sonatinaparth Sonatina Parth

¿Distanciamiento social durante la cuarentena? ¿Ser o no ser? ¿He ahí la cuestión? Eh, no, en realidad Leigh no sabría mucho de eso, ya que tiene dos compañeros de casa. Aunque, de hecho, cree que podría disfrutar de la soledad si tuviera la oportunidad. Pero, ¡Está bien! uno de ellos incluso es su mejor amigo, así que puede con eso, a pesar de los pesares. Sin embargo, sumarle a esto una visita inesperada... Podría modificar por completo esa apacible teoría filosófica.


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Maleta de ruedas

La cuarentena cayó como un aguacero cuando el sol está radiante, no era como si no tuvieran conocimiento general sobre el virus que estaba esparciéndose desde China, pero se sentía tan lejano que nadie había estado preparado cuando se dictaron las abrumadoras medidas de seguridad.

Era un día de semana, Leigh había estado en el trabajo cuando ocurrió, por lo que para el medio día el canal en el que hacía doblajes ya lo había enviado fuera.

Harper estaba en su día libre.

Pero, Karin estaba en la universidad en la que daba clases. En medio del caos que había explotado en el exterior, fue Leigh, quien tenía el carro del mayor de los hermanos, el que había tenido que mentir a los funcionarios, alcabala tras alcabala, para llegar a él y llevarlo de vuelta a casa.

Karin había tarareado cada canción en la radio, saludando con amabilidad a cada funcionario que los interrogaba y sonreído sutilmente todo el camino.



Afortunadamente, después de un mes de cuarentena y de reorganización, su área habitacional era una de las pocas con "circulación flexibilizada", por lo que si bien no podían estar afuera como quisieran, había ciertos horarios para el aprovechamiento y cobertura de las necesidades básicas.

Leigh había ganado el indulto de la semana y se había quedado dormitando en el mueble, mientras los otros dos tuvieron que salir de compras. No podía evitar que sus ojos se cerraran, veía un programa de Netflix que tenía toda la pinta de ser un pésimo gamelote, aunque no es que él tuviera muy buen criterio.

La verdad era que los programas que más le gustaban solían cancelarse, como "Sense 8", "Zoo" y "The OA", en su opinión, era toda una tragedia.

Y, hablando de tragedias "ficticias" ... No tenía ni idea de que su apacible día estaba a punto de irse al carajo.



El sonido sordo de pequeñas ruedas girando sobre el cemento agitó algo de lucidez en medio del avanzado sopor, tan inesperado como un presagio.

Luego... silencio.

No le dio importancia y empezó a hundirse de nuevo en la inconsciencia.

Pero entonces, sonó el timbre.

Leigh se sentó y restregó su rostro, pareció recordar algo y chasqueó los dedos como gesto de comprensión.

¿Karin se llevó el carrito que su abuela le regaló? ¿En serio?, pensó con burla.

Creyendo que sin duda se trataba de este, ya que siempre olvidaba sus llaves.

Listo para molestarlo hasta la muerte con eso, ni siquiera vio por la mirilla, sus ojos ya eran dos medias lunas traviesas.

Sin embargo, al abrir, se topó con el hombre que menos esperaba ver, un pesado bolso de gimnasio le cruzaba el pecho y el aza de una maleta estaba sostenida en sus manos.

... Se veía bien, mejor de lo que Leigh esperaba, después de haber abandonado a su madre tras culpar sus genes por la "inaceptable rareza" de su primogénito, lo que se traducía en ser homosexual.

Tenía una que otra arruguita en las esquinas de los ojos y en las comisuras de la boca, pero tenía el mismo aire académico y respetable de siempre.

Un silencio incómodo y pesado se alzó entre ellos.

—Decretaron cuarentena en mi zona y no puedo quedarme en mi casa. ¿Puedo quedarme contigo? — Dijo el hombre, sin más.

Lo había olvidado, así como él estaba convenientemente ubicado, otros se estaban viendo obligados a buscar asilo en casa de familiares y amigos o en refugios drásticamente controlados.

— ¿Qué hay de tía Kitty? — Preguntó Leigh.

— Tu tía ya recibió en su casa a Lindy, Borens y los niños, también está esperando a Harry que será liberado de los dormitorios de la universidad esta semana — Indicó con obviedad.

Porque claro, Leigh debía haberlo sabido, aunque le importara un comino la familia de su padre, quienes también lo habían ignorado como a la peste cuando se enteraron de que era gay.

Leigh masajeó su ceja derecha con los dedos, un gesto de incomodidad adquirido, tratando de pensar en qué decir.

— ¿Es eso un no? ¿Debería ir a casa de tu tía a pesar de que no tiene espacio para mí? ¿Como un lamentable desterrado? — Increpó su padre.

— Vamos Larry, no es eso... Pero yo... ¡Vamos! Esto es inesperado — Balbuceó, refunfuñando mentalmente en contra de su madre, solo ella pudo haberle dado su dirección sin habérselo consultado.

Su madre solía hacer cosas así, y hace rato que había querido que recuperara el contacto con su figura paterna.

Leigh alzó la vista, notó el torso de alguien unos pasos tras su padre. Subió un poco más la mirada, se encontró con una clavícula y cuello algo sudorosos, un tapabocas torcido, como si acabará de ponérselo apresuradamente (de hecho, estaba seguro de que eso es lo que había pasado), y la mitad de un rostro sonrojado por el vigoroso ejercicio matinal.

Seguro había ido a trotar antes de hacer las compras, tal vez incluso después.

Enganchó su visión en esos ojos agua marina que le devolvían la mirada, atentos y algo cuestionantes.

Una idea torcida surgió en la cabeza de Leigh.

— Larry, la verdad es que... — Empezó a buscar las palabras adecuadas, no fingiendo su nerviosismo por lo que iba a decir.

— Y, sabrías esto si me hubieses llamado a menos una vez en todos estos años: No estoy solo ¿Lo entiendes no? — Expuso Leigh, haciendo una mueca de "Lo siento, querido padre".

Podía aprovechar el hecho de que su madre era una provocadora que adoraba decir las cosas a medias. Podía usar eso a su favor para hacer que su padre se fuera por elección propia, no es que fuera irracional y no pudiera poner de su parte para tratar de mejorar su relación, pero... No se trataba de una llamada de cortesía para ir a tomar un café, era un acercamiento demasiado invasivo y definitivamente no le gustaba, lo hacía poco dispuesto a tolerarlo.

— Entonces, lo que estás diciéndome es que... ¿Vives con otro tipo? Vaya, ahora sí que haces lo que se te viene en gana, exactamente lo que querías — Se burló su padre, con cinismo e inconformidad.

El recién llegado achicó sus ojos ante el tono despectivo, analizando, y luego le guiñó un ojo a Leigh, como si pudiera ver la línea de sus pensamientos.

Leigh chasqueó la lengua con sus dientes superiores, ignorándolo.

Solo podía pensar en lo "increíble" que era su padre, ese comentario era un 100/100.

¿De dónde sacaba una actitud tan confiada? ¿De dónde los homofóbicos sacaban la seguridad de que ellos tenían la razón y los demás estaban equivocados?

Y volviendo a la casa, no era como si pudiera vivir en una casa como esa él solo, su progenitor debía saber el alto costo de los bienes inmobiliarios. La "herencia en vida" que su madre le había aceptado legar para ayudarlo a independizarse, no alcanzaba para tanto, tomando en cuenta los gastos de vida y que él mismo trabajó durante dos años para terminar de pagarse la universidad.

Y no es como que si ese hombre frente a él lo hubiese ayudado en algo después de irse con otra mujer. Seguramente con la idea de volver a tener un "varón" digno de verdad, uno que perpetuara su legado.

— Bueno, debido a los seis años que tenemos sin vernos simplemente voy a obviar el comentario. Así que, sí, lamentablemente no depende solo de mí — Leigh comentó con algo de satisfacción.

La figura de ese "no estoy solo", pretendía quedarse de forma brumosa de principio a fin, la ambigüedad necesaria para que su padre decidiera seguir su camino, de ser necesario usaría a Harper como su escudo.

Así que sintió sus nervios erizarse cuando el hermano de su mejor amigo entró lleno de confianza, un solo vistazo y estaba claro que asumió el papel que no le correspondía.

— ¿Es tu padre Lele? — Preguntó con calidez, esa era la voz de un "inocente truquito" que en breve se volvería en su contra.

Karin no se habría apresurado a llamarlo así en circunstancias normales, pero dado a lo excepcional del caso... No había más que, reconocer su audacia con resignación.

Su padre giró y se encontró con un hombre de apariencia juvenil, al menos un poco más joven que su hijo y ligeramente más alto que él mismo. Era obvio que tenía una construcción ósea grande, por lo que a pesar de no ser "delgado" tampoco lucía como alguien rechoncho.

— Umm — Respondió Leigh, ocultando su desacuerdo.

— Que se quede entonces, tu familia es mi familia Lele — Selló, dejando aflorar una carismática y dulce sonrisa de aceptación — Por cierto, yo soy Karin... Su pareja — Se presentó, palmeando con suave firmeza el hombro del hombre que veía por primera vez.

Rodeó a la figura paterna para llegar a Leigh y pasando el brazo por su espalda descansó cómodamente la mano, sobre su cadera, con total naturalidad.

Harper llegó justo en ese momento, parpadeó, miró la escena y al conocer la identidad del hombre, entendió la situación bastante rápido, aprovechando para tomar todas las bolsas de compras, escabullirse rápidamente y jugar su papel de un ausente extra en esa mala comedia.

Leigh luchó para no quebrar su expresión de "aquí todo es completamente normal", "esto es lo que siempre hacemos", mientras tenía las manos escurridizas de Karin sobre él, pero se encontró algo sacudido cuando recibió un suave beso sobre su sien. Estaba tan agitado por ese pequeño gesto, que ni siquiera pudo disfrutar de la expresión incómoda en el rostro de su padre.

— Sí, bueno... Como ves... Su hermano también vive aquí, y solo hay tres habitaciones disponibles — Aclaró Leigh.

Era con Harper con quién compartía la propiedad de la casa, Karin era el medio hermano de este y en realidad la figura de este último era la de un inquilino que pagaba la renta, pero lo habían presentado todo al revés.

— Pero, no se preocupe, no lo dejaremos durmiendo en la calle. Podemos arreglárnosla, si Lele y yo compartimos no habrá problema que usted se quede en su habitación — Señaló Karin.

— Eso... me parece innecesario — Opinó Larry.

— Seamos sinceros ¡Ni que fuera la primera vez! — Agregó inocentemente, escondiendo la mitad de su rostro tras cabeza de Leigh, como si fuera capaz de sentir algo de vergüenza.

Leigh estaba estupefacto, quería soltar un ruidoso "Ja".

El asunto era que Karin había estado persiguiendo a Leigh activamente, bajo la mirada complaciente y el mutismo absoluto de su hermanastro y mejor amigo de Leigh, Harper.

Pero, la verdad es que Leigh no tenía pensado aceptar sus avances, quería probar con alguien en el que pudiera construir un futuro y Karin no era el más apropiado para eso. Era dos años menor que él y no había tenido una relación homosexual antes de él, sinceramente no quería verse envuelto en los caprichos de alguien que, tal vez, solo estaba pasando por una fase experimental.

O tal vez, simplemente no quería ser el responsable de "torcer" a nadie. La vida ya era suficientemente complicada y dolorosa sin tratar de cambiar a alguien por intereses propios.

Además, Karin lo asustaba un poco aunque solo era menor que él por tres años. No solo era un joven y talentoso filólogo, también era un ambicioso pastelero... Del tipo que sabía exactamente como envolverte en azúcar, hasta que estás atrapado en caramelo. Leigh no tenía que ser un vidente para imaginarse como sería, suave, espeso y pegajoso cuando está caliente, dulce almíbar adictivo.

Pero también podía llegar a transformarse en algo quebradizo cuando se enfría. Así que creía que estaba en todo su derecho, temía, y no quería recibir críticas por ir contracorriente.

— Puedo dormir en el sofá — Larry retomó el tema después de Leigh se perdiera en sus pensamientos, que Karin le ofreciera una bebida y se sentaran a conversar civilizadamente.

Larry no quería alentar una situación inapropiada y desagradable, no estando bajo el mismo techo que su hijo. Estaba pensando en darle una oportunidad. Debían controlarse mientras estuviera presente, eso es lo que él creía que dictaba la cortesía más básica.

28 Juin 2020 17:04:24 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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