merodeador Merodeador

La dificultad de pasar por un callejón oscuro, todos los sentidos se prenden mientras uno se apaga, lentamente.


Histoire courte Tout public.

#despedida #239 #295
Histoire courte
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Sobreviví

Desperté una mañana y mis ojos no se abrían, me encontré entre cuatro paredes oscuras recordando, o al menos intentando. El miedo todavía me recorría la piel y aquel sonido, lento, triste, me carcomía todo el cuerpo. No podía olvidarlo, me llevaba una y otra vez a aquel camino, aquella noche fría de agosto, el solo pensar me vuelve frio, vulnerable, cagón.


Aquella voz lejana, apagada; “seguí caminando, no des vuelta la mirada, agacha la cabeza y camina” se repetía una y otra vez en mi cabeza, pero las piernas no se movían, me había olvidado como caminar. Idiota, no es tan difícil, un paso y luego otro, pero no había caso, estaba petrificado como tantas veces. El sonido lejano se volvía con cada segundo más y más fuerte. Eran las 9 de la noche y estaba todo muy oscuro, las farolas no reflejaban ni mi sombra, pero yo podía ver, podía verlo. El miedo subía lentamente al unísono con el ruido, ruido que me llevaba varios años atrás, y ahora estaba más cerca que nunca. De pronto escucho una voz atrás mío y no me queda más que llorar, “pibe ¿estás bien?” dijo aquel hombre y seguía, quejándose que la bicicleta hacia ruido por falta de grasa.


Ese sonido tan absurdo y particular, ese chirrido de metal gastado me convertía en solo vulnerabilidad, relojeo por encima del hombro y era verdad, no había nadie más. Otra vez mi cabeza y recuerdos, otra vez sintiéndome indefenso, me pongo la capucha y quiero volver a caminar, pero mis pies no se despegan del suelo, mis manos siguen temblando, en ese momento alguien me pasa casi volando por el costado, con un llanto particular que me recordó a la llorona y aquel callejón se convirtió en un mar, el agua hasta el cuello y yo sigo sin respirar, aprieto el puño unas tres o cuatro veces y vuelvo a despertar.


La habitación vacía desborda soledad, aquel sueño se traslada a la realidad, las manos todavía me tiemblan y no paro de llorar, en el pecho siento una presión que es muy difícil de explicar, también de ignorar. Busco en el café y cigarrillo una razón y fuerzas para continuar, quiero dejar de tener 10 años y llorar, quiero que mi pasado no me destruya el presente, quiero sentir y avanzar.


El día solo acaba de empezar, agarro mi mochila, la bufanda, los guantes y empiezo a caminar, lentamente me encuentro en aquel lugar, el sueño se vuelve presente en mis pensamientos, pero aquel viejo hoy no está, además el sol del día está para cuidarme. Llego por fin, es inexpresable con palabras, pero tal parece que todos lo pueden notar, no paran de mirarme, instintivamente bajo la mirada a ver si había olvidado ponerme algo, pero no, todo está en su lugar. Aquella voz vacía y fría con la que no paro de soñar se hace presenté, mi querido amigo volvió a llegar tarde, él tampoco podía despertar.


Cuando termina el día llega la peor parte, caminar solo hasta mi lugar, mi casa, mi tranquilidad, tener que inevitablemente pasar por aquel callejón me carcome los pensamientos, me deja tenso, expectante de que algo malo pase, como aquella vez, no fue un simple robo como les suelo contar, me dejó una marca en la piel y el alma que es difícil de olvidar, que es difícil hasta de recordar. La voz rasgada y calmada, el puñal entrando debajo de mis costillas, el vaso explotando con el golpe, mis oídos sangrando y mi cuerpo haciendo lo imposible por sobrevivir, ¿para qué? Vivir con miedo toda mi vida tal vez.


Ultima dos cuadras y ya estoy, el frio en la nuca me advierte de algún peligro, las manos vuelven a transpirar y se me erizan los pelos de todo el cuerpo, aquel chirrido de la bicicleta se empieza a escuchar, subo el volumen de la música, agacho la cabeza, me pongo la capucha y sigo, siento nuevamente aquella voz del viejo quejándose, pero esta vez no me pregunta si estoy bien, tampoco estoy llorando; estoy preparado.


Después de que pasa me doy vuelta, esta vez no miro sobre mis hombros, giro completamente, esperando a aquella persona que pasa junto a mí llorando, casi gritando, pero jamás sucede, sonriéndole a la vida sigo caminando, sin darme cuenta el puño se me aprieta y estoy flotando en aquel mar de lágrimas con diez años, el tiempo jamás ha pasado, nunca salí de aquel callejón, nunca sobreviví.

20 Août 2020 23:09:24 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

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