phoenix-draganov21 Phoenix Draganov

¿Qué pensarías si te dijera que todas las criaturas de los cuentos de fantasía son reales? ¿Dirías que es una locura? Puede que lo sea. Los humanos condenaron y persiguieron a cada ser mágico en la tierra, orillándolos a recluirse en un nuevo mundo: Zanycar. Todo empieza con la creación de una secta para exterminar a los seres mágicos y el nacimiento de criaturas repudiadas por todos; hasta los de su mundo. Nieta de dos de los hombres más influyentes y temidos de Zanycar, forzada a vivir con el rechazo y temor de más de uno desde su nacimiento: al igual que sus hermanos. Miles de años después, todo lo que conoce se ve afectado cuando una guerra inminente se aproxima, dejando a la vista traiciones y secretos. Ella tendrá que dejar atrás sus convicciones, pero... ¿Los humanos valen realmente ese sacrificio? ¿O siguen siendo los mismos seres despreciables?


Fantaisie Fantaisie urbaine Interdit aux moins de 18 ans.

#brujos #vampiros #licantropos #híbridos
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Prefacio

Dacia, año 442 A.C


La muchedumbre enardecida se aglomeraba en la plaza principal de un pequeño pueblo en Dacia. En el centro de todo el gentío se hallaba un necrófago: una criatura antropomorfa con apariencia cadavérica, piel podrida que lograba olerse a la distancia y, grandes y filosas garras.


Los pueblerinos habían encontrado a la criatura comiendo el cadáver de una pobre mujer. Todos armados con tridentes y palos arrinconaron al ser, solo unos cuantos contaban con verdaderas armas. Querían matarlo, pero eran ignorantes en el arte de asesinar monstruos. Los hombres más fuertes repartían violentos golpes en el esquelético cuerpo. La criatura cambiaba de forma constantemente, intentando distraer a sus captores, pero no servía de nada; sus grandes pezuñas de camello le impedían pasar desapercibido. A lo lejos una pareja presenciaba todo el alboroto desde la ventana de una maltratada choza.


Ioannes Dracul permanecía cauteloso de las acciones de los humanos mientras su joven esposa, Korinna Van Helsing, acariciaba su prominente barriga de embarazo para tranquilizar al bebé. Llevaban huyendo de sus padres desde que se enteraron del embarazo de la joven: para sus padres era una aberración la unión de sus descendientes, pero ninguno pudo evitar que se enamoraran. Korinna estaba a días de aliviarse, y la persecución de sus progenitores solo empeoraba las cosas. Habían llegado al pequeño pueblo hace una semana, Ioannes se encargó de hipnotizar a un viejo pueblerino para que les prestará la cabaña que ahora habitaban.


Solo requerían un lugar en que su mujer pudiera descansar y tener al pequeño retoño. Para todos fue nueva la presencia de tres hombres con chaquetas de cuero; el que parecía ser el líder portaba una gran barba canosa con orgullo y un gracioso bigote que terminaba en punta de cada extremo. A su lado izquierdo se localizaba un apuesto joven de piel bronceada y ojos negros con un pequeño lunar en la comisura del labio. Por último, permanecía en guardia un hombre de piel reseca y el cabello castaño recogido en una cola. Aquellos hombres no le transmitían ni un gramo de confianza a Ioannes. Los recién llegados se paseaban entre la gente, examinándolos minuciosamente hasta que su vista capto a la extraña criatura en el centro. El trío empuño sus afiladas espadas amenazando con rebanar al ser.


— ¿Quiénes son ustedes? —preguntó un hombre con el cabello sucio de tanto trabajar en la tierra que les proveía de alimentos.


—El grandote es Agathon, —apuntó el líder al hombre de coleta —el joven es Dareios y yo soy Heron. Formamos parte de la Cónclave de los Venatorum y nos encargamos de matar bestias como esta. —finalizó con una sonrisa ladina, mostrando sus dientes de un tono amarillento por la poca higiene de la época.


El necrófago desesperado tiró un zarpazo en su dirección, desencadenando que Heron le cortara la mano. La criatura lanzó un chillido tan agudo que todos los presentes se taparon los oídos con dolor.


—Nunca escuchamos de ustedes. —parloteó una mujer robusta con el miedo palpable en su voz.


—Apenas nos estamos estableciendo, querida. —dijo Agathon, sin dejar de apuntar al necrófago. Ioannes al ver la escena se giró a su esposa con celeridad.


—Tenemos que irnos, ahora. —La ayudó a levantarse con ternura para no lastimarla a ella y su hijo.


— ¿Qué sucede? ¿Qué le están haciendo al necrófago? —preguntó la mujer entre susurros, extrañada por la actitud de su marido.


—Hay cazadores afuera… Van a matarlo. —Con todo el sigilo posible para que los humanos presentes no se fijaran en su presencia, salieron por la puerta trasera de la choza. La mayoría de las cabañas contaban con una puerta igual, por si los habitantes debían huir con rapidez: los ladrones llegaban a ser violentos si se lo proponían.


A diferencia de los humanos, el necrófago sí que notó su silenciosa salida. Eran criaturas sobrenaturales como él, creía que si escapaba con ellos estaría a salvo. Atormentado, empujó a Dareios, abriéndose paso entre la multitud; encajando garras aquí y allá, matando a unos cuantos en el proceso. Lamentablemente no contaba con que el líder del reducido grupo de cazadores prendiera fuego a la filosa espada; antes de que el necrófago lograra perderse entre los frondosos matorrales, Heron apuntó a su cráneo lanzando la espada, matando al ser instantáneamente.


Una gran sonrisa triunfante apareció en su bien cuidado rostro y con pasos elegantes se dirigió al cadáver para recoger la espada, sin embargo, al extraerla del putrefacto cuerpo pudo apreciar las apresuradas pisadas que se sumergían en la profundidad del bosque. Con una seña les habló a los cazadores restantes, indicándoles las recientes huellas. Mientras los cazadores se encargaban de quemar el cuerpo del necrófago, el joven matrimonio huía lo más rápido que el embarazo de Korinna les permitía. Se hallaban lo bastante lejos del pueblo como ver que los cazadores seguían su andar. Un fuerte dolor en la zona pélvica de la castaña apareció; Ioannes llevaba en brazos a la mujer, pero al escuchar sus leves quejidos y sentir sus brazos mojados, detuvo su caminar.


— ¿Qué pasa, mi amor? —Con cuidado colocó a la mujer de ojos verde en el suelo, examinando con detenimiento cada parte de su cuerpo, buscando la causa de su dolencia.


—El bebé ya viene. —murmuró apenas, el dolor se iba incrementando conforme pasaban los segundos. El rubio hombre pudo sentir como una ligera corriente paso por su espina dorsal. Se posicionó al lado de su esposa, sosteniendo su mano con delicadeza mientras la castaña apretaba su mano con fuerza.


Los de la Conclave siguieron las pisadas durante dos horas por el frondoso bosque, no se detuvieron hasta que escucharon los gritos de dolor siendo sofocados. Los tres hombres se miraron y emprendieron marcha acelerados, cuál fue su sorpresa al ver a Korinna a punto de dar a luz. El ojiazul no notó la presencia de los hombres por estar más al pendiente de ayudar a su mujer que soltaba pequeñas lágrimas de dolor y empezaba a sudar. Uno de ellos pisó con fuerza una pequeña rama en el suelo, llamando la atención del vampiro y la licántropa. El Dracul se giró violentamente a los hombres, sus ojos se volvieron negros dejando solamente su iris de un color naranja. Los humanos desenfundaron sus espadas, preparados para atacar al vampiro.


Korinna intentó pararse del húmedo suelo del bosque para ayudar a su esposo, pero otra contracción la obligó a permanecer en el suelo. Dareios procuró acercarse a ella, aprovechando la distracción del vampiro, quien peleaba con sus compañeros; mataría esa cosa que tenía en el vientre junto con su progenitora. Dracul se percató de sus intenciones, acercándose a él después de golpear fuertemente a los dos cazadores en el rostro y estómago, respectivamente. Tomó al más joven por la espalda y lo lanzó contra el troncó de un árbol, aturdiéndolo por el momento. Los gritos de dolor de su mujer lo ponían ansioso por no estar a su lado, ayudándola. Agathon al ver como lanzaban al apuesto chico se encolerizo, del bolsillo de su chaqueta sacó un pequeño frasco con un líquido lila. Sin soltar la espada, abrió el frasco con los dientes mientras repartía violentas estocadas, lanzando el contenido del frasco al rubio vampiro. Ioannes sintió como sus ojos ardían y la piel de su cara se quemaba en consecuencia del líquido. Restregó sus manos en sus sobrenaturales ojos, pero fue en vano, estaba momentáneamente ciego. Los cazadores no perdieron el tiempo y le incrustaron sus armas en el pecho, aunque no lo mato como ellos esperaban. El más chico de los cazadores volvió a aproximarse, cojeando, a la adolorida licántropa. Justó cuando iba a apuñalar su vientre, los gritos de sus compañeros se escucharon.


Se giró confundido, viendo como Heron era empalado de la boca al estómago por su propia espada, y Agathon era mordido en el cuello con violencia, manchando toda la cara de Ioannes. Korinna aprovechó que el chico estaba paralizado por la escena y con las pocas fuerzas que le quedaban, le arrebató el arma al último cazador introduciéndola en su cabeza, haciendo que el filoso extremo saliera por su boca, matándolo. Se dejó caer al suelo agotada por el esfuerzo, su rubio esposo se acercó en un segundo, ayudándola a pujar y trayendo al mundo a su primogénito, Tielo. Que con el pasar de los años su nombre cambió a Derek, volviéndose el único híbrido de vampiro y licántropo, o al menos hasta que años después nacieron sus hermanos.


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La historia contendrá escenas explicitas y violentas, así como también temas relacionados a la religión. Todo sin el afán de ofender, crear morbo y normalizar los actos violentos. La edad del Conde Drácula ha sido modificada con el fin de seguir el orden de la trama. Si eres una persona sensible te pido de la manera más amable que te abstengas de leerlo.

20 Septembre 2020 05:09:43 1 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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September 28, 2020, 22:40
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