… -Dijo la coordinadora Sayuri, entrando al aula con la profesora de castellano, Valeria.

-Eran buenos…-Susurró Kim, y tuve que contener una risita por el modo en que lo dijo.

Nos levantamos de nuestros asientos y dimos los buenos días. Los ojos de las profesoras rondaban por cada uno de nosotros y yo sólo rogaba para que no notaran mi mano sujetando mi camisa para cubrir cierta prenda de mi ropa interior.

Pero, claro… estoy más salada que todas las playas juntas.

-Torrealba, Pase por dirección para su citación de representante -Dijo la coordinadora con su aura de grandeza, la muy sucia.

Rodé los ojos y agarré mi mochila de mala gana, caminando hacia la puerta para salir del salón. Esperé en el pasillo un rato y vi salir a Dannah junto a Namjoon. Los dos tortolitos que se aman en secreto pero se hacen bullying entre sí.

Qué lindo ¿No?

-Mis ligas…-Dannah hizo mueca, hundiéndose de hombros y enseñándome sus manos, donde resaltaban sus ligas de diferentes colores.

-¿tú por qué? –Pregunté a Namjoon, él giró para enseñarme la parte trasera de su cabeza. Se había rapado y resaltado “Rap monster”.

Pero que idiota…

-Bueno muchachos, vamos… -Habló la profesora Valeria, dándonos la orden con un movimiento de mano para que empezáramos a caminar detrás de ella.

-Profe, creo que es injusto que tengan que darle una citación a Daniela por su falda. Quiero decir… no todos tienen los recursos necesarios para comprar otro uniforme –Me defendió Dannah.

Denle un óscar a la mujer, se lo merece.

-Ya la he ayudado muchas veces. Daniela lo sabe perfectamente –La profesora Valeria me miró con ambas cejas arriba y a mí no me tocó de otra que asentir. Era cierto, me había sacado de tantos problemas. Pero entiendo que ella tenga que cumplir con las reglas.

Es su trabajo, no pienso molestarme por eso.

-No puedo creer que te hicieras eso…-Susurró la profesora Valeria, más para sí misma al volver a verle la cabeza a mi compañero Namjoon.

Este bufó.

-Esto es estilo –Respondió Namjoon, ya estando al frente de la puerta que nos llevaría con el director.

-Estilo de falso malandrito –Se burló Dannah, riéndose de su mismo chiste.

Entramos los tres después de la profesora y nos pidió que nos sentáramos en los sillones que estaban en la sala de estar. Para no aburrirnos, los tres empezamos a distraernos con unos delfines que daban vuelta en un adorno circular en el centro de la mesa. Era lo más interesante que se podía hacer, la verdad. Ya que si hablábamos capaz nos den otra citación gratis y ya yo tengo muchas, les diré.

-Buenos días profesora Valeria -Escuché la voz del profesor Jimin. Mi nalgón profesor de matemáticas. Y vi como salía de la oficina del director para después saludar a la profesora Valeria con un beso en la mejilla, muy sonriente.

-A Kim no le va a gustar esto -Susurró Dannah entre nosotras, haciéndome soltar una risita. Era verdad. Tienen que ver la cara de demonio que pone esa amiga mía al ver que su profesor favorito interactúa con mujeres. No es normal.

Le eché un último vistazo a su duro y bien trabajado trasero que se veía muy bien en esos pantalones rojos y me removí en el sillón. Al menos Kim si gozara la hora de matemáticas, yo no podre por estar aquí perdiendo mi tiempo.

Equis, siempre ando perdiendo el tiempo, pero ahora no es por mi culpa.

-Y ¿bien? muchachos… ¿Qué hacen ustedes aquí? –El profesor Jimin se acercó a nosotros, con una sonrisa que hizo que sus ojos se vieran más pequeños.

Kimi tenía razón, él es tan adorable.

-Falda -Levanté la mano.

-Ligas -Dannah hizo lo mismo.

-Coco –Y finalmente Namjoon…

Al decir aquello, los tres reímos por sus palabras. Era el profesor Jimin, ya estaba acostumbrado a ese tipo de vocabulario. Era como la labia oficial de los críos hoy en día.

-A ver…-El profesor Jimin se acercó a él y Namjoon giró la cabeza para enseñarle con bastante orgullo la cagada que le había hecho a su cráneo. Al instante, empezó a carcajearse- Mira esa vaina… Rap monster... Siempre rompes y dañas todo. Ahora dañaste tu lindo cabello.

Namjoon se cruzó de brazos, molesto. Yo le dí un leve golpecito en la rodilla para que no se tomara muy apecho las palabras del profesor. O al menos ese era mi fiel intento por consolarlo.

El profesor Jimin se despidió de nosotros y salió de la sala de estar.

Pasaron varios minutos desde que la profesora Valeria había entrado a la dirección y ya yo estaba empezando a desesperarme. Llevé mi pulgar a mi boca para quitarme el esmalte, siendo este mi única distracción ya después de hartarme por ver mucho tiempo aquellos mamawebos delfines.

Escuché los toques en el vidrio de la puerta y vi como la profesora Valeria me daba una seña para que pasara a la oficina del director. Boté un suspiro y me levanté. Arreglé un poco mi camisa para que no se notara la cagada que hizo mi compañera y traté de bajarme un poco la falda.

Me llegaba por encima de las rodillas. No tengo la culpa de haber crecido y que ciertas partes de mi cuerpo también lo hagan… Es lo que hace el cuerpo ¿no? Desarrollarse.

Coloqué uno de mis mechones detrás de mí oreja y me dispuse a entrar.

-Buenos días director Kim Seok Jin -Saludé lo más formal que pude y le di una simple sonrisa. De todas formas no me vio, ya que estaba observando algo en su laptop. Pero por si tenía un tercer ojo en su frente, igual lo hice.

-¿Otra vez tu aquí, Torrealba?-Preguntó él, mirándome a través de los cristales de sus delgados lentes. Simplemente me hundí de hombros- Que le vamos a hacer…

El director Kim Seok Jin era súper chévere, entendía perfectamente a los estudiantes y nos daba muchas oportunidades en nuestras evaluaciones. A comparación con otros profesores que… Naguara, provoca es matarlos.

Cool seria que todos los profesores fueran así de flexibles, más la coordinadora Sayuri, quien es una maldita a la hora de evaluar. ¡Ah! pero, ¿Quién es la que se va todas las tardes con el director y no vuelve hasta el día siguiente?

Como debe gozar la muy hija de su madre. Porque el Director Seok también está bien precioso, pero él es más como; No tienes oportunidad, ni porque hagas un pacto, no me tendrás.

Él si es algo bien irreal.

-La última vez fue hace dos semanas. Pero, ahora…-El director Seok Jin detuvo el bolígrafo sobre la pequeña nota de citación y me miró la falda.

Volví a hundirme de hombros

-¿Cómo es posible que crezcas tan rápido?

-Tengo buen metabolismo, y harto mucho… –Sonreí. Suelo hacer ejercicio y comer como ser que no prueba alimento en días, así que tengo mis curvas. Lamentablemente el uniforme no me va a quedar como aquellas chicas desnutridas que usan talla pequeña y aun así la falda les queda hasta las rodillas. Son planas de trasero, Yo no. Obvio que se me levantará la falda un poco debido a él.

-Ya te he dejado pasar muchas, Torrealba. No puedes irte de aquí sin un castigo –Seok Jin entrelazó sus manos y se apoyó de sus codos.

Yo gruñí por lo bajo.

-Vamos Director Jin, tratare de… -La puerta de la dirección se abrió, interrumpiendo mis palabras…

-Disculpe director Seok Jin, vine a avisarle que no quiero tomarme el día, empezaré desde hoy….

Oh por dios.

OH POR DIOS.

¡OH POR DIOS!

Su voz… Maldita sea.

Su voz era enserio condenadamente sexy. Cada centímetro de mi piel se erizó al escucharlo después de tanto tiempo. Y lo tenía al lado, justo a un metro de mí. Sus ojos marrones, su dura mandíbula, la linda curvatura de su labio inferior y el diminuto lunar debajo de su boca. Era él, era Jungkook, con su cabello azabache bien colocado a un lado y un perfume tan masculino que impregno mis fosas nasales y me hizo suspirar de placer.

Su camisa vinotinto se ajustaba perfectamente a sus trabajados brazos, al igual que su pantalón negro con sus muslos, que si no supiera que son de tela fina y resistente, juraría que con un sólo paso o flexión que dé acabaría por destrozarlos. Se le veía un hermoso trasero riquísimo, mi mano temblaba por dar tremenda palmada allí, pero desgraciadamente me negué a hacerlo.

No sabía decir que parte de él me gustaba más, sí la curvatura de su fuerte cuello o las venas que se marcaban en sus delicadas manos.

Auxilio, ayuda.

Jungkook se detuvo a una distancia de mí, sin notar mi presencia. Pero, tranquilos, no me dolió. Es que soy un ser a la izquierda, yo tampoco me notaria, es entendible.

-Oh, Esta bien profesor Jungkook. Sí así lo prefiere, no tengo ningún problema -Sonrió Seok Jin y se acercó para estrechar su mano con él. Cosa que agradecí, porque vi a la perfección ese bello trasero de cien sentadillas al día que quedaría aún más bello una nalga suya en mi mano.

Oh sí.

No es tan grande como el del profesor Jimin, pero si se me da la oportunidad de morder ese par…. Obvio que no lo hago.

Ponte a creer.

-Sus aulas serán 5to…

Tuve que morder mi labio inferior para no pensar en voz alta. Enserio me estaba volviendo una completa estudiante necesitada por él. Pero, es que no había hombre que me hiciera pensar ese tipo de cosas que no sea él. O sea, Jungkook es mi puto paraíso. Él, su ancha espalda, sus hombros, sus labios, sus muslos, su…

Ay Dios, está tan bueno.

-Torrealba…

Quiero morderle uno de sus muslos tan ricos.

-¿Daniela Torrealba?... ¿Eres tú?

-¿Qué?...-Empecé mi gran y perfecto recorrido por sus pies, lentamente por sus muslos hasta llegar a su… Correa, sí. Mordí mis labios y continúe. Su lindo pecho, su hermoso cuello, y esa curvatura tan apetitosa que tanto quiero morder. Tengo mucha envidia ahora, desearía ser una gota de sudor para deslizarme por ese terreno tan apetitoso.

Sus sexys labios, sus ojos viéndome y su cabello azabache aun lado. Dios… qué hombre.

Esperen ¿Me estaba viendo? ¿Qué me dijo? ¿Notó que le estuve viendo su…? ¡Mierda! Daniela, piensa en algo rápido o tu castigo será lamer el piso del baño por bucearte al profesor tan descaradamente.

-¿Dígame? –Pregunté, haciéndome la decentica. Así es, yo siendo buena actriz donde sea que me pare.

-Niña, como haz crecido… -Jungkook me miró de arriba abajo, regalándome una sonrisa de orgullo. Tan paternal y reconfortante que me hizo ruborizar. Me sentía bien, como descender hacia el cielo.

Él me estaba viendo, él, mi Jungkook, mi Kookie… me estaba viendo a mí…

-Me voy por un año y tú ya eres un mujeròn.

Claro profesor, me puse buenísima pa’ usted ¿Qué esperaba?

Ante sus palabras sentí mis cachetes arder. Debó estar dando más señales que un semáforo de carretera.

Jungkook seguía mirándome feliz, sorprendido y hasta emocionado. ¿Enserió se alegraba de verme? Porque se me es difícil creer eso. Es decir, yo estoy dando saltos en mi interior como foca retrasada por haberlo visto hoy, él en cambio se ve… Ya va ¿Esto es real?

¿Jungkook está feliz por mí? ¿Enserio? ¿Me está dando esa hermosa sonrisa a… mí?

-Haz cambiado mucho… –Susurró, casi para nosotros, y ese sonido se oyó como música en el viento. Remojó sus labios dejándolos brillosos, y yo tuve que disimular mordiendo los míos propios para no soltar nada que no tenga que soltar.

Coño de la madre ¿Por qué tiene que ser tan precioso el hombre este?

-Bueno, no puedo decir lo mismo de usted, profesor. Sigue igual que la última vez… –Sonreí, inclinando mi cabeza de un lado. Obvio que era una total mentira, él si había cambiado y bastante. Se había puesto más bueno y trifásicamente más irresistible que antes.

¿Cómo la estará pasando Kimi en la clase de matemáticas? De seguro muy feliz, viendo al profesor Jimin escribir en el pizarrón.

-¿Igual de feo? –Preguntó Jungkook, mirando al director Seok Jin con complicidad. Este soltó una risita.

Que pecado ¿Cómo se atreve a preguntarme eso? ¿Cómo se atreve a decirse a sí mismo feo? ¿Está loco o qué?

Escuchamos la puerta abrirse y los tres miramos a esa dirección. Era la Profesora de psicología, Linibeth.

-Director Seok Jin, hay una madre de un alumno que quiere hablar con usted –Habló ella desde la puerta.

-Me disculpan un momento, debo atender otros asuntos... Ah, Tú –Seok Jin me señaló- No te vayas -Y salió de la dirección, dejándome a mí con mi sexy profesor.

Qué momento tan tentador.

Daniela, recuerda tu posición. Él te ve como una alumna, recuérdalo…

-Y bien, señorita Torrealba ¿Cómo ha estado? –Jungkook apoyó su tarsero en el escritorio, cruzando sus brazos y resaltándolos más. Incluso cruzó una de sus piernas, resaltando OTRA cosa.

Este hombre quiere que me explote el cerebro.

-Bien, Muy bien, Profesor.

Mentira, estaba todas las noches llorando y deseando ante cada estrella fugaz para que él volviera.

-Me alegro…-Sonrió, viéndose como un niño. Un niño lindo.

Maldita sea, ¡AHHHsdjkjwsehfdjswed!.

- y ¿Usted? –Logré decir, luego de haberme dado una hemorragia interna por aquella carita suya.

Jungkook volvió a humedecer sus labios.

- Pues, yo… Excelente. No fue tan malo el intercambio.

-Ya nos reemplazó ¿cierto? Incluyéndome –Abulté mis labios para hacer un puchero y puse una mano en mi pecho para dramatizar. Ya que con la otra seguía sujetando mi camisa para que no se viera mi viejo y bochornoso sostén.

-¿Qué? ¡No! Por supuesto que no. No podría reemplazarlos a ninguno de ustedes… Mucho menos a mí alumna favorita.

Oh, oh, ¿Escuché bien? ¡Soy su alumna favorita! ¡SU FAVORITA!... Alumna… pero su favorita. ¡Ja!

-Menos mal, ya me había asustado –Fingí suspirar de alivio y volví a sonreírle como la niña que siempre me había creído ser. Jungkook me dedicó una sonrisa torcida.

Dios, por favor… Te pido que este momento no se acabe nunca.

-¿Qué le pasó a tu camisa? –Jungkook señaló mi pecho y yo por instinto vi hacia donde había señalado.

Porque soy retrasada, Seh…

-Tuve un accidente y se me desprendieron los botones.

-No puedes ir por la escuela así. Aquí hay muchos muchachos que querrán pasarse contigo y yo no quiero eso –Jungkook caminó a un sillón donde había dejado su maletín y sacó una pequeña caja donde guardaba los marcadores acrílicos, o eso creó yo. Buscó con sus dedos, hasta dar con algo en el interior- ¿Te sirve un alfiler? -Asentí rápidamente.

Extendí la mano para que me los diera, pero eso nunca paso. Tomó tres alfileres y se los llevo a la boca, sujetándolos con sus labios. Se acercó a mí e hizo que quitara mi mano de mi pecho.

Obedecí.

Supuse que se había tomado la confianza de hacerlo porque creyó que tendría una franela blanca bajo está, pero no tenía nada. Y sus ojos se abrieron de sorpresa al ver mi sostén.

No se negó a ayudarme.

Sus dedos sujetaron ambas telas de la camisa y las juntó para poner el alfiler, siendo muy cuidadoso y paciente con sus movimientos. Un cosquilleo recorrió mi cuerpo cuando sentí sus dedos rozar mis senos sobre la tela. Aunque sea por encima, este momento no lo iba a olvidar nunca.

Él era más alto que yo, diría que unos once o doce centímetros más, y eso me facilitaba oler mejor el perfume en su cuello. Tan riquísimo, tan varonil, tan delicioso. Su respiración caliente chocaba contra mi cara, dándome cosquilleos y haciéndome que tiemble por su presencia.

Colocó el primer alfiler para juntar las telas y yo sólo me quedé embobada viendo como sus labios soltaban el alfiler, sin dejar de oprimir los otros dos.

Ay… Dios que sexy.

Estaba tan concentrado, fielmente en su tarea hasta que sus ojos oscuros subieron a verme directo a los ojos. Yo sentía que iba a morir. Siguió con el otro alfiler sin romper el contacto visual, siendo tan intimidante, sin preocuparse de pincharse un dedo o no. Terminó de poner el último alfiler antes de botar un caliente suspiro, haciéndome gemir en mi interior.

Las piernas me estaban temblando.

-G-gracias, profesor… -Logré decir al verlo tomar distancia. Jungkook se acercó nuevamente al sillón y guardo aquella pequeña caja en su maletín

-¿Por qué el director te tiene aquí? –Me preguntó. Yo no sabía si era correcto decirle sobre mi problema de uniforme por mi gran cambio físico y que por culpa de mi situación económica no tengo para comprar otro. Era mi problema, y la verdad, me daba vergüenza. Pero él era un profesor, mi profesor… tarde o temprano iba a enterarse.

-Uniforme…-Respondí sin más, no queriendo entrar en tantos detalles. Jungkook me miró de abajo hacia arriba y viceversa, posiblemente buscando el “problema”, y yo me ruboricé. Nunca me había visto de esa manera, más bien, nunca me había visto tanto tiempo- La coordinadora Sayuri dice que mi falda está muy corta…

-Ah, entiendo… Bueno, tiene razón –Jungkook agarró su maletín- Está… muy corta esa falda.

Sus ojos miraron de nuevo mi falda y no pude evitar morderme el labio. Estaba viendo en una alta resolución 3D el lento movimiento de sus pestañas al recorrer mi cuerpo. Jungkook terminó haciendo una expresión facial que no supe descifrar, pero que si me había hecho calentar por él. ¿Tenía que ser tan precioso? Los padres de este hombre lo debieron hacer con unas tremendas ganas. Definitivamente.

-Iré a tu salón para darles el plan de evaluación y explicarles ciertas cositas. Sí llegas a tiempo te dejare pasar, sólo por esta vez, para la próxima tendrás que pedir pase –Jungkook me miró con ambas cejas alzadas, como queriendo advertirme y que recordara sus palabras. ¿Desde cuándo se volvió tan estricto? Además, no podré estar en el salón porque estoy aquí ganándome una citación gratis, no porque no quiero entrar a su clase. Y él no querer entrar a sus clases me faltaran muchas ganas.

-Apenas estamos comenzando el lapso ¿Sera así siempre? –Pregunté con algo de fastidio, observándolo caminar hacia la puerta.

-Sé que estamos comenzando, pero si te dejó pasar una, te acostumbraras a la segunda y a la tercera. Lo dejaré por esta vez, pero sólo esta vez –Jungkook volteó a verme, torciendo su sonrisa a un lado y haciendo que se notara ese lindo lunar suyo bajo sus labios. Precioso…- Igual quedaste inexistente en la clase del profesor Jimin.

No sí.

-Él me vio cuando llegue aquí -Me defendí.

Jungkook… soltó una risita.

-Era broma, Daniela…

Daniela… Primera vez que me dice por mi nombre. Se escucha bien viniendo de él. Se escuchaba perfecto mi nombre en su boca.

-¿También lo de los pases de retardo? -Pregunté antes de verlo salir. Jungkook volteó a verme nuevamente, mirándome con la misma expresión de advertencia que hace un rato.

-No, eso sí es verdad… -Al girarse y seguir con su camino, miré de nuevo su trasero y mordí mis los labios, tocando la punta de uno de mis mechones sueltos.

¿Se han enamorado alguna vez de un profesor? Muchas podrían enamorarse del profesor de ed. Física por estar en buena forma, o del profesor de biología, ¡Hasta el de literatura! Ese que te habla de los mejores párrafos escritos de la historia y te enseña a apreciar una buena poesía. Pero nunca un profesor de química… O sea, ¡Química! La materia que muchos odian. Yo no, pues, me parece una de las ciencias más lindas que existen, y sí te la enseña un buen profesor como Jeon Jungkook, Ufffs.

Ya quiero que él me de clases…

*--*

-No sí. Eso es vaina del diablo -Bufó Kimi al terminar de leerme lo que dio el profesor Jimin en clase. Al parecer, algo que tenía que ver con la hipotenusa. Qué coseno y seno, Y yo la verdad no entendí. Pero tengo que estudiar porque, para mi suerte, mañana hay examen de eso.

Empezando la semana con evaluaciones y todo.

-¿Quieres que te explique?

Miré a Kim incrédula.

-¿Cómo? Si tú tampoco entendiste –Ella se hundió de hombros.

A veces mi amiga me tentaba a darle un lepe. Pero, luego sonríe y se me pasa. En vez de lepes, te dan ganas de comerle a besos su carita redonda.

-Podrías decirle al profesor Jungkook que te explique –Kim Sonrió picara, dándome golpecitos en mi abdomen con el codo- Él sabe matemáticas ¿No? Dile que te explique.

-No sé, me da pena. No creo que quiera…

-¿Qué pena? ¿Masticas jabón? ¡Es nuestro profesor! ¡Anda y dile! Capaz me ayude a mí también.

-¡Ah! Y ¿Por qué no vas y le dices tú? ¡Sólo me mandas a mí!

-¡Por qué a ti te tiene confianza! –Kimi abrió sus ojos tanto como pudo, mirándome acusadoramente.

Volví a bufar. Me daba vergüenza y punto

-Anda… Así averiguas si te lo puedes coger.

-Kimi, de pana que tú eres increíble.

-Gracias, ya lo sé.

Rodé los ojos, queriendo ignorar sus palabras tan inadecuadas. Hacía tanto calor que no soportaba pasar un segundo sin echarme aire con el cartón del cuaderno. Gracias a los alfileres que Jungkook había puesto en mi camisa escolar, no estaba enseñando lo que no debo por allí, pero si no fuera porque fue ÉL quien los puso allí, ahora mismo estaría quitándomelos y abriendo de nuevo mi camisa para que el aire entrara y me secara el sudor. Porque, de pana, estoy sudando como la propia cerda. Y Kimi ni se diga.

¿Cómo haríamos con la clase de matemáticas que falté? Kimi no prestó atención, se la pasó toda la bendita hora viéndole el culazo al profesor Park. Esa de broma debe saber que 2 más 2 son 4.

Bueno, peor estoy yo. 2 más 2 son 4. 4 más 2 son 6. Me hago 8 mentes imaginándome que el profesor Jeon me va a parar bolas y pego 16. A la verga.

Él y yo no pegamos ni con cinta plástica.

-Y ¿Sí vamos al salón a ver si el profesor Park sigue allí para que nos expliqué? –Pregunté a Kimi, ella volvió a hundirse de hombro. No teníamos otra solución a nuestro problema, era eso o raspar mañana. Y, Affs, no necesito eso ahora…

Nos levantamos del escalón en donde estábamos sentadas y empezamos a caminar en dirección al salón

-Pero vas a decirle tú –La señalé, antes de que nos pusiéramos a discutir quien iba a ser la valiente de pedirle ayuda al profesor.

-Awww, Yo a mi Chimchim le digo todo, no me lo tienes que pedir. Con gusto le habló a ese papacito por horas, no me aburriría jamás.

-Pero miren quienes vienen por allí, muchachos…–Kleyton y su grupito estúpido de amigos se interpusieron en nuestro camino, impidiéndonos cruzar el pasillo que nos conduciría hacia las escaleras para ir al salón- las gatitas inseparables… -Sonrió. Suspiré pesadamente y miré disimuladamente hacia atrás sobre mi hombro, no había rastro de Hoseok por ningún lado y él era el único que podía salvarnos de está.

Ellos se creían los malandritos, nada de que morirse. Puras plagas sin futuro que tienen un mojón mental en su cerebro que les hace creer que son lo que más flota en esta cloaca llamada “liceo”.

Volteé casi enseguida cuando los sentí más cerca de mí. Estaban rodeándonos, a mí y a Kimi contra la pared, sin dejarnos un espacio para escabullirnos y escapar. Kimi tenía sus cejas juntas y su boca echa un bulto, estaba molesta, pero yo la conocía muy bien, también estaba nerviosa y asustada, igual que yo.

Sí tan sólo Hoseok se apareciera por aquí… Si tan sólo…

-Danilinda… -Kleyton se acercó a mí, llamándome con ese apodo ridículo que tanto odiaba gracias a él. Cuando estaba en primero los profesores solían llamarme así por cariño, ahora que él lo hace… me da asco- Affs, estas demasiado buena, Dani… -Kleyton se inclinó e hizo la burla de levantar mi falda para ver por debajo, acariciando con la yema de sus dedos la parte interna de mi rodilla. De inmediato, lo empujé.

-No me toques, mamawebo -Kleyton se tambaleó en su sitio, pero no lo suficiente como para caer al suelo. Sus amiguitos rieron a sus espaldas, mirándonos con sonrisas de burlas en sus rostros, igual que él.

Maldita cucaracha.

-Ahora te haces la de rogar, la difícil, la que no falta un domingo a misa –Rió él, volviendo a acercarse- ¿Sabes qué, bebé? Que mis amigos quieren meterle a tu amiguita, y yo te quiero meter a ti… -Intentó sujetar mi mentón, pero yo aparté su mano de un golpe, ganándome otra risita de su parte.

-Tan ilusos ustedes, babosos, que creen que yo y Dani le vamos a parar bolas a unas plastas como ustedes –Habló Kimi, fingiendo verse las uñas y aprobando que estén a la perfección.

-Eso es lo que tú crees –Volvió a burlarse Kleyton.

-Eso es lo que todo el mundo cree -Kimi río en su cara, alzando la palma al cielo para que yo chocara los cinco con ella. Y así lo hicimos- ¿Por qué no vas al odontólogo a ver si se apiadan de ti y te hacen un arreglo en esa boca? No sé qué apesta más, tu labia o tu aliento.

Uffs. Kim, te amo.

-Pero tremendas diablitas nos salieron ustedes ¿no? -Dijo el mismísimo Brayan recién llegando al encuentro. Y, ay Dios, no lo soportaba- Danielita… -Lo fulminé con la mirada e intenté cruzar con Kimi el pasillo, pero estaban otros de sus amiguitos al frente, impidiéndonos caminar. La paciencia se me agotaba, más aún porque el muy imbécil de Kleyton seguía intentando ver por debajo de mi falda.

Mierda, parecíamos las propias perras rodeadas de perros callejeros.

-Kimberly, mi amor… -volvió a hablar Brayan, acercándose a mi amiga tanto como se le era posible. Kimi le sonreía con hipocresía, apretándome la mano a sus espaldas y poniéndome tras ella. Si no buscábamos un escape rápido, se nos iban a acabar las opciones y quizás, tal vez, los días conservando nuestra sagrada virginidad- Ayer me dejaste esperándote en el patio ¿Qué pasó, te perdiste?

Mierda.

-Pero bueno ¿Quién es el que dirige esta orquesta, pues?... –Santo Dios, sí, los milagros existen.

Sentí mis pulmones llenarse de oxigeno nuevamente al ver a Hoseok, llegando hacia nosotras y parándose frente a Brayan.

Sí, él nos salvara.

-Nada, marico. Tú sabes, Hablando con ellas sobre el examen de mañana, eso es todo…-Brayan nervioso acarició su nuca, intentado alejarse lo más posible de nosotras y de Hoseok. Sus amiguitos idiotas también estaban haciendo lo mismo.

Amo a Hoseok.

-¿Estás bien, mi amor? –Hoseok se giró a verme, y yo asentí como muñequito de carro ante la felicidad que sentía por verlo. Si no fuese por él, no sé… quien sabe si estaría narrando todavía está mamaweba historia que la Diosa de Gaby está escribiendo y… Ay no, rompí la cuarta pared.

-Dani, debemos ir al salón –Susurró Kimi en mi oído, que por alguna extraña razón, ella se encontraba detrás de mí ahora. Asentí nuevamente a Hoseok y él sonrió.

-Vete a clases, pues. Déjame que yo arreglo esto como se debe.

-Sí ¡Es que ellos le levantaron la falda a Dani y quisieron verle la pantaleta! –Elevó la voz Kimi, señalando a Kleyton para que Hoseok supiera quien fue el responsable de esa acción. Pero yo estaba sonriendo, mirando a mi mejor amiga con arrechera pura porque casi me jode el tímpano.

-¡¿Cómo?! ¡¿Qué ustedes qué?! –Hoseok caminó amenazadoramente hacia Kleyton y este empezó a retroceder, pero Hoseok fue más rápido y lo sujetó por el cuello de la camisa, parándolo frente a él para que le diera cara- ¿A quién le estabas levantando la falda tú? ¿Te estabas metiendo con mi novia?

-C-coño, mano ¿Dani es tu novia? Mala mía, marico. Yo no sabía.

-¿No sabías, webón? ¿Tú crees que yo nací ayer, mamawebo?

-Mano, te lo juro, te lo juro. Yo no sería capaz de meterme así con tu jeva y mucho menos con su mejor amiga. Por mi moral.

-¿Cuál moral? Pedazo de marico.

Mi amigo era rudo, sí que sí. No cabía duda de que todos aquí le tenían mucho miedo a Hoseok. Es que hasta yo, si fuese hombre, claro.

Odie que el maldito ese se refiriera a mí con la palabrita “Jeva”, pero ellos piensan que él y yo somos novios, así que me valió verga.

Finalmente, Hoseok lo soltó, haciéndolo volver a poner los pies en la tierra y que esta vez sí se cayera al piso. Brayan intentó evitar su mirada, pero Hoseok le dio un lepe en la cabeza, haciendo que la agachara y mirara el piso. Dios, más humillados estos niños no podían estar.

-¿Ustedes qué? –Hoseok señaló con la boca al resto, ellos sólo retrocedieron y abrieron su paso.

Lo que es ser el más temido del liceo.

-¿Tas bien? –Volvió a preguntarme Hoseok, acariciando una de mis mejillas. Asentí, sintiéndome más tranquila ahora que todo estaba bien- ¿Seguro? Si quieres que los explote aquí mismo, me dices…

Reí. Enserio que Hoseok es… Aw.

-Toy bien –Sonreí. Piqué su mentón con mi dedo y él abulto sus labios, dedicándome un beso en el aire. Para hacer la actuación más creíble de lo que ya era, me acerqué y le di un corto beso en los labios, sólo uno chiquito, haciéndolo sonar para que ellos pudieran oírlo.

Agarré la mano de Kimi y renové mi camino con ella hacia nuestro querido salón, dejando el circo y los animales del zoológico atrás. Espero que esos imbéciles no vuelvan a molestarnos. Hoseok se encargara de que no vuelva a ocurrir.

-¿No te da corte que nuestro amiguito feo te bese? –Preguntó Kimi con la nariz arrugada, claramente desaprobando lo que había hecho con Hoseok.

Rodé los ojos y decidí ignorarla.

Llegamos a la puerta del salón y me asomé por el cristal de la puerta para corroborar que estaba el profesor, y sí, Jimin aún estaba en el escritorio, arreglando sus papeles y metiéndolos en el maletín.

-Hoseok es mi mejor amigo. Asco me daría besar a Jackson.

-Ay, guacala, Dani –Gruñó Kimi por lo bajo, haciéndome reír.

Hoseok y Jackson eran mejores amigos desde siempre, igual que Kimberly y yo, y los cuatro nos hemos criado juntos en el barrio desde que tenemos uso de razón. Con el tiempo, bueno… las cosas han sido distintas, pero seguimos siendo unidos. Hoseok y Jackson son los que protegen el barrio y las calles por donde vivimos. Kimi y yo… Sólo somos unas niñas ante sus ojos. Niñas que ellos sienten que tienen que cuidar y proteger. Hoseok es mi ángel de la guardia, y siempre lo diré y lo tendré como mi fiel religión.

Es la esperanza de mi vida. Aunque a veces se porte rata conmigo y sea un coño e madre.

-¡Ah! ¡Mira a Chimchim! Aww… mira a Chimchim –Kimi hizo voz chillona, emocionada de ver a su novio ficticio tras el cristal de la puerta. Mordió su labio inferior e hizo sus ojos chinos, esos que hace cuando empieza a fantasear cosas que no tiene que fantasear, como ahora…- Está tan rico, tan bueno… Ya quiero que me azote.

-Mosca se te sale el chorro –Me burlé al verla tan excitada.

Miré de nuevo por la ventanilla para ver al profesor Jimin, observándolo cerrar su maletín. Estaba por salir…

-Qué hombre… En toda la clase me la pase viendo sus partes y hubo un ángulo en el que pude apreciar muy bien su mini Jimin.

-Asquerosa… -La miré asqueada, sacándole la lengua.

-Eso también lo tiene Jungkook ¿Sabes? –Kimi alzó ambas cejas, mirándome acusante- E igual deseas esa cosa asquerosa de ÉL.

-Yah, pero el profesor Jungkook no tiene un mini Jimin –Sonreí como si nada, Kimi me miró sin entender- Él tiene una gran JUNGKOOKONDA –Hice el símbolo ok con mi mano, confiando en mis palabras. Kimi empezó a reírse escandalosamente.

-Aja y ¿Tú como sabes?

-Tengo mis ángulos -Le hice mofa, girando la cerradura de la puerta.

-“Asquerosa” –Alzó las manos para imitar comillas, haciendo un intento fallido de mi voz. Me aguanté la risita y entre con ella al salón, pero casi se me salé hasta lo que no se me tenía que salir al ver al profesor Jungkook parado justo al lado del escritor donde se encontraba el profesor Jimin. No lo había visto desde afuera, y casi me fallan los pies y pierdo el equilibrio.

¿Se imaginan caerme aquí mismo y pasar pena delante de semejante Dios griego? Es pa’ morir de vergüenza.

Sé que ya lo vi hace como una hora, pero tengo que prepararme, coño, más mi jodida mente. Ella no resiste tanta perfección visual así, es como si me diera tres orgasmos mentales sólo por verlo.

Kimi, al igual que yo, había detenido su andar, quedándose detrás de mí y dándose cuenta de mí casi bochornosa caída hacia el suelo. No tuve que carraspear o hacer algún sonido para llamar la atención de ambos profesores, ellos ya nos estaban viendo, y con buenos ojos, les diré.

Por favor, que él no haya escuchado lo que dije. Por favor Dios, que pena.

-Eh… Profesor Jimin, ¿Está ocupado? -Intenté decir sin tartamudear, porque sé que tenía la mirada de Jungkook puesta en mí y no quiero imaginarme que me haya escuchado hablando de su… tampoco imaginarme otras cosas.

-No –Sonrió el profesor Jimin, hablando tan amablemente, como siempre lo hace- ¿Necesitan algo, chicas?

-¿De usted? Todo -Susurró Kimi cerca de mi nuca, con todo el descaro y las agallas del mundo. Agallas que YO no tenía.

Con disimulo, bastante, le dí un empujoncito para que se callara y se comportara. No quería pensamientos pervertidos, no ahora.

-Venimos a preguntarle si podría explicarnos otra vez la clase de la hipotenusa, Qué… de verdad no entendí -Admití, mirando por reflejo al profesor Jungkook, quien no dejaba de verme.

Santo Dios, qué hombre. Sí supiera lo mucho que me tenta, ¿Por qué es tan hijoeputamenteperfecto?

-Pero Dani, tú no entendiste porque no estabas presente en la clase. Estabas en la dirección ¿Recuerdas? –El profesor Jimin alzó ambas cejas para que le confirmara, y yo asentí- De hecho… -Miró al profesor Jungkook con complicidad, escondiendo una risita- Me dijeron por allí que te fugaste.

¿Qué?

-No es cierto –Me defendí.

-Sí, si lo es. Aquí estás, mira… -El profesor Jimin tomó la carpeta de asistencia y pasó su dedo por las columnas en busca de nombre, hasta dar con el- Inexistente en la primera hora –Leyó. Estaba por hablar para defenderme nuevamente, pero él me interrumpió- Tardaste mucho. El director Seok Jin salió de la dirección mucho antes que tú y… Bueno, tuve que ponerte como fugada.

No sí…

-De hecho, fue mi culpa, Jimin –Me interrumpió esta vez Jungkook, desabotonando uno de los botones de su camisa formal y dejando ver un poco el inicio de sus clavículas. Sus ricas clavículas… y su provocativo pecho.

Yo que me abotono la camisa y él que se la desabotona. Deberíamos hablar pa’ ponernos de acuerdo.

-Tardo tanto en la dirección porque la ayudé a arreglar su camisa -Jungkook… me estaba defendiendo. Jeon Jungkook, mi Kookie, mi… Kookie… me estaba defendiendo.

Kimi me palmeó disimuladamente el brazo, quedando igual de impactada que yo. Supongo que intentando hacerme reaccionar para yo después hacerla reaccionar a ella.

Mamawebas, mi sexycrushDiosgriegopapacitodivino me estaba defendiendo. Jungkook estaba hablando por mí para que yo no me metiera en problemas. ¿Qué día es hoy? ¿Bendición a las ilusas? Porque esto es un milagro.

-¿Seguro? –Preguntó el profesor Jimin, dudoso. Jungkook asintió.

Oh Dios santo.

-Por favor, explícale. No quiero que Daniela vaya mal en sus materias, mucho menos en matemática….

Se me paró el pensamiento.

-¿La ayudaste con su camisa? –Preguntó el profesor Jimin extrañado, mirándome el uniforme.

-Estaba rota… La ayude con unos alfileres –Jungkook alzó sus manos, explicando con ellas lo que había hecho con mi camisa para que pudieran juntarse ambas telas. Kimi volvió a codearme, susurrándome al oído algo que me hacía querer pisarla.

“¿No qué no?”

-Está bien… -Se rindió el profesor Jimin, hundiéndose de hombros y tomando el corrector de bolígrafo para borrar mi nombre de la lista de inasistencia- Por esta vez, Dani. Sólo porque Jungkookie lo dice.

-¿Jungkookie? …Qué lindo –Dijo Kimi de manera informal, haciéndome morir de vergüenza, pero no pude evitar reír al ver que ellos también lo hicieron.

Es Kimi, pues… Ay no, mi amiga linda.

-Bien, ¿Qué les explico? –El profesor Jimin volvió a sentarse en la silla del escritorio y Kimi sacó su cuaderno de matemáticas para buscar entre sus hojas cuadriculadas la clase de hoy.

Mordí mis labios y bajé mi mirada al piso, jugando un poco con mis pies. Aun podía sentir la mirada de mi gran deseo carnal sobre mí.

Jungkook era muy precioso.

-Ve, profesor Jimin, usted dijo algo sobre la hipotenusa que, no entendí –Kimi al por fin encontrar la hoja que buscaba, dejó el cuaderno sobre el escritorio y lo giró en dirección al profesor Jimin. Este lo tomó entre sus manos, frunciendo el ceño mientras observaba los apuntes.

Entre nosotras, Kim tiene la letra más linda, porque yo escribo muy rápido y lo dejo como salga, en cambio ella sí se toma su tiempo y por eso su caligrafía era como la de un ángel. Lo cual es contradictorio, por lo diabla que es está mujer cuando se trata de imaginar cosas perversas con su profesor favorito.

-Kimi, está todo perfecto ¿Qué es lo que no entiendes? –El profesor Jimin alzó la mirada del cuaderno para verla.

Estoy segura que Kimi está disfrutando mucho este momento.

-Es que… No entiendo –Kimi hizo puchero, jugando con sus dedos sobre el escritorio- Explíqueme, por fis.

Miré el techo, luchando por no reír ante la voz tan infantil de Kimi.

Ay Dios mío.

-Yo sé que si usted me explica despacito yo voy a entender… –Kimi se inclinó, apoyando sus codos sobre la madera del escritorio y sosteniendo su mandíbula en ambas manos, inflando sus cachetes. Era su técnica de manipulación. Quería ser tierna y adorable, y lo logró. Jimin la estaba viendo con una sonrisa, inclinando su cabeza aun lado del mismo modo que ella.

Hasta sus ojitos parecían brillar de ternura por Kim.

-Dime, Kimi ¿Qué quieres que te explique?

-Todo –Respondió ella, sin más ni menos.

El profesor Jimin volvió a sonreír.

-Pero ¿Qué no entendiste?

-Nada.

Ahora fue mi profesor quien soltó una risita. Ah, perdón, él profesor Jungkook.

Affs, igual. Ese hombre es mío. Él y su Jungkookonda.

-Ay, Kimberly… -El profesor Jimin negó ante la carita de mi amiga, sin poder ocultar una sonrisa. En todas las esquinas de las hojas del cuaderno de Kimi estaba escrito “Chimchim<3” con bolígrafo rojo, bastante intensó y brillante, que no puedo creer que él no se haya dado cuenta de eso. Incluso me encontraba rezando el padre nuestro en mi sitio para que no lo hiciera, por si acaso- ¿En que estabas pensando mientras daba mi clase?

-Profe, Si supiera… -Kimi abultó sus mejillas rosadas, sonriendo aún más. No pude evitar soltar una risita por su tremendo descaro, pero fue un grave error, porque Jungkook volvió a verme y esta vez con una mirada curiosa, pidiéndome explicaciones. Yo negué y sacudí mi mano, dándole a entender que no era nada.

En realidad, sí supiera…

-¿Arcoíris y unicornios? –Preguntó el profesor Jimin. Kimi negó, mordiéndose los labios.

-En salchichas.

Por Dios. Por favor Jesús, llévatela.

Park Jimin río en carcajadas y Kimi sólo lo observaba reír, como una tonta enamorada…

Yo luchaba en mis adentros por la intensa mirada de Jungkook sobré mí. No dejaba de verme, observarme de pies a cabeza y sin ninguna expresión que yo pudiera descifrar o definir. Quería que dejara de hacerlo, no porque no me gustara, sino porque… Diablos ¿Por qué me intimida tanto?

¿Así se sentirá él cuando lo miro todo el tiempo? En mi defensa, lo he disimulado bastante bien como para que él no se diera cuenta que lo ando viendo a cada rato, y en especial, partes de su ser que deberían ser ilegales.

No pude soportarlo más y subí la cabeza para verlo, él seguía con sus ojos puestos en mí. Sus pupilas me dibujaban, de pies a cabeza, pero se tomaban su tiempo en detallar mi rostro. Eso me ponía nerviosa y tenía vergüenza de qué él lo notara.

Quizás sí lo hizo…

Jungkook estaba sonriendo, enseñándome una de las sonrisas más ardientes del mundo, y mi corazón empezó a bombear más fuerte. Me congelé. Me sentí pequeña e indefensa y no supe que hacer. Era mucho para mí, mucho para poder procesarlo y aún más difícil de superarlo. Él simplemente era mucho, demasiado.

Teniendo sus ojos café oscuro sobré mí, y me hace pensar… ¿En algún segundo del día me vera con otros ojos? Es decir… ¿Más que una simple estudiante? ¿Es eso posible? Jeon Jungkook es mayor que yo por ocho años, es un adulto, es un hombre, pero los hombres ven a mujeres ¿no? Yo soy… una mujer.

Cada vez que me dejo hundir en esa mirada dominante, pierdo toda esperanza y fe de que algún día, ya sea por error, él se fije en mí. Me hace creer que no soy suficiente, que nunca podre tenerlo porque… es mi profesor.

-La hipotenusa es el lado más grande del triángulo rectángulo ¿Sí? Y lo simbolizamos con la letra h. Para hallar el valor de h, tienes que usar la fórmula del teorema de Pitágoras, y es… “C al cuadrado, qué es igual a “A cuadrado más “B cuadrado –Decía el profesor Jimin, explicándole a Kimi mientras escribía la formula en el cuaderno de ella. Al escuchar lo que estaba explicando y ver lo que estaba escribiendo, me dí cuenta de que era algo súper fácil y que ya lo había entendido a la perfección.

Antes, cuando estaba en primer año, era Jungkook quien me daba la asignatura de matemáticas. Él me explicaba cosas muy interesantes, algunas ni siquiera las decía en clases y eso me hacía sentir especial. Quería creer que… eran cosas que sólo quería enseñarme a mí porque era su favorita. Y así duró hasta que pasé a tercer año, cuando él tuvo que irse. La zona educativa lo transfirió a otra institución y no lo vi por todo un año, hasta ahora…

Él me hacía estudiar mucho su materia, me daba guías de ejercicios para que las resolviera en casa y también me daba exámenes diferentes al de los demás a la hora de evaluar. Nunca me quejé, me gustaba hacer lo que él me decía, más que todo porque cada vez que hacia un ejercicio y mi resultado era correcto, él me sonreía.

Me sonreía, y eso era lo más lindo del mundo. Me enamoraba…

-Usando las propiedades de la potenciación puedes pasar el cuadrado de la “C” fuera de la igualdad y quedaría; “C igual a raíz cuadrada de “A cuadrado más “B cuadrado. Resuelves… y listo –El profesor Jimin dejó el bolígrafo aun lado y le extendió de vuelta el cuaderno. Kimi abrió la boca a más no poder, mirando con asombro todo lo que él había hecho en la hoja.

-Profe… Usted hace magia.

El profesor Jimin soltó una risita.

-No es magia, Kimi. Es matemática.

-No hablo de esto –Kim señaló la hoja- Hablo de mí –Se señaló a si misma- Hizo que me enamorara más.

Dios mío, Dios mío, Dios mío.

-Profe Chimchim, usted me hace querer estudiar matemáticas todos los días, Porque… me gusta imaginarlo frente al pizarrón dándome clases, Sólo a mí.

Kimi, basta. Por favor, basta.

-Que linda… -Fue lo único que dijo el profesor Jimin, sonriéndole a ella como si lo que dijo fuera lo más inocente del mundo y no en doble sentido como OBVIAMENTE lo había dicho.

Porque, pfff ¿Imaginarse al profesor Jimin dándole clases? Será dándole, pero no clases.

-¿Entendiste? –Me preguntó Jungkook, sacándome de mis puros pensamientos. No me lo estaba imaginando sin camisas, a él, también dándome… clases a mí.

Asentí, viéndolo sonreírme nuevamente. Parecía orgulloso de mi, después de todo, él fue quien me enseñó eso hace cierto tiempo atrás. ¿Cómo pude olvidarlo?

-Espero que saques buena nota en el examen de mañana, porque sí no, te voy a castigar.

¿Castigarme por qué? ¿Por fantasear con él?... ¿Qué clase de castigo será ese?

-Profesor Jimin ¿Usted también me castigará? –Kim le hizo ojitos, queriendo convencerlo... Y yo me ruboricé por la vergüenza.

Ella había usado el doble sentido tan descaradamente que no puedo creer como el profesor Jimin no se daba cuenta de eso.

Quería que la tierra me tragara… Y me escupiera en la cama de Jungkook, claro.

-Hm… -El profesor Jimin sonrió al verla- Lo haré, si sigues pensando en salchichas…

Kim hizo puchero.

-Es que, profe Chimchim… Cada vez que lo veo, se me es inevitable no pensar en eso…-El profesor Jimin dejó de sonreír. Kimberly Rodríguez, por favor, detente- Yo lo veo a usted y me provoca. Me dan ganas de comerme una salchicha de ¡Esté tamaño! –Kimi abrió sus brazos hasta más no poder y eso estalló en risas a ambos profesores, menos a mí. Yo estaba bien muerta de la vergüenza en mi sitió, queriendo tener una amiga no tan anormal como la que tengo.

Kim, por dios, por dios. No puedo con tu mente.

-¿Siempre piensas en comida, Kim? –El profesor Jimin se limpió una lagrimita que amenazaba con salir de su ojo, para luego acomodarse en su asiento.

Kimi volvió a sonreír, remojando sus labios.

-Siempre pienso en usted.

Ya. Está listo. Sí eso no es ser directo, no sé qué coño es.

Sí el profesor Jimin no se da cuenta de las intenciones morbosas de esta niña, es BIEN pegao’.

-Qué linda eres, Kim…

No puede ser.

-Debes prestar más atención en clases ¿Está bien? –Kimi asintió- Nada de salchichas…

-Lo intentaré.

Sí, claro.

-Más bien, vamos a la cantina, te comprare una empanada de salchichas.

NO SÍ.

-¿ENSERIO, CHIMCHIM? –Preguntó Kimi emocionada, dando saltitos en su sitio y haciendo brincar sus dos trencitas sobre sus hombros. El profesor Jimin le sonrió con más ternura que antes- ¡Sí, sí quiero!

-Dani ¿Quieres una? –El profesor Park me miró esta vez. Estaba a punto de responder un vergonzoso , pero la mirada amenazadora de Kimi me decía que lo rechazara y que los dejara ir a ambos, SOLOS.

¿Qué más? Igual siempre ando muerta de hambre.

-No profe, gracias –Sonreí, mirando a Kimi con ganas de querer matarla.

-¿Seguro? ¿Ni siquiera un juguito? –Volvió a hablarme el profesor Park, y yo con el dolor de mi alma, negué.

Lo que uno hace por una amiga.

-Yo estoy aquí ¿Sabes? Me puedes brindar a mí también. No sé, digo yo... –Jungkook se señaló a sí mismo, haciéndonos reír a Kim y a mí. El profesor Park lo miró sonriente, pero no cayó en su juego.

Kimi y él salieron del salón, dejándonos a mi profesor favorito y a mí, solos… otra vez.

Los nervios volvieron a comerme el cuerpo y el cosquilleo que mi estómago no se hizo esperar. Aún tenía la mirada de Jungkook sobre mí y eso no me ayudaba en lo absoluto. Sentía sus ojos en todo mi cuerpo, quemándome, mojándome, haciéndome sentir débil ante él. Y me mordí el labio inferior, no sabiendo que más hacer.

-Profesor…

-¿Hm?

-¿por qué me mira tanto? -Lo escuché botar un pesado suspiro, pero no era de estar molesto. Parecía que le costaba… Como si se le era difícil contestarme esa pregunta.

Me armé de valor y alcé la vista para verlo, seguía viéndome, no con los mismos ojos que antes. Su mirada era… compasiva, de cariño.

-Has crecido mucho, Daniela. Tanto que… me sorprende –Mis mejillas se pusieron calientes al escucharlo decir eso. Y como si no fuera bastante que esté hombre me intimidara, sentí como mi corazón se aceleraba nuevamente, todo por el café intenso de sus ojos. No me había dado cuenta, hasta ahora, de que él tenía una pequeña cicatriz en su mejilla.

-¿Qué es lo que le sorprende de mi crecimiento? –Me atreví a preguntarle, viéndolo sacar la lengua para mojar sus labios, hasta finalmente morderlos.

Uffs.

-Todo, en realidad… Estás hecha toda una mujer, no pareces la pequeña estudiante que recuerdo de un año atrás. La última vez que te vi, antes de irme, tú cabello estaba sobre tus hombros. Ahora está…

Por mis nalgas…

-Bajo tus caderas.

Diablos… ¿Por qué no sólo es sincero conmigo y me lo dice? Le tengo muchas ganas, y quisiera que él también las tuviera. Qué me tuviera ganas… qué me tocara.

Sé que está mal, mierda, lo sé. Pero, es que, Jungkook…

-y ¿Te gusta? –Susurré, refiriéndome a mi cabello. Me moje los labios con la lengua, sin apartar la mirada de sus ojos.

Jungkook mordió los suyos propios, otra vez.

-Me encanta.

-¿Sólo mi cabello?... –Mierda, mierda, mierda.

Daniela, te irás al infierno.

-Todo tu cuerpo, Daniela. Todo en ti ha cambiado… y me encantas.

Gemí en mis adentros y bajé la cabeza ante tanta intimidación. Su mirada sí que es una cosa del pecado. Me excita, hace que el corazón y allí abajo me palpite, y me desespera. Tengo muchas ganas de él.

-¿Cómo estudiante o… -No pude terminar la frase, Jungkook había empezado a acercarse hasta quedar frente a mí. Nos separan sólo centímetros, mi cabeza de su mentón, y yo no me atrevía a mirarlo. No ahora.

Se quedó callado, varios segundos, respirando y haciéndome sentir diminuta frente a él. Las manos me cosquilleaban y mis labios quemaban por el llamado de sus labios. Quería que se inclinara, que me sujetara de las mejillas y me besara. Qué me tocara, más que una simple caricia, quería que me hiciera suya. Mi frustración sexual por él se estaba saliendo de control. Más de una noche me quedé pensando en él, imaginándome que volvía al liceo y me sonreía. Me había enamorado de Jungkook como toda una cría desde la primera vez que lo vi y, gracias a las hormonas que hace que todo adolescente se desespere y quiera algo más que caricias, empecé a reaccionar a sus toques en segundo año. Él sólo me acariciaba la cabeza o el mentón, diciéndome que había hecho un buen trabajo cada vez que resolvía uno de sus ejercicios, pero yo no. Me ruborizaba y lo deseaba a más no poder, hasta que me dí cuenta de lo que quería, y era tenerlo entre mis piernas.

Jungkook estaba tardando demasiado para mi gusto y yo no paraba de ponerme nerviosa. Era mi fin, había cruzado la línea y él se había dado cuenta de mis intenciones. Estaba molesto conmigo.

Suspiré. Había sido demasiado ilusa…

-Siempre te he visto más que una estudiante, pensé que eso ya estaba claro –Abrí mis ojos como platos y subí la cabeza para poder verlo.

Jungkook estaba sonriéndome. Yo no podía creer lo que había dicho

-Eres la niña de mis ojos ¿Recuerdas?...

¿L-la… niña de sus ojos?

Esperen.

-Ya no soy una niña –Me defendí, frunciendo el ceño. Jungkook soltó una risita que arruino por completo la seriedad que intentaba dar para que me creyera. Había vuelto a caer enamorada ante él. Dios mío.

-Para mí sí lo eres, sigues siendo mi niña.

Pero yo quiero ser tu mujer…

Jungkook pasó de mi lado y comenzó sacar las cosas de su maletín para dejarlas sobre el escritorio, dejándome allí parada, sin moverme, como la propia estúpida que soy.

Giré sobre mis pies y lo vi sentado en la silla frente al escritorio, usando su teléfono inteligente. Había intentado provocar a Jungkook y él no había caído en mi juego. Él no era estúpido, sabía lo que yo quise hacer, y en lugar de acusarme y regañarme, me dijo cosas lindas y me dejo las pantaletas más mojadas de lo que ya estaban. No me rechazo directamente pero tampoco indirectamente ¿verdad? Sólo me dio un colapso mental y me hizo tener esperanzas de que tal vez, quizás, tal vez, él me vea como yo quiero.

Jungkook podría tener novia, o a lo mejor no. No tiene marca de sortija en su dedo y tampoco tiene pinta de estar divorciado, o tener hijos…

Podría estar disponible.

Imaginármelo caminar de la mano con alguien más, besándose con alguien más y haciéndolo con alguien más, duele, quema, lastima. Es horrible. Yo no quiero a ese hombre con otra mujer, yo lo quiero conmigo y para mí.

¿Alguien sabrá lo que es besar esos labios? Ser tocada por esas manos… estar sobre Jungkook y saltar sobre él mientras escuchas sus suspiros, sus gemidos. Maldición, me estoy excitando demasiado. Podía ronronear como gata en selo sobre el escritorio y estoy segura que él me miraría con mala cara esta vez. O tal vez no, quizás se haga cargo.

Coño, Daniela. Ya, reacciona.

La puerta se abrió de golpe y yo giré en su dirección. Mis compañeros estaban entrando al salón. Supuse que el receso ya había terminado.

Venía la clase de Jungkook…

Kimi apareció cruzando la puerta, caminando hacía mi con una gran sonrisa de felicidad en el rostro. En sus manos sostenía una empanada y un nestea.

-Ay, amiga, gracias –Sonreí antes de recibir las cosas, pero Kim las alejó de mí alcance, mirándome ofendida- ¿Qué?

-Esto es mío.

No sí.

Sonreí, con ganas de querer matarla, recordando TODAS las veces que le dí de mi comida porque ELLA tenía hambre, y yo NUNCA me negué ni le dije que NO.

Kimi soltó una risita, dándole un mordisco a la empanda antes de extendérmela nuevamente.

-Es tuya, boba. Pedí una por ti.

-No sí, cuando de un mordisco ya me quitaste la mitad –Kimi volvió a reír y yo la ignoré, terminando de comerme lo poco que quedaba de la empanada- ¿Qué tal te fue?

-No cogimos.

Está niña.

-Pero, fue chévere –Kimi sonrió como depravada, y no pude evitar soltar una risita por la manera tan chistosa en la que había hablado. Terminé de tomarme el jugo y caminé con ella hasta el cesto de basura del salón para botar las cosas- Y ¿Tú qué? ¿Si cogiste con Jungkook?

Shhh, qué te oye! –Grité en voz baja, mirándolo de reojo por sí se daba cuenta de lo hablábamos- Eres demasiado perversa, Kim.

-Y ¿Tú no? –Kimi alzó una ceja, provocándome con la mirada. No pude evitar ruborizarme y terminé riéndome junto ella.

Éramos unas grandísimas locas y nos iremos al infierno por fantasear con nuestros profesores.

Sí, soy una pervertida. Soy la pervertida más grande del mundo y quiero que ese hombre me destroce y me tome contra la pared.

-Wenas… Verga –Namjoon paró en seco, sorprendiéndose de ver a Jungkook sentado en el escritorio- Y ¿Este cuando volvió?

ESTE tiene nombre, y es mi esposo.

-Hoy –Respondí. Namjoon se hundió de hombros y entró al salón, sentándose en el primer pupitre que encontró. Kimi y yo hicimos lo mismo, pues Jungkook ya había sacado los marcadores y estaba por pararse para dar la clase.

Me senté junto a Kim en una esquina del salón, apartadas del resto y un poco cerca del escritorio. Los pupitres no estaban en columnas, más bien, estaban esparcidos por diferentes partes del salón. Cada uno tenía su grupo, los chicos por un lado y las chicas por el otro. Yo, pues, como no me gusta armar bochinche en clases, ni hablar, me alejo lo más que puedo y me siento aparte.

Kim siempre se sienta donde yo me siente.

Jungkook comenzó a borrar el pizarrón, los ejercicios que el profesor Jimin había hecho en clases y, al terminar, dejó el borrador sobre el escritorio, parándose al frente. Miró a cada uno de nosotros mientras se tronaba los dedos. ¿Estará nervioso? Lo dudo, aunque si debe ser incomodo tener 32 pares de ojos sobre ti. Y lo peor, que la mayoría de las muchachas lo estaban viendo, no con caras para ir a misa.

Quisiera ponerme al frente de él y colocar un cartel que diga “propiedad privada”. Pero él no era mío, podría ser de otra persona… podría tener novia, besarla a ella, tener sexo con ella y hasta tener hijos…

Daniela, cálmate ya o armaras el diluvio del siglo.

-Bueno… -Habló por fin Jungkook- Primero que nada, Buenos días… -Nuestras voces dijeron en coro un buen “buenos días”, y él nos dedicó una sonrisa- Mi nombre es Jeon Jungkook y seré su profesor de Química…

Todos los chicos comenzaron a protestar e hicieron malas caras, acción que hizo a Jungkook soltar una risita.

-Sí. Sé que la química puede ser muy estresante a veces y quizás aburrida para muchos, pero es una ciencia muy bonita. Si la estudian con pasión y dedicación, se pueden dar cuenta de que es muy interesante… -Jungkook fijó sus ojos en mí, logrando que mi corazón hiciera un brinco y mis mejillas ardieran por milésima vez en el día- Muy, muy, muy interesante…

¿Qué significaba eso? Santo Dios… Mis muslos están temblando y eso no parecía nada bueno.

-Iremos poco a poco, no se preocupen. Sé que no han tenido profesor de química por mucho tiempo, así que, es obvio que habrá que empezar desde lo más básico –Jungkook acarició el musculo de su mandíbula, y… Hm, se veía divino-… Agradecería que no se quedaran con las dudas. Sí no entienden, sí tienen alguna pregunta, yo voy a respondérselas todas… También se aceptan las preguntas estúpidas –Al escucharlo decir eso, no pude evitar reír. Al igual que el resto de la clase.

Su sonrisa de conejo me enamoraba…

-Voy a darles el mismo trato que ustedes me den a mí. Soy muy echador de broma, pero también estricto a la hora de evaluar, así que… estudien, porque no me gusta regalarle puntos a nadie.

Diablos.

-Al menos de que me agarren de buenas…

Siii.

Una compañera alzó la mano para preguntar y Jungkook la señaló para que hablara.

Está se sonrojó.

Es que no miento, coño, Jungkook enserio es intimidante hasta cuando no quiere serlo.

-¿Es nuevo? –Preguntó ella, tan sonriente y con sus mejillas ardiendo de lo rojas que estaban.

Quieta, zorra. Qué él es mío.

-No, no soy nuevo. Trabajé aquí por tres años seguidos antes de que me transfirieran a otro liceo, pero… volví –Jungkook se hundió de hombros, viéndose más lindo que antes.

¿Ustedes entienden? Me hace suspirar de amor, gemir internamente de placer y rogar por besar sus ricos labios.

Affs… Jungkook.

-Aquí están varias caras familiares, estudiantes que les dí clases en alguna oportunidad…

-¿Podría señalarlos? -Preguntó Dannah, muy sonriente. Y no pude evitar hacer lo mismo. Era como volver en el tiempo, cuando estábamos en primero y él era nuestro profesor de matemáticas.

-Por supuesto, Dannah –Jungkook sonrió al reconocerla, y ella soltó una risita.

-Profe, creí que no se acordaba de mí.

-Por dios, ¿Cómo crees eso? Sí los veo desde que se comen los mocos.

-Nah, Pro’esor. Si exagera –Dijo Junior, otro al que él le había dado clases en segundo año.

-Tú si te comías los mocos, tas claro –Y así, volvimos a estallar en risas nuevamente. El aura de Jungkook había cambiado, se había ganado nuestra confianza y eso hizo que el ambiente fuese más tranquilo y divertido.

Su imagen de profesor “estricto” se había ido

-Los recuerdo a todos, jamás me olvidaría de ustedes. Allí está Namjoon –Señaló al nombrado, y este como acto de burla se levantó del pupitre e hizo el símbolo de la paz, haciéndonos reír nuevamente- También por allá esta Bambam –Señaló al nombrado, y así sucesivamente empezó a señalarlos a todos- Mark, Jackson, Dannah, Taeyeon, Joy, Lidiando con el mal…

-¡Profe, no me diga así! –Se quejó lidia, la más pequeña en estatura del salón. No pude evitar estallar de risa al igual que el resto de la clase. Lidia siempre era la más bochinchera y extrovertida del salón, y hasta estas alturas eso no había cambiado. Más de una vez Jungkook tuvo que pararla en el rincón porque ella hablaba mucho en clases, y aun así, no dejaba de armar revuelo en el salón. De allí se ganó el apodo; Lidiando con el mal.

-¿Cómo quieres que te diga, Lid? Si así suena más bonito -Se defendió Jungkook. Obvio, estaba jugando con ella- En fin, Como ven… No a todos los conozco. Sólo a Lay, Hani... y Daniela -Me señaló.

Me miró, me señaló… Como si fuese un flechazo.

-Daniela sin duda podría decirles a la perfección que tan estricto puedo ser.

No pude evitar ruborizarme por aquello.

Ya quisiera yo saber que tan estricto puede ser, pero no dándome clases, sino dándome otra cosa…

-No contamos con laboratorio para hacer prácticas, tendremos que hacer las evaluaciones en el salón e improvisar. Como todo profesor, voy a poner reglas, reglas que ustedes van a respetar. Cuando el salón esté solo, ustedes pueden hacer lo que quieran. Se lanzan por la ventana, juegan a la botella, lo que sea, yo no tengo problema con eso. Pero cuando yo llegué al salón y me paré al frente, quiero que el único sonido que se oiga sea el de mi voz cuando les esté dando clases. No quiero el ballenato a todo volumen, las gorritas dentro del salón, la masticadera de chicle, el bochinche con los taquitos, la habladera de paja… -Jungkook enumeraba cada cosa que decía con los dedos, caminando de un lado a otro mientras analizaba nuestras reacciones. Al ver que nadie parecía quejarse, tampoco es como si alguien se atreviera a hacerlo, Continuó…- Y se van a sentar por orden de lista…

Mierda y mil mierdas.

-A partir de ahora… -Jungkook nos miró a todos, esperando que acatáramos esa orden. Rápidamente nos levantamos de nuestros asientos- No creo tener que pasar lista para que sepan dónde van, tienen un mes conociéndose… -Llevó sus manos hacia atrás de su espalda, resaltando sus bien trabajados pectorales escondidos dentro de esa camisa formal.

Me duele todo lo que se llama pensamiento.

Volví a guindarme el bolso sobre el hombro y me aparte lo más que pude para que los demás se tomaran su tiempo en ubicarse. Era la última de la lista y, pues, tenía que esperar que todos se ordenaran para así poder sentarme en el último pupitre que quede.

Luego de que todos se sentaran en sus lugares, vi que no quedaban asientos en buen estado y tuve que agarrar el más “decente”. Me ubiqué al lado de Lay, ya que era el penúltimo y yo no tenía tabla en que apoyarme para escribir.

Jungkook tenía la mirada puesta en mí, con el ceño fruncido, como si estuviese molesto.

¿Ahora que hice?

-No. No te sentaras allí. Ven… –Jungkook sacó su silla del escritorio y la palmeó para que me sentara. Caminé rápidamente hasta él y obedecí, mirándolo confundida- Aquí estarás más cómoda.

Miré de reojo a Kimi, sin poder creer lo que pasaba, pero ella me estaba sonriendo emocionada, del mismo modo que yo. Estoy tranquilita, sentada en la silla de Jungkook, pero, yo por dentro estaba saltando de felicidad. Subí la cabeza para verlo, sonriéndole como la tonta enamorada que era. Y él ya me estaba mirando, con una sonrisa torcida, de lo más sexy.

Se me paró una teta.

Saqué mi cuaderno y busqué en mi cartuchera el bolígrafo negro para empezar escribir, Jungkook ya estaba frente al pizarrón, escribiendo el plan de evaluación que tenía para nosotros. El salón se quedó en un total silencio, tal y como él había pedido. Al estar inclinada, mi cabello cubría ambos lados de mi rostro y eso me facilitó darle sutiles miradas a él sin que los demás se dieran cuenta. Los músculos de su espalda se marcaban con descaro en la tela y a medida que movía los brazos me daba un tremendo orgasmo visual. Tuve que morder mis labios para no gemir.

Desearía poder darle besitos en los hombros y morder su nuca.

¿Cómo sería ese hombre sin nada de ropa?

Chasqueé la lengua al quedarme sin tinta y sacudí el bolígrafo varias veces para que dejara de joderme y volviera a escribir. Pero no. Hasta lo metí en mi boca para succionar y nada.

No tenía nada más con que escribir.

No me gustaba escribir con lápiz, me daba ladilla sacar puntas y tengo una lista bien larga de actas que me había ganado de gratis por eso. Ya que uno SIEMPRE tiene una estúpida compañera que te anota por pararte “sin permiso”. La mía, era mi mejor amiga, Kim.

Lo hacía para fastidiarme.

Volví a sacudir el bolígrafo entre mis manos e intenté rayar nuevamente. Nada.

-Kim… -Susurré en voz alta, percatándome de reojo que Jungkook no se diera cuenta. Kimi se encontraba distraída, coloreando su plan de evaluación- ¡Kimi!.. -Pero ni me volteaba a ver. Estaba de lo más feliz coloreando, escribiendo “Chimchim” en una esquina de la hoja.

Esta women.

-¡Mira, awebonia’, te están llamando! –Lid había alzado la voz muy fuerte, llamando la atención de todos y logrando que el ambiente fuera un mar de risas. Jungkook volteó a verla, estúpidamente sorprendido. Yo también hubiese hecho eso si estoy tranquilamente escribiendo en la pizarra y escucho una grosería de esa magnitud.

Kimi miró a todos lados, girando tal cual ventilador.

Pasando pena.

-Lid… -La llamó Jungkook, advirtiéndole con la mirada de que sí volvía a hablar la sacaría del salón. Ella hizo la simulación de un cierre sobre su boca y botó la llave, en señal de que no diría nada más. Jungkook giró y siguió escribiendo en el pizarrón.

Kimi ni por un momento me miró, y mi paciencia se estaba yendo por un tubo.

-¡Kimi!...

-¿Quién me llama?... –Kimi subió la cabeza de su cuaderno y volvió a mirar a su alrededor, yo le hice todas las señas que pude hasta que logró verme. Al darse cuenta, se señaló- ¿Me estás llamando?

Suspiré.

-¡Sí te está llamando, mamaweba sorda!

-¡Lidia! –La regañó Jungkook al escucharla de nuevo- ¿Vas a seguir?...

-No, no, no. Profe, ya. Ya me quedo quieta –Lid volvió a hacer el cierre sobre su boca, removiéndose en su asiento y actuando como niña buena. Jungkook negó lentamente, continuando con lo que estaba haciendo en el pizarrón.

-¿Me estabas llamando? –Me preguntó Kimi en susurros, y yo negué, obvio, en sarcasmo. Quería lanzarle un zapato, un ladrillo, lo que sea, pero que el cerebro le funcione- ¿No? Ok

Kimi siguió escribiendo en su cuaderno, continuando con su labor de colorear el nombre de su profesor favorito e ignorarme.

Nojodas.

Diosito ¿No pudiste darme una amiga más estúpida, o ya se te habían acabado? En la cola de “sarcasmo”, Kimi se había salido nada más que para meterse en la de “mente sucia”. O, como dice ella; mente sexy.

Intenté buscar una solución pero Kimi no me paraba bolas, todos estaban concentrados en sus libretas, escribiendo, y yo ya me había quedado hipnotizada viéndole las piernas a Jungkook. ¿Ya dije que me quiero sentar en sus muslos tan ricos? Me muero porque me haga estar acostada sobre ellos y me azote.

Ay Dios, me lo estaba imaginando desnudo, otra vez.

-¿Listos? –Preguntó Jungkook, girando sobre sus talones- Pasen por el escritorio para firmarles el plan de evaluación, luego pueden salir al receso… -Kimi fue la primera en levantarse y entregar el cuaderno para que él lo firmara, seguida por otra, otro y otra.

Y yo… sentada, con cara ‘e culo, porque la muy estúpida de mi amiga salió del salón y no me prestó su bolígrafo para escribir.

Suspiré, iba a quedarme sin salir a receso.

Jungkook terminó de firmarles el cuaderno a todos y los observó salir del salón, hasta que salió el último. Al percatarse de mí, sus ojos se abrieron en sorpresa.

-¿Qué pasó? –Me preguntó, yo me hundí de hombros.

-No tengo con que escribir, se me acabo la tinta del bolígrafo –Se lo enseñé, viéndolo volver a soltar una risita.

Metió la mano en el bolsillo de su camisa y me extendió su bolígrafo, regalándome una tierna sonrisa para que lo aceptara.

Es demasiado lindo, mierda, era demasiado precioso. Ese pequeño lunar que tiene debajo de su labio inferior le daba un toque tan coqueto y tierno a la vez. Jungkook era totalmente hermoso, en todos los ángulos donde lo veas.

¿Sera que le pregunto? No sé…

Mejor no. No es mi problema.

-Profesor…

Mierda.

-Dime… -Jungkook metió sus manos en los bolsillos de su pantalón, dándome toda su atención y esperando que continuara. Pero ya yo había bajado la mirada. Uno; porque sé que me ruborizaré más de lo normal con lo que voy a preguntarle. Y Dos; No tengo ovarios para verlo a la cara cuando me diga la respuesta.

-¿Usted es casado?

Soy una perra entrometida.

-O ¿Salé con alguien? –Jungkook no respondía y eso me preocupó, creyendo que tal vez se había molestado conmigo. Subí la cabeza y lo miré a los ojos. Él estaba viéndome, con una sonrisa torcida y una mirada divertida.

Estúpido, mis hormonas, idiota.

-No recuerdo que fueras tan curiosa.

Tragué grueso.

-Sólo quiero saber…

-¿Para?...

Para terminar de decepcionarme y eliminar toda ilusión de mi mente. Para eso.

-Curiosidad –Mentí. Jungkook soltó una risita, bastante encantadora a tal punto de parecerme seductora.

Apreté mis muslos.

-No… No estoy casado. Tampoco tengo novia…

Ay, qué bueno. Ya no habrá muerto que lanzar en el rio Orinoco.

-Eso es difícil de creer, profesor. Siendo alguien tan atractivo y caballeroso, es imposible que un hombre como usted no cuente con la compañía de una mujer que lo merezca –Mis manos temblaban, al igual que mi labio inferior, pero los mordí y empecé a jugar con el bolígrafo entre mis dedos para que él no notara mi nerviosismo. Jungkook alzó una ceja, viéndose más atractivo que nunca mientras me sonreía como todo un Dios. Estoy segura que sabe lo que provoca en mí, estoy segura que ya hasta se dio cuenta de mi gran añoro por él. Lo sentía… y él estaba manipulándome, hipnotizándome con ese brillo de sus ojos.

Mordió su labio inferior, haciendo ese movimiento con sus pestañas que… me mata.

-Bueno… No tendré una esposa, o una novia. Pero, tengo a una hermosa estudiante cómo tú, y eso basta para mí.

Ahora sí, mis neuronas dejaron de enviar señales.

-Usted… usted también basta para mí, profesor.

3 Février 2021 02:36:35 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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