chuustich Chuustich Linx

Chuuya creía tener conocimiento total de sí mismo, más un incidente en su día libre le hizo darse cuenta que quizá aquello no era tan cierto.


Fanfiction Anime/Manga Déconseillé aux moins de 13 ans.

#DazaiOsamu #DaChuu #soukoku #bungoustraydogs #bsd
Histoire courte
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Capítulo único

Habían ciertas cosas que nunca cambiarían, lo sabía perfectamente, así como tambíen sabía, o creía saber, cuáles eran esas cosas suyas que no lo harían; como su increíble sentido de la moda; su gusto por un buen vino; esa ardiente y abrumadora sensación de confianza y seguridad en sí mismo a la hora de la batalla, que lo había llevado a ser el mejor peleador de la Port Mafia; y el disgusto a cierto ex compañero suyo. Ex compañero que, para colmo, no dejaba de fastidiarlo como el primer instante en que se conocieron.

No, Chuuya estaba seguro que ese sentimiento no desaparecería. El problema era, claro, que sus sentimientos hacia la caballa de la agencia eran tan complicados y confusos que muchas veces lo terminaban sorprendiendo.

Justo como esa tarde.

Se trataba de su día libre, momento que había decidido ocupar para centrarse en sí mismo: salir temprano a correr, desayunar algo elaboradamente delicioso y elegante, salir a dar un paseo por Yokohama, entrar a una librería en busca de un buen libro que pudiera acompañarlo hasta su próximo día libre, comprar una que otra prenda nueva para su ya extenso guardarropa y todo eso para terminar el día comiendo en su restaurante favorito a las cercanías del mar. Se sentía pleno y feliz.

Estaba por su tercera copa, admirando el tono rojizo de las aguas al atardecer, cuando algo curioso captó su atención. Al principio solo era un revuelo de gaviotas que parecían haber encontrado algo delicioso para comer, pero pronto notó que no se trataba de un alimento tirado descuidadamente sobre el asfalto, sino de un agresivo acoso a un desdichado transeúnte que bailaba y manoteaba el aire en un intento por alejar a todas aquellas aves de rapiña. Primero una mirada incrédula adornó sus facciones antes de sucumbir al divertido espectáculo que le ofrecían gratis, el cuál disfrutaba de sobremanera, amenizando aún más su día libre. El clímax llegó cuando en un descuido del hombre, una perspicaz gaviota le arrebató el alimento de su diestra, dejándole ver a todos los curiosos que ahí se encontraban que aquello que fue raptado se trataba de ni más ni menos que de un taiyaki. No tuvo tiempo de maravillarse ante la agilidad de la gaviota o de los pésimos reflejos del aquel hombre, pues éste sin pensarlo mucho se subió al barandal que separaba a las personas de caer a las aguas tempestuosas del mar y saltó en un ridículo intento por recuperar su comida, cayendo inevitablemente al agua.

Sin poder creer lo que había visto, Chuuya tomó su celular para inmortalizar ese momento en forma de un tweet una vez hubo controlado el ataque de risa del que fue víctima, recibiendo pronto respuestas a éste. Siendo una la que heló la sangre en sus venas, bajándole la borrachera que empezaba apenas a sentir.

“¿Qué no Dazai había salido por un taiyaki hace poco?” había escrito ese molesto detective de la agencia que lo había encerrado en un libro.

Más allá de detenerse a pensar sobre la extraña naturaleza de la tregua que ambas organizaciones tenían en redes sociales, toda su atención estaba en analizar a aquel sujeto que había saltado de manera suicida por el barandal del puerto, intentando comprobar que se trataba de ese bastardo. Aunque la respuesta a eso surgió casi de forma inconsciente.

“De manera suicida.”

— Puta madre. — gruñó el pelirrojo después de responderle al detective.

Agradeció haber pedido la cuenta por adelantado y le dió un último sorbo a su vino antes de correr hacia el lugar por el que ese desperdicio de vendajes había saltado, no tardando mucho en encontrarlo entre las aguas pintadas de carmín. Salió con él sobre su espalda y nadó a la orilla quejándose lo suficientemente alto como para que el inconsciente Dazai pudiera escuchar que había sido él quien le arruinó la ropa, el día, y todo lo que se le fuera ocurriendo en el camino. Al llegar a tierra, Chuuya no tardó en colocar su oído sobre el pecho del castaño, no es que esperara encontrarlo inerte, pero aunque no lo dijera, lo tranquilizó escuchar el fuerte y apresurado galopar del corazón de Osamu. Una vez hubo corroborado que la muerte le seguía rehuyendo, el mafioso comenzó a bombear sobre su pecho, solo para acercar sus labios a los contrarios y tapar su nariz con sus dedos enguantados, más no llegó a darle respiración de boca a boca.

— No esperabas que fuera tan sencillo, ¿verdad? — preguntó sobre los labios ajenos.

Como esperó, Dazai bufó divertido, originando un ataque de tos que terminó por expulsar el agua que aún no había devuelto. Lo ayudó a colocarse de lado y esperó a que se recuperara.

— Eres un aburrido, Chuuya. — le recriminó. — Se supone que el príncipe debe besar a la princesa para despertarla.

El pelirrojo arrugó el ceño ante ese comentario.

— ¡¿Hah?! — exclamó. — Yo tengo de príncipe lo que tú de miembro funcional para la sociedad.

Osamu se rió y lo miró sólo para tocarle la mejilla con uno de sus largos dedos.

— No sé de qué hablas, — respondió. — yo sigo metiéndome en problemas y tú sigues viniendo a rescatarme. Eso me parece muy príncipe encantador de tu parte.

En el rostro de Chuuya no hubo ninguna reacción; ni enfado; ni sorpresa, solo una calma tan familiar para Dazai que los años que llevaban juntos le daban la respuesta a aquella expresión: el comentario había sorprendido al pelirrojo aunque este no lo quisiera demostrar, pero tras analizarlo un poco en silencio había sido tan obvio para Chuuya como si le hubiera hablado de lo azul que era el cielo o lo salada que eran las aguas del mar. Era un hecho que había aceptado ya no de forma conciente, era algo que ya se había resignado a hacer.

— Cierra la boca y muérete ya. — le respondió después de unos momentos en silencio.

El pelirrojo se puso de pie, queriendo ir por las cosas que dejó en el restaurante y marchar a casa para darse un buen baño, pero una mano extendiéndose lo detuvo.

— ¿Me das una mano?

Obviamente se quejó, no sería él si no lo hacía, pero tampoco se negó a ayudarlo a levantarse. Como lo había hecho tantas veces antes.

Suponía que habían cosas que nunca cambiarían.

3 Septembre 2020 08:05:18 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

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