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Nicola Marchese


Tiempo atrás se la hubiera considerado una de las más bonitas del mundo. Pero ahora la ceniza del volcán la tapa de la luz del sol, volviéndola un simple recuerdo de lo que era. Un temible enemigo se esconde entre sus edificios, el peligro acecha. Nath y Karima llegarán y se encontrarán con un nuevo objetivo: cazar al culpable de todo.


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Prólogo

Ceniza. Eso es todo lo que hay en el mundo. Los árboles son ceniza, los animales son ceniza y las casas son ceniza. También las personas son ceniza. Puede que no en un cierto momento, pero no hay duda alguna que algún día se convertirán en ella. Nadie puede hacer nada para cambiarlo. Es un problema que no tiene solución. Todo empieza y acaba en ceniza. Y es así porqué todo está vivo en un principio. La vida es lo que da la oportunidad de cambiar las cosas, la oportunidad de enfrentarse a un destino propio. Pero de la misma manera que la vida se puede entregar, también se puede arrebatar. Todo aquello que vive, muere. Es entonces cuando aparece la ceniza, tan oscura y polvorienta. Antes o después devuelve todo a un simple cúmulo de polvo. O al menos, a todo menos a Lezio.

La ceniza caía a los lados de las dos siluetas hasta alcanzar el suelo. Los baches en la roca eran cubiertos por cada vez más capas de ese polvo negro, mientras que en los lugares en que no había imperfección alguna simplemente empezaba a formar montículos. Formaban pequeños valles donde pequeños ríos podrían haber pasado. Pero eran ceniza, al fin y al cabo. El cielo estaba totalmente cubierto por negras nubes que se extendían hasta el horizonte. Parecían salir de una de las montañas de las cercanías. No era difícil de ver si levantabas lo suficiente la cabeza. Esas nubes eran las que traían el polvo negro a las calles de ésa ciudad.

La poca luz que alcanzaba a la superficie no venía del sol, llevaba ya un tiempo oculto tras esas nubes. El fuego se levantaba frente a los vehículos abandonados por sus propietarios. Algún que otro cadáver se amontonaba entre otros materiales para formar una hoguera de escombros. Esas llamas, perdidas por las calles, eran ya las únicas que iluminaban los rostros de esos dos hombres.

Había sido una pelea muy intensa, puede que demasiado. Gran parte de la ciudad estaba en ruinas o sumida bajo montañas de ceniza. Ambos habían tenido que recurrir a gran parte de su fuerza. Pero el rostro de Lezio era el único que no habría mostrado nada en esa situación. El hombre frente a él se tambaleaba. Había recibido muchos daños. Demasiados. Finalmente cayó, y de un tumbo, marcó el final de la pelea. Lezio se dejó caer sobre sus rodillas. Necesitaba recuperar el aliento gastado durante esos momentos de batalla. Marcas oscuras cubrían su cara, mostrando donde había caído más ceniza entre golpe y golpe.

Había sido una victoria. Finalmente habían arrebatado la ciudad a la Flota. La última ciudad que se resistía a su conquista. Ya podría dejar que su ejército descansase. Él consiguió levantarse. Las fuerzas que le quedaban eran pocas, pero fueron suficientes para volver a alzarse. Se miró alrededor. La visión era espeluznante. Detritos caían de las fachadas de los edificios esparciendo aún más la ceniza, que seguía cayendo sin descanso. La calle bajaba hasta el mar, no era demasiado ancha. El mar estaba rojo, iluminado por la lava emergente del volcán. Si Lezio hubiera tenido elección definitivamente hubiera rechazado la opción de luchar en ese estrecho pasillo de escombros. Pero un soldado debe adaptarse al campo de batalla cuando la situación lo requiere. Aunque en esa zona la fuerza de los ataques se había reducido drásticamente, cráteres marcaban el lugar donde se habían dado los golpes más duros durante la batalla. O puede que hubiera sido alguno de sus generales. No lo sabía con certeza. En ese momento no hubiera sabido decirlo. Necesitaba recuperar energías.

La ciudad había quedado irreconocible. Hasta el punto que parecía pertinente preguntarse sobre si realmente se trataba de un éxito. Muchos civiles habían muerto. A Lezio no le enorgullecía. Necesitarían reconstruir edificios, infraestructuras, calles y por supuesto familias. Las lágrimas del hombre eran unas lágrimas confusas. No podía evitar la tristeza de ver aquella hermosa ciudad reducida a ése estado. Recurrir a la fuerza del volcán había sido un movimiento de desesperación. Su fuerza aún corría por las venas del hombre. Pero tampoco podía evitar la alegría, pues recuperar esas tierras había sido uno de los sueños más importantes del pueblo de Lezio, que había sido reducido a una simple provincia durante el control de la flota. Él, como su líder, se sentía orgulloso de haber podido dirigir aquella avanzada contra el control que la Flota tenía sobre ellos. Mucha gente se lo agradecería al volver victorioso frente a su gente, había mantenido la promesa que sus ancestros le hicieron a la gente ya hacía años. Se le recordaría en los libros de historia como el reconquistador, un título que no rechazaría.

Pero había más escondido en las lágrimas de Lezio. Un sentimiento mucho más complejo de lo que cualquiera esperaría de ese hombre en ése momento. La tristeza no alcanzaba a la intensidad de ése sentimiento, mientras que la alegría de la victoria era demasiado trivial como para siquiera considerarla. Probablemente hubiera tenido hambre si no hubiera sido por el nudo en el estómago. El aire que le faltaba era en parte por el cansancio, pero una razón mucho más oscura se ocultaba bajo tanta confusión. Lo que sentía era miedo. Como cuando un animal te acecha de noche esperando a que bajes la guardia. La palabra miedo se quedaba corta para describir lo que ése hombre sentía entonces. Pánico hubiera sido más apropiado.

Ya llevaba temiendo una victoria desde que recibió el cargo de líder de su pueblo. Claro, era una gran victoria, una gran conquista de la que debían estar fuertemente orgullosos. Pero esos sentimientos le correspondían a la gente más despreocupada. Esos eran unos inconscientes. La situación en la que el ejército se encontraba era pésima. Y ahora debían temer a su enemigo más que nunca.

La Flota. Era un nombre que se escuchaba en la mitad de las conversaciones que había por la calle. El grupo militar más relevante del momento. Se habían hecho con gran parte del continente, incluyendo al territorio que ahora gobernaba Lezio. Su fuerza era impresionante. Más en concreto la de sus hombres. Años atrás se hubiera hablado de hombres hábiles e inteligentes, líderes natos, que con sus habilidades y dialéctica habían liderado a sus tropas hasta conseguir el objetivo que se proponían. Pero los tiempos habían cambiado. Ahora un solo hombre podía formar la mayor parte de la fuerza militar de un ejército. Un ejemplo hubiera sido el mismo Lezio, que con su habilidad era capaz de defender a miles sino millones de personas. Pero su enemigo no había recibido daño alguno.

El hombre que yacía en el suelo, ya entre ceniza no era más que un simple peón. En la flota, recibía el rango más bajo. El de soldado simple. Lezio tuvo que mirarse a sus alrededores. Sintió que era lo que debía hacer. Escombros por todas partes, llamas quemando vehículos y cadáveres. El volcán escupiendo lava hacia todos lados no mejoraba el panorama. ¿Realmente acababa de enfrentarse contra un simple soldado? Más preguntas aparecían una tras otra a la vez que el miedo se apoderaba de él. ¿Qué haría cuando llegasen los capitanes? Lo único que se oía de esos hombres eran atrocidades dignas de un demonio. Se decía que tenían la capacidad de destruir un país entero con una sola mano.

Lezio pagaría por sus pecados, no debía haberse enfrentado a un enemigo tan poderoso. Debía imaginarse que no le habrían hecho ni cosquillas. Un soldado simple había supuesto un grave problema, imaginémonos un capitán. Los cortes en el torso empezaron a sangrar. La habilidad de ese hombre había sido un obstáculo demasiado grande.

Una enorme explosión se vio en la lejanía. Era la habilidad de Aria, uno de los generales de su ejército. Debía estar rematando a los que quedaban en la ciudad. Era un hombre muy confiable. Y muy fiel. Sentía haberle decepcionado, sentía haber decepcionado a todos, convirtiéndolos en el objetivo de esos monstruos.

Pero ahora, era el momento de irse.

Echó a andar. Sería una buena idea ayudar a Aria a acabar el trabajo. Juntos tardarían menos. Tardó un momento en darse cuenta. Delante suyo había una niña. No era un cadáver. Estaba allí plantada. Y le sonreía. Estaba completamente limpia. La ceniza no parecía haberla alcanzado, ni siquiera su ropa se había manchado. ¿Acaso se había perdido?

Lezio se agachó para colocar su cabeza frente a la de la niña.

— Hey, ¿Qué te pasa? ¿Estás herida? ¿Te has perdido? Yo te puedo ayudar si lo necesitas — Intentó usar el tono más agradable que pudo, no quería asustarla.

Pero la sonrisa no desapareció. Aunque la ausencia de respuesta hizo que el hombre se preocupara. ¿Se había quedado sorda por las explosiones? Entonces la niña levantó el dedo. Era pequeño, aunque no tanto para la edad que aparentaba. Ella lo puso en el pecho de Lezio. Primero lo apoyó, y luego empezó a presionar, en un principio con sólo ése dedo, pero luego con toda la mano. Ella cerró los ojos, como intentando escuchar los latidos del corazón de ese hombre. Unos latidos que ya se habían tranquilizado después de la pelea. Unos latidos rítmicos, que marcaban cada segundo como un reloj. La sonrisa de la niña era enternecedora. No había palabras que hubieran podido mejorar el estado de ánimo de Lezio. Parecía como si todas sus preocupaciones estuvieran desapareciendo, diluyéndose entre el resto de sentimientos del hombre, abandonándolo poco a poco, como ceniza.

Entonces ella retiró la mano con un gesto amable, y, como si alguien le hubiera dado permiso, le dirigió unas palabras

— No te preocupes Lezio, has hecho bien de guía para tu pueblo. Pero, tu trabajo no ha terminado — Las palabras salieron de esa pequeña boca como las de un ángel. ¿Qué? ¿Quién era esa niña?

— Se avecinan grandes enemigos. Podréis ganar. Será complicado, pero si hacéis lo que yo os diga lo lograréis. Muchos sacrificios serán necesarios, pero al fin y al cabo los sacrificios son necesarios para conseguir cualquier cosa — . Ella levantó la mirada hacia el horizonte, como si estuviera esperando que algo apareciera desde allí. Entonces movió la mano del pecho de Lezio a su cabeza. Le acarició como una hermana les haría a sus hermanos, fue una caricia de amor. No sabía quién era esa niña, no sabía de donde venía ni quien era. Pero el hombre sintió algo, sintió que estaba diciendo la verdad, escucharla sería sabio.

— Prepárate, pues incluso los mensajeros del apocalipsis estarán presentes. Pero ahora debo marcharme. Tengo asuntos que atender — Ella le abrazó. Pilló a Lezio desprevenido en un primer momento, aunque acabó devolviéndole el abrazo, no sabía por qué. Los susurros de la niña recordaban al de una madre consolando a sus hijos

— Volveré dentro de diez años, pero no me podréis ver. Pedid aliados, y ellos vendrán — Y con eso, la niña desapareció.

Lezio se sobresaltó. Le dolía la cabeza. Estaba tumbado en el suelo, llamas chispeando a sus alrededores. Se había desmayado. Entonces había sido un sueño. Pero Él sentía que había parte de verdad en ese sueño, la niña no había mentido: necesitarían aliados. De repente, Lezio sintió que recuperaba sus fuerzas, y más que nunca. Se puso de pie. Las explosiones de Aria se oían a lo lejos. Eso no lo había imaginado. Entonces lo sintió, sintió calor en el pecho. No era sólo fuerza, era determinación. La Flota volvería, y tendrían que enfrentarse a ella. Y No perderían.

24 Février 2021 14:45:47 5 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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Isabella Sambuceti Isabella Sambuceti
¡Buenas noches! La historia me aparece con guiones medios (–), para verificarla necesito que sean rayas de diálogo (—)
February 26, 2021, 01:50

  • N M Nicola Marchese
    ¡Solucionado! March 02, 2021, 12:04
  • Isabella Sambuceti Isabella Sambuceti
    ¡Buenas noches! Cómo última recomendación las rayas deberían estar colocadas así: —Hey, ¿qué te pasa? ¿Estás herida? ¿Te has perdido? Yo te puedo ayudar si lo necesitas —Intentó usar el tono más agradable que pudo, no quería asustarla. March 04, 2021, 23:42
Isabella Sambuceti Isabella Sambuceti
¡Buenas noches! Mi nombre es Isabella, embajadora y verificadora de Inkspired. Pasé a revisar tu historia y he notado que usas la raya del diálogo (—), pero que los diálogos no se los entiende porque no hay puntos apartes. Para que puedas corregir sin problema, te dejo este link que te va a ayudar mucho. https://getinkspired.com/es/story/67240/chapter/131-la-raya-de-dialogo-la-clave-del-exito-para-la-novela-274073/ Hasta el momento tu historia quedará "En Revisión" hasta que sea corregida, luego de hacerlo, responde este comentario así pueda volver a revisarla y verificarla. Recuerda que una historia verificada tiene más posibilidades de atraer lectores. ¡Feliz domingo!
November 15, 2020, 21:49

  • N M Nicola Marchese
    Muchas gracias y siento la espera. Ya lo he corregido, ¿Podrías volver a revisarla? February 24, 2021, 15:09
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