urious_ Grace S

Ser responsable e independiente es una de las virtudes de Sloane, lo tiene asumido desde temprana edad. Ella mira más por la gente que le rodea que por si misma, y ahí está uno de sus grandes defectos. Así que ahora es el momento de preocuparse por ella, aunque tenga fuertes repercusiones, y una de ellas esté en la puerta de enfrente de la de su apartamento.


Romance Érotique Interdit aux moins de 18 ans.
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Las pocas personas que puedo reconocer como mis amigos, me recomendaron hacer esto. Tal vez sea un tanto aventurado, pero necesitaba un cambio. He vivido siempre con la misma rutina desde que tengo conciencia, o eso creo recordar. Levantarme temprano, limpiar la casa, asearme, despertar a mis hermanas y salir corriendo a clase porque, no sé cómo lo hacíamos, pero siempre llegábamos tarde. No creo que mi cambio de aires se encuentre con esto. Hace años que inicié una nueva vida, sin embargo, no me he sentido completamente libre hasta hace escasos meses cuando —hasta bien entrados mis veintiséis años— terminé mi grado en periodismo. Siempre he estado enganchada a cualquier noticia bien elaborada, es algo que me ha atraído desde pequeña.

Toda mi vida he sido la responsable, la que ha tenido que solucionar los problemas de mis hermanas, y hasta —con el poco conocimiento adquirido en el instituto— enmendar los económicos también. Siempre hemos ido justos. Un padre con un mísero sueldo de funcionario teniendo que cuidar a sus dos hijas preadolescentes y a una recién nacida era duro de llevar. De ahí que tuve que madurar antes que cualquier persona de mi edad y comenzar a ser útil.

Inclino mi cabeza hacia la derecha y con mi mirada recorro de nuevo todo el filo del cuadro. A Samael y Minerva se les ocurrió la idea de que debería comprar algo. Algo muy caro. Asegurarme de tener un objeto que me ayude y me inspire en esta nueva etapa en mi vida, que lo traslade siempre conmigo. Aunque pensándolo mejor, este cuadro no ha sido fácil de transportar... En todo caso me recomendaron comprarlo, y hasta hace unos segundos me encantaba. Estaba bastante tiempo en la tienda de segunda mano donde trabajo. Así que caro no salió al fin y al cabo. Ninguno de nosotros sabemos quién lo trajo, ni porqué estaba allí escondido. Es un lienzo bien elaborado como si un profesional lo haya hecho. Aunque no tiene firma, hecho que me hace dudar que su propietario lo reclame.

Observo de nuevo el lienzo, los trazos que ha hecho el artista con la brocha, la combinación de azules del mar con los naranjas rojizos del atardecer. Es irónico, me compro un cuadro que ilustra una imagen del mar, mientras que yo estoy en el centro de Inglaterra, en una ciudad la cual lo más cerca a tener una playa son los diversos lagos que tiene la ciudad repartidos por ella. No sé qué estaría pensando a la hora de gastarme el dinero en esto.

En sí, el arte me encanta. Cualquier actividad cuya finalidad sea estética y comunicativa dando a expresar ideas, emociones y una visión del mundo a través de recursos plásticos, sonoros, lingüísticos... provoca que mi cuerpo se llene de adrenalina. Es extraño, pero cada uno se excita a su manera. No me refiero a excitación sexual sino a otra más formal y alegre.

No puedo parar de sonreír al recordar la emoción de Sam mientras daba saltitos por todo el local buscando algo para mi, y no se le ocurrió mejor representación del arte que un cuadro. No pensó mucho tampoco. En la tienda había bastantes objetos que me gustaron, como un jarrón celta, una extraña estructura moderna... Pero él se encaprichó en que me llevara el cuadro y así fue. Cuando se propone algo, lo consigue. A veces llega a ser muy impertinente por la cantidad de exigencias que propone, termina consiguiéndolas todas, y las que no, se vuelve absolutamente demente hasta que lo consigue. Todavía me aterra ir a conciertos con él, tuve una experiencia nada agradable hace mes y algo. Y no fuimos a un concierto de una banda suiza de black metal que se llama justo como él —aunque creo que lo hubiera preferido—, sino a uno pop de una famosa cantante estadunidense. Así que imaginadme rodeada de adolescentes chillonas y, claro, Samael.

—¿Qué te parece este busto? —preguntó, Sam enseñándome lo que parecía una escultura de la cabeza de Medusa.

—Samael, me puedes explicar quién va a querer esa basura de escultura. Si parece que la ha hecho mi prima de seis años—acusó, Mimi buscando en una caja. Su largo, moreno y rizado pelo estaba también dentro del cartón—. Vale, no. Mi prima lo haría mejor —corrigió.

—Sam, si puedes encontrar algo que sea menos grotesco mejor. Me gusta la mitología griega pero no tanto para tener esa cabeza en mi casa. Algo que me represente —, intervine.

—Bueno, mi nombre tampoco representa como soy realmente —contraatacó, Sam—. Yo creo que mis padres estaban fumados cuando lo eligieron. Samael, el «arcángel de la muerte» —añadió con voz gutural—. Vale que soy gay y la iglesia católica no los apoya, pero tanto como significar «Veneno de Dios»...

—¿Has sido tan friki de buscar el origen y significado de tu nombre? —preguntó, Mimi sacando la cabeza de la caja. Sam le hecha una cara de «¿no es más que obvio?» —. Yo también lo hice —se ríe y sigue con su búsqueda en la caja—. No me jodas. Es la Mano de Fátima, hacía años que no veía una de ellas.

—Minerva, si nos hablas en un idioma que entendamos te lo agradecería. No todos sabemos español.

Minerva bufa, pero sus ojos brillan deseando explicar el significado del colgante.

—La mano de Fátima es un símbolo de protección utilizado principalmente por judíos y musulmanes empleado comúnmente como defensa contra el mal de ojo, en forma de mano, se utiliza usualmente en joyería y tapices. —Sacó el colgante de la caja y lo extendió para que lo viéramos. Es una mano simétrica, el dedo corazón en el centro, a sus lados el anular y el índice, un poco más cortos e iguales entre sí, y en los extremos dos pulgares, también del mismo tamaño y algo curvados hacia afuera. Señaló el centro, donde hay un ojo—. Algunos contienen símbolos e inscripciones de carácter religioso, en este caso, el ojo significa el «ojo de Dios». Esto me lo quedo yo y lo cuelgo en la puerta de mi habitación.

—Que pasada —se me ocurrió decir. Me levanté del suelo y observé a mi alrededor todas las cajas y objetos esparcidos—. Trabajamos en una tienda de segunda mano y nos dedicamos a buscar objetos que perfectamente...

—Sloane, tú ya has terminado el turno —interrumpió, Sam—. Lo que significa que eres una compradora más y nosotros dos solo estamos haciendo nuestro trabajo al ayudarte a encontrar un objeto nuevo para colocar en casa. —Se giró y profundizó más en la tienda hasta tal punto que dejé de ver su pelo blanco oxigenado.

—¿Conoces ya a los vecinos? —preguntó, Mimi—. Seguro que tienes a algún vecino joven. Como sea así, voy a estar todos los días en tu casa, aunque esté en la otra punta de la ciudad —me apuntó con el dedo. Cambió drásticamente la mueca, sacó el labio inferior y lo hizo temblar—. Voy a extrañar no verte por casa con mis camisetas vintage anchas.

Reí y negué con la cabeza. Me encanta el desparpajo que tiene Mimi. Es bastante sincera, no se calla nada.

La conocí de casualidad un día que iba de ruta buscando pisos para mudarme a Birmingham. Estaba viendo el apartamento de abajo del suyo cuando al terminar me topé con ella discutiendo por teléfono con su casero y como Mimi es como es terminé compartiendo piso con ella. Y nuestra relación de amistad amor-odio va ya por el cuarto año.

—Solo me he encontrado con los del final del pasillo, son una pareja de ancianos muy simpática. Y yo también te voy a echar de menos.

—O eso es lo que te quieren hacer creer...

—¡Chicas! Lo tengo —gritó, Sam desde el otro lado de la tienda.

Lo vimos aparecer con un cuadro que había permanecido en la parte trasera de la tienda desde que comencé a trabajar aquí. Nunca había reparado el suficiente tiempo en él para que me atrajera, sin embargo, esa vez fue diferente. Con solo mirarlo me enamoré de cada trazo, color, forma.

Decido dejar de mirar el lienzo colgado en la pared. Me recojo mi cabello en un moño desordenado, delante de uno de tantos espejos que tengo repartidos en el salón, junto con diversas cajas y maletas llenas de objetos y ropa esperando a ser desempaquetados hace días. Con mi pelo castaño recogido encima de la coronilla se disimula la raíz rubia que lucha por salir. Añado a mi lista mental de cosas que comprar, un tinte para el pelo de color castaño. Me anudo más fuerte el lazo que sujeta mis pantalones de chándal que en sus años de oro pertenecieron a mi padre y me dispongo a vaciar las cajas de una vez por todas.

Lo primero que debería haber hecho tendría que ser eso, sin embargo, he cogido la pintura, la he desenvuelto del papel de burbujas, que he reservado en un lado del salón para más tarde entretenerme con él —explotar ese papel es una droga—, y lo he colgado justo en medio del salón. Y como la sala es también recibidor, en cuanto abra la puerta, después de vérseme a mí, de fondo estará la pintura. No es muy llamativa, solo ilustra un atardecer en el mar, lo cual hace que el piso que he comprado se vea más cálido.

Me ha llevado tiempo y esfuerzo conseguir un piso en el centro de la ciudad. No son baratos y yo no estoy muy bien económicamente, pero estos años con los diversos trabajos que he conseguido, pude ahorrar bastante. Me he privado de muchas cosas, que, aunque en su momento me arrepentí de haberlo hecho, ahora me siento muy satisfecha de no haber cedido.

Miro la hora en el reloj de pared, que como su nombre indica debería estar en la pared y no encima de la mesa del comedor. Son las nueve de la mañana. Me queda un largo día poniendo y deshaciendo cajas. Cajas...

«Mierda»

Anoche se me olvidó coger la última y más importante caja. Donde tengo todos los papeles importantes y que en ningún caso debería perder. Salgo pitando del salón con el corazón en el puño, abro la puerta y por un momento el corazón se me para al ver que no está la caja.

—Mierda, mierda, mierda —digo, casi sin aire—. Santa mierda.

No puede ser... He perdido los papeles que me indicaban que era la dueña de este apartamento, las grandes facturas que me faltan por pagar, los informes médicos de Ness, hasta el certificado de separación de bienes que tanto me costó conseguir. Me pongo la mano en el pecho para intentar tomarme el pulso, no siento mi corazón palpitar. Me están entrando unas náuseas tremendas. Deslizo mi espalda por la pared del pasillo y me siento en el suelo. Suelto un pequeño sollozo que más tarde se convierte en otro, y este en otro aún mayor, hasta que mis ojos se convierten en un mar de lágrimas y yo soy un náufrago en él. No tengo control en ellas. Siento náuseas, me arde el pecho, me cuesta respirar, es una mezcla de sensaciones que me cuesta calmar.

Ni siquiera cuando alguien aparece de la puerta de enfrente.

—Buenos días —saluda educadamente una voz masculina. Deberá verme como una maleducada por no contestarle. Las lágrimas me lo impiden. Tras un largo silencio continua—: ¿Eres Sloane Oswin? ¿no? Resulta que ayer por la noche me encontré este pequeño cofre al lado de tu puerta cuando regresé tarde a casa y lo recogí porque pensaba qué alguien podía... Oh, vaya.

No le he dejado terminar porque he saltado a su ancho y fuerte cuerpo que rodeo super agradecida con mis brazos. Al principio no reacciona, al cabo de unos segundos me acaricia la espalda. Suelto unos sollozos de alegría y me separo de él. Lo miro sonriendo. Tiene el pelo oscuro —no llega a ser negro— y corto bien peinado, además de que es bastante alto. Tiene que tener unos cuantos años más que yo y va vestido con un traje gris a cuadros. Yo a su lado parezco un vagabundo, con los pantalones viejos de mi padre, una camiseta de las olimpiadas del 92 que ni siquiera es mía y con los pies desnudos —menos mal que ayer me pinté las uñas de negro, algo es algo—. Hasta que no miro sus manos no me había dado cuenta de que en una de sus manos se encuentra la cajita de madera. La cojo, ansiosa, y la abro. Reviso papel por papel y están todos, absolutamente todos.

—Gracias... —No sé cómo se llama. Lo observo con una gran interrogación en mi cara.

—Lorenzo Nils. —Esboza una tímida sonrisa y me tiende la mano—. Encantado de conocerte.

12 Juin 2020 10:04:03 6 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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L Laura
Excelente!!!! sigue!!!
October 01, 2020, 19:45
jorge ros jorge ros
Me ha gustado :P Voy a continuar leyendo y a seguirlo ^^
July 25, 2020, 16:00
MR Mariana Rendon
Me gustaría que los capítulos fueran más seguidos......me gusta como escribes☺️
June 22, 2020, 18:16

  • Grace S Grace S
    ¡Gracias! Estoy intentando que sean más seguidos😊 June 24, 2020, 08:43
EsMa LostStars EsMa LostStars
¡Me ha gustado muchísimo! Qué ganas de saber qué ocurre. 😍
June 14, 2020, 14:44

  • Grace S Grace S
    ¡Me alegro que te guste!☺️ June 17, 2020, 08:36
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