clarita_pastorino Clarita Pastorino

Huérfano desde que no era más que un niño, Ethan Stewart queda bajo la custodia de su cruel padrastro Berwin, un hombre alcohólico, que padece de esquizofrenia, el cual constantemente no hace más que maltratar, herir y abusar física y psíquicamente de él. Tras un inesperado giro del destino, conoce a Annie Taylor, una adolescente de su edad, quien se convierte en su salvación al adoptarlo su madre. Ella lo ayudará a olvidar todo lo vivido, por muy difícil que sea.


Drame Déconseillé aux moins de 13 ans.

#misterio #drama #oscuridad #depresión #locura #239 #romanticismo
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Capítulo 1

La mayor parte de mi vida la he vivido pensando en qué es lo que está mal conmigo.

Soy un ser tan extraño y a la vez tan transparente y predecible que vivo básicamente confuso conmigo mismo, intentando ocultarme de mi propia sombra.

Hay una persona que incrementó, o mejor dicho creó en mí esas dudas y preguntas hacia mi propio ser. Esa persona es Berwin Rider, mi padrastro.

Yo nunca me he considerado lo que puede decirse una persona feliz, pero tampoco había sido infeliz hasta la muerte de mi verdadero padre, a quien, por más que lo intente, no puedo recordar.

He visto fotos suyas, era un hombre muy apuesto y bastante parecido a mí, pero jamás pude recordar ni una escena de él.

Él se fue cerca de mis seis años, sé que es mucho, demasiado tiempo y podría recordarlo perfectamente, pero yo, por alguna razón, no supe que Berwin era mi padrastro hasta tener ocho años.

Quizás porque mi padre se la pasaba trabajando y solía yo ver a mi madre todos los días, quizás porque no lo amé demasiado, en fin, no recuerdo absolutamente nada de él.

Dos meses después de la muerte de mi padre fue cuando mi madre hizo lo peor que se le podría haber ocurrido, más por mí que por ella misma: volver a casarse.

Volver a casarse.

No suena mal, ¿cierto? Darle un hogar a tu hijo, un padrastro que lo guíe en todo...suena incluso muy bien.

Pero digamos que no eligió mejor marido. Eligió el peor que podría jamás haber tenido.

En realidad he estado cerca de cinco o seis años intentando discernir si mi padrastro era una buena o una mala persona, había algo en él que me hacía creer que las cosas que le hacía a mamá y me hacía a mí no las quería hacer en realidad, que era como un defecto suyo, que había que, por alguna razón, perdonarlo por todos sus actos.

Pero luego, al cumplir los doce, me fui dando cuenta de que había en él, sin duda alguna, algo perverso y psicópata ya que amaba vernos sufrir a mi mamá y a mí, amaba tratarnos mal y hacernos daño sin razón alguna.

Mi nombre es Ethan Stewart, y aún sigo sin entender cuántas cosas he hecho mal en mi vida para ser tratado así.

Mi padrastro es una de esas personas que podrían ir perfectamente en la categoría de crueles e inhumanas, aunque he estado mucho tiempo para decidir si pertenecía a esa categoría o no.

Era un hombre de malas costumbres, bebedor y fumador. Se emborrachaba tanto a las noches, que cuando volvía sólo le quedaba ser cruel con nosotros para divertirse un rato.

Trataba demasiado mal a mi madre, le pegaba, la mantenía como una esclava, nunca se preocupó por su bienestar ni por el mío, nos mataba de hambre y de frío, nos mantenía solos y apartados del mundo, nos encerraba, nos maltrataba, nos tenía como mascotas.

Como si no fuésemos más que seres sin entendimiento.

Como si tuviera derecho a hacernos todo eso.

Por las noches me levantaba de mis pesadillas y encontraba con que mi madre estaba llorando porque lo había hecho de nuevo; se había emborrachado, había vomitado, la había golpeado, y estaba en la bañera de nuevo, inconsciente.

Cinco veces estuvo en el hospital por coma alcohólico, y mi madre estaba como loca, preocupándose, quedándose las noches enteras en el hospital, asegurándose de que nada malo le pasara. Yo lloraba mucho, porque no entendía, me abrazaba a mi madre y ella se quedaba en la silla del cuarto del hospital, observando a mi padrastro, mientras yo lloraba contra su pecho, esperando que todo pronto pasara.

Mi padrastro trataba tan mal y golpeaba tanto a mi madre que nunca comprendí cómo hacía ella para no gritarle ni cansarse de él, ella siempre se preocupaba por obedecerlo y ser la mejor mujer.

Ella soportaba todas esas cosas por mí, por cuidarme, por mantenerme a salvo, porque necesitaba saber que yo tendría una casa y comida.

Nuestro padrastro nos daba una escasa y asquerosa ración de comida, que casi siempre se basaba en arroz, y, cuando no había la suficiente y me quedaba con hambre, mi madre me daba su plato, diciendo que no tenía apetito.

Yo comprendía que lo hacía sólo por mí, y me negaba, pero ella insistía tanto que terminábamos comiendo los dos de su plato.

Recuerdo mucho su sonrisa, que sólo la veía cuando estábamos nosotros dos solos, recuerdo su mirada, tan dulce, también recuerdo los besos que me daba, tantas veces, más o menos hasta los siete años, en que las que le daba besitos en los labios, riendo, y ella me abrazaba con mucha dulzura.

Yo recibía algunos golpes de mi padrastro, gritos y enojos, pero hasta los doce años no padecí casi nada si se cuenta cómo sufrí de esa edad en adelante.

El único problema que he tenido desde muy pequeño, es el hecho de sufrir asma desde los dos años, ya que estuve muchas ocasiones días enteros internado en el hospital a causa de ataques asmáticos, he enfermado de neumonía cuatro veces en mi vida, y muy a menudo, incluso ahora, tengo dificultades respiratorias tan severas que necesito, en el momento en que puedo, acercarme al hospital para que allí me den medicamentos antialérgicos, ya que, prácticamente, soy alérgico a casi todo.

Creo que mi madre me amaba más aún por eso, sentía por mí una ternura inexplicable y hacía todo lo posible para mantenerme bien, ya que yo era mucho más propenso a enfermarme que cualquier otro chico de mi edad.

Ella gastaba todos sus ahorros para comprarme medicamentos y hacía todo lo posible para conseguirme ropa abrigada, recuerdo que la compraba tres talles más grande para que me quedara por un buen par de años.

Mi madre era mi mejor refugio, dormíamos juntos ella y yo en una pequeña habitación que mi padrastro cerraba con llave por el tiempo que quisiera, sólo cuando él quería abrirla ahí podíamos salir, pero siempre para cocinar y ayudar.

Recuerdo que todas las noches ella me abrazaba con fuerza y me prometía que todo estaría bien, y siempre que recibía un golpe de mi padrastro ella me acariciaba el cabello, para que pudiera tranquilizarme, y me apretaba contra ella, ella fue la persona que más amé en mi vida.

Y sus frases, entre sollozos, eran siempre las mismas, en un susurro:

-Pero papá no tiene la culpa. Papá tiene razón, lo merecía. Hoy fui muy estúpida.

Yo no entendía por qué decía eso, si claramente mi padrastro era cruel, si dejaba su rostro arruinado, sangrando, lleno de golpes, pero me silenciaba mientras estrechaba sus delgadas manos.

Había un lugar en la casa, muy estrecho, como de dos metros de alto y poco menos de un metro de largo, que honestamente no sé para qué servía, al que mi padrastro llamaba "cuarto oscuro". Y cada vez que yo hacía algo que le desagradaba, me mandaba al cuarto oscuro y allí me dejaba encerrado por horas enteras.

Siempre tuve miedo a la oscuridad debido a eso, no era más que un niño de ocho años y me dejaba allí, sin hablarme, sin saber yo si se acordaría de sacarme luego; fueron varias veces las que pasé la noche entera allí, muerto de miedo y de frío.

Cada vez que decía la palabra "cuarto oscuro" se formaba en mí una mezcla de terror y espanto, me temblaban las manos y me ponía a llorar, lo que sufría en esa completa oscuridad dañaba mi mente de una manera atroz, y escuchaba cómo mi padrastro se reía mientras cerraba la puerta con llave.

Recuerdo una vez, cuando tenía sólo diez años, un día lluvioso y precisamente frío en el cual sufrí mucho a causa de ese cuarto.

Mi madre regresaba del almacén con dos botellas de vino tinto para mi padrastro, y yo, sin saber eso, corrí a abrazarla pues así siempre lo hacía, pero mi madre perdió el equilibrio y ambas botellas cayeron al suelo y se hicieron mil pedazos.

Yo me puse a temblar de pies a cabeza, porque oí los pasos de mi padrastro bajando y sabía lo que iba a suceder.

Al ver el derrame en el suelo y mi madre desesperada intentando arreglarlo, comenzó a gritarle y a enojarse con ella, la tomó torpemente del brazo y la sacudió con violencia, pero yo no podía soportar de ninguna manera ver sufrir a mi mamá, así que dije la verdad.

-No, papá....fui yo quien rompió las botellas. -Susurré.

Él me clavó la mirada con ira.

- ¿Qué ¿Tú? ¿Y quién diablos te crees?

Todavía siento escuchar a mi madre:

-No, Berwin, ¡no fue él! Déjalo, ¡por favor!

Pero mi padrastro no le hizo caso, me tomó por atrás del cuello y me llevó hasta el cuarto oscuro, al comprender el castigo mi corazón comenzó a acelerarse, me puse nervioso y me aterré, quise gritar, pedirle que no lo hiciera, pero no me alcanzó el tiempo, él me arrojó al suelo del cuarto oscuro y lo cerró rápidamente con llave.

Yo me deshice en llanto y desesperación, pero lo peor de todo era que, ya que aquél era un día lluvioso y el cuarto estaba lleno de goteras, en un momento el agua tocaba mis talones, no podía ni sentarme, estuve todo el día hasta la noche, donde me rendí, y me quedé dormido sobre el suelo lleno de agua.

Recién al día siguiente, convencido por las miles súplicas de mi madre, decidió sacarme de ahí, pero yo estaba todo empapado, entumecido, y me sentía realmente enfermo.

Gracias a eso, tuve pulmonía por segunda vez.

Y recuerdo la frase de mi madre:

-Oh, mi pequeño...-Susurró, teniéndome en brazos. -No llores, vamos a abrigarte. -Dijo, y subió prontamente las escaleras conmigo.

Una vez en la habitación me desvistió y me puso ropa nueva abrigada, también me envolvió en una frazada y me acostó en la cama.

-¿Por qué le haces esto a mi pequeño? -Dijo, en voz baja, mientras yo me hallaba con los ojos cerrados, intentando dormir. - ¿Qué ha hecho de malo? Es muy bonito...-Susurró, y se le quebró la voz. Era como si sintiera su nudo en la garganta.

Ese es un momento que nunca pienso olvidar. Porque ella me amaba demasiado.

Mi padrastro discutía tan seguido con mi mamá, en realidad la atacaba con frases hirientes tan seguido, pues mi madre nunca alzaba la voz, que cada día temía yo más por ella y por lo que podía hacerle mi padrastro, ya que era una persona terriblemente mala.

Mi madre estaba muy enferma y cada día más debilitada a causa de los numerosos maltratos de su marido.

Yo he presenciado cosas tan terribles que mi padrastro le hizo a mi madre, veces en las que lo vi incluso empujarla al suelo, o pegarle con el cinto, que realmente creo que algo no está bien en su cabeza.

Cierto día, mientras me hallaba yo sentado en el colchón de mi habitación, ya que dormía en el suelo, oí una discusión entre mis padres, y por primera vez mi madre le levantó la voz, entonces pude adivinar que mi padrastro le pegaba una bofetada, pero después de eso vino un grito y un ruido estrepitoso, seguido de silencio.

Me asusté, algo muy malo había pasado.

Aquél día la puerta se hallaba abierta, así que la abrí y corrí hasta la sala, temeroso, para encontrar que, al final de las escaleras, se hallaba el cuerpo de mi madre muerta.

Mi padrastro, sin poder controlar su ira y fuerza, la había empujado cruelmente por las escaleras, ocasionando su muerte.

La mató. Él la mató. Mató a mi hermosa y querida madre.

Y jamás, ni en cien años, se lo voy a perdonar.

No podía ni hablar, era como si me hallara paralizado y mis cuerdas vocales se hubieran roto, corrí hasta el cuerpo de mi madre para verle el rostro, y, al comprobar su muerte, fue como si todo saliera de mí, y, asustado, grité:

- ¡Mamá! ¡Mamá! –Me ahogué en llanto, sacudiéndola, intentando despertarla, pero mi padrastro bajó hasta mí, me sacudió con violencia y me tiró al suelo.

- ¡Cállate, se tropezó sola!

- ¡No es cierto!

- ¡Sí que lo es, estúpido! –Su pierna me golpeó en el estómago, y, aunque intenté levantarme, se sentó sobre mí y me tomó del cuello. –Tú no has visto nada.

Me llevó del brazo, apretándome, y me tiró en el suelo del cuarto oscuro, de repente comencé a pedirle perdón, gritando, llorando, pero él sólo me pegó y cerró la puerta con llave, mientras yo moría de la desesperación, golpeando la puerta con manos y pies.

Ése fue el día más horroroso de mi vida, el día que más sufrí y ese momento en que vi que el cuarto oscuro se cerraba lo mantendré siempre en mi cabeza, recuerdo aún mis golpes y gritos desde allí, sin ser escuchados.

Me dejó toda la noche y por dos días enteros no lo abrió, mientras yo lloraba, me desesperaba, gritaba, mi mente se iba rompiendo, y el hambre se apoderaba de mí.

Cuando salí fue como si nada hubiera pasado, y jamás pude reprocharle nada por aquello, digamos que quedó en el olvido.

Después de aquello mi vida se transformó en pura oscuridad, era todo tan horrible para mí, apenas sí salía, apenas sí estaba un segundo en paz sin que él estuviera golpeándome o reprochándome algo.

Me hundí en depresión, en llanto, en tristeza, deseé la muerte muchas, demasiadas veces, incluso intenté suicidarme pero no encontré una forma que resultara.

En el colegio todo iba mal, mis compañeros me golpeaban y me trataban mal, pero jamás ningún director ni profesor se importó por eso, a pesar de que repetidas les pedí que les dijeran algo a mis compañeros, que los corrigieran, pero siempre asentían y nunca obraban.

Y cuando cumplí trece años, comenzó a hacer cosas incluso peores conmigo, cosas que no podría relatar.

Abusaba de mí en todo sentido, física y mentalmente, y yo no entendía qué era lo que me hacía todas esas noches, por qué me lo hacía, en qué lo complacía, aunque mucho más tarde lo comprendí.

Recuerdo aún las noches enteras que pasaba llorando, lleno de dudas, de tristeza, de miedo, preguntándome si era mi culpa o no las cosas que me hacía.

Ha pesado sobre mí la culpa de la muerte de mi madre durante dos largos años, ya que se debía a que estaba discutiendo acerca de mi futuro, rogándole que me dejara ser libre y feliz, y por culpa de querer protegerme por eso mi padrastro la mató.

Siempre he pensado que soy un estorbo en la vida de todos, lo he sido para mi madre y para mi padrastro también, y para todos mis compañeros e incluso profesores.

Después de la muerte de mi madre hubo un tiempo de pobreza absoluta, un tiempo en el que tuvimos que vender todos los recuerdos que teníamos para intentar sobrevivir y aún así pasaba días sin comer, desnutrido, con la ropa de hacía años, con las cuotas del colegio amontonadas, que de milagro logramos pagar, y pagarlas me hizo recibir muchos golpes y vivir cosas horribles.

Mi padre odiaba que yo fuera al colegio, porque sabía que eso sólo significaba gastar dinero, y cuando desaprobaba un exámen o mi nota era baja los golpes que me daba y las torturas que me hacía eran inexplicables, tan inexplicables que de pronto comencé a perder toda mi concentración en clases del miedo, y desde ciertos momentos nunca volví a tener buenas notas.

Vivía asustado, aterrado, con sentimientos de culpa, llorando, muerto de hambre, sucio, cansado, dolorido, pero nunca pude hacer nada al respecto.

Me siento muy poco querido, me siento hundido, me siento asustado, me siento como si estuviera encerrado en un cuarto del cual no puedo salir y estoy rodeado de cosas malas.

También llegué a pensar durante un buen tiempo si no era algo malo en mí tanta debilidad y sensibilidad, ya que todo me hacía daño, cualquier palabra me hería y todo me hacía llorar, y mis compañeros se burlaban por eso y decían que era un tonto que nunca podría afrontar nada en la vida, y creo que así fue.

Muchas veces he recurrido a ideas suicidas, demasiadas, lo he pensado e incluso ciertas veces lo he preparado de una manera perfecta, pero siempre me dio miedo lo que pudiera haber en la otra vida, y por temor a eso y a otras cosas aún no me he atrevido a hacerlo.

Pero que lo pensaba, lo pensaba.

Era como si cada día de mi vida, incluso aún cuando tenía cerca de ocho años, tuviera presente la idea de morirme, era como un alivio para mí imaginar que saltaba de la ventana o un auto me chocaba, o de alguna me mataban.

A la muerte en sí no le tenía ni nunca le tuve miedo, a morirme de cualquier manera nunca le tuve miedo, incluso me parecía muy aliviador.

En fin, nunca he considerado a la mía una vida feliz o a lo mínimo que quisiera seguir viviendo por largo rato, siempre he vivido escondiendo mis sentimientos a todo el mundo y llorando por las noches, devanándome los sesos durante horas intentando encontrar una respuesta a todo lo que mi padrastro me hacía, intentando averiguar por qué mi mamá nunca le dijo nada, intentando saber si alguien en el mundo me amaba.

A la última, nunca le he encontrado respuesta.

O quizás sí, quizás sí tras pensarlo un largo tiempo.

Y la respuesta es no.

25 Août 2020 01:35:19 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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