lucy_mellark Luciana Talavera Duran

UA de En Llamas y Sinsajo. La relación de Peeta y Katniss fue muy diferente desde el momento que volvieron de la Gira de la Victoria, ellos se empezaron a acercar mucho más, volviendo su "amistad" más confusa. Se casaron en secreto y aunque no lo haya sabido Peeta en el momento de la entrevista, el bebé del que habló en la entrevista, puede convertirse en una realidad. Lamentablemente, los Trágicos Amantes son separados. Ella luchará por traerlo de vuelta con ayuda de sus aliados. No está dispuesta a perder al hombre que ama. Cuando Peeta es rescatado, se dan cuenta que Snow ha conseguido ir más allá de su cabeza y meterse en su corazón. Sus sentimientos hacia Katniss cambiaron, aunque sigue siendo el mismo chico dulce del que se enamoró. Katniss está decidida a volverlo a enamorar desde cero, mientras Peeta luchará por volver a ser él mismo. ¿Qué harán cuando se enteren que Alma Coin les ocultó el embarazo?



Fanfiction Films Tout public.

#losjuegosdelhambre #thg #everlark #peetamellark #katnisseverdeen
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PREFACIO

"PREFACIO"


Me encuentro sentada en la orilla del mar, sobre la arena. Llevo puesto un vestido naranja, como el de una puesta de sol, que me llega por encima de las rodillas. Siento que debo recordar que significa ese color, pero no hay nada en mi mente, ni siquiera sé cómo llegué aquí, al Distrito Cuatro. Unas pequeñas olas mojan mi vestido, mis pies y piernas, pero no me parece mal. A pesar de ser de noche hace calor. Recuerdo este lugar, vine con alguien y decir su nombre me duele, así que no lo digo, ni siquiera a mí misma.

En esa oportunidad, yo coloqué mi cabeza en su regazo, mientras él acariciaba mi cabello trenzado y mi rostro. El contacto fue agradable, sus manos eran calidas y suaves a pesar de las evidentes pequeñas marcas de quemaduras accidentales que se hacía trabajando en la panadería. Su voz, me arrulló intentando calmar mis más profundos miedos, me contó las cosas más hermosas que había visto escuchado en su vida: la primera vez que su padre le dio crayones y papel para dibujar y pintar; cuando se ponía a dibujar con tizas en la calle y él hacia los más hermosos dibujos según su padre y hermanos; la emoción que sintió cuando su padre le enseñó a decorar los pasteles y hornear; los colores de un atardecer; la primera vez que me vio y me escuchó cantar, los Sinsajos deteniéndose a escuchar desde la ventana del aula; el canto de los Sinsajos, que de alguna manera le hacían acordarse de mí; mi sonrisa al día siguiente que me lanzó el pan, cuando encontré el diente de león en el suelo, luego de que nuestras miradas se encontrarán; la única mascota que tuvo, un perro al que amaba, pero que murió poco después del día que me dio el pan; los paisajes que se extendían mucho más allá del Doce.

Su voz era monótona, pero con una dulzura en la misma, que solo él puede expresar.

La noche está cerca. Lo sé porque, porque el sol se está escondiendo.

El atardecer el momento preferido de él. Por alguna razón eso me hace sonreír. Por otro lado, que él no esté a mi lado me entristece.

─¿Dónde estás, Peeta? –pregunto en voz baja más para mí misma, que para que me escuchen. Cierro los ojos y escondo mi rostro entre mis piernas. Mis ojos se llenan de lágrimas, al saber que lo perdí, que él no va a volver por algún motivo que no entiendo.

Unas manos se posan en mi cabello y dan pequeñas caricias en mi cabeza.

─Aquí estoy.

Su voz me detiene en seco. Él nunca se fue. Está conmigo. Giro a mirarlo y cuando veo su rostro sonriente y su mirada penetrante en mi rostro me lanzo a sus brazos. Él me recibe y me abraza poniendo un brazo alrededor de mi cintura y una mano recorriendo mi espalda. Lloro más fuerte, porque me alegra que él esté a salvo y a mi lado. Porque lo necesito y pesar de no saber cómo llegue a la playa, sé que lo extrañaba. Una sensación cálida y agradable invade cada célula de mi cuerpo, hasta llegar a lo más hondo de mi alma.

─Volviste –susurro.

─¿Pensaste que te dejaría? ¿A ti de entre todas las personas? Eres lo más importante para mí –siento que debo decirle lo que siento, pero el llanto me impide hablar. –Ya, no llores. Ahora todo está bien.

─Peeta, te extrañé.

─Y yo a ti, Preciosa. Pero, volví para quedarme.

Él aparta mi cabeza de su cuerpo para que nuestras miradas se encuentren y él sorbe con sus labios cada una de mis lágrimas. Mis mejillas se encienden y mi corazón empieza a latir con fuerza, pero agradezco ese contacto, me recuerdan a todas esas noches que pasamos juntos y Peeta intentaba calmarme cuando las pesadillas eran tan intensas. Peeta descubrió que de esa manera me calmaba, porque lo sentía a mi lado apoyándome y consolándome. Sin embargo, él hace algo que nunca hizo fuera de las cámaras. Desciende hasta mis labios y me besa. En el primer segundo no respondo, estoy sorprendida ante ese pequeño arrebato suyo, y mis labios tiemblan por haber estado llorando hasta unos segundos antes, pero acabo correspondiéndole al siguiente segundo. De inmediato, me invade ese hambre que sentí en la cueva y luego en la playa del Vasallaje, solo que aún más intensa. La sensación de los besos de Peeta y los míos está llegando hasta lo más hondo de mi alma haciendo desear más y más, hasta el punto de sentir que voy explotar. De que nunca estaré lo suficientemente satisfecha, como para dejarlo alejarse. Sólo Peeta es capaz de provocarme eso. Me siento en las nubes o en el mismo paraíso, no sé cómo describirlo.

Ninguna descripción, le hace juicio a lo que estoy sintiendo ahora. El beso se torna más intenso, profundo y cargado de emociones por parte de ambos. Minutos después nos apartamos por falta de aire, no del todo, solo nuestros labios se separan, porque nuestras frentes siguen unidas y también nuestros cuerpos. Podemos sentir la agitación de ambos, la desesperación por respirar, nuestros alientos mezclándose y rozando la piel del otro y la profundidad de nuestras miradas, que dicen todo lo que no somos capaces de decir aún. Sonríe y yo me pregunto cuál será el motivo. Sigo mirando su rostro sorprendida ante el descubrimiento de todo lo que me negué aceptar por tanto tiempo.

─¿Qué sientes? –pregunto finalmente cuando encuentro mi voz.

─Estoy feliz. Sólo eso.

─¿Por qué?

─Estoy contigo. Eso es lo único que quiero. Y también…

─¿Qué?

─Sé que me amas. Lo siento así, tal vez al fin logre verlo ahora. ¿Por qué me amas? ¿No, Katniss?

Su pregunta me sorprende, sin embargo, creo que está en lo cierto.

Busco en mi memoria, recopilo momentos que vivimos juntos, tanto los felices y tristes, mi miedo a perderlo, el dolor que me invade ante sus insinuaciones de dejarlo morir o peor matarlo, los besos, las caricias, cada noche que pasamos juntos, cada vez que toma mi mano y yo la presiono aún más, porque no quiero dejarlo ir, la tranquilidad que me transmite tan sólo con su presencia, lo protegida que me siento entre sus brazos, la cantidad de veces que a pesar de mi carácter más cerrado me hace reír, el amor incondicional que me demuestra en cada momento, el dolor que sentí cuando su corazón se paró como… si me arrancarán una parte fundamental de mí, cómo yo estuve dispuesta a morir por él… para salvarlo.

Y sé que tengo la respuesta. Ahora que lo tengo nuevamente conmigo, no lo dejaré ir.

─Si, Peeta, te amo –digo para él y para nadie más.

Corro las manos que antes estaban en su cuello hasta su rostro. Su sonrisa se ensancha y me da otro breve beso.

─¿Te quedarás conmigo? –Le pregunto, porque la idea de perderlo nuevamente me aterra.

─Siempre –responde con sus ojos azules brillando por algunas emociones a las que no le encuentro un nombre adecuado. ¿Adoración, felicidad amor? Tal vez las tres, ya que está feliz. Le creo. Porque es Peeta y él no sería capaz de mentirme nunca.

Despierto sudando y moviéndome entre sabanas en un catre en medio de la noche. Buscando inconscientemente a alguien que no encuentro. El chico de ojos azules, piel blanca y cabello rubio que supo meterse de a poco dentro mi cuerpo e instalarse en mi corazón y mi alma. Me tomo tiempo darme cuenta, pero ahí siempre estuvieron escondidos esos sentimientos. Ahora sé que lo amo e incluso lo demostramos al hacer el tueste.

Me decepciona no encontrarlo a mi lado con sus brazos alrededor de mi cuerpo, protegiéndome de todo lo malo y haciéndome sentir en casa. La decepción da pasa al dolor, cuando abro los ojos y tampoco lo veo.

Entonces, la realidad me golpea de repente y el dolor hace acto de presencia en todo mi cuerpo y mi alma. Ser golpeada por esa roca que Thresh tuvo en la mano y con la mató a Clove hubiera dolido menos. Para ella el golpe fue físico y el sufrimiento acabo al instante, llevándola a un mundo mejor. Mi dolor es mucho más profundo y no acaba en un parpadeo, como pudo terminar el de Clove.

El dolor que siento desde hace meses es cada vez más grande. Me siento caer al abismo, pero me obligo a mantenerme lo suficientemente cuerda porque, quiero seguir teniendo esperanzas, de recuperarlo. Lloro en silencio porque siento que es la única manera de poder descargarme. Peeta no está conmigo. Está lejos de mí, en manos de Snow. Y mientras esté en manos de él, seguirá corriendo peligro y yo seguiré sufriendo porque no puedo hacer nada para aliviar su dolor y sufrimiento.

Tal vez, por fin entiendo a mi madre, quien se sumió en la depresión durante años por la pérdida del amor de su vida.

Yo no puedo perder a Peeta, porque si muere, acabaré peor que mi madre, no encontraría la forma de lidiar con su muerte, ni la culpa que sentiría.

3 Septembre 2020 05:32:30 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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