bubblesensation ʙᴏʟɪᴛᴀ ᴅᴇᴀʟϙᴜɪᴛʀáɴ

Durante el siglo XVII el imperio era uno de los más importantes del mundo. Muchos sultanes pasaron por aquel trono manchado de sangre, hasta que en 1687 ascendió cierto moreno de gustos extravagantes. Otabek, hijo del sultán Mehmed y la Valide Özlem tomó su lugar en la cabeza de la dinastía antes de cumplir los dieciocho años; nadie espera buenos frutos de su ascensión ya que su majestad aún no ha tenido un heredero. Todas las esperanzas de prosperar en el imperio están puestas en la única favorita de su majestad: Gizem. Pero Otabek y Gizem esconden un terrible secreto uno que puede destruir a la dinastía. Yuri, el niño griego de ojos esmeraldas, el joven que al entrar a los aposentos de su majestad deja atrás los vestido y las coronas para convertirse en el único favorito del sultán. Yuri o Gizem; no importa cuál sea su nombre, solo importa que él será el veneno de la dinastía. ⚜Fanfic inspirado en Muhteşem Yuzyil en el siglo XVII Los personajes de YOI no me pertenecen, son de Kubo y Sayo.


Fanfiction Anime/Manga Interdit aux moins de 18 ans.

#drama #lgbt #angst #258
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I

El invierno estaba pronto a llegar, no obstante, en pleno otoño la nieve caía sin descanso, dejando su blancura esparcida por todo Estambul. Para empeorar las cosas, no parecía menguar, todo indicaba que se vendría una tormenta muy pronto. Eso anunciaba que el invierno sería tan crudo como en el sultanato de Osman II.


¿Será un castigo previo a lo que estaba planeando hacer desde años atrás?

Si bien no estuvo en aquella época, se comentaba que hubo muchas muertes por el frío, los alimentos escaseaban y las personas no tenían qué comer durante días. Culpaban a Osmán por asesinar a uno de sus hermanos y romper la ley decretada por su padre; argumentaban que ese evento causó tan crudo año. Özlem dudaba que fuese así, no creía en esas historias creadas por la gente, su hijo no tendría un sultanato marcado por el clima o por las malas lenguas. Lo que Otabek hizo estuvo bien, lo mejor para el imperio que ahora le pertenecía por completo.


—Mi Sultana, ¡esto es una locura! —exclamó la pelirroja mirando la espalda de la Valide del harén.


Mila la admiraba. Era una mujer fuerte que pasó por demasiadas cosas y, a pesar de todo, sobrevivió al peso de la dinastía otomano. Pero para la pelirroja, el plan de la sultana Özlem era una barbaridad, no lograba comprender lo que pretendía hacer, porque no encontraba algo lógico en sus palabras. Pero quién era ella para cuestionar.


—Es la mejor opción, Mila, mi hijo aún es demasiado joven, recién está llevado el imperio. Lidiar con hijos y sultanas no sería fácil para él. ¡Oh, mi león! es tan joven, no merece sufrir por ello. —La voz melodiosa de la mujer llenó la habitación. Girando su cuerpo miró a la pelirroja quien de inmediato bajó la cabeza.


Özlem, cuyo nombre significaba "la anhelada", era una mujer de estatura media, de cabello oscuro y poseedora de una mirada café. Su rostro, a pesar de sus años, se mantenía joven, a penas estaba por cumplir los cuarenta, no era extraño que su belleza natural siguiera junto a ella. Su llegada al Imperio fue similar a la de muchas mujeres del harén, pero tuvo la fortuna de ser quien conquistó al cazador, el sultán Mehmed IV, dándole cuatro hijos, entre ellos el ahora Sultán Otabek.

Mila vio pasar a muchas sultanas antes de que el sultán Mehmed se fuese a los brazos de Alá, pero podía jurar que la Sultana Özlem era la más poderosa luego de la Sultana Kösem. A pesar de que las mujeres habían perdido poder muchos años atrás, huboveces que parecían volver aquellos días de gloria cuando la sultana hablaba, como si el sultanato de mujeres continuase siendo parte del imperio. El joven sultán estaba en sus manos, hizo que su hijo, Otabek, se deshiciera de sus hermanos aun cuando en la época del Sultán Ahmed se abolió la ley del fratricidio. Nada se escapaba de las manos de aquella mujer, pero lo que haría ahora era una locura. Si alguien, por casualidad se enteraba, destruiría el gobierno del nuevo Sultán.


Lamentablemente, cuando a la Sultana Özlem se le cruzaba algo por la cabeza no había fuerza humana que la hiciera cambiar de opinión. El imperio ahora estaba en sus manos. Mila se preguntaba entonces si acaso sería el sultán Otabek quien gobernaría o sería madre.


—Mi león; es su momento. Nos costó mucho llegar hasta el trono, hubo muertes, sangres y conspiraciones, pero el destino ya estaba escrito. Alá sabía que Otabek era el único que podía llevar al imperio a un buen futuro. —Su vista nuevamente viajó hasta la ventana, mirando con calma los enormes árboles cubiertos de nieve. Mila suspiró nuevamente y Özlem ya comenzaba a impacientarse.


—Pero mi Sultana, ¿cree que su majestad acepte sus nuevos deseos? —Hizo una pequeña mueca al recordar que ahora el sultán era Otabek, era extraño hablar de él así, para Mila seguía siendo el pequeño príncipe que corría por los jardines privados del palacio; los ojos de las sultanas de Topkapi.


—Mila, cargué nueve meses a Otabek en mi vientre, viví con él durante dieciocho años en este mismo harén, sé muy bien cuáles son sus sueños, sus ambiciones, sus gustos. Mi león aceptará y el imperio seguirá en sus manos. Así que llama a Mustafá Agha; ya que llegó la hora.


—Como ordene, Sultana.


Sin haber más palabra por parte de ninguna, Mila caminó hasta la puerta de los aposentos de Özlem, iría en busca de Mustafá para cumplir la nueva orden de la sultana.


☪ ☪


Lesbos, 1679


Miró sonriente a su madre, ella le devolvió el gesto mientras acariciaba su cabello claro. Las manos de mamá eran suaves, a pesar de la aspereza propia de trabajar en la tierra, y es que sin ningún hombre en la casa, sin contar a su abuelo enfermo y él, un niño de apenas seis años, era su madre y hermana mayor quienes se encargaban de mantener su hogar. Él y su abuelo se quedarían en casa, debía cuidarlo, así que no podría ir a las cosechas con su familia, eso era malo, menos ingresos a la casa, su abuelo seguía mal de salud y las medicinas se estaban acabando.

Para un niño de la edad de Yuri, era divertido jugar, correr y esconderse de sus amigos, pero él era diferente. Para Yuri, de apenas seis años, no había nada que lo hiciera más feliz que sentir el calor de los brazos de su madre, peinar el sedoso cabello platinado de su hermana y buscar flores de manzanilla para que su abuelo bebiera su té. Ese era su mundo, y a sus seis años creía que lo tenía todo. Pero Yuri era apenas un pequeño crío, el cual tenía la suerte echada y que pronto sabría que era pertenecer al centro del mundo.


Aguardó en silencio la llegada de la hora de la siesta de su abuelo, no quería dejarlo solo y despierto, así que una vez Nikolai cerró sus ojos, el rubio se dirigió hacia el huerto de hierbas que se encontraban a unos kilómetros de la casa. Todos se conocían en el pequeño puerto de Mitilene, así que tan pronto una mujer robusta de largos cabellos vio al pequeño rubio, le cedió el paso hacia su huerta personal.

Se entretuvo mirando algunas flores que no conocía, había tantas y tan olorosas que no aguanto acercar a su nariz algunas de ellas con la clara intención de llevar unas cuantas a su casa, para que su madre le dijera que clase de flores eran, porqué parecían diferentes a las que acostumbraba ver. Mientras pensaba eso, la sirena que avisaba que algún barco llegaba o salía del puerto comenzó a sonar con fuerza. Eso era bueno, cuando llegaba gente nueva, sobre todo gente proveniente del imperio, la posada de su amigo se llenaba y podía ayudar a arreglar las camas y ganar algo de dinero para la casa.

Recogió con rapidez unas cuantas flores, la manzanilla y la menta y cuando se puso de pie sus ojos se fijaron en un hombre parado frente a él.


Jamás lo había visto por la región, su rostro era diferente a cualquiera de los hombres que vivían por la isla; los ojos del extraño eran más pequeños de lo normal, su pelo parecía suave, como el de su hermana pero era mucho más oscuro, casi como la noche y su mirada era café. Tras él había unos hombres vestidos de rojo, jamás había visto esas vestimentas ni tampoco el rostro de aquellos hombres.


—Esos son tulipanes —habló el pelinegro de ojos raros a la vez que se acercaba al más pequeño —, es raro que crezcan en esta región, pero son muy lindos.


—Tú pareces que conoces las flores —respondió el menor sosteniendo la mirada. Si hubiese estado su madre lo habría reprendido, y es que el pequeño Yuri nunca mostraba respeto con los mayores, a no ser que fuese su abuelo.

—Sí, sé de flores, la Sultana Özlem suele cosechar muchas de estas y algunas más bonitas aún. Ella me enseñó los nombres de cada una. —El desconocido alzó sus cejas, impresionados por los ojos tan profundos del pequeño.


—¿Quién es ella? —El rubio se vio realmente interesado, tanto su madre como él eran amantes de las flores, quería llevarle unas nuevas y parecía que esa mujer tenía muchas.


—Es la Sultana del mundo. ¿Has oído sobre los otomanos? —Yuri asintió efusivo, después de todo, eran quienes más iban a la isla, quienes cobraban sus impuestos y los mantenían bajo su dominio o algo así escuchó de parte de su abuelo.


El extraño le ofreció su mano, el pequeño confió y no dudó en tomarla y caminar con él hacia el puerto, donde un barco grande aguardaba. Había una llamativa bandera en él, aunque no la reconoció. Aun así no desconfío, estaba feliz de llevar las flores a su madre, esos tulipanes que el raro dijo se verían muy bien la mesa de la cena.

Pero Yuri era un niño, demasiado curioso y confiado. Antes de poder hacer algo, el barco ya había zarpado y se dirigía a un lugar que el rubio no conocía. Lamentablemente el pequeño no podía hacer nada.

13 Juin 2020 00:48:27 5 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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Lorena Pech Lorena Pech
Hermosa historia aaaa
April 05, 2021, 14:50
benjamin roda benjamin roda
Ahhhh extrañé un monton la historia te amo mucho
October 20, 2020, 03:12
Diana Govea Diana Govea
Voy a seguirte a donde sea, y leeré las historias una y otra vez si es necesario! ❤❤
June 16, 2020, 02:51

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