hoshi-yoo1595711510 Hoshi Yoo

Un chico normal que esta a punto de comenzar la preparatoria comienza a tener extraños sueños, que en ocasiones rozan a pesadillas, en los que es una pequeña en una celda oscura. Los sueños poco a poco comienzan a tornarse más extraños e incómodos, mientras que se va percatando que en realidad no son sueños, y que en realidad él es ella mientras duerme.


Fantaisie Médiévale Déconseillé aux moins de 13 ans.

#demonios #magia #brujas #escuela #genderbend
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En un oscuro cuarto.

Parte 1:

Frente a él había un oscuro y húmedo cuarto que difícilmente superaría dos metros cuadrados de amplitud.

Las paredes eran mohosas. Eran rocas apiladas una sobre otra, como una de esas antiguas construcciones en los periodos de las colonias americanas… aunque el realmente no tenía modo de saberlo, solo era la sensación que le daba.

Estar allí tirado era un poco escalofriante.

Sintiendo una aguda punzada recorrer sus brazos, logrando que sus labios se retorcieran en una mueca de dolor, intento levantarse del suelo, notando entonces la carencia de músculos en esas delgadas extremidades superiores, mientras caía sobre sí mismo por la falta de fuerzas.

Si bien nunca había destacado por un gran físico como algunos de sus compañeros, él estaba seguro de su fuerza. No era algo sobresaliente como para ganar olimpiadas inter-escolares, pero le era suficiente para labrar la tierra y

Cultivar algunas plantas, recoger sus cosechas y transportarlas al pueblo más cercano… lo hacía a pie y debía caminar decenas de kilómetros. Su físico no destacaba por fuerza, pero si por resistencia, de modo que al cruzarse brevemente la idea de haberse agotado demasiado trabajando hasta estar en tal estado, se esfumo al instante.

No recordaba haber trabajado tanto en los días anteriores.

Recordar… era cierto, no recordaba haber trabajado tanto, tampoco recordaba cómo había terminado en su actual situación.

¿De dónde venía? ¿Cuánto tiempo había estado allí tirado? ¿Quién era exactamente?

Su cabeza comenzó a llenarse de dudas; algunas preguntas que parecían no tener respuesta.

En medio de la confusión sus manos se levantaron para sostener su cabeza y al observarlas por segunda vez pudo percatarse de algo.

En medio de la oscuridad, apenas si podía ver aquellos delgados brazos, pero aun así podía notarse. Esta delgadez, esta falta de fibras musculares, en lugar de parecer alguien carente de actividades deportivas, era más como desnutrición. Si además añadía el hecho de que sus manos eran bastante más pequeñas de lo que recordaba, era fácil llegar a una conclusión.

— Este no es mi cuerpo…

Esas palabras salieron como un doloroso susurro que a duras penas se deslizaba por su seca garganta. Pero entonces, si ese era el caso ¿De qué se trataba toda esta situación?

Logrando sentarse con mucho esfuerzo, se acomodó cruzando los brazos y piernas, ya que de este modo se sentía más cómodo para pensar. Reflexiono por algunos instantes en aquellas inquietudes que rondaban su cabeza percatándose entonces de lo que estaba pasando.

“Sin recuerdos de cómo llegue aquí, ni una noción del tiempo que ha pasado. Está claro que estoy soñando. Sí, estoy teniendo un mal sueño… ¿Un sueño en el que estoy consciente de que estoy soñando? ¿O es eso un sueño lucido?”

Si ese era el caso, y teniendo en cuenta que no era la primera vez que sentía una experiencia como esa, escapar de aquel oscuro cuarto no debería ser muy difícil, solo debía ponerse en pie y comenzar a caminar, automáticamente se abriría una ruta para el… o tal vez se atibaría algún mecanismo para llevarlo fuera… eran Muchas las posibilidades, si tan solo pudiera ponerse en píe.

Mientras estaba pensando en ello, ya lo había intentado un par de veces, pero ese pequeño y desnutrido cuerpo no le respondía apropiadamente. No sabía si era la falta de fuerzas, o la sensación de escalofríos que le recorría, haciéndole temblar, sus rodillas no lograban desdoblarse para levantar su cuerpo.

Bueno, levantarse no debía ser su única opción. Seguramente, si lo deseaba y se concentraba lo suficiente, debería poder moldear un poco el escenario de su sueño.

Juntando las manos, poso las palmas sobre la fría pared de piedra y cerró los ojos con fuerza mientras se imaginaba como esta se movía para dejarle salir de allí. Solo pudo sentir un ligero temblor en los muros y el suelo debajo de él, pero al abrir los ojos la pared no se había movido un solo centímetro.

Bueno, eso había sido un poco tonto; incluso si hubiese logrado moverla, sus piernas no tenían fuerzas para escapar. Incluso, aun así, sentía que habría sido genial poder ver algo más, aparte de aquel lúgubre y tenebroso cuarto.

“Que fastidio… ya quiero despertar”

Mientras pensaba en ello, sintió como las pocas fuerzas en ese cuerpo comenzaban a abandonarle, cayendo recostado lentamente al suelo. Los parpados le pesaban y se cerraban solos… justo la sensación que se sentía cuando estaba por despertar de un sueño lucido…. Y entonces allí estaba, recostado en su cama, en el interior de su cálido cuarto.

Su mano se levantó como si quisiera alcanzar el techo para luego empuñarse como si estuviese agarrando algo en el aire, dejando oír un leve susurro.

— ¿Otra vez ese sueño?

Fuera de su ventana, por la que entraba una fresca brisa mañanera, aún estaba oscuro, pero por el sonido de las aves, podía saberse que estaba a punto de amanecer.

Volver a dormir sería un desperdicio. Tras estirarse para quitarse el sueño de encima y soltar un largo bostezo, el chico salto fuera de su cama, echando un vistazo al reloj colgado en la pared en frente suyo. Eran las 4:45 am.

Tomar un baño, cepillar sus dientes y vestirse, era la rutina que siempre tenía. No estaba incluido cepillarse el cabello, no solía arreglárselo mucho, a diferencia de algunos de sus compañeros que siempre llevaban extravagantes peinados que se mantenían intactos por horas gracias al gel fijador.

Silenciosamente camino fuera de su habitación, caminando sobre a punta de sus pies hasta salir al corredor principal donde lo esperaba una puerta de madera, pintada de blanco. Tras cruzar está el exterior de su casa era un hermoso huerto frutal, del cual cogió un par de naranjas mientras lo surcaba y tras pelar una comenzó a ingerirla como su desayuno.

“Hoy desperté más temprano que de costumbre, debería aprovechar para cavar un par de surcos en mi huerto”.

Así tan pronto como lo pensó, regreso junto al pasillo de la casa para tomar una mochila y tras poner está en su espalda corrió a prisa; no quería desperdiciar su tiempo.

El lugar en el que se encontraba su huerto personal, no estaba aquí en la parcela de sus padres, había aproximadamente 900 metros de distancia antes de llegar a los terrenos de sus abuelos, los cuales eran con creces mucho más grandes que los que tenía su familia.

El anciano ya hacía 6 años que no podía trabajar de forma adecuada en los campos y para Math no era ningún problema ayudarle; amaba el campo, tanto que al terminar las horas escolares prefería regresar a labrarlo en lugar de cualquier actividad extracurricular. Eso preocupaba a sus padres y hermanas ya que tenía pocos amigos, tal vez a causa de su actitud.

Para el no significaba ningún problema. Había estado ahorrando desde que comenzó la secundaria, también cada regalo de cumpleaños que recibía que no fuera ropa, lo vendía para ahorrar ese dinero también y lo que recibía en paga como agradecimiento de su abuelo, lo cual no era poco, también lo ahorraba.

Su aspiración era tener suficiente para comprar una pequeña parcela cuando terminara la preparatoria.

Por supuesto eso no era lo único que tenía planeado para su futuro. Incluso él tenía otras cosas que quería hacer. Por ejemplo le gustaba mucho la música; ya a la edad de 14 años sabía tocar 3 instrumentos: el bajo, la flauta y el violín.

Pensaba que sería bueno si un día pudiese formar una banda y hacer música con ellos, pero también sabía que para sobresalir en dicho mundo hacía falta más que solo trabajar duro y en su opinión carecía de talento.

Si fuese a dedicarse a ello probablemente su vida sería muy dura y al final no había seguridad de que lograría nada, por eso había decidido dejar eso como un pasatiempo y dedicar sus esfuerzos a su otra pasión, su huerto.

Aunque al principio había venido solo como ayudante de su abuelo, a estas alturas el anciano ya no tenía fuerzas para seguir trabajando y desde hace un par de años era solo él el que labraba esos campos; el trato era que a cambio podría tener su huerto personal allí, teniendo derecho a reclamar todo lo que se produjera en este. Esto era un gran empuje para sus planes a futuro.

Aunque en un principio el viejo no estaba seguro de lo que le parecía eran delirios de su nieto, tras verlo trabajar con tanto esmero por algunos años, sin que su determinación decayera, había decidido que cuando llegara el momento, le vendería la parcela en que el muchacho había sembrado el huerto.

También estaba la opción de heredársela, pero entonces tal vez el joven comenzaría a desestimar el valor de los frutos de su esfuerzo. Eso y lo más probable es que el no aceptaría de ese modo.

Mientras el joven trabajaba arduamente el so finalmente alumbro sobre los campos indicándole que pronto debería dejar su labor para dirigirse a la escuela. Se preguntó a sí mismo si debería antes ir a saludar a sus abuelos, pero probablemente ellos aun dormían y desistió de esa idea de inmediato. Todo lo que quedaba era guardar las herramientas en un viejo cobertizo al lado de la quinta y tomar camino. Bueno, esa era su idea, pero mientras serraba el portón del cobertizo no pudo evitar notar alguien saliendo de la casa de los ancianos.

No eran sus viejos y tampoco parecía ser algún empleado. De hecho si se tratara de lo que aparentaba, esa persona lucia como una chica de su edad, alguien que no había llegado a ver por allí antes, con algunas ropas bastante a la moda, muy diferentes de la polera holgada y el pantalón ancho que el vestía. Tampoco las chicas de por allí vestían así, incluso las que conocía del pueblo cercano, Santa Clara, donde estaba el colegio donde iría a estudiar.

Esta era una zona rural bastante tranquila, alejada de los bullicios de muchas ciudades y claramente por su estampa aquella chica era una citadina.

— ¿Qué pretendes rondando la casa de mis abuelos?

Justo las palabras que él estaba pensando decirle a aquella desconocida, se escucharon en una suave y bella voz, que a la vez tenía un tono un poco pedante. Era molesto, desde su punto de vista, el de Math, había pedido su oportunidad, además ya era difícil para el tratar con las personas que conocía, las cuales eran todas personas tranquilas de una gran zona rural. La chica en frente suyo significaba un nuevo nivel de dificulta que se levantaba varios niveles por encima sobre el que estaba acostumbrado en lidiar.

— Solo guardaba las herramientas en el cobertizo. Es muy tranquilo por acá, pero igual es mejor prevenir y guardarlas mientras no las usamos.

Contesto Math apartando su mirada.

“¿Un empleado?” se preguntó la chica en su mente al ver la reacción del joven frente a ella. “No, tal vez el hijo de algún empleado.”

— Confiare en tus palabras por ahora, por lo que también, si estas guardando las herramientas ¿Quiere decir que también te diriges a Santa Clara en este momento?

Ella intuyo que si las guardaba era porque no estaría trabajando en la mañana lo cual significaría que iría también a estudiar cómo estaba ella a punto de hacerlo y antes de que el tuviese tiempo de responderle la chica volvió a hablar.

— Vamos yo te llevo.

— ¿A dónde?

Contesto él con un muy profundo tono de duda.

— Por supuesto a la prepa de Santa Clara… Hoy es el primer día, no querrás llegar tarde.

Mientras decía eso último, un objeto que colgaba en los delgados dedos de la chica hacia un sonido de tintineo y tras presionar un botón en lo que parecía ser un pequeño control remoto un agudo sonido como de sirena chillo irrumpiendo en la paz de la mañana.

Al girar su rostro para ver que había provocado aquel sonido, la mandíbula de Mat casi se desencaja al ver aquel auto deportivo en el que ella subía mientras volvía a invitarlo…

Parte 2:

Había un ligero sonido acuoso muy cerca de allí. No era agua corriente, era más bien algo muy leve y repetitivo, como cuando dejas el grifo a medio cerrar y quedan algunas gotas aun regándose. Al percatarse de aquel sonido reacciono con algo de sorpresa ¿había perdido el conocimiento? Nuevamente no tenía noción del tiempo… Nuevamente estaba en aquel oscuro cuarto.

“¿En qué momento…? No, es cierto, esto solo es un sueño”.

Tras los fallos que había tenido antes de despertarse aquella mañana, no veía mucho sentido gastar sus fuerzas en intentar cualquier cosa, no le vio ningún sentido siquiera a intentar levantarse, solo debía quedarse allí acostado hasta que volverá a despertar.

Bueno, aun había una dolorosa sensación en su estómago por la que valdría la pena intentar moverse, al parecer sentía mucha hambre. Pero aun así, no era como si fuese a encontrar un modo de salir de ahí para buscar algo de comer.

Teniendo eso en mente, el sonido de una bandeja arrastrándose en el suelo llamo su atención; al observar la dirección de donde venía ese sonido pudo ver lo que parecía ser un plato metálico deslizándose a través de una pequeña escotilla en la parte inferior de la puerta de aquella pequeña habitación.

Era cierto, ya había tenido sueños como ese antes, sueños en los que de pronto sentía hambre y sin importar el momento o lugar, de forma oportuna encontraba algo que comer, pero la mayoría de esos sueños terminaba igual, en cuanto intentaba dar el primer bocado despertaba quedando con una extraña ansiedad de comer. Bueno eso no importaba ahora mismo, entre más pronto despertara era mejor.

Como pudo se arrastró hasta la puerta donde le estaba esperando la bandeja; normalmente la gente dice que en los sueños no se siente dolor, pero el por experiencia sabía que eso no era cierto del todo. Efectivamente había sueños en los que uno no sentía ningún dolor, pero también había sueños en los que el dolor estaba presente y este parecía ser uno de esos.

El bocado de comida que le aguardaba en el fondo del plato no era algo muy agradable, una masa verde que parecía ser algunas hiervas apelmazadas y molidas, junto a un viscoso liquido naranja. No lucia nada apetitoso, sin embargo no tenía nada que perder, a fin era un sueño y aún seguía sintiendo una dolorosa hambre.

Incluso habiendo adoptado esa mentalidad, la idea de poner eso en su boca seguía siendo algo que considerar, o más bien era objeto de dudas que le abatían mientras tomaba un poco entre sus sucias manos y lentamente lo llevaba a su boca.

Su esperanza era que despertaría con el primer bocado, pero extrañamente eso no sucedió en esta ocasión. Por suerte la sensación de aquel bocado en su boca tampoco era muy desagradable. Solo era como masticar harina de maíz pre cocido sin sal y aquel liquido como beber gelatina sin sabor a medio cuajar. Ciertamente algunos no le encontrarían muy agradable, pero tampoco era un sabor, o más bien sensación a la que no pudieras acostumbrarte.

Tras masticar y pasar aquella sustancia por su garganta, la sensación de malestar en su estómago desapareció como por arte de magia… Bueno, esa parte no era de extrañar si tenía en cuenta que solo estaba soñando.

Ya que aún sentía algo de hambre continuo comiendo, percatándose que también la sensación de dolor en sus brazos y piernas se aliviaba.

“Ojala la realidad también fuera así de fácil” pensó por un momento pero rápidamente se retractó “Como si quisiera vivir encerrado en una celda para siempre”.

Al terminar de comer empujo el plato nuevamente fuera del pequeño cuarto, percatándose que la persona que lo había traído aún se encontraba allí, pues pudo oír un burlón “fufu” y luego sintió algunos pasos alejarse.

Desde que aquel sueño se había hecho algo recurrente, esta era la primera vez que interactuaba con alguien más allí, si es que eso podía contar como una interacción.

“¿Tal vez esa persona podría sacarme de aquí?” por un momento contemplo esa idea, pero rápidamente cambio de parecer. “Si fuera a hacerlo no me habría traído comida aquí adentro… Entonces ¿Si grito por ayuda?”

Eso parecía ser una idea mucho más factible y no dudo en intentarlo, pero su voz no logro salir a través de su garganta. Otra horrible sensación que tienes en algunos sueño. Que al intentar hablar o llamar a alguien tu voz no sale, aunque normalmente cuando eso sucede viene acompañado por una sensación de terror o desesperación, sin embargo eso no era lo que estaba sintiendo Math en este momento. Lo que sentía era solo frustración a tal punto que algunas lágrimas se deslizaron por sus mejillas mientras se dejaba caer al frío suelo nuevamente.

“Ya quiero despertar” pensaba para sí mismo “O más bien ¿No debería estar ya despierto? Estoy seguro que ya estaba camino a Santa Clara con esa chica citadina”.

Mientras pensaba en ello pudo sentir una ligera sensación fría en sus mejillas, justo como si alguien pusiera sus manos sobre su piel luego de haber agarrado algo muy frío. Junto a esta extraña sensación nuevamente vino aquella pesadez somnolienta que le forzaba a cerrar los parpados y entonces nuevamente abría los ojos en lo que el percibía como la realidad.

Frente a él se encontraba aquella pelirroja que acababa de conocer hace poco menos de una hora, sujetándole el rostro con las manos a la vez que hacia un extraño puchero que se podía leer como decepción.

— ¿Eso es todo? ¡Eres muy aburrido!

Replico mientras lo soltaba para regresar las manos al volante.

— ¿Puedo saber el significado de eso?

— Nada realmente. Te quedaste dormido a mitad de camino... Parecías tener un mal sueño y quise sorprenderte.

— ¿Y por eso nos hemos detenido en medio del camino?

Al mirar hacia el frente, se podía ver lo que se consideraría como la Entrada a Santa Clara, un pequeño pueblito compuesto de edificaciones no muy altas. En su mayoría solo casas de una planta y algunas pocas de dos.

Claramente aún no habían llegado a su destino.

— En realidad no conozco el camino desde aquí ¿Podrías guiarme?

— Entiendo.

Tras responder el comenzó a darle indicaciones mientras el auto nuevamente se ponía en marcha.

25 Juillet 2020 21:42:11 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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