m_cr696 Alejandra Campo

Cuando la depresión te consume no ves una salida en ningún lugar. Todo pierde sentido y nada logra llenarte. Este pequeño relato cuenta de cierta manera mi experiencia con la depresión reactiva que sufro desde los 13 años, mezclada con ficción tratando de mostrar así sea un poco lo que siente una persona sufriendo una enfermedad mental como esta. Si eres sensible o te conflictúan este tipo de temas, te pido que no lo leas. Registrado bajo derechos de autor.


Drame Interdit aux moins de 18 ans.

#enfermedadmental #239 #nostalgia #depresion
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Túnel sin salida

"Y esperaré la muerte,

amiga muerte,

mientras afuera llueve"


Fernando Soto Aparicio



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Paso mis dedos temblorosos por el cristal de una claraboya que está junto a mí en la parte más alta del edificio en el que vivo y mi reflejo distorsionado me devuelve la mirada perdido entre pequeñas gotas de agua que se deslizan por la superficie plana. Llueve a cántaros mientras los relámpagos atraviesan el cielo nocturno durante una tormenta que parece imitar mis pensamientos entre luces y sonidos estridentes. Debe haber cinco grados de temperatura, pero ya no soy capaz de sentir frío y el calor me ha abandonado hace mucho tiempo; porque soy una retorcida versión de la chica que soñaba ser en el futuro cuando creciera. Una chica que nunca pude ser.

Mis padres deben estar juntos en el sillón viendo el reality show que les gusta en el piso que está justo por debajo de mis pies, tal vez llamándome para que los acompañe sin tener idea de que mi habitación está vacía y que así se quedará para siempre, que mis años vividos estarán congelados en un tiempo que ya nunca más avanzará, al menos no para mí. Ignorando que mi retrato perdurará eternamente de la misma forma: la piel tersa acompañada de unos ojos verdes tristes, ausentes de la vitalidad que se supone los jóvenes deben tener, siendo ignorados por todos y que en este momento arden por las lágrimas que han salido durante horas al tratar de encontrar una razón para quedarme, una razón para aferrarme al destello brillante de la vida, pero no pude encontrar una, nada en este mundo me anima a seguir adelante.

De pronto, el vidrio se rompe justo en el centro fragmentándose en triángulos imperfectos que se amplían a medida que se alejan del punto central, como si tuviese conocimiento de aquel desastre que habita en mí interior, dejándome ver mi rostro reflejado en cada pedazo de cristal, con este moviéndose cada vez que yo lo hago. Es entonces cuando aquella sensación de vacío que presiona mi pecho y me embriaga cada día como una fiel compañera que se niega a liberarme de su cautiverio; comienza a hacerse presente alcanzando su punto más álgido mientras escucho como la lluvia provoca un constante tintineo ligero al chocar contra el agua que ha inundado levemente el concreto y que no cede arremolinada a mi alrededor, golpeando como cuchillos mi cuerpo empapado justo cuando todo a mi alrededor comienza a volverse borroso, pero esta vez sé que no se trata de otra alucinación más.

Sin quitar los ojos del cristal, veo como este de repente deja caer todos los trozos en los que ha quedado roto, sabiendo que justo como él, mi vida se quebró en pedazos que nunca se unirán de nuevo, y si eso llegase a suceder, nunca volvería a ser igual porque ahora mismo ni siquiera sé quién soy. Estoy perdida en mi propia vida, mi alma pide a gritos desesperados salir de mi cuerpo, pide detenerlo todo, ponerle punto final, porque está harta de las voces en mi cabeza, de las charlas en noches eternas de insomnio con personas que al parecer no son reales.

El psiquiatra ha llamado a mi "condición" con un nombre curioso que no soy capaz de recordar en este momento, porque la gran cantidad de tranquilizantes que he ingerido de golpe han empezado a hacer efecto, esos mismos que en lugar de ayudarme solo logran dejarme volando a tres metros sobre el suelo con los ojos desorbitados y la mente embotada, estando en la misma posición por largas horas en las que estoy tan drogada, que un pensamiento coherente es casi imposible de lograr; en cambio, todo se mueve en cámara lenta dejando una estela por donde pasa, los sonidos parecen ecos lejanos desvaneciéndose cada vez más, y mi cuerpo parece responder de forma retrasada a la ordenes de mi cerebro.

¿Han sido únicamente las alucinaciones las que me arrinconaron contra el suicidio? ¿Las voces? No, gran parte es culpa del mundo a mi alrededor. La discriminación por padecer una enfermedad mental, los gritos burlones por los que he llorado tanto que fueron de la mano con los comentarios mordaces de los que soy centro, y que no puedo medir dado que he perdido la cuenta hace tiempo, de igual forma el no encajar con el modelo de una mujer bella de la sociedad, digna para ser un ángel Victoria Secret* modelando en su pasarela, el rechazo del amor...pero sobretodo, la falta de ese amor por mí misma. No me amo, no me considero bella o inteligente, no considero que pueda hacer algo bien ni que alguien se pueda fijar en esas cualidades que otros ven, pero que, según mi propia percepción, no existen, aunque debo decir que el mundo exterior es cruel también; el mundo se ha llenado de odio y crueldad injustificados. Algunos pueden manejarlo, pero yo no pude hacerlo.

Las alucinaciones me han acompañado toda la vida y aprendí a verlas como mis amigas en ocasiones, pero con el vacío llevo peleando cinco años sin saber cuál es el origen; cinco años posponiendo mi decisión porque soy consciente del dolor que le causaré a mi familia, pero el camino hacia mi propio fin ha empezado realmente una semana atrás. Los minutos se hicieron horas y las horas años.

Los últimos siete días han sido en picada y hasta mis padres notaron que hay algo mal dentro de mí aparte de lo usual, por lo que van y vienen haciendo la misma pregunta ¿Estás bien?

"Bien" es una palabra compleja y de significado muy amplío a pesar de sus escasas cuatro letras. Estaba bien si me refería a la máscara de felicidad reluciente que usaba la mayoría del tiempo, y que cuidaba como un tesoro especial para pretender ante el mundo que mi mente no estaba engañándome cada vez más, pero que finalmente con una grieta justo en la mitad, terminó rompiéndose para que todos vieran la realidad que paciente se agazapa detrás de esta. Una persona rota e infeliz con la vida que lleva.

Mi cabello chorrea mientras estiro una de mis manos hacia el desastre de cristales que hay en mis pies tomando un trozo filoso, para luego erguirme con este entre las manos tratando de tomar una decisión sobre qué haré con mis últimos minutos, pero con una sola pregunta rebotando en las paredes de mi cerebro.

¿Alguien me escuchó realmente alguna vez?

Lo dudo mucho. He pedido auxilio por largo tiempo de todas las formas posibles en aquellos días en los que me era imposible pretender ser feliz y nadie parece querer hacerlo, no me han dado importancia como si solo quisiera llamar la atención del mundo a mi alrededor, porque de ser así, de haber escuchado lo que mi mirada musitaba a gritos -incluso bajo esa apariencia de bienestar- y mis actos mostraban constantemente, aquello que expresé en voz alta en múltiples ocasiones, no hubiera llegado hasta este punto. Lo tengo todo y a la vez no tengo nada, lo material me sobra, pero no me llena y dejé de confiar en que alguien me ayudase. Nadie podía ayudarme.

Aunque ya no hay vuelta atrás porque el "hubiera" no existe.

Aprieto con fuerza el vidrio que sostengo en mi mano hasta que logro hacerme cortes profundos en la palma, porque quiero sentir algo aparte de vacío y aunque la sangre empieza a correr cayendo en gruesas gotas sobre el suelo bajo mis pies mezclándose con el agua, causando que esta tome su escandaloso color escarlata creando rápidamente un charco rojizo, es inútil, no lo siento, como si fuese un fantasma errante que lleva vagando por el mundo largo tiempo.

He llevado en mi corta edad tantas cargas que ya perdí la cuenta, pero todo ha dejado de importar, todo ha perdido sentido, mi futuro, mis aspiraciones, mi familia. Nada fue capaz de detener el salto al vacío que di y que parece no tener fin, teniéndome sostenida a la mitad de la nada y la oscuridad en donde he gritado con todas mis fuerzas por meses, pero nadie me oye, es mi propia voz la que vuelve y ni siquiera existe una sombra que me acompañe, aparte de ellas, de las voces que vienen en todas direcciones, pero que al final, solo se ríen de la chica que es incapaz de aceptar lo que ya no puede cambiar.

Tambaleándome camino por el techo viendo con nitidez cada vez menos. Mi cuerpo parece perder poco a poco cualquier autonomía sobre sí mismo, así que con lo que queda de mi consciencia me siento en posición de loto justo en el borde de la edificación sin saber que estoy buscando en realidad con esta acción, solo sé que cuando no sabía dónde huir del mundo real, siempre iba al techo a observar la vida desarrollándose en la ciudad que me vio nacer, es por eso que lo único que hago es concentrarme de nuevo en eso, quiero en esos últimos minutos, concentrarme en las miles de luces de que están frente a mí y que mi posición privilegiada a más de veinte pisos de altura, me permite apreciar. La lluvia torrencial lejos de aminorar, parece volverse más agresiva mientras la oscuridad corre a raudales por los bordes de mi visión y miles de brillantes puntos frente a mí comienzan una danza sin orden alguno.

Finalmente, mi cuerpo pierde la fuerza y caigo sobre mi espalda teniendo problemas para respirar, admirando el telón oscuro del cielo salpicado por estrellas fieles acompañando a esa luna que siempre me encantó admirar.

Por fin es la hora.

Perdón mamá, perdón papá, pero no resisto más, debo hacer este viaje que no tiene regreso. No fue su culpa, el problema soy yo, siempre he sido yo; por eso he dejado mi carta justo en el centro de mi cama frente a mis ordenados almohadones aclarándoles eso, que fueron los indicados para mí, pero yo no lo fui para ellos.

Mientras mi garganta se cierra y mis pulmones no pueden llenarse de oxígeno sintiendo también que estoy a punto de convulsionar, entiendo claramente que el momento está aquí, que le diré al mundo adiós y cerrando mis ojos escuchando como sigue lloviendo mientras espero la muerte que he estado anhelando como una puerta de salida, solo puedo pensar en una cosa, una sola pregunta se va desvaneciendo:

¿Notarán mi ausencia en sus vidas?

13 Octobre 2020 03:14:11 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

A propos de l’auteur

Alejandra Campo ¡Bienvenido al mundo loco, romántico, dramático, pasional y muchas otras cosas más que habita en mi cabeza! *Me desahogo escribiendo. *Elijo creer en el amor. *La vida se afronta mejor con una sonrisa. *22 años en este bello mundo. *Mi vida está en las letras . *Música, libros y café, es lo que yo quiero siempre tener. Te doy las gracias por anticipado si me das la oportunidad de mostrarte lo que escribo y espero que disfrutes cuando estés leyendo.

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