srta-kaotica Srta. Kaótica

Todo comenzó cuando despertó sumergida en un gran tanque de líquido. Ella no sabe quien es, no recuerda su nombre y tampoco dónde se encuentra... su mente está totalmente limpia de cualquier recuerdo que hubiera podido guardar. La única pista, cinco extraños numeros tatuados en la piel de los llamados Aleados, entre los cuales, ella se ve involucrada. Un mundo destruido. Un gran secreto silenciado. Un amor olvidado. La revolución contra la Cúpula ha empezado, puedes luchar por la libertad o renunciar a ella. Tú decides.



Science fiction Dystopie Déconseillé aux moins de 13 ans. © Todos los derechos reservados

#suspense #amor #hermanos #distopia #rebelión
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Prólogo

Oscuridad. Ingravidez. Sensación de asfixia. Miedo. Sonidos entremezclados.

Eso fue lo que me despertó.

Mi primer recuerdo fue abrir los ojos al notar como el aire había dejado de llegar a los pulmones, todo estaba borroso a mi alrededor, mis movimientos eran demasiado lentos, hasta que me di cuenta de cuál era el motivo. Estaba dentro de un gran tanque de líquido, conectada a cables que subían hacia la parte superior y una máscara que me enfundaba la boca y la nariz, la cual había dejado de funcionar.

Escuchaba una voz masculina, creo que provenía de un chico joven que gritaba desde fuera cosas que no lograba entender. Conseguía ver su silueta moverse de una punta a otra de la sala a través de mi cristal, muy nervioso.

Volví a la realidad de inmediato al sentir el último soplo de oxígeno desvanecerse, y de nuevo lo recordé, me estaba ahogando.

Inconscientemente coloqué las manos sobre el cristal, buscando cualquier forma de escapar, golpeándolo con las palmas de mis manos con todas las fuerzas que fui capaz de reunir, buscando la forma de hacerle saber a aquel chico que yo estaba ahí...

La silueta corrió hacia mi tanque, colocándose enfrente de él y comenzando a golpearlo enérgicamente con algo metálico una y otra vez, soltando maldiciones y gruñidos de rabia al probar la resistencia del cristal.

-¡AGUANTA!

Pero yo seguía ahí, ahogándome, arremetiendo contra él como podía, con las manos, con los puños y las piernas cada vez más rápido, llena de pánico, sintiendo que mi cabeza iba a explotar en cualquier momento y ese cosquilleo se hacía más intenso en el estómago.

"Concéntrate, aguanta un poco más" escuché claramente. Fue como si todo el líquido que me rodeaba nunca hubiese estado ahí, como si alguien me lo hubiera susurrado desde dentro de aquel lugar.

El cristal que me contenía, impoluto, liso, duro, de pronto había dibujado una serie de confusas imágenes zigzagueantes bajo las palmas de mis manos.

Por fin estaba cediendo y podía escucharlo resquebrajarse.

"¡Vamos, apártate!" volví a oír antes de impulsarme al fondo y chocar con la pared. El chico había propinado un último golpe justo en aquel momento, rompiendo mi prisión y saliendo yo despedida junto con el líquido al suelo.

Caí como un peso muerto, tomando una gran bocanada de aire, todo mi cuerpo estaba bañado por ese desconocido fluido que parecía no despedir ningún tipo de aroma. Lo primero que oí fuera fue el retumbar de una sirena de alarma cada vez más intensa sonando dentro de mi cabeza, todo se movía a mi alrededor y me costaba acostumbrarme a la repentina luz que ahora había en la habitación.

-¿Estás bien? -escuché, la voz del chico que ahora me miraba e intentaba ayudarme a levantarme se había convertido en un grito lejano que se repetía como un eco-¡Tienes que levantarte! ¿me oyes? ¡Arriba!

De golpe todos mis sentidos salieron de su entumecimiento. El chico pasó uno de mis brazos alrededor de su cuello y me ayudó a ponerme en pie, sujetándome de la cintura con el otro que le quedaba libre y llevándome al fondo de la habitación.

-¿Dónde estamos...? -conseguí decir con un hilo de voz-.

El moreno no me contestó, se limitó a pasar una tarjeta de identificación por la ranura situada a un lado de la puerta mecánica, después ésta se abrió emitiendo un pequeño chirrido.

A nuestras espaldas, no muy lejos de allí se escuchaban las voces de varios hombres gritando a pleno pulmón: "¡ABRID ESA PUERTA! ¡ABRIDLA YA!" seguido de varios golpes que tenían poco o nada de delicados.

-Vamos...-murmuró entrando a la habitación-.

Una vez los dos estuvimos dentro y las puertas volvieron a cerrarse, el extraño chico comenzó a golpear tanto la ranura como la diminuta pantalla que había justo encima de ella, provocando un cortocircuito que bloqueó la puerta.

Yo solo miraba sentada a un lado, no dije nada, de hecho, creo que ni siquiera podía hablar en ese momento.

Estaba titiritando, me temblaba el labio y aún seguía empapada de aquel líquido que me calaba hasta los huesos. Fue en ese momento cuando me percaté de que lo único con lo que estaba vestida era un traje semielástico, como el de un buceador y éste terminaba justo donde empezaban mis tobillos.

Al darse la vuelta aquel chico me encontró encogida en un rincón, abrazándome las rodillas para tratar de retener el calor, totalmente abrumada y confundida.

-No tardarán mucho en volver...-contestó entre jadeos acercándose a mí, levanté la vista hacia él temerosa, si hubiera habido más espacio entre mi espalda y la pared, me hubiera echado aún más atrás-.

Se detuvo al ver la expresión en mi rostro, suspiró pesadamente y luego dio media vuelta. Desapareció durante unos minutos de mi vista y al poco tiempo regresó con algo en las manos. Ropa.

No supe de dónde la había sacado, pero tampoco me atreví a preguntar.

-Póntela-dijo afable, colocándola en el suelo delante de mí- No es que sea demasiado femenina, pero es mejor que eso mojado que llevas puesto.

Los dos intercambiamos una mirada, esbozando la sombra de una sonrisa. A continuación, se levantó, dándome la espalda y cruzándose de brazos.

Aproveché esos momentos para ponerme la camiseta, los pantalones y las botas que había traído y dejar a un lado el traje que antes llevaba.

-Rápido

Observé por un segundo la zona interna de mi brazo: 74180.

Esos números estaban tatuados en mi piel.

Tomé una pequeña bocanada de aire, acariciando el contorno de aquellos números levemente y después me coloqué la chaqueta que, para mi sorpresa calentaba bastante más de lo que me esperaba.

-Los has visto, ¿verdad? -preguntó sin girarse, rompiendo el silencio de la sala-Los números de tu antebrazo.

-¿Qué significan? -susurré retirando un mechón de pelo de la cara-.

Se dio la vuelta hacia mí y se emangó su brazo derecho: 71603

-No lo sé... pero no eres la única a la que han marcado-volvió a cubrirlo con la manga de su camiseta-Dime, ¿cómo te llamas?

Tragué saliva, negando con la cabeza.

-No lo sé...-respondí mordiendo mi labio, creo que suelo hacerlo cuando estoy nerviosa-No, no... no me acuerdo, no me acuerdo de nada.

-A todo el mundo le pasa, tranquila-explicó con calma-Suelen recordar sus nombres un par de días después. No te presiones, si tienes un nombre acabarás recordándolo tarde o temprano -me tendió la mano-Mientras tanto, puedes llamarme Henry.

Yo solo la sujeté y agité un par de veces, no muy convencida.

-¿Qué es este sitio? -inquirí deshaciendo el saludo-.

Un gran estruendo hizo añicos el único momento de tranquilidad que habían tenido desde entonces, los dos nos giramos de golpe hacia la puerta. La entrada de la sala contigua había sido abierta a la fuerza y las pisadas y gritos de varios hombres armados la habían inundado.

-¿¡Dónde está!? ¡¡Registrad la habitación entera!! ¡Encontradlos!

Henry me indicó que no hiciera ruido, colocándose un dedo en los labios y retrocediendo un par de pasos al notar como varias personas se aproximaban a nuestra posición, al otro lado del mecanismo.

Obedecí.

-Señor, mire esto.

Hubo un momento de silencio, las voces de aquellos hombres se habían detenido, sentía el palpitar de mi corazón en las sienes y se me había hecho un nudo en la garganta. Henry tampoco parecía demasiado tranquilo, al contrario, era la viva imagen de alguien a punto de saltar, y no dejaba de humedecer los labios.

Nuestras respiraciones se habían acelerado, nuestras miradas no apartaban la vista de la puerta metálica y esa sensación de opresión en el pecho había vuelto a hacerse presente.

De pronto, un fuerte golpe se precipitó, y yo, incapaz de evitarlo, ahogué un grito al tiempo que me ponía las manos en la boca horrorizada, tirando uno de los recipientes de cristal que había en las albinas mesas y haciéndolo pedazos una vez chocó contra el suelo.

Miré a Henry con los ojos muy abiertos. Me habían oído.

-¡ESTÁN AQUÍ!

-¡VÁMONOS! -exclamó él agarrándome fuerte de la muñeca y tirando de ella hacia el fondo de la sala- ¡CORRE, CORREEE!

-¡CUBRID TODAS LAS SALIDAS DE ESTE NIVEL! ¡ATRAPAD AL LADRÓN Y LA CHICA!

8 Septembre 2020 12:42:55 2 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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Luis Vaca Luis Vaca
bastante interesante
January 10, 2021, 20:32
Srta. Kaótica Srta. Kaótica
¡EMPEZAMOS, REBELDES!
October 07, 2020, 11:46
~

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