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el inicio

La clase de filosofía se hace pesada como siempre. Mis ojos se cierran poco a poco en busca de descanso por lo que aún estando en la primera fila, con la profesora a mi lado, apoyo mi cabeza sobre mis brazos, que estos están cruzados sobre la mesa, quedo dormido con la explicación de fondo.


De repente un tintineo constante hace que comience recobrar mi consciencia, dejándome sentir como alguien pone sus manos en mi espalda y me mueve con fuerza, comenzando a escuchar una voz dejando de fondo el timbre. -¡HILLIAM!-.


Siento que algo anda mal por lo que algo asustado abro los ojos rápidamente y levanto la mirada en dirección a quien me llama tan intensamente, que no es más que Adam, un amigo mio desde la infancia.


-¿Qué pasa tío?- siento como me mira nervioso, por lo que observo el aula y encuentro a mis compañeros de clase espantados ; algunos lloran y otros utilizan sus celulares desesperados , mientras que en vez de estar la profesora de filosofía en el escritorio del profesor, está el profesor Nómax, tratando de mantener el orden en la clase sin tener ningún resultado.


-¿¡ Qué está ocurriendo!?- me apoyo en la mesa y me levanto del asiento.

-¿¡ Qué que pasa!?, ¡échale un ojo a lo que ocurre fuera!- golpea la mesa y señala a la ventana detrás de él, que esta cerrada.


Mis piernas tiemblan un poco a causa de la conmoción y siento como el miedo comienza a recorrer mi espina dorsal en forma de escalofrío, haciéndome ir directamente a la ventana sin saber qué esperar.

Antes de poder llegar a la ventana, dos chicas con el rostro muy pálido suplican repetidamente que no abra las ventanas, que ellos nos verán. Las miro a los ojos, viendo en sus ojos claramente como algo tan grave a ocurrido que no se atreven ni a abrir las ventanas. Alterándome agarro a la chica de mi derecha con mis dos brazos y la aparto de mí. La chica que aparté cae al suelo y yo doy unos pasos a la vez que me quito a la otra de encima a la fuerza. Una vez me libero de ambas ya estoy justo delante de la ventana, con el recién llegado a mí lado sentado sobre la mesa con los ojos cerrados.


Extiendo mi mano y abro con temor la ventana. Para quedar paralizado antes de abrir la persiana al escuchar unos leves gritos traspasar las finas fisuras de la persiana.

Me armo de valor y determinado acciono el mecanismo de la persiana, golpeando a mi olfato un olor a quemado. Es cuestión de segundos que mis piernas no aguanten mi peso y caiga al suelo tras ver lo que sería llamado una escena apocalíptica o "El fin del mundo", pilares de humo oscuro ascendiendo hacia el cielo, formando una capa de nubes que oculta al sol.


— ¿Un ataque terrorista?— impactado veo el cielo desde el suelo a través de la ventana.

A lo que Josef, el nuevo, se levanta de su asiento y se agacha a mi lado, poniendo una mano en mi hombro — No lo se, Hilliam — quita su mano de mí y se levanta, comenzando a mirar por la ventana.

— ¡ Esto es una locura! — grito.


— Rápido. Ven y mira esto— señala por la ventana, por lo que me levanto y me pongo a su lado. Sigo su dedo y poso mi mirada en la calle por donde se entra al instituto. Allí un hombre corre rápidamente a la vez que es perseguido por unas personas.El hombre les saca unos metros de ventajas ya que parece ser que los perseguidores no pueden correr muy rápido. Él que huye se va acercando al cruce que da a la calle en dirección de mi casa pero justo cuando va a cruzar la esquina alguien aparece corriendo y lo embiste, tumbándolo y echándose sobre él a la vez que los que los otros lo alcanzan y se abalanzan sobre el también. Todos se reúnen a su alrededor desgarrando y devorando su piel haciendo gritar desesperadamente al hombre.


Antes de ver más cierro la persiana y aturdido me apoyo en la mesa donde Josef estaba antes sentado.

Al darme la vuelta, Adam algo impaciente se acerca a nosotros y dice sin vacilar —Salgamos de aquí —.

Sin prestarle atención saco mi celular del bolsillo rápidamente y mando un mensaje por una aplicación de mensajería online a mi novia, Bianka. Los mensajes no se envían por lo que paso a llamarla pero antes de iniciar el tono de contactando, la llamada se cuelga.


Desesperado intento llamarla un par de veces más, mientras grito —¡maldición! —.

Josef molesto arrebata de mis manos el teléfono y lo apaga forzosamente . —¡Tranquilízate, coño! —golpea mi rostro con su mano abierta —¿no ves que es inútil? . Esta todo saturado —


Yo entrando en razón, me calmo y arrebato de sus manos el celular y lo guardo en mi bolsillo.


— ¿Qué tienes pensado, Adam? — lo miro decidido a salir de aquí cuanto antes.

2 Septembre 2020 15:53:21 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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