sunhee_kookmin 선희❄ Kookmin

La vida de Jimin, un secretario de origen humilde, da un giro el día en que el presidente de una multinacional decide contratarlo como asistente de su hijo Jungkook, el cual a pesar de sus reticencias iniciales terminará aceptando a Jimin, convirtiéndose este en una persona indispensable en la vida del ejecutivo... y no solo en el ámbito laboral. *Esta historia es una adaptación del libro 'Una Cenicienta en la oficina. En lo personal a mí me encantó y por eso decidí hacer esta adaptación*


Fanfiction Interdit aux moins de 18 ans.

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Capítulo I

Tan pronto como dieron las doce, el señor Jeon Namjoon, presidente de Industrias Jeon, cerró la carpeta sobre su mesa, dando por finalizada la reunión, que había durado más de dos horas. Se puso en pie elegantemente, se colocó bien la americana del traje y se ajustó la corbata al cuello.

NJ: Bien, señores. Nos vemos el próximo mes — dijo mientras tendía la mano al empresario que se hallaba más cerca — Recuerden traer el balance de los ingresos por las ventas de las acciones.

Descuide, señor Namjoon. Hasta el mes próximo —respondieron todos ellos al despedirse.

Cuando el último de los asistentes abandonó el enorme despacho, Namjoon indicó con la mano a sus dos ayudantes que salieran. Ambos obedecieron de inmediato. Los tres hombres se dirigieron al ascensor, en el que aún esperaba la mitad de los empresarios con los que se había reunido.

Nam, mi hija se casa en octubre. Dicen que de una boda siempre sale otra. ¿Por qué no le dices a tu hijo que venga? - dijo uno de los empresarios.

NJ: Me temo que no querrá ir. Además, hace algo más de un año que sale con una chica, una modelo... — explicó a su colega.

¿Una modelo? —preguntó. Y el empresario asintió — Esas chicas siempre son demasiado raras.

NJ: Supongo que por todo lo que tienen que pasar hasta llegar donde quieren llegar. Ya sabes que en ese mundo son sólo marionetas a las que manejan a su antojo. No obstante, Soojin es buena chica. Sólo la he visto un par de veces, pero no hay nada que desapruebe de ella.

Me parece bien. Pero, ya sabes, si quieres... —Se vio interrumpido por la llegada del ascensor—Dile, si te parece, que se pase, que venga con su novia, si le apetece...

NJ: Descuida, se lo diré.

Los seis hombres entraron en el ascensor. Permanecieron en silencio hasta que éste llegó a la planta baja y cada uno se dirigió a su destino. El señor Namjoon caminó hacia su vehículo, donde esperaba con paciencia el chófer. Mientras el coche le llevaba al Edificio B, donde tenía su oficina principal, el hombre fue revisando detenidamente la documentación. La contabilidad de sus empresas daba cada vez mejores resultados y eso le hacía tremendamente feliz. Podría subir el sueldo a los empleados más eficientes y quizás comprar un par de edificios más en alguna de las nuevas zonas residenciales de lujo.

Al llegar al aparcamiento dejó la documentación en el asiento para que uno de sus dos ayudantes la tomara. Bajó del coche. Cuando llegó a la puerta, seguido por los dos chicos, no vio a Jimin, un empleado de otro de sus edificios que venía a traerle cierta documentación que el directivo le enviaba.

JM: ¡Oh! Lo siento. Disculpe. Lo lamento muchísimo—empezó a murmurar el joven, completamente avergonzado, mientras recogía del suelo el montón de papeles que con el choque se habían desperdigado por el suelo.

NJ: No importa. Sólo ten más cuidado la próxima vez.

JM: Lo lamento de verdad, señor Jeon. En realidad estos papeles son para usted... —dijo, ofreciéndole las distintas carpetas mientras se colocaba bien las gafas con la ayuda de su brazo derecho.

NJ: ¡Chicos! — Nam miró hacia atrás, como pidiendo a sus acompañantes que hicieran algo. Los muchachos estiraron las manos y cogieron las carpetas que el chico le ofrecía al mayor de ellos.

JM: Gracias —dijo él con una media reverencia a modo de saludo. El presidente lo miró de reojo conteniendo una sonrisa. Aquel chico le resultó gracioso pese a su lamentable aspecto. Entonces él salió a toda prisa, a través de las puertas de cristal por las que se accedía al edificio, y se dirigió al ascensor que lo llevaría a su despacho, una oficina mediana, muy bien decorada, situada en el piso más alto.

Park Jimin siempre fue un chico común y corriente, con unos padres y unos hermanos de lo más normales. Su padre siempre quiso que estudiara Medicina, porque amaba la idea de tener un hijo médico. Pero él nunca se interesó por la sangre. No le gustaban las enfermedades ni las heridas. No soportaba las medicinas ni los hospitales, por lo que decidió que invertiría los ahorros de toda su vida y la beca que le habían ofrecido por sus buenas notas en otra carrera, una que realmente le interesaba: Administración de Empresa.

El primer curso pudo sacarlo sin que su padre se enterase de qué había decidido estudiar realmente. Sin embargo, cuando llegó el segundo curso, las sospechas empezaron a hacer peligrar su secreto y, cuando estaba en tercero, su padre se enteró de lo que había estado haciendo a escondidas, de la mentira sobre su carrera. Tras una discusión, echó a Jimin de su casa. Su padre no quería verlo porque se sentía traicionado.

Hasta que no seas médico no quiero volver a verte —le dijo justo antes de cerrar la puerta y dejarlo en la calle con la maleta en la mano. Jimin no tenía adónde ir. Había estado siempre tan obsesionado con sus estudios que había olvidado hacer amigos. Ahora se encontraba completamente solo, sin tener a nadie a quien recurrir. Por suerte para él, los exámenes finales estaban ya ahí.

En un mes sus estudios concluyeron con unos resultados excelentes, unas notas que muy pocos habían conseguido, lo que le permitió conseguir un puesto de trabajo en prácticas en una empresa en expansión. Un par de años más tarde la empresa había crecido tanto que empezó a iniciar fusiones con otras empresas importantes. Hasta que llegó la alianza con Industrias Jeon.

Al principio, todo iba genial. Jimin cobraba poco, pero estaba feliz. Trabajaba como secretario de uno de los directivos y jamás se había metido en líos. Pero tan pronto como sus pequeños ahorros se agotaron, se vio en la obligación de buscar alojamiento en un lugar un poco más asequible. Vivir en un hotel era bastante caro y sus ganancias empezaron a ser insuficientes para subsistir. Preguntó a sus compañeros por algún lugar económico donde quedarse, pero nadie supo ayudarlo. Sin un lugar donde ir, entró en un callejón sin salida que parecía tranquilo, con la intención de dormir una noche allí.

Tras una persiana metálica encontró un pequeño almacén aparentemente abandonado. Estaba sucio y lleno de basura, pero después de unos días, y una vez superado el asco que le daba, consiguió adecuarlo, hacerlo un lugar habitable e incluso acogedor, pese a donde estaba. Además quedaba cerca de su trabajo, por lo que era el lugar ideal. Sin alquileres, sin gastos y sin desplazamientos diarios. Algo que le permitiría incluso ahorrar.

Cuando Jimin llegó al Edificio B, esperó más de una hora al señor Jeon. Su jefe le había dado orden expresa de entregarle a él la documentación. Ni en recepción ni a la secretaria. Debía entregársela en la mano única y exclusivamente a Jeon Namjoon. Por eso tuvo que esperar.

Después de un buen rato decidió que lo mejor sería volver en otro momento. Saludó a la secretaria y bajó para marcharse, con tan mala pata que, al ir por el vestíbulo y, por culpa del montón de carpetas que llevaba, no vio que un hombre se acercaba y chocó contra él. Sin poder evitarlo, dejó caer el montón de carpetas al suelo. Se disculpó tan efusiva y exageradamente que casi parecía que hubiera atropellado a alguien. Entonces se dio cuenta de que el hombre con el que se había «accidentado» era el destinatario del montón de papeles que portaba. Así que aprovechó para ofrecérselos y marcharse pronto de allí. Cuando Namjoon llegó a su despacho preguntó a sus ayudantes por ese chico.

Pues verá —empezó a decir uno de ellos— Él es secretario de uno de los ejecutivos del Edificio A. Me atrevería a decir que es el más pobre de todo el conglomerado

Seguramente —interrumpió el otro muchacho— Aparte de ser el que menos cobra, vive en un almacén.

NJ: ¿En un almacén, dices? —preguntó el hombre con el ceño fruncido.

Sí. Eso cuentan. Bueno, además no hay más que ver su ropa, esos trapos con los que viste... —El muchacho contuvo la risa, lo que hizo que Nam se molestara por intentar burlarse del pobre chico.

NJ: Pueden salir. Vuelvan al trabajo —ordenó el hombre en tono firme. Realmente la impresión que ese chico le había causado no era propia de un secretario de ningún ejecutivo, pero al menos era educado y amable.

************************************************************************************

Habían pasado varios días desde el encuentro fortuito entre Namjoon y ese chico, y en esos días él no había podido quitarse de la cabeza el hecho de que uno de sus empleados viviera en un almacén.

Tan pronto como empezó de nuevo la semana, pidió a su secretaria un informe detallado sobre Jimin.

NJ: Necesito saber qué nivel de estudios tiene, su rendimiento en el trabajo, su salario y dónde vive - Dijo el empresario a su secretaria

¿Puedo preguntar por qué necesita saber estas cosas? —preguntó extrañada la secretaria.

NJ: No es necesario que lo sepas, Shuhua. Sólo haz tu trabajo como haces siempre —dijo y desapareció por la puerta.

Por cierto, señor, recuerde que su reunión es a las once - Dijo la chica y Nam sólo asintió mientras se alejaba.

Aquella mañana tenía otra reunión. Ésta, casualmente, era en el Edificio A y con el jefe de ese muchacho. El Edificio A no era tan grande como el B, ni tan alto, ni tan imponente. Aun así, era un sitio de lo más llamativo. La fachada era curva, con enormes ventanales de cristal y el interior albergaba una gran recepción, grandes y espaciosas oficinas.

Entró y, tras saludar a las recepcionistas, atravesó el vestíbulo en dirección a la sala de reuniones. Se sentó en una de las sillas que acompañaban a la enorme mesa de cristal negro y esperó a que diera la hora. Se puso a revisar la carpeta en la que estaba guardada la tabla de contenidos. Habían pasado tan sólo unos minutos cuando Jimin entró en la sala. Llevaba una bandeja con cafés.

JM: Buenos días, señor —dijo haciendo una medio reverencia— Aquí tiene un café. Le he preguntado a su secretaria, por lo que debería estar a su gusto. —Sonrió amable.

NJ: Gracias. - dijo con una sonrisa.

El chico salió de la sala y volvió varios minutos después con una pila de documentos en sus manos y los colocó ordenadamente en los sitios que ocuparían los distintos asistentes a la reunión. El señor Jeon sentía cada vez más curiosidad por él. Ciertamente, su atuendo era horrible. Lejos, muy lejos de lo que suelen llevar los chicos a su edad, Jimin vestía un simple pantalón de vestir negro siendo quizás una talla más de la que debería estar usando pues le queda algo grande, una camisa blanca debajo de un suéter de lana azul y su cabello eso sí se veía muy sedoso y bien cuidado. Llevaba Sus gafas de pasta negra que le daban un toque muy elegante, a pesar de todo lo demás.

NJ: Por cierto... —dijo el hombre justo antes de que saliera por la puerta — buen trabajo. El café está exquisito.

JM: Gracias, pero el mérito es de su secretaria. Ella es la que sabe perfectamente cómo le gusta el café...

Sí. Además de ser educado y amable, es modesto. - Pensó Namjoon.

Por primera vez Namjoon había estado un tanto distraído en la reunión. Realmente sentía inquietud por saber quién era es chico en realidad. Así que, tan pronto como terminó la junta, se puso en pie. No había prestado demasiada atención, pero tampoco era algo extremadamente necesario. Ese joven había hecho un buen trabajo con los dossiers y sólo con eso le servía. Se despidió de los directivos con los que había estado reunido y regresó a su oficina, donde esperaba el ansiado informe.

Shuhua también era una empleada ejemplar, aunque no era la mejor. Tendía a meterse en asuntos que no la concernían y a llegar tarde al trabajo. Ahora bien, en cuanto a investigación era infalible, alguien digno de envidiar por los investigadores privados, que cobran una fortuna por darte la misma información que cualquier buscador de Internet.

Al llegar, su informe le aguardaba sobre su mesa, en un sobre de papel marrón.

Nombre: Park Jimin

Edad: 24 años

Estudios: Administración de Empresas

Nota promedio: 10

Trabajos: Puesto de secretario en la planta número 7- Edificio A en Industrias Jeon

Salario promedio: 1.000$

Detalles importantes sobre su desempeño en el trabajo:

—No se relaciona en exceso con sus compañeros debido al rechazo que provoca su atuendo

—No suele comer con sus compañeros

—Siempre toma el café en su mesa, solo

—Siempre es el primero en llegar y se va de último

—Nunca deja trabajos pendientes

—Nunca ha disfrutado de sus días de vacaciones.

Faltas de asistencia: 0

Otros detalles: Tiene familia pero no se relaciona con ellos.

Cuando leyó aquel informe, a pesar de lo escueto que era, no pudo evitar sentir lástima por ese chico. ¿Nota promedio diez y estaba trabajando de secretario con el director Wang por mil dólares, cobrando menos que nadie? ¿Realmente vivía en un almacén? Eso no podía permitirse, era un desprestigio para la empresa que uno de sus empleados viviera en un lugar como ése. Y además un empleado tan brillante como lo era él.

Pasó días mirando aquel pedazo de papel, pensando qué hacer. Hasta que llegó el viernes. Una excelente idea pasó por su cabeza: algunos de los empleados tenían coches de empresa, otros vivían en pisos de alquiler que pertenecían a Industrias Jeon y su hijo Jungkook no tenía asistente, de modo que buscaría una propuesta adecuada para él, un empleado con mejor promedio que su propio hijo, que era el director.

Llamó al edificio A y pidió que le notificasen la hora de salida de ese chico. Iría a hablar con él. Al detenerse el coche delante del almacén, Namjoon sintió un escalofrío. No era posible que realmente viviera en un lugar como ése. Si hubiera sido lamentable no habría estado mal, pero aquello era mucho peor que lamentable.

¿De verdad va a entrar ahí, señor? —preguntó el chófer.

NJ: No estoy seguro —respondió el ejecutivo, mirando con una expresión indescifrable el fondo de aquel callejón— Sí. Supongo que sí...

Ésa era la primera vez que un hombre de su condición social iba al domicilio de un empleado para hablar con él. Ésa era la primera vez que entraba en un callejón como aquél y, sin lugar a dudas, ésa era la primera vez que había visto a alguien viviendo en un lugar como ése. Caminó despacio, mirando hacia atrás cada dos pasos, para asegurarse de que su limusina seguía donde la había dejado. Al fondo había una persiana metálica extrañamente bien pintada, con una puertecilla estrecha para entrar y salir. Llamó un par de veces antes de que el muchacho abriera, visiblemente extrañado por la visita inesperada.

JM: ¡Se... se... señor Jeon! —exclamó sorprendido.

NJ: Joven Park —respondió el hombre, lamentándose de que fuera cierto que ese chiquillo viviera en ese cubículo — ¿podemos tener una reunión? Necesito hablarle de algo...

Él miró el interior de su almacén, apenado por el lugar donde vivía. En verdad no podía reunirse con él en ningún otro lugar, de no ser la oficina. De modo que se hizo a un lado y, con un gesto de su brazo, le invitó a pasar. El hombre echó otra mirada hacia su coche y entró en el almacén que lejos de lo que había imaginado, era un sitio limpio y acogedor.

JM: ¿Puedo servirle un café? Recuerdo cómo lo toma — Sonrió, y el hombre asintió.

Al entrar, a mano derecha, había una puerta de lo que parecía un pequeño aseo. Al lado de éste, un sofá con una mesita de cristal enfrente y un par de asientos tipo mecedora. En la pared de la izquierda, un mueble con utensilios de cocina. Al fondo, podía verse, un mueble librería, una cama y una mesa repleta de ropas y cajas.

NJ: Es increíble cómo este lugar puede parecer tan adorable. Sin embargo, joven Park, no puede vivir aquí si quiere seguir trabajando en Industrias Jeon —dijo serio. Dejó la taza de cristal sobre la mesita — Degradaría irremediablemente la imagen de la empresa el hecho de que uno de nuestros empleados viviera...

JM: ¿En un almacén abandonado de un callejón estrecho? —preguntó él sin saber muy bien si se trataba de eso. El hombre asintió.

NJ: En realidad he venido para proponerle algo. —Se ajustó la corbata y de pronto tomó una actitud regia — He pedido un informe sobre usted y me ha sorprendido gratamente encontrar a alguien con su nivel de estudios, de modo que quiero compensarlo.

JM: ¿Mis estudios? ¿Compensarme? —preguntó, frunciendo el entrecejo con expresión de duda.

NJ: Joven Park, me gustaría que se trasladase al Edificio B. Me gustaría de verdad ofrecerle un puesto un poco más importante dentro de la empresa. Pocas son las veces que tenemos empleados con una media académica como la suya...

Jimin lo miró sorprendido y extrañado. Aquél debía de estar siendo un sueño extraño, un sueño en el que el propietario de Industrias Jeon, una de las corporaciones más importantes del país, estaba en "su casa" ofreciéndole una mejora por el mero hecho de haber estudiado.

Se levantó nervioso, haciendo que el hombre se pusiera en pie con él. Él se colocó bien su americana —Señor Jeon, discúlpeme, pero...

NJ: Hagamos una cosa. Tengo una reunión dentro de media hora y no me gustaría llegar tarde. Enviaré a mi chófer con los detalles. Si lo acepta, me hará un poco más feliz; si lo rechaza, sólo hay algo que tendrá que hacer...

JM: Buscar otro empleo... —El hombre asintió

JM: Pero las condiciones...

NJ: Espere a mi chófer. No tardará demasiado. Ahora me tengo que ir Jimin.

El hombre salió de allí como alma que lleva el diablo. La reunión que había mencionado no sería hasta hora y media más tarde. Tampoco se trataba de algo meramente de negocios, sino de una cena con su hijo, Jeon Jungkook, el director principal del Edificio B.

Entró en una tienda de ropa, un lugar en el que sólo vendían prendas elegantes y con precios elevados. Jimin era delgado. Calculó que debía de usar la misma talla que su hijo menor, por lo que al entrar supo más o menos qué elegir. Trajes de chaqueta, camisas, pantalones, un maletín muy elegante. Igual se estaba excediendo, pero, si aceptaba el trato que le iba a proponer, su atuendo debía ser un poco más elegante. Escribió una nota en una de las hojas con membrete de su oficina y, tras dar la orden al chófer de llevarlas compras al ya, seguramente, nuevo empleado, fue a la cena con su hijo.

Jimin estaba terminando de prepararse unos macarrones con queso para cenar cuando alguien llamó a la puerta. Supo rápidamente que se trataba del enviado del señor Jeon y no dudó en abrir. El hombre llegaba cargado de cajas y de perchas envueltas en bolsas de tela blanca. Sin preguntar dónde dejarlas, las soltó sobre el sofá.

Joven Park, lamento mi falta de educación... —se disculpó.

JM: Descuide. Supongo que pesaba —respondió él con una sonrisa. Él asintió.

El chófer metió una mano en el bolsillo interior de la americana y sacó un sobre entregándoselo a Jimin.

Estimada Joven Park, las condiciones para el puesto son las siguientes: Empieza el lunes, a las ocho de la mañana. En la planta cincuenta y nueve del Edificio B, en la oficina de Jeon Jungkook, será su asistente. El salario serán 10 mil dólares al mes, que es lo que cobra la media en la empresa que yo presido. De su primera nómina se le descontará el alquiler de su nuevo apartamento y el alquiler del coche de la empresa que le servirá como transporte (los detalles y las llaves se los daré el lunes, si acepta el puesto). Además le descontaré la ropa que le lleva mi chófer, por lo que de su primer pago sólo cobrará el veinticinco por ciento del total. Espero encontrarlo al llegar a la oficina. Pase un buen fin de semana. Cordialmente, Jeon Namjoon.

Jimin introdujo de nuevo la nota dentro del sobre y miró al hombre.

JM: ¿He de darle una respuesta ahora? ¿No puedo pensarlo? —preguntó.

En realidad negarse habría sido algo muy necio. Jamás se le habría ocurrido que le ofrecerían un puesto en el Edificio B. Jamás pensó que cobraría alguna vez más de lo que estaba cobrando en ese momento y muchísimo menos que le ofrecerían un piso en el que vivir. No había mucho que pensar, pero tampoco quería parecer desesperado. Ciertamente a él tampoco le gustaba vivir en un callejón, arriesgándose cada día a que algún maleante forzase la puerta y entrase. Quería la seguridad de un piso con puertas blindadas y cerrojos de verdad.

No. A mí no debe darme una respuesta de nada, Joven Park —respondió el hombre — De hecho yo no sé qué tipo de negocio es el que tiene el señor Namjoon. Sólo soy su chófer. Además, he venido únicamente a hacer este encargo. He de marcharme. También yo he de descansar.

JM: Está bien... Pase un buen fin de semana.

Usted también —respondió el hombre antes de salir de allí a toda prisa. Habían pasado cinco minutos desde la llegada de ese hombre y ahora estaba solo, con un montón de paquetes en su improvisado salón y una nota en las manos con la oferta de su vida. Decidir qué hacer no era lo peor. Lo peor era la sensación que empezaba a embargarlo. Con esa invitación a ascender de puesto sentía como si pasase directamente por encima de los que habían sido sus compañeros. Si aceptaba, al cabo de tres días desaparecería del que había sido supuesto durante todos esos meses. Ahora sería ni más ni menos que la asistente del director, no un simple secretario. Con una indecisión sin sentido decidió mirar aquellas cajas y aquellas bolsas que el presidente de Industrias Jeon había mandado que le llevaran. Al ver los elegantes trajes de chaqueta, los zapatos y aquel maletín se vio inundado de repente por unas terribles ganas de empezar. Quería verse a sí mismo vestido como esos ejecutivos de los doramas.

18 Août 2020 03:59:07 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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