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Sir Goi


Lancelot LuPen es un adolescente que estudia en una de las academias más prestigiosas del país a la que asisten los hijos de la clase dirigente. Un día su vida da un vuelco cuando recibe unos poderes sobrenaturales concedidos por un ser poderoso y de naturaleza desconocida llamado "El Director". Esta es la historia de como Lancelot intenta convertirse en superhéroe y combatir el crimen al mismo tiempo que intentará aprobar el curso.


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#adolescente #superpoderes #acción #310 #superheroe #estudiantil
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Una apabullante normalidad

I

La Academia de Estudios Metropolitana es uno de los centros educativos más prestigiosos del país. Aquí estudian tanto los hijos de lo saltos cargos tanto de la esfera política como de la empresarial, un centro solo accesible para los más pudientes y aquellos alumnos prodigiosos que destacan en test de inteligencia y por su historial académico impecable gracias a la ayuda de becas especiales. Bueno,eso también me incluiría a mí, pero me considero fuera de los dos grupos.

Mi nombre es Lancelot LuPen. Debido a que mi familia murió en un accidente, fui adoptado por una pareja de investigadores de renombre mundial: Dóminic LuPen, psicólogo infantil con numerosas obras explicando el desarrollo emocional a lo largo del crecimiento; Isabel LuPen, pedagoga e investigadora de la Universidad de Saint George. Irónicamente, para unos expertos en la educación infantil pondría considerar que mi infancia se podría catalogar como la de un niño desatendido: Debido a la naturaleza de sus trabajos, mis tutores legales han estado generalmente ausentes. Es cierto que cuando me adoptaron tenía nueve años y supongo que mi independencia era la típica de un niño de esa edad, aún con todo mis años de primaria se hicieron en un centro público porque aunque fueran investigadores de renombre su posición era de docente universitario y no es que cobren una millonada.

Cuando se acercaron mis años de secundaria me matricularon aquí ya que según me dijeron ellos crearon la metodología de enseñanza del centro y ayudaron al planteamiento de las instalaciones para los estudiantes. Básicamente tiraron de favores y movieron hilos para meterme aquí.

Y la verdad no tengo mucha idea de porqué. Nunca he sido un estudiante muy brillante y mis habilidades físicas estaban un poco por encima de la media. Yo creo que es más porque el centro da una gran cobertura a los estudiantes: comidas, actividades extraescolares, zonas de estudio. Parece de verdad que su meta está en formar a los que heredaran los grandes imperios que crearon sus padres o recibieron de sus padres para hacer progresar el país, o algo del estilo, no sé.

Y aquí me encuentro yo, no soy ni hijo de millonario ni prodigio becado. Mi presencia en el centro es como la de cualquier estudiante,bueno diría que incluso menor. Todo esto me lo pregunto mientras voy de camino a clases por la mañana. Ah, tampoco mencioné donde vivo.

Cuando me matricularon aquí mis tutores legales me dieron también las llaves de un apartamento cerca de la academia, como a quince minutos.Así que, esto resume mi rutina: me levanto, voy a clases y vuelvo a mi casa donde veo algo en internet o leo algo. Sin clubs, salidas a media tarde con compañeros. La verdad es que puede parecer una existencia triste, bueno en cierta parte los es y esto ya lleva dos cursos, pero simplemente repitiendo el ciclo se mecaniza y no hace falta esforzarse mucho, todo está inundado por una apabullante normalidad. Pero no está tan mal, debo no esforzarme mucho y no destacar.

Esto es más bien un patrón de seguridad que he seguido— pensaba mientras subía las escaleras de la entrada principal—, en el colegio cuando intentaba hacer algo o relacionarme siempre acababa mal. Mis padres adoptivos me lo explicaban diciendo que tenía un carácter franco y extremadamente honesto que no encajaba con la percepción y las normas sociales que estandarizaban el comportamiento adecuado para vivir en grupo.

Francamente,nunca entendí a qué se referían con esa cantidad de nombres pero sabía que era un problema. Además parece ser que con la pubertad, y también las trasnochadas que hacía de vez en cuando jugando o mirando internet si soy sincero, he desarrollado un rasgo bastante desagradable.

—Ahí está, ese es el chico que te decía. Qué miedo, su mirada es como la de un delincuente— decía una chica a mis espaldas mientras caminaba por el pasillo en dirección a mi clase.

Eso era a lo que me refería, parece ser que mi mirada a desarrollado a algo que impone respeto a la gente que miro directamente, las ojeras no combinan bien con unos ojos poco expresivos y un ceño fruncido casi todo el rato involuntariamente. Además, ¿que narices sabría ella de como es la mirada de un delincuente? Seguramente el único contacto que habría tenido con alguien que no fuera ni sus sirvientes ni su familia sería en la recepción de un hotel o algo así, será so estirada. Bueno eso es lo que pensaba tampoco tenía el valor para decirlo en voz alto o más bien las energías para hacerlo

De todas maneras, no querría meter en muchos problemas a mis padres adoptivos. Ya había tenido su ración en primaria. Me limitaba a seguir andando mirando al suelo, el suelo estaba bien. No te mira juzgándote o ves la lástima en sus ojos cuando le hablas de tu vida. De todos los pies que podía ver mirando al suelo vi unos pares de pies que no tenía muchas ganas de encontrármelos a principio del día.

—Buenos días, el enchufado, bueno para nada, Lancelot Lupen— dijeron aquellos pies que pasaron a tener una cara reconocida, un pelo arreglado pero con un punto deshecho para que no se notara el cuidado que le había puesto.

—Rico Mortimer, te diría lo mismo pero no es que me haga muy feliz verte la cara tan temprano— le respondí secamente.

Rico Mortimer, el hijo del propietario de Transportes Mortimer, una empresa dueña de una línea de trasporte petrolífero que lo importaba desde otros países. En pocas palabras, la familia de este tío estaba podrida de pasta.

—Y antes de que sigas con tu acoso diario matutino te voy a quitar las ganas. Sí, soy un enchufado que mis padres tiraron de favores para meterme aquí, ¿contento?

Después de escucharme admitir lo que seguramente iba a utilizar como insulto puso una expresión irritada y se dio media vuelta en sincronía con sus otros amigos que ni siquiera sabía sus nombres. Estas muestras de acoso eran bastante casuales y cuanto más fueran ricos sus padres menos miraría el centro. Era un círculo vicioso, la importancia de sus familias le daba una sensación de superioridad por encima de los demás "mortales",a su vez como la mayoría de los fondos del centro se recibían a través de las empresas de los padres de los estudiantes, a parte de sus matrículas, el centro hacía oídos sordos a las quejas y acusaciones de estos casos dependiendo de la fortuna de los padres de los acosadores. En serio, el sistema de esta academia era tan corrupto como en la política.

—Le quitas la gracia a cualquier tipo de bullying con esa actitud indiferente y demasiado consciente, Lance— escuché decir a una voz conocida mientras intentaba entrar a la clase.

Jax, la única persona que hablaba conmigo sin querer sacar nada de la conversación o como medio para conseguir algo. Su pelo rubio,ojos oscuros, piel blanca y altura cerca de la media hacía contraste en todo conmigo siendo yo alto, de piel y cabello moreno. Bueno,quizás era más contraste nuestra personalidad. Jax era energético,abierto, de actitud positiva y bastante transparente con respecto a sus emociones. Y yo, bueno son un libro bien cerrado y con expresión de espectro.

Por lo que me dijo en una de las infinitas conversaciones que empezaba,entró en el centro con una beca musical. Se ve que es todo un prodigio con el contrabajo y me dice que lo es más con el bajo.Aunque no lo haya oído ninguna vez tocar ninguno de los dos me lo creo debido a que está en este centro, además me hace gracia imaginarlo tocando el contrabajo, por eso de que será igual de alto que él.

Entré en clase y puse mis cosas en mi sitio mientras el me contaba alguna otra cosa que hubiera pensado en el momento. Era muy hablador y yo simplemente me limitaba a escucharlo y responderle cuando me preguntase algo. Se sentía bien que alguien te hablara sin tener miedo de tu mirada o sentir pena, como hacían muchos profesores que sabía lo de mis padres.

Eran los primeros días del curso, osea que si ya de por sí las clases son poco interesantes estas son inaguantables. Con suerte me pude agenciar un sitio al lado de la ventana, me gustaba poder mirar por la ventana y tener un ángulo de la clase por el otro lado. Durante mi vida estudiantil había desarrollado unas rutinas mentales que seguía todo el día. Lo llamo rutina mental por llamar de alguna manera a pensar lo mismo cada día. Cuando estaba en la academia pensaba lo que iba a hacer cuando se acabaran las clases y cuando estaba fuera pensaba lo que iba a hacer cuando diera las clases, la verdad es que si me pongo a pensarlo bien suena bastante triste. Pero que le vamos a hacer esta normalidad tiene sus altibajos, y creo que yo soy parte del bajo.

—Como ya sabéis, en la próxima clase de Educación Física se os harán las primeras pruebas físicas del trimestre. Tranquilizaos, no se harán todas, empezaréis con las de resistencia y velocidad— Eso fue lo que dijo la profesora mientras yo estaba pendiente de una mancha en el cristal, para ser un centro de la élite una de dos, o los estudiantes son muy sucios o la limpieza deja que desear.

Las horas pasaban sin que nada interesante rompiera el ciclo rutinario que le acosaba. Estaba tan integrado en sus huesos que ni me levantaba durante los intercambios de clase, lo único que levantaba eran mis cejas cada vez que Jax decía algo que no venía a cuento. Era una manía suya, saltar de tema de conversación como el que sube una escalera, pero me gusta.

Llegó el receso, un oasis entre clases que no hacen mas que hablar los profesores mientras los demás estamos con el culo pegado a la silla como maniquíes. Con el receso de mediodía también venía el almuerzo, bueno y la soledad de no tener nadie con el que comerlo.

Durante el receso no tenía a Jax alrededor para que me alegrara el rato. Él y la banda lo aprovechaban para practicar mientras todo el mundo se dedicaba a descansar. De verdad, los de la beca musical se lo tienen que currar. Tampoco es que me importara mucho ya que no entraba a la cafetería porque me traía la comida preparada en una fiambrera,sentarme en las bancas me parecía algo impensable. Si ya me comportaba como alguien solitario sentarme solo lo intensificaría,me conformaba con sentarme cerca de las escaleras donde mi presencia no se notara, estaba solo pero tampoco quería aparentarlo.

De vez en cuando veía caras que reconocía, extraños conocidos creo que se les llamaba. Otros no tan extraños como la jeta de Rico. Si esto fuera una película seguramente el abusón me intentaría quitarla comida o algo por el estilo, lo que faltaba, encima de estar podrido de dinero me quitaba mi comida como si no se pudieras comprar como quince de estas con el suelto de su cartera. Eso sí se llega plantear algo como eso y le aplastaría la fiambrera en su confiada cara, un punto y final a mi actitud neutral y poco interesada.

Mientras saboreaba mi almuerzo lentamente la cantidad de susurros hicieron que pareciera como la hierba cuando le da el viento. Hice el intento de ver algo a través de la multitud mientras seguía sentado. Lamentablemente la curiosidad me forzó a levantarme para tener mejor vista. Eran los miembros de la Asamblea Estudiantil andando por el pasillo hasta la cafetería.

La Asamblea Estudiantil era una cosa diferente que en la mayoría de institutos al parecer. El papel en la secundaria suele ser algo más para que los profesores y directivos de los centros se enteren de las quejas de los diferentes cursos y clases a través de los delegados o representantes de la misma. Aquí era muy diferente: los miembros dela asamblea seguía siendo los representantes de sus clases pero sus poderes eran mucho más amplios. Se parecían más a la capacidad de organización y planificación de los consejos estudiantiles universitarios. Organizaban eventos, movilizaciones y participaban en cumbres y debates incluso fuera del centro. Supongo que porque los estudiantes eran los hijos de grandes personajes dentro de la sociedad esto tenía un apartado más formativo que representativo,preparando a las futuras generaciones a moverse en los ambientes que ya lo hacen sus padres.

A la cabeza de los miembros de la Asamblea estaba liderando una chica, la belleza pálida llamada Elizabeth Pim. No sabía mucho de ella, sabía que era de mi mismo año pero iba a una clase diferente a la mía y era una estudiante modelo.

—Ahí va Elizabeth— dijo una voz reconocido pero inesperada al lado de mi oreja, la sorpresa hizo que girara la cabeza sin pronunciar palabra—,la llaman "La Reina de Hielo". Aparte de porque es muy pálida de piel y tiene unos ojos fríos se dice que no es muy expresiva y parece que su cara está siempre congelada de la misma manera da igual la situación. Es la presidenta de la Asamblea aunque es de nuestro mismo año, parece ser que es todo un portento: dicen que es muy buen líder y mejor estudiante. Y si mal no recuerdo su padre es el dueño de Construcciones Pim, una empresa que hace obras por toda la ciudad, incluso proyectos públicos. Pero esos ojos, no crees que los Liza se parecen mucho a los tuyos, harías buena pareja, ¿verdad, Lance? Aunque creo que hay rumores de que está saliendo con Rico...

—Más quisiera él— dije a media voz mientras jugueteaba con la comida con mi tenedor de plástico—. Un momento, ¿no tenías hoy ensayo con la banda?

—Bueno, digamos que hoy he salido antes— dijo mientras se rascaba la parte de atrás de la cabeza—. Pero es porque me aburría con mis compañeros de banda, tú eres mucho más divertido— Respondió con una sonrisa encantadora, lo único que pude hacer fue responderle con una sonrisa honesta.

—Bueno, de qué estábamos hablando... ¡Ah, sí! De que al parecer te interesa la presidenta, casanova— dijo mientras me daba ligeros codazos en el costado.

Mientras Jax estaba haciendo aquel numerito infantil, mi mirada fue a parar a la presidenta. Por un momento, nuestras miradas se cruzaron. Al darse cuenta, su cara hizo una mueca extraña. Para que la Reina de Hielo cambie su cara mi mirada debe de ser bien horrenda— pensé mientras suspiraba.

Pasé el resto del receso con Jax mientras se metía conmigo intentando provocarme. El resto del día fue tal y como me lo imaginaba, el reloj movía sus manecillas pero yo no sentía que nada cambiase. Una vez más fui engullido por el curso de la rutina.

Terminaron las clases, recogí mis cosas y fui en dirección a la salida.Mientras estaba pensando en que cenaría, fuera de la realidad que merodeaba, Jax me interceptó y me sacó de mi rutina mental.


—Lance, ¿ya te vas?— me preguntó sin aliento, deberá haber corrido hasta llegar a mí.

—Claro—le respondí sin pensarlo—, ¿tu tienes ensayo con la banda no?

—Sí...

Sus palabras estaban llenas de una sensación rara, no sabría explicarlo.

—Así que esto es lo que vas a hacer este año. ¿Vas a volver a repetirlo?— me preguntó.

—¿A qué te refieres?— Estoy muy confuso si digo la verdad.

—¡A esto!— gritó ya desesperado— No haces nada, ni un club ni un grupo fuera de clase, nada. ¿Te da igual, no quieras nada más?


Ahora que lo pensaba, creo que nunca me había hecho esa pregunta. Es cierto que me había acostumbrado a este tipo de vida. Del apartamento a la academia y de la academia al apartamento. No tenía ni trabajo a tiempo parcial, ni alguna actividad extraescolar, era bastante penoso.

—Supongo—me encogí de hombros—, no es algo que haya que pensarlo mucho.Además, no es como si me quejara.

¿Cómodo?Podría ser, ¿agradable? No creo. Estoy hecho un lío.

—Ya veo... — me respondió sin mucha seguridad. No, no creo que lo veas—. Bueno, no te molesto más. ¡Hasta mañana!

Dijo después alejándose. No Jax, tú nunca molestas. Siendo sincero me había hecho reflexionar bastante. Pero estoy muy cansado de todo el día. Y quiero cenar.

La cena fue un plato que había preparado durante el fin de semana para tenerlo listo para calentarlo simplemente. Haber vivido gran parte de mi adolescencia, o preadolescencia, no sé, solo me había otorgado una independencia que más quisieran esos niños ricos.

Mientras cenaba y veía cualquier cosa en la televisión tenía por costumbre desahogarme de ver a tanto snob yendo de un lado para otro. Normalmente esas quejas iban hacía Rico y su desagradable mueca que hacía cuando se estaba riendo de mí. Qué ganas tenía de estamparle una libreta en la cara.

Después de mirar un poco el móvil, decidí que me debería acostar ya. Se estaba haciendo tarde. Con los dientes lavados y en con la ropa con la que solía dormir me metí en la cama. Hora de empezar de nuevo el ciclo— pensé mientras cerraba los ojos—. El sueño invadió mi cuerpo y deje de pensar.

II

Abrí los ojos, la situación era completamente diferente. Estaba en medio del salón del apartamento. Bueno, eso es lo que yo pensaba, los muebles estaba hecho trizas y los cajones saqueados y las cosas rociadas por el suelo. Me levanté del suelo y me dí cuenta de la ropa que llevaba. Creía que era mi ropa pero tampoco podía saberlo porque estaba hecha trizas. Qué cojones ha pasado aquí— pensé mientras entraba en pánico.

—Vale, vale... me voy a calmar un poco— dije en voz alta mientras intentaba controlar mi respiración.

Lo primero en lo que pensé fue en la hora, no sabía cual era porque no me había despertado por la alarma del teléfono. Fui a mi cuarto y lo encontré tirado en el suelo. Parecía un poco magullado pero no tenía nada grave. Encendí la pantalla para mirar la hora. Ya había pasado una hora desde mi hora de levantarme de siempre.

Con una prisa alarmante, cogí lo primero que ví para comer y fui a buscar el almuerzo que me dejé preparado. No estaba, bueno no estaba la comida porque el recipiente estaba dentro. ¿Que demonios había pasado aquí? ¿Entraron a robar y me dejaron inconsciente hasta ahora? No puede ser no tenía ninguna herida.

Mientras pensaba todo esto me vestía como bien podía. La ropa parecía estarme mas estrecha, será porque me la estoy poniendo con prisa. Faltaban minutos para que empezara la siguiente clase, sabía que no me iba a dar tiempo pero aún así salí corriendo lo más rápido que pude.

Cuando llegué a las puertas, resignado por la derrota, sonó el timbre del comienzo de la hora. Miré mi móvil para confirmar, acaba de empezarla clase. Tendré el reloj mal configurado o algo— me convencí ami mismo mientras corría hacia la clase. Estando en la puerta de la clase me fije en que no había nadie. Se suponía que a segundo no teníamos ninguna clase de laboratorio, y todavía faltaban días para las pruebas físicas

—Las pruebas físicas.... ¡Mierda!— ahogué un grito mientras corría al vestuario mirando de nuevo el móvil. ¡Habían pasado días!

—¿Se puede saber donde estabas?— me regañó Jax— Estamos a punto de empezar, ¡date prisa y cámbiate!

—Cambiarme...¡Mierda me he olvidado, la ropa de gimnasia!— apretaba los dientes por la ansiedad.

—Siempre tienes un set de emergencia en el casillero, so bobo— me reprendió.

Llegué justo para el comienzo de las pruebas, la ropa seguía quedándome ajustada, habrá encogido.

—Bueno, vamos a empezar la vuelta de resistencia a la pista— comenzó el profesor—. Salid en orden de lista.

Mientras mencionaba a todo el mundo le empecé a dar vueltas a todo esto. No tengo ni idea de por qué está pasando todo esto. ¿Acaso soy ahora sonámbulo y no me he dado cuenta? Aún así dormir tres días seguidos es imposible. Había oído de casos en los que una persona perdía control de su cuerpo por días completos y no tenía recuerdos de la experiencia, pero esperar que me pasara a mí.

—¡LuPen!—gritó el profesor a lo que respondí con una mirada confusa mientras me preguntaba por qué me había llamado—. A la pista, te toca.

Me puse en marcha sin pensarlo demasiado, sabía que mientras estaba en la prueba también podría pensar en ello. Total, no creo que durara mucho.

La jerarquía deportiva en la clase siempre estaba dominado por los mismo. Tenía preferencia o dominio en las mejores puntuaciones los clubes deportivos, dentro de estos el club de béisbol era el que más destacaba. Dentro de este el que más destacaba entre todos era Rico,¡que asco le tengo!, así que estas pruebas no creo que se distancien mucho que en las de otras veces.

Pasaba el tiempo y habían muchos que se había retirado ya. Yo no sentía nada de cansancio, qué narices está pasando. Es verdad que no estoy en plena forma pero tampoco en baja. Moverme bastante durante el día y comer una dieta equilibrada hacía que mi salud fuera buena pero...esto no es normal.

—Oye,¿ese no es LuPen?— dijo uno de los compañeros que estaba delante de Jax—. Increíble, le puede seguir el ritmo al trío magnífico del club de béisbol.

El"trío magnífico" era el nombre que se le daba a Rico y los dos sabuesos que tenía siempre a cada lado.

—¡Es verdad!— dijo el estudiante de al lado sorprendido.— No sabía que estaba en tan buena forma.

Alrededor de Jax estaba empezando a surgir un murmullo en el que todo el mundo hablaba de lo mismo.

—Oye Jax— le dijo un estudiante que conocía de la banda—, ¿tu sabías que Lancelot estaba en tan buena forma?¿Hace deporte fuera de la academia?

—Que yo sepa no— respondió incómodamente. Jax no para de preguntarse qué mosca le había picado a Lance.

Pasaron los minutos y no cambiaba casi nada. Sólo quedaba yo y el trío.

—Mierda —exhaló Rico mientras miraba atrás—, ¿que mosca le ha picado a este tío? ¿Es que quiere desmayarse en la primera prueba? Ahora verá— dijo mientras aumentaba la marcha

—No lo hagas, Rico. No es bueno que...— intentó decirle uno de sus sabuesos.

—¡Calla, Robert!— le gruñó rico mientras aceleraba.

—Será posible...— dije entre dientes— ¿ese capullo me está rentando?

Era obvio, miró atrás y me sonrió con aquella mueca desagradable. Sobrepasé a los 2 capullos y me puse al lado de Rico durante lo que quedaba de prueba.

—Oye,míralos. Están yendo a por todas— dijo uno de los alumnos entusiasmado.

Antes de que Jax se diera cuenta todo el mundo estaba aclamando este carrera sin darse cuenta de que ha sido todo el tiempo una prueba física de resistencia. Vaya lío— se lamentó Jax mientras miraba a su amigo estar al nivel del máximo deportista de la clase.

***

Elizabeth Pim andaba por el pasillo con unos documentos que le había pedido la secretaría que repartiera entre los demás profesores y colgara con ayuda de sus secretarios y sus mejores amigo y amiga. Paso por la zona abierta que daba a la pista de atletismo debido a que quería un poco de aire fresco y el calor del sol. Sin embargo se encontró una cosa más interesante y escandalosa. Si hay algo que no le gustaba era el caos y el escándalo. Perturbaban el silencio necesario para concentrarse y destruía el orden necesario para la vida correcta.

Ese caos por lo que pudo ver estaba producido por la competición entre 2 chicos, ambos tenía una idea de quiénes eran. Uno era Rico, aquel chico de su mismo curso que era un incordio. Eran ya numerosas las veces que le había pedido salir y había insinuado cosas que no eran para nada ciertas. Estaba claro que quería su atención, no eran pocos los rumores que circulaban sobre él y su experiencia romántica. Sin embargo así no lo conseguiría.

El otro lo había visto de vez en cuando en los pasillos, cabizbajo o acompañado de aquel rubio bajito. No había nunca hablado con él pero hace unos días mantuvo contacto visual con él. Le habían dicho que su mirada daba miedo, y era verdad que parecía al principio eso pero luego de fijarse había notado algo más dentro de aquella expresión retadora. Era algo parecido al miedo. Desde es momento no se podía quitar de la cabeza ese momento.

—Una competición de testosterona, ¿verdad?— se rió mirando hacía la pista—. Bueno, ya me enteraré del resultado, esto son cosas que no pasan muy a menudo.

***

Las vueltas pasaban y las voces de nuestros compañeros se hacían más intensas. Miré a Rico, aguantaba bien el tipo pero su respiración se estaba empezando a descontrolar. Tal vez sea ya hora de parar,pero... ¿Por qué yo no siento cansancio? ¿Qué diantres me ha pasado en tres días?

Decidí hacer un poco el acto y fingir que me estaba empezando a cansar.

—¿Qué LuPen, ya te llegó el límite?— exhaló con dificultad.

—Eh, y tú estás igual— dije intentando fingir que me faltaba el aire más o menos.— ¿Por qué no hacemos una tregua? Total, todavía quedan pruebas que hace hoy.

—Me vale— me respondió.

Los dos llegamos a un acuerdo y decidimos terminar en esa vuelta este duelo. Nos esperaban nuestros compañeros gritando como si estuvieran viendo una carrera olímpica. En cuanto paramos delante del grupo Rico se puso a andar mientras recuperaba el aliento, como sabría que cualquier copia de eso quedaría raro teniendo en cuenta que él es el mejor bateador del club de béisbol decidí tumbarme en el suelo boca arriba mientras fingía que recuperaba el aliento. Esto de hacerse el cansado era más difícil de lo que creía.

—Buen trabajo a los dos— nos felicitó el profesor—. Diría que habéis roto el récord de vuestro curso en la academia. No obstante, medíos las pulsaciones para saber como de "en forma" estáis.

Eso no lo había pensado, estoy en problemas. Calculé mis pulsaciones poniéndome el dedo índice y corazón en la carótida y calculé durante 6 segundos. ¿Sesenta pulsaciones? Imposible, he estado corriendo durante mucho rato intensamente, me tengo que haber equivocado. Lo intenté otra vez y me dio el mismo resultado.

Ahora solo me queda una opción: esperaré a que Rico diga las suyas y le añadiré como cinco o diez más. Creo que eso será lo mejor.

—Bueno, Rico dime las tuyas— le preguntó el profesor.

—Ochenta y dos— le respondió mientras me miraba a mí retadoramente.

Pero será... solo por eso diré cinco por debajo de las suyas.

—¿Y tú, Lancelot?

—Unas setenta y siete, creo— dije mientras mantenía los dos dedos en el cuello.

Surgieron mucho murmullos del grupo, supongo que no se creían que podían estar por debajo de las de Rico: el tío más atlético de nuestro curso. Chúpate esa, mamón.

—Buen trabajo a los dos, tenéis el físico de dos atletas profesionales. Me enorgullece como vuestro profesor— se sonrió mientras nos decía aquellas palabras honestas.

La siguiente prueba era la carrera de los cien metros. Esta prueba se media más tu capacidad de aceleración y velocidad media más que otra cosa, no me debería costar mucho. Ahora que lo pienso, la prueba de resistencia era mi pesadilla personal. Por mucho que lo intentara en el pasado siempre me quedaba a mitad de tabla, pero esta vez incluso me rebaje por el bien de Rico... ¿Por el bien de Rico?¿Qué mosca me ha picado?

—Lance— me dijo Rico sacándome del trance confuso en el que estaba—, no creas que me he olvidado de la promesa que me hiciste antes.

Es verdad, no me acordaba. Firmamos la tregua cuando dije que había otras ocasiones, ¿en qué lío me he metido?


Asentí mientras me levantaba, la clase estaba alrededor de nuestras marcas con un continuo chismorreo. Parecía que esto sería la comidilla de este trimestre: "el Don Nadie de LuPen reta a el capitán del club de béisbol, Rico Mortimer", me pregunto cómo he llegado hasta aquí.

—En sus marcas...— anunció el profesor—. Preparados... Listos...¡Ya!

Salimos los dos de nuestras marcas, tardé medio segundo más porque seguía enfrascado pensando. Rico giro la cabeza mientras se adelantaba y me miró con su sonrisa burlona, qué asco me da. Sin pensármelo mucho aumenté el ritmo más de lo que debería haberlo hecho.

—No me lo puedo creer— gritó un compañero—, ¡Ha adelantado a Rico!¡LuPen lo ha hecho!

Llegué antes que él a la meta, cuando me frené note como la suela de mis zapatillas se desgastaba con un chirrido escandaloso. Pero... ¿a qué velocidad he corrido?

—¿Seis segundos?— le dije con la boca abierta a uno de mis compañeros que tenía el cronómetro con mi tiempo.

No había hecho este tiempo en mi vida, creo que nunca bajé de los diez segundos. Rico me miraba con la cara retorcida de la rabia, parece ser que el había hecho más tiempo. No sé que me está pasando pero solo por esto a merecido la pena.

—¿Pero qué demonios pasa contigo?— me gritó Jax mientras se ponía a mi lado después de venir corriendo—. ¿Desde cuando has estado haciendo ejercicio sin decírmelo? No me mientas, por favor.

—¡LuPen!—me dijo uno de los amigos de Rico—. Tienes un bicho en la espalda—dijo con dificultad mientras se reía.

Sin dudarlo me quité la camiseta con prisa, que asco, ¿y si fuera una mantis religiosa? Esas cosas me dan asco, con esos ojos saltones y la forma de su cuerpo. Me puse a sacudir la camiseta hasta que me sorprendieron los gritos de mis demás compañeros.

—¡Lance!— volvió gritar Jax a pleno pulmón mientras me apuntaba con el dedo—. ¿Cómo estás tan cachas?

Miré para abajo a mi pecho. Pero qué... ¿Desde cuándo tenía los músculos tan desarrollados? Mi torso se veía como el de algún deportista de élite que participa en las Olimpiadas. Me entró tanta vergüenza que me puse torpemente la camiseta mientras los demás. Este va a ser un día muy largo.

Pasó el día más o menos sin más sorpresas. Lo único que me parecía que había venido para quedarse eran los cuchicheos de los demás estudiantes entre ellos cada vez que me veían y las risas nerviosas de las chicas cuando me veían. Había alguna que apartaba la vista cuando estaba cerca, otras me medían de arriba a abajo pero la mayoría se preguntaba seguramente lo que se extendió como la pólvora: ¿de verdad LuPen está tan bueno? Me estoy muriendo de la vergüenza, de verdad.

Añadiendo al caldo, Jax estaba que no paraba. Me atosigaba con preguntas que no sabía responder: ¿Dónde has estado estos tres días? ¿Cómo te has puesto tan fuerte en tan poco tiempo?; estaba que no podía,aunque me parecía normal. Si habláramos como si fuera una cadena alimentaria, había pasado de ser una presa a competir con el superdepredador de este ecosistema. Y como me temía, esto no iba aquedar de esta manera.

—Oye, LuPen— me dijo Rico mientras estaba saliendo de la academia. De verdad que lo único que quiere es otra cosa de la que preocuparme,bastante he tenido con el día de hoy—. ¿Tú quién te crees que eres?

Las palabras de Rico estaban llenas de hostilidad. Como líder tanto del club de béisbol como de mi curso entero necesitaba imponer su dominancia. Su derrota en la clase de Educación Física suponía que se le cuestionaba su posición y su poder. Como si eso importara en un maldito instituto, pero ahora lo que tenía que hacer era que pareciese que no tengo ni idea.

—No tengo ni idea de qué me hablas— le respondí en un tono totalmente neutro, o eso creía.

—Ya sabes a lo que me refiero, ¿has estado tomando anabolizantes?¿Te has puesto en forma en este poco tiempo lo que no has hecho en toda tu vida? —me preguntó con un tono totalmente falto de respeto. De verdad como lo odio.

—¿Has acabado ya con tus insultos? ¿Hemos acabado aquí?

—O no lo creo— dijo mientras venía hacia mí.

Su marcha era agresiva, estaba dispuesto a golpearme. Esto se iba a poner feo.

Se abalanzó haciendo un amplio arco con un gancho de derecha (esquiva por debajo hacia afuera). Lo esquivé sin mucho dificultad, pero,¿cómo? Continuó su ofensiva con un directo apuntando a mi cara con la zurda (desvía con el antebrazo hacia arriba. Lo desvié, ¿quien era esa voz de mi cabeza?¿Soy yo?¿Acaso me he vuelto un experto en las artes marciales? Esto no tiene sentido (anula su empujón separando sus brazo en direcciones contrarias). Anulé su empujó dejándolo indefenso (ataca su bazo), le golpeé en la barriga. Se dobló con dificultad intentando recuperar la respiración mientras se retiraba un par de pasos para atrás, la gente se empezó a reunir alrededor.

Viendo como todo el mundo estaba viendo esta pelea, cargó para intentar de nuevo un gancho de derecha (utiliza su inercia para proyectarlo por encima tuya. Sin saber cómo le hice una llave cual judoca, al caer al suelo parece ser que la caída no fue ligera. Rico se retorcía en el suelo mientras la gente de alrededor se volvía loca con la conclusión de la pelea. La gente aclamaba, como en el Coliseo, espera, ¿cómo se yo como la gente se comportaba en el Coliseo Romano?

***

La gente se volvía más ruidosa, Elizabeth parecía cada vez estar más cerca del epicentro del problema. Los miembros de la Asamblea que estaban hablando unas cosas con ella la acompañaban mientras se dirigía a interrumpir lo que estuviera pasando, todos al igual que ella escucharon a la gente mientras corría hablar de una pelea. No sabía por qué, pero esto tenía que ver con lo que vió a segunda hora esta mañana.

Ahí estaban: aquel chico de mirada triste que estaba de espaldas a ella, Lancelot LuPen; y en el suelo retorciéndose de dolor Rico Mortimer,la estrella del equipo de béisbol y el chico más popular del curso.

—Se puede saber qué está pasando aquí, ¡que alguno de los dos conteste!

Los dos se giraron mientras ella decía aquellas palabras llenas de fuerza y frustración.

—Él...él me ha atacado— dijo Mortimer mientras se intentaba levantar con dificultad.

—¡Y una mierda!— explotó Lancelot—. Él ha sido el que ha empezado esto, todo los que estáis aquí sois testigos.

La gente empezó a murmurar en tono de aprobación a lo que acaba de decir, los susurros continuaban. Lancelot cogió su mochila y se puso en marcha para irse de el anfiteatro humano.

—¿Tu adónde crees que vas?— preguntó Elizabeth con tono autoritario.

—¡A mi casa!— le respondió en el mismo instante, ya no quedaba nada en su mirada triste sino retadora, una llama de fuerza y voluntad.

Antes de que pudiera decir algo se habría paso a través de todo el mundo,era improbable que alguien se pusiera en su camino si hubiera visto lo que había pasado. Las palabras no le salían, jamás había visto esa pasión guerrera en nadie en la corta vida que había vivido Elizabeth. Vaya lío que iba tener que aclarar ante el Consejo Directivo ella sola.

***

III

—¿Qué demonios acaba de pasar? —me preguntaba apoyado en la puerta del interior de mi apartamento.

En ese mismo momento me golpeó, no me había dado cuenta hasta ahora deque mi casa seguía estando como me la encontré esta mañana. Hice unas cuantas fotos y se lo mandé a Dóminic e Isabel, me tuve que inventar que entraron a robar mientras yo estaba en la academia. Me dijeron que no me preocupara y que podía gastar lo que quisiese para comprar nuevos muebles. Esto se estaba volviendo un lío de narices,sin embargo, necesitaba todavía ponerme al día con lo que había hecho en estos tres días. ¿Cómo una persona puede cambiar tanto en 3 días? Me he puesto en forma, más que en forma diría que con el físico de un deportista de élite; y al parecer también se de artes marciales o algo porque no es normal como he peleado contra Rico, por lo menos esos movimientos no lo eran. Aquella voz... ¿Era mi conciencia?¿Una voz interior mía?¿Qué narices me está pasando?

Todo eso eran muchas cosas de las que pensar, así que mientras lo pensaba decidí limpiar todo y más o menos adecentarlo hasta que me llegaran los muebles que había pedido. Los muebles que estaba hechos trizas los puse en un rincón, barrí y fregué el suelo lo mejor que pude.Hasta la nevera estaba hecha un asco por dentro, que lío. Fui acoger el cubo de la fregona y me fijé en una cosa rara en el reflejo había un rostro, uno diferente al mío.

—Pero,¿qué narices?— dije mientras me daba la vuelta, no había nadie en mi espalda.

Volvía mirar y solo estaba mi reflejo. ¿Que me está pasando? No, estoy seguro de que había alguien en el agua, alguien que no era yo. No valía la pena pensar mucho en ello por ahora.

Después de limpiar estuve pensando en alguna manera de saber que estuve haciendo estos tres días. Me acabo de acordar que tengo en el móvil una aplicación de navegación, con suerte me dirá los movimientos de estos últimos días. ¡Bingo! La aplicación me marcaba una ruta que llegaba hasta el centro.

Fui a vestirme y llegué a una conclusión: mi ropa oficialmente me queda muy ajustada. Debe de ser porque he aumentado en tamaño y la talla que tenía de antes no me queda del todo bien. Cogí la ropa más holgada que tenía en mi armario: una sudadera y un pantalón de chándal. Con suerte el pie no se me había agrandado y tenía la misma talla. Otra cosa en la que tendré que gastarme dinero, la maldita ropa. Supongo que la academia tendrá uniformes que me queden bien, yo estoy en tercero y tienen alumnos hasta los cursos preuniversitarios.

Es otra cosa que no me ha quedado clara: ¿Como mi masa muscular ha aumentado tanto que ni me he dado cuenta? Esto es un dolor de cabeza cada vez más intenso y todavía solo he asomado la cabeza por la madriguera del conejo.

La ruta me llevó al centro hasta un bar en el subterráneo de un edificio que parecía un tugurio. No entendí nada en el cartel porque parecía estar en griego o algo así, lo supuse porque tenía una omega bien en grande. En el mapa decía que el bar se llamaba "El Ágora de Ares". Era un nombre bien pretencioso para lo que parecía un local de mala muerte.

Eran las cinco de la tarde así que supuse que si era un bar no habría mucha gente. Bajé las escaleras y abrí la puerta que chirriaba como la de un salón del oeste. El interior del bar estaba mal iluminado, habían varías mesas de billar y alguna que otra diana para tirarlos dardos. Unas cuantas sillas desperdigadas acompañaban a una larga barra que atravesaba el ancho del local.

—¿Que quiere tomar?— dijo el anciano que estaba detrás de la barra mientras limpiaba una jarra—. Espera, tú eres...

—¿Yo soy?— dije confundido mientras me apuntaba la cara con un dedo.—¿He venido antes a este local?

***

Estuvo un tiempo andando sin rumbo, nunca había visto ningún edificio así de grande como los que le rodeaban fuera a donde fuera. Lidón había viajado por todo el mar Mediterráneo, había visto los Jardines Colgantes de Babilonia, las calles de Damasco, el partenón ateniense; sin embargo, ninguna de estas ciudades se asemejaban en magnitud a la envergadura de estos edificios. Su deambulamiento le llevó hasta un sitio con un cartel que podía leer, estaba escrito en lo que se parecía a la lengua natal de su pueblo. Sabía que no se encontraba para nada cerca del Peloponeso, incluso puede que ni siquiera estaba en la era en la que nació.

Esto debía de ser obra de aquel hechicero—pensó —, no, llamarlo hechicero o alguna clase de conjurador sería subestimarlo. Ese hombre estaba al mismo nivel que las criaturas de los mitos, incluso puede que al nivel de los dioses. No sabía donde estaba, solo sabía que se había despertado en un piso, se vistió con los extraños ropajes que vió y cogió aquel artefacto que hacía sonidos raros y aquella bolsa de cuero con algún tipo de moneda extraña y algunos papeles y trozos de un material raro en forma rectangular.

Bajo por las escaleras hasta llegar a la puerta, cuando entró nada parecía lo que el se había imaginado. Para ser un ágora estaba mal iluminada, carecía de omegas que representasen a Ares que supuestamente era el custodio de este lugar. Este sitio es muy raro.

—Bueno,¿qué va a ser, joven?— le miró aquel anciano al otro lado de la valla de madera. Suponía que ahí recibiría la bebida.

—Vino—le respondió. El viejo se rió

—¿Está seguro?— el anciano se encogió de hombros mientras negaba con la cabeza—. No sé de cuando será esto— dijo mientras le enseñaba la botella—, sinceramente creo que estaba aquí antes de que comprara el local. Disfrútalo.

Le sirvió en un vaso chato, parecía que esa era la costumbre para bebérselo en estas tierras. Estaba amargo, con algunos toques ácidos. Se parecía a aquel vino que cosechaban al oeste de su hogar, Italos creía que se llamaba.

—Oye, mocoso— le dijo una voz a sus espaldas mientras disfrutaba de su bebida—. ¿No crees que es hora de que te vayas al instituto?

—¿Qué dices, Jacobo? —dijo el anciano con mirada confundida.

—Yo he visto ese uniforme antes —le señaló con el dedo, el hombre que le estaba maleducademente molestando mientras se toma aquel vino era un matón o por lo menos tenía el mismo desdén en su voz. Sea la época que sea uno podía reconocer a la escoria solo por la manera en la que se dirigía a los demás—. Es uno de esos pijos que van a esa dichosa academia. ¿Por qué no te vuelves por donde has venido?

—No deseo problemas —dijo Lidón—, si no queréis salir mal parados os aconsejo que desistáis con este sin sentido.

—¿Tu también estas escuchando esto? —le dijo el flacucho de Jacobo al gigante calvo que tenía al lado—. Te voy a dar una somanta de palos que vas a entender lo que es el respeto.

Lidón suspiró, miro a lo poco que le quedaba en el vaso. Se lo tomó de un trago mientras los matones se acercaban. Mientras se levantaba miró al anciano y posó la cartera sobre la barra.

—Anciano, quédese con todo lo que hay en la bolsa— le dijo sin vacilación—. Por la bebida y los destrozos que puedan ocurrir.

***

—¿Que yo he hecho qué?— grité mientras el viejo me contaba lo que había pasado aquí hace unos días. La cabeza no paraba de darme vueltas,¿por qué diantres me habría yo comportado de esa manera?¡No tiene sentido!

Le pedí infinitas disculpas mientras el dueño del local me enseñaba las sillas que se habían roto y los cristales que había tenido que cambiar. Por alguna razón el anciano no se mostraba molesto con mi actuación, es más su bigote se retorcía al reírse mientras me veía avergonzado delante de él.

—Siéndote sincero tu "peleilla" fue más el remedio que la enfermedad—me dijo mientras se acariciaba el mentón que estaba tan arrugado como si cara—. Desde aquel día, ni Jacobo ni la escoria de su pandilla se ha acercado a este lugar. Por eso tengo que darte las gracias.

El anciano se inclinó mostrando gratitud. Intenté detenerle pero sin ningún resultado.


—Aún así me sorprende que hayas venido aquí sin problemas— dijo mientras se retorcía el bigote con los dedos.

—¿A qué se refiere?— le dije con confusión.

—Bueno, pues que después de esa pelea y de que se fueran llegó la policía. Seguramente fueron ellos quienes los llamaron.

—¿Fui detenido por la policía?— mi boca estaba completamente desencajada.

—Sí,aunque si estás aquí y no te acuerdas de nada puede que solo te dieran un aviso o que fueran policías sobornados que te quisieron dar una reprimenda. Hoy en día no sabes que polis están sucios y cuáles no, total, si intentaron algo no creo que consiguieran mucho habiéndote visto manejar a esos camorristas.

Me estrujaba la sesera mientras el anciano se reía. En ese mismo momento se abrió la puerta y entraron tres hombres. Al parecer,estos fueron con los que me "encontré" el otro día. Lo digo porque nada más verme el más adelantado sacó una navaja.

—¡Tú!—me dijo el de la navaja que tenía la nariz desfigurada—. Te vas a enterar, ¡niñato!

Antes de que pudiese responder se abalanzó blandiendo el cuchillo hacía mi abdomen. Con un movimiento instintivo me aparté de la trayectoria y desvié el cuchillo golpeando en la muñeca con el canto de la mano. Sin que me diera tiempo a observar lo que estaba pasando, un grandullón calvo me intento golpear en la parte de atrás de la cabeza con su gran puño. Me escabullí por debajo dejándole que siguiese en su trayectoria y le golpeé en el costado con el codo,mugió con un toro.

Mierda,me están ganando terreno (debes de seguir moviéndote, no dejes que te arrinconen. Decidí hacerle caso a la voz, espera, ¿no era esa mi voz interior?— pensé mientras me movía en semicírculos alrededor de ellos— No, estoy seguro, es la voz de otra persona (cuidado con el pateador, cuélate en su guardia y derríbale la pierna de apoyo. Gracias, ¿por qué me estas ayudando? (¿Todavía no lo entiendes?,Da igual, esto podría ser mucho más fácil si me dejas tomar el control). Espera, ¿por qué dejaría que una voz que está dentro de mi cabeza tomara el control de mi cuerpo? (Porque esto duraría la mitad de tiempo. Sé que tienes muchas dudas, te lo explicaré luego pero ahora confía en mí, ¿de acuerdo?) Vale— dije a la voz de mi interior— por ahora te daré control, pero después tienes que devolvérmelo, ¿trato? (como gustes).

En ese mismo instante, perdí el control de mi cuerpo. Seguía sintiendo todo pero no me respondían mis extremidades. El de la navaja volvió a atacar de nuevo, mis brazos cortaron su ímpetu y pusieron su muñeca de una forma antinatural que se veía dolorosa. El pateador aprovechó para iniciar su ofensiva, hizo un arco con la pierna siendo el punto de golpeo el talón. Mis rodillas se flexionaron con una rapidez extraordinaria, sin soltar la muñeca del otro, mi pierna derecha describió un arco con el objetivo la parte de atrás de la rodilla del pateador que se encontraba a la pata coja. Cayó en ese mismo instante, sin perder ni un segundo, mi cuerpo se contorsionó en el aire. Mi talón izquierdo cayo sobre el estómago del pateador. Hizo un ruido como si se quedara sin respiración (esa patada iba al diafragma).

Nada más levantarme el gigante calvo se me echó encima atrapándome en un abrazo de oso. Tenía mis dudas, este hombre tenía el tamaño y la fuerza de un oso. Mi cuerpo se revolvió y se soltó de la terrible tenaza, si desperdiciar un momento, acabé detrás del calvo y mis brazos se extendieron formando un fuerte agarre por el abdomen.Mis piernas se flexionaron haciendo un suplex digno de una competición de lucha "full-contact". El gigantón acabó en el suelo con lo que parecía una contusión ya que no se movió del sitio.

Me quedé sorprendido por la escena, dos de los hombres que intentaron asaltarme había caído al suelo incapacitados para poder golpearme de nuevo. Mientras yo seguía fijándome en el suelo el de la navaja se retorcía intentando levantarse.

—Malnacido...—soltó mientras se levantaba y sacaba de su espalda una pistola—. A ver si qué haces contra una bala.

Mierda, ya está, se acabó, no hay manera de que salga vivo de esta. Cerré mis ojos y esperé a mi final. Un sonido ensordecedor fue acompañado de un tintineo en el suelo. Abrí los ojos mire hacia abajo, no había herida, ni un rasguño. En el suelo estaba la bala, comprimida e inutilizable, es indudable que ha sido disparada. Miré el lugar del impacto, un agujero en la ropa... ¡Solo había un agujero de bala en la ropa! Ni herida, ni moratón, ¡nada!.

—Pero qué...— la cara del flacucho era un cuadro, no se podría creer lo que estaba pasando. De hecho ni él ni yo, no me había hecho nada una bala.

Debido a la confusión tardó un momento pero me disparó de nuevo, esta vez mi cuerpo esquivó la bala. Otra disparo siguió, pero qué... mi mano se movió como un rayo y paró en seco. Había cogido la bala...una bala que iba dirigida hacia mí... fue parada en seco por mi mano en movimiento.

De la desesperación el flacucho salió corriendo y los otros dos le siguieron. Estuve un momento meditando, qué acaba de pasar era algo que no comprendía. Me toque la cara, había recuperado el control de mi cuerpo, como me prometió la voz. Salí corriendo del bar, no sabía que estaba pasando y acabé en un callejón apoyado en una de las paredes.

(¿Ves lo que te digo?) Esa maldita voz me dijo.

—Vale, no sé que esta pasando, no sé quién eres o por qué te oigo en mi cabeza—dije al aire, me tengo que haber vuelto loco definitivamente.

(Tranquilo, no estás perdiendo la cabeza, es normal que ahora te sientas así. A mi cuando me concedieron estos poderes pensé que perdía la cordura).

—Pero, ¿de qué poderes estas hablando?— dije desesperado.

(Tu fuerza, tu velocidad, tus reflejos, tu habilidad en combate, todas esas características han mejorado y todavía te falta por darte cuenta de algo que ya has visto) Esa voz me dijo todo esto, empezó a tener sentido este día de locos.

—¿Qué es lo que me falta?— me reí con desesperación.

(Mira en aquel charco) Un charco de a saber qué estaba en medio del callejón. Me acerqué y... No creía mis ojos. Aquella cara, la que ví en el cubo de la fregona... estaba delante de mí y se movía sola.

—(Ahora entiendes lo que te digo)— los labios de la cara se movían pero la voz estaba en mi cabeza. ¿Qué esta pasando?¿En qué lío te has metido, Lancelot?

—(Note equivoques, tu no eres el responsable de todo esto. Tú solo eres una herramienta de aquel hombre)

¿A qué hombre se refiere? Eso era lo que me preguntaba mientras la lluvía caía sobre mi cuerpo.

Una palmada llegó a mis oídos, su eco tronaba por todo mi cuerpo. La lluvia... La lluvia se había parado en medio del aire. Las gotas no caían, no había ningún ruido en las calles, el silencio era sepulcral. Antes de que pudiera procesar la situación ví un hombreen la entrada del callejón.

El hombre iba vestido con traje, su pelo era de un castaño oscuro con algunas canas que no le sentaban mal. Su mirada decrépita estaba acompañada por unas ojeras profundas decoradas con unas enfermizas bolsas debajo de los ojos. Su semblante era el de alguien aburrido,que no le sorprendía nada que yo parecía no entender.

—Saludos,Lancelot DeMille— dijo el extraño hombre con expresión aburrida.

Este hombre, sabía mi nombre, y no cualquier nombre, mi nombre... Con el apellido de mis padres.

—¿Sorprendido?—siguió, las comisuras de sus labios no imitaban una sonrisa ni por asombro—. Seguramente hay muchas cosas que no entiendas ahora mismo. Todo a su debido tiempo. Por ahora pongámonos cómodos.

Una palmada resonó, mis ojos se cerraron automáticamente. Cuando los abrí todo había cambiado, me encontraba... ¿Dónde me encontraba?

—Esto se podría considerar el vacío— dijo una voz, adireccional, sin ninguna referencia de su lugar de origen—. La ausencia de cualquier referencia espacial confunde la mente humana. Los humanos están programados para buscar referencias visuales para medir distancias, profundidad, color y peligro. Al mencionar la palabra peligro apareció, aquel señor de expresión aburrida.

—Bueno esto es solo una meditación metafíscia— dijo mientras se mantenía inmóvil—. Por ahora deberíamos sentarnos.

Antes de que me diese cuenta me encontraba sentado de cara a él. El estaba con las piernas cruzadas sentado en una gran butaca de terciopelo rojo, yo en el otro lado estaba en una silla plegable metálica.

—Bueno, mientras te explico todo qué tal si jugamos a algo— antes de que entendiera la frase completamente una mesa apareció con un tablero y unas figuras que no conocía. Se parece al ajedrez, pensé.

—¿Te gustan los juegos de mesa, y qué tal los de estrategia?— me preguntó.

—Bueno—respondí tímidamente—, me gustan en la misma cantidad que todo el mundo, creo. En los de estrategia me defiendo algo.

—Ya veo— fingió una sonrisa—. Te propongo jugar, es un juego que no conocerás. Se llama Tjak.

Me explicó por encima las reglas del juego, los jugadores disponen de 20 piezas que pueden realizar cuatro acciones: atacar, defender,pasar turno y mover. Existen 10 piezas únicas: el lancero, el caballero, el peón, el esclavo, el rey, la reina, el hechicero, el obispo, el acróbata y la atalaya.

El rey, la figuraba más importante, daba una zona en la que las unidades aliadas se podían mover sin ningún problema.

La reina, otorga una zona de restricción en la que las figuras enemigas no podían moverse.

El lancero, vencía en ataque al caballero, peón y esclavo, pero no se podía defender ante los ataques de las demás unidades que podían hacerlo.

El caballero, era superior en defensa al lancero y ganaba al peón y el esclavo.

El peón, una unidad simple de infantería que ganaba al esclavo y si llegaba al área del rey enemigo podía transformarse por dos turnos en la figura que quisiese.

El esclavo, la figura más débil, podía copiar el ataque de cada figura aliada en 1 turno una sola vez por partida.

El hechicero, puede atacar a larga distancia e inmovilizar tropas.

El obispo, puede dar defensas a unidades aliadas y deshacer acciones hechas por los hechiceros enemigos.

El acróbata, puede flanquear a las unidades enemigas y matar a dicha unidad de un solo golpe

La atalaya crea una zona que hace imposible el flanqueo a unidades aliadas en dicha zona.

Jugamos una partida después de que explicara las normas, me ganó en siete turnos. Personalmente creo que lo hice bien para ser mi primera partida, lo que me gano fue su estilo de juego: era tan directo y sin engaños que me hizo pensar todo el rato que estaba haciendo un farol constante.

—Interesante—dijo con sus largos y finos dedos entrecruzados que servían de apoyo para su triangular rostro— es tu primera partida y has sabido defenderte con cierta maestría. Una buena adición al Aspecto del Lancero...

—¿Aspecto del Lancero?— pregunté.

Con un rápido movimiento tiró todas las figuras del tablero mientras cogía solo una. La apoyó, no, más bien estampó contra el tablero haciendo resonar el golpe por el Vacío. La figura estrellada era la del Lancero.

—Verás—rompió el incómodo silencio—, este juego es uno que me gusta mucho. Sin embargo, me he cansado de jugarlo. He llegado a aborrecer el tablero mismo en el que se juega— dijo mientras tiraba el tablero al suelo, o lo que yo creía que era el suelo.

—Así que un día decidí cambiar las reglas del juego. La primera que cambié fue la cantidad de unidades, decidí que fuera solo una década una por lo tanto diez; la segunda era buscar en el reino humano sujetos que encarnaran los atributos de dicha figura y los llevaran con gloria. Y la última— se relamió los labios con expectación—,no intervenir ni una sola vez en la partida, a excepción de la asiganción de los "Aspectos". Como irás entendiendo, has sido seleccionado como mi campeón Lancero, Lancelot DeMille.

Estaba empezando a entender las cosas, lo único que todavía no entendía era las identidades tanto de la voz como la de este hombre.

—No te escondas detrás de tus pensamientos— una voz horriblemente fría y metálica me sacó de mi meditación. Mi garganta se secó mientras intentaba tragar desesperadamente.

—No sabes todavía quién soy, eso lo puedo solucionar rápido— me dijo mientras esperaba la respuesta de la pregunta formulada en mi cabeza—. Soy un simple jugador, no, un director de la partida. Yo pongo las figuras en el tablero y ellas son las que se mueven, ¿queda claro?

Asentí obedientemente, me quedaba claro que no tenía refugio ni en mis pensamientos.

—Y esa vocecilla que te acompaña, eso lo soluciono ahora— una fuente de mármol apareció en medio de la nada, en un parpadeo.

Me acerqué, porque pensaba que eso era lo que quería el... Lo llamaré"El Director", por ahora.

Mirée el agua vibrante de la fuente, ví aquella cara familiar pero del todo desconocida. Sin que me diese cuenta el brazo con la manga del traje remangada de El Director se sumergió en el estanque. En un movimiento saco una figura de la misma fuente, me giré para ver aquella figura. No era una figura sino un hombre, arrodillado mirando abajo mojado enteramente como si hubiera estado sumergido en el agua todo este tiempo.

El hombre tenía el pelo corto, la tez morena, unas rasgos finos y un cuerpo musculoso. Se encontraba sin una tela que cubriese ni un centímetro de su cuerpo. Se levantó y miro directamente al Director.

—Vaya—dijo el Director, creo que esta era la primera vez que podía leer alguna emoción en él, era curiosidad—. Así que un guerrero de la polis de Atenas... Muy interesante, eso indica que tienes un gran sentido de la justicia y el deber, aparte de tu valentía por supuesto.

—¿Qué tiene eso que ver?— dije confusamente— ¿Y qué diablos?¿Este hombre llevaba todo el tiempo dentro de mí?

—Las respuestas a dichas preguntas no son verdaderamente sencillas— dijo en tono didáctico—. Primero, eres un Aspecto del Lancero, y no el primero. Él es uno de las numerosas entregas de este juego. Segundo,no es que esté dentro de tí sino que forma parte de tí: él y muchos otros; desde guerreros de tribus prehistóricas hasta soldados valientes de las guerras modernas, y tú pareces tener cierta afinidad con un ciudadano ateniense, Lidón se llama. Aunque en tu mundo lo conozcas más bien por otro nombre, Heracles o Hércules en su versión latinizada.

—¿Él es Hercules?— dije perplejo.

—Bueno, Heracles es el mito que se creo a partir de su persona. Un poderoso guerrero que aplastaba a sus enemigos con una fuerza implacable, casi celestial— sus labios se retorcieron en una sonrisa perversa—.William Wallace también fue otro Lancero. Este no tuvo tanta suerte y pasó a ser un héroe trágico, pero su Claymore se decía que partía caballos.

—¿Y qué se supone que pasa a partir de ahora?— pregunté.

—No lo sé, puede que no pase nada y vivas tu vida con tranquilidad—comentó casualmente— pero eso sería un aburrimiento y nadie le entretendría. Puede que poco a poco te encuentres con más piezas del tablero, algunas más cercanas, otras más lejanas. Puede que en tu academia o en la otra punta del mundo. Tu elegirás que hacer a partir de ahora.

Antes de que pudiera preguntar otra cosa, una palmada resonó. Volví, al mundo, al Tierra, llena de márgenes y referencias que confirmaran mi posición. La lluvia golpeaba mi cuerpo y empapaba mi ropa mientras yo seguía acabando de entender lo que acaba de pasar y en qué lío me había metido.

4 Août 2020 15:48:02 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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