lucy_mellark Luciana Talavera Duran

Han pasado cinco años desde los Decimos Juegos del Hambre. Coriolanus Snow fue exiliado del Capitolio y reclutado como Agente de Paz en el Distrito Doce, volvió a reunirse con Lucy Gray y se han visto obligados a mantener su relación en secreto por años. Sin embargo, las cosas se complicarán cuando descubran que no solo deben ocultar su relación, sino también a sus hijos.



Fanfiction Livres Tout public.

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PREFACIO

"PÁJAROS CANTORES Y ROSAS"


PREFACIO

Llegó el día más esperado de la semana, luego de cinco años llevando la misma rutina he terminado acostumbrándome a esta nueva vida. El ambiente en la habitación se siente distinto cuando llega este día, por supuesto algunos deben renunciar a su día libre rotativamente para vigilar, pero hoy no es mi día.

Sejanus está preparándose en la litera superior, con el mismo objetivo que yo. Desde hace un año está saliendo con una chica de la zona comerciante. Ella al igual que Lucy ha aceptado tener que mantener la relación en secreto, los padres de ella lo saben también, lo han aceptado y prometido que mantendrían todo en secreto. Después de todo, los Agentes de Paz estamos condenados a vivir veinte años de esta forma. Sejanus y yo hablamos animados de todos los planes inventados que tenemos hoy, pero sabiendo que solo compartiremos el camino juntos hasta el comienzo del bosque.

Muchos deben estar en la misma situación que nosotros, como por ejemplo los dos hombres que comparten las literas a nuestra izquierda, pero por seguridad rara vez hablan de ello.

─¿Estás listo, Coryo?

─Sí, ¿tú?

Tomó mucho tiempo, charlas y entrenamiento, pero ahora se comporta como alguien normal y se adaptó a este castigo que nos impusieron, con el paso de los años, aprendió que debe pensar y medir muy bien lo que hace antes de actuar. Ahora es consciente que cualquier cosa que haga, también puede afectar a sus padres, quienes siguen en el Capitolio, y aunque no tiene una buena relación con su padre, no quiere que su Ma sufra. Sejanus sigue odiando presenciar las ejecuciones, al igual que casi todos, pero ya no lo dice en voz alta como cuando solo tenía dieciocho años. La gente madura con el paso del tiempo, supongo. Si queremos sobrevivir, no tenemos opción.

─Vamos –responde.

Sejanus prácticamente salta desde arriba y aterriza frente a mí, asustándome y haciendo que mi corazón salga de control.

─Lo siento –se disculpa al ver mi rostro.

─¿Será que nunca puedes bajar por la escalera como alguien normal? –me quejo.

─Quien sabe, podría formar parte de un circo… si aún existieran –bromea.

─Deberías preguntarle a algún experto –el Covey era algo parecido en el pasado.

Me levanto de la cama cuando termino de guardar todo.

Tomando el bolso con comida, bebidas y algunos regalos para Lucy y su familia.

─Primero vayamos a la cocina, quiero buscar algo –el día es muy caluroso y suelo llevarle hielo a Lucy en esta época.

Una vez lejos de todo, cruzamos a La Veta.

Pero solo encuentro a las primas de Lucy en la casa. Ellas me dejan entrar. Maude Ivory me abraza al verme y yo le devuelvo el abrazo.

─Tanto tiempo.

Hace dos semanas que no nos vemos.

─Lamento haberme ausentado. Estuve muy ocupado y me tocó hacer guardia el fin de semana pasado, a ambos –explico refiriéndome a Sejanus, quien sonríe cómplice.

Lo hemos pedido así porque cada fin de semana, inventamos una coartada para que no cuestionen que hacemos en nuestros días libres y ambos salimos beneficiados.

─ ¿Dónde está Lucy? –pregunto.

─Se fue a la pradera temprano, no se sentía bien en la mañana y pensó que tomar aire la ayudaría.

Al escuchar eso, me siento en la mesa preocupado y listo para una charla.

─¿No se sentía bien? ¿Qué tiene?

─No sabe, los últimos siente náuseas y apenas come, ha estado tomando un montón de té o medicina natural para aliviar el malestar, incluso unas pastillas, pero no ha mejorado.

Siento una mano en mi hombro cuando cierro los ojos y sé que es Sejanus.

─¿Por eso no ha estado atendiendo en el Quemador?

─¿Has estado yendo?

─Cada día y nadie me ha dicho nada, salvo que se tomó un pequeño descanso.

─Ahora sabes el motivo.

─Podría verla más tarde –propone Sejanus. –Volveré en la noche por ti, Coryo. Y traeré medicina.

─Hagamos eso –acepto.

─Tranquilos, tal vez no sea nada. Un simple desarreglo en la comida, algo consumido en mal estado sin darse cuenta, puede generar malestar y no pasa a mayores.

─Eso es lo extraño, no la hemos visto comer nada fuera de lo normal. Coryo, asegúrate que coma ahora ¿sí? Probablemente se sienta más animada si te ve.

─No te preocupes, la cuidaré.

Saco de la mochila una bolsa y se la doy a ella.

─Para ustedes. Traje carne.

─Prepararemos una increíble cena para cuando vuelvan, entonces –Maude Ivory busca las bolsas correspondientes y las guardas de inmediato en el frezeer.

Lucy no quiere aceptar mi dinero, por eso suelo comprar ya las cosas para luego dárselas. Con ayuda de Sejanus y los chicos del Covey hemos hecho mejoras en la casa, e incluso pude comprar una heladera nueva para ellos cuando ésta dejó de funcionar definitivamente. Me preocupaba que se intoxicaran por no poder refrigerar alimentos de forma adecuada. Tal vez no podía ofrecerle a Lucy una relación normal, pero me esforcé por hacer todo lo posible por ella y los suyos en este tiempo. Después de todo, Lucy es la única que me mantiene con los pies en la tierra.

─Nos debemos ir, Coryo. Nos están esperando.

─Claro.

Me preocupa también que Lucy esté sola ahora luego de escuchar a su prima.

─Hasta más tarde, chicas.

Sejanus se detiene en la entrada del bosque, desde nuestra posición podemos ver a su novia, una chica alta, rubia de ojos azules, esperándolo unos metros más lejos, sin embargo ella solo nos observa, esperando que él se acerque primero y dándonos tiempo para hablar y despedirnos.

─Hasta aquí llegamos.

─Nos vemos en la noche.

─Por supuesto.

─Sí Lucy…

─Depende como la vea, decidiremos que hacer. Por ahora, toma esto –me tiende un pequeño frasco de pastillas que mantenía en el bolsillo. –Es para simples dolores estomacales, como aparentemente no ha comido bien, pídele que lo haga antes de dársela.

Asiento.

Lo despido y me dirijo a la pradera, nuestro habitual punto de encuentro.

Me he vuelto más silencioso con el paso del tiempo, tanto que ahora Lucy Gray no me siente llegar hasta que estoy solo a unos metros de ella. Me quedo detrás de ella admirándola mientras la escucho cantar y tocar su guitarra. Sin embargo, hay algo extraño, su voz suena más débil de lo habitual, triste y la noto temblar. Mi quito la chaqueta y la dejó sobre sus hombros. Su vestido es muy fino incluso con las mangas semi largas del mismo, debe tener frío estando en la sombra del árbol.

─Ya te dije que debes tener algo más para usar a mano, incluso si el clima parece agradable. Por suerte, siempre traigo abrigo extra para ti.

Lucy reprime un grito y me siento a su lado, nos miramos por primera vez el uno al otro.

─¿Me estabas esperando?

─Deseaba que vinieras. Te necesitaba.

Algo anda mal.

─Te eché de menos esta semana, no te encontré en ningún lado y tampoco cantaron para nosotros.

─Sí, lo siento. No me he sentido muy bien estos días y ellos no quisieron presentarse a cantar sin mí por cuidarme.

Habitualmente nos vemos todos los días en mi hora libre, como un cliente frecuente. Y hay días en los que tenemos la oportunidad de vernos a solas debido a la poca gente que se encuentra en esos momentos. El pequeño restaurante que abrió el Covey en El Quemador, no solo implica tener una fuente de ingreso extra para ellos, también nos da una excusa para vernos todos los días un rato. Lucy siempre se asegura de estar en los horarios que sabe que voy y construyeron una zona apartada, un salón privado, que yo y Sejanus solemos ocupar, para estar fuera de la vista de los demás.

Pero esta semana no la he visto ni un solo día. Finjo que no sé nada.

─¿Y ahora cómo te sientes?

Ella no contesta, en su lugar me abraza y yo la acuno en mi regazo.

Hay días que lo primero que hacemos al saludarnos es abrazarnos y besarnos. Pero siento que hoy solo debo cuidarla y protegerla. Ella no solo luce débil, también desanimada.

─¿Estás molesta porque la semana pasada no pudimos vernos? ¿Me estabas evitando?

─No, entiendo que no siempre podrás estar conmigo por tus compromisos.

Su comentario me genera cierta culpa.

─Soy un pésimo novio –comento.

─Todos los Agentes de Paz lo son, si aplicamos el mismo criterio.

─Probablemente, tengas razón –me río.

─Pero eres mi perfecto pésimo novio –bromea. –Podría ser peor, podrías haberme dejado hace mucho tiempo para no arriesgarte, aún así sigues haciendo sacrificios por mí como en el Capitolio.

─Te amo, Lucy Gray. Ni siquiera pienses que sería capaz de abandonarte, porque no pasará. Espero que me tengas paciencia por unos quince años más.

─Te esperaría toda la vida. ¿Qué sucederá después?

─Aún no sé, tú eres todo lo que tengo. Me quedare contigo si me lo permites. No puedo volver al Capitolio, ya sabes.

─Una lástima… por Tigris y Madame.

Ser exiliado del Capitolio fue un gran golpe para mí, pero tener que dejar a mi familia detrás, con todos los recuerdos y los problemas que teníamos en ese tiempo, fue lo que más me dolió. El poder ayudarlas económicamente es mi forma de redimirme con ellas.

─Pero recuerda que la beca sigue vigente para mí, el padre de Sejanus se aseguró de ello.

─¿Y qué harás?

─Cuando esté finalizando mi servicio como Agente de Paz, estudiaré a distancia. Algo relacionado con la actividad principal del distrito o administrativa y que pueda ser de utilidad aquí. Y cuando estas largas dos décadas acaben…

─Podremos estar juntos sin ocultarlo, sin miedo a ser descubiertos.

─Podríamos casarnos y formar una familia –agrego.

Lucy sonríe.

─Suena bien.

─Hablando de familia, Tigris te escribió una carta y te envió un regalo que escogió junto a Madame y algo más. ¿Quieres verlo ahora?

Tal vez la anime un poco y le arranque alguna sonrisa. Tomo el bolso con mi mano libre y una bolsa de cartón. Tigris envió el vestido en una caja, pero si lo traía de esa forma iba a ser muy sospechoso por el tamaño.

Ella abre la bolsa y saca una caja de una joyería y la abre, adentro hay un collar de plata con flores en distintos colores. Lucy sonríe al verlo.

─Eso fue comprado y escogido por ellas –explico.

─Es hermoso.

─Deja que te lo ponga.

Lo quito de la caja y ella sujeta su cabello para que pueda engancharlo por detrás.

─Listo.

El conjunto de flores metálicas adorna hermosamente su cuello.

─Va contigo –le digo. A Lucy le encantan las flores, sobre todo las de la pradera.

Lucy se dedica a examinar el otro regalo sin abandonar mi regazo.

─Tigris –murmura.

─Sí, lo hizo ella especialmente para ti.

El vestido sin mangas en tonos azules y violetas, es ajustado de la cintura para arriba, pero la falda es suelta y de gasa en dos tonos diferentes, lo que le daría libertad a Lucy para moverse mientras baila, tiene detalles de flores y hojas en la parte superior.

Tigris ahora es modista y está ganando bastante popularidad en la tienda de ropa en la que trabaja. Poco a poco ha podido abrirse camino y dedicarse a lo que siempre deseó.

─Ella pensó que podías usarlo para tus presentaciones.

Sonríe en respuesta y me mira.

─Te quedará precioso –le digo. –Definitivamente, quiero verte ese vestido puesto.

─La próxima semana –promete. –Si le escribes a tu prima, dile que se lo agradezco y que me encantó. De todas formas, le escribiré una carta como agradecimiento y responderé la suya, ¿puedes entregársela?

─Cuando quieras. ¿Volverás al restaurante en estos días?

─Si me siento mejor, sí.

Veo que vuelve a guardar el vestido y la caja vacía en la bolsa.

─Me lo probaré en casa –comenta. –Pero Tigris ya sabe mis medidas, seguro lo hizo bien.

Apoyo mi espalda en el tronco del árbol y permito que se recueste en sobre mi pecho.

─¿No tienes algo más para decirme?

─No quiero pensar, Coryo. En nada. Solo disfrutemos nuestro día juntos. ¿Quieres ir al lago?

─Lucy Gray –tomo su rostro entre mis manos. –Acordamos que no habrían secretos entre nosotros.

No creo que una caminata de una o dos horas sea buena para ella hoy.

─Te lo diré, pero no quiero arruinar nuestra cita antes de tiempo. Solo ignórame, por ahora, por favor –ruega.

Aleja mis manos de su rostro y se pone de pie. Su reticencia a estar cerca mí ahora mismo, solo me da otra señal para darme cuenta que algo anda mal y no quiere preocuparme.

─Sabes que te amo –dice.

─Y yo a ti, pero ¿por qué lo traes a colación ahora?

─Por nada puntual –cierra los ojos y puedo notar sus ojeras y lo pálida que está. Rápidamente me pongo de pie para sostenerla, porque por un momento pienso que se desmayara. –Simplemente no fue una buena semana para mí, Coriolanus.

─¿Te sientes débil?

─Sí, cuando cambio de posición o me muevo de repente, me siento mareada.

─Ven, siéntate nuevamente. Comerás algo y beberás líquido. Una vez que te sientas mejor, prometo acompañarte donde quieras, pero hoy no iremos al lago.

─No…

─Déjame cuidarte –le pido. Ella acepta y se sienta sobre la hierba, apoyada en el árbol.

Con el agua de una botella le humedezco el rostro y el cabello y ella suspira aliviada.

Le paso la bolsa con el hielo ahora casi derretido, corta una punta con sus uñas y bebe sin parar hasta sentirse satisfecha o aliviada, luego el mismo contenido liquido, lo hecho en la botella vacía y se la entrego. Ella empieza a tomar con calma sorbo a sorbo.

Posiblemente no sea conveniente que le ofrezca algo demasiado pesado, si luego lo va a vomita. Tomo un paquete galletas saladas nutritivas, lo abro y le entrego una, estoy seguro que cualquier otra cosa me la rechazará.

Lucy hace una mueca de asco al acercársela a la boca.

Náuseas.

─Tienes que comer, Lucy.

Ella abre los ojos y me mira con curiosidad.

─Pasé por tu casa, sé todo.

─¿Qué sabes? –pregunta asustada.

─De tus mareos, el dolor, las náuseas y tus vómitos. No tiene sentido que me lo ocultes. Pero será peor si no te alimentas.

Puedo notar que ha bajado de peso solo con verla, sin duda por la falta de alimento y todo lo que habrá eliminado.

─Ahora respóndeme con sinceridad ¿Cuánto tiempo llevas sintiéndote así?

─Tres semanas. Antes no le di importancia porque era ocasional. Sin embargo, en la última semana se ha vuelto más frecuente y permanente. Tengo miedo, Coryo –empieza a comer con lentitud la galleta, me alegra que al menos este probando bocados.

Ahora yo soy el que tiene miedo, ¿qué le está pasando?

Beso sus labios unos segundos, sin esperar respuesta de su parte, solo para calmarla.

─No lo tengas, estoy contigo –murmuro. –Sejanus te verá hoy durante la cena ¿de acuerdo? Él sabrá que hacer, o que darte para aliviar tus molestias.

─¿No has ido a la sala a controlarte?

─Sí, hace ocho días. Pero dijeron que simplemente era dolor estomacal y me dieron medicación común, porque consideraron que no era nada fuera de lo normal. No me sentía tan mal en ese momento… no como ahora.

─Ve de vuelta, parece ser algo más serio.

Ojalá pudiera llevarla yo mismo a control. Hubiera deseado también haber estado el fin de semana pasado para ella cuando se sentía peor.

─No, solo quiero que me vea Sejanus. Nadie más.

─Pero, Lucy… Sejanus es prácticamente un principiante, no podrá hacerte estudios tan complejos, porque no se lo permiten. Si es algo más…

Veo que empieza a derramar lágrimas y solo la abrazo esperando calmar sus sollozos.

─No llores –siento que se aferra con fuerza a mi espalda en cuanto lo digo.

─Perdón –dice.

¿Se disculpa por mostrarse débil frente a mí, por “arruinar” nuestro día? No entiendo.

─Soy una tonta –continua. –Esto está mal. Si es como yo creo, tendremos problemas y lo lamentaré tanto. Si te hacen algo por mi culpa, yo… –no logra continuar y rompe en llanto con su rostro en mi pecho, humedeciendo la tela de mi camisa.

Me limito a acariciar su espalda y su cabello, y mientras lo hago, pienso analizo sus palabras, los particulares síntomas, su propio miedo y la negativa a que la vea cualquier otro enfermero, doctor, o Agente de Paz. Y entonces caigo. Vienen recuerdos a mi mente de mi madre cuando descubrió que estaba embarazada, incluso las lecciones de medicina básicas que nos dan cada cierto tiempo para poder asistir a las personas que lo necesiten, y todo lo que he escuchado de Sejanus mientras estudiaba. Mis ojos se cierran y entierro mi rostro entre su cuello y hombro asustado al igual que ella.

Hay dos cosas que los Agentes de Paz tenemos estrictamente prohibido, pero solo una sería capaz de perjudicarnos… tener hijos mientras estamos en servicio. Y eso es precisamente lo que creo que está perturbándola.

─Dime que no es cierto, Lucy.

No recibo respuesta y eso me altera aún más.

─¿Cuánto tiempo?

─No… sé, no lo sé, Coryo. Pero todo apunta a…

─Un embarazo –interrumpo. –¿Qué tan segura estás?

─Casi en su totalidad –confiesa apenada. –Lo siento.

De ser así, estaremos en serios problemas.

─Yo también lo siento –me disculpo por la posibilidad de haberla involucrado conmigo a un nivel mucho más profundo.

No sé cuándo sucedió considerando que siempre tomamos precauciones, pero Lucy no es la única responsable, esto lo hicimos juntos.

─Estaremos bien –trato de tranquilizarla. –Encontraremos una solución.

Pero incluso aunque digo eso, ella sigue llorando y permito que pueda descargarse tanto como necesite, mientras yo sigo tratando de asimilarlo y mantenerme fuerte por ella; lo que resulta complicado escuchándola y viéndola tan angustiada por la situación.

26 Septembre 2020 00:37:10 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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