raydmundo Raymundo Muñoz

Una guerra que es inevitable, una hermosa mujer que necesitaba transporte y un peligro que los acecha en alta mar. El Lobo Marino, guiado por el capitán Lorentz Navarres y su particular tripulación, están listos para zarpar hacia una nueva travesía. Historia basada en un "One-Shot" de Dungeons and Dragons 5e. Agradecimientos especiales a mis jugadores, que fueron los que me inspiraron a crear este relato.


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#misterio #viajes #guerra #Dungeons-and-Dragons #barcos #piratas #328
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La doncella en el mar I


—¿Está segura de esto, señorita? —preguntó el joven sirviente Cho-Hi, que miraba aterrado todo a su alrededor.

La calle en la que se encontraban, combinado con la oscuridad de la noche, eran uno de los lugares más peligrosos de Varentia, el reino costero con el mercado más importante del continente de Teralian. Se puede encontrar de todo en esta ciudad. Dese productos exóticos de tierras lejanas hasta esclavos de razas aún más exóticas. Aunque a esta hora la mayoría de los negocios estaban cerrados y solo se escuchaba el bullicioso ruido desde el edificio frente a ellos.

—No tenemos otra opción, Coky —respondió Nadia Von Burg, adentrándose a la taberna de mala muerte.

El lugar estaba lleno de borrachos de todos los tipos: gritones, coquetos, agresivos, silenciosos y los que bailaban al son de la música. La mayoría de ellos eran marineros o piratas, esperando conseguir algún nuevo encargo para zarpar a alta mar.

Nadia necesitaba trasporte cuanto antes; había buscado por todos los puertos y descubrió que ya no quedaban barcos disponibles, así que la última opción que le quedó era este lugar. Se acercó a una mesa en donde podría ser vista por todos, sin darse cuenta que por su fachada ya resaltaba rotundamente entre todas las camareras, y gritó su pedido ante los presentes.

—¡Atención! —exclamó con determinación— Necesito un barco que pueda zarpar inmediatamente hacia Valgurt. Pagaré todos los víveres y el doble de los pasajes si es necesario. ¿Alguno de ustedes, honorables hombres, estarían dispuestos a aceptar mi humilde propuesta?

Pese a que la mayoría escuchó, solo unos pocos tomaron en cuenta sus palabras. Sin embargo, la música y la borrachera continuaron sin que nadie respondiera al llamado de Nadia.

—¿Qué haremos ahora? —preguntó Cho-Hi preocupado— No podemos quedarnos en este lugar a pasar la noche, ni tampoco arriesgarnos a salir.

—No nos quedaremos. Conseguiremos ese barco.

—Lo dudo mucho, querida —le dijo una camarera que la miró de arriba abajo, sintiendo envidia de lo pulcra que se veía Nadia— La mayoría de los que tienen barco aquí no tienen permiso para zarpar. Debiste irte cuando tuviste la oportunidad. Ahora será muy complicado conseguir un barco; quién sabe cuántos días se demorarán.

En eso, un sujeto bastante grande y fornido, vestido con una camisa manchada de cerveza y comida, se acercó a la mesa de Nadia. Su sonrisa mostraba al instante sus verdaderas intenciones.

—Yo puedo llevarte, hermosa dama —dijo con el tono del alcohol es sus palabras—. Tengo un permiso esperando ser usado.

Nadia iba a rechazar inmediatamente la propuesta. Ese hombre no irradiaba ninguna confianza, pero ¿cuándo podría conseguir a otro que pudiese llevarla?

—De acuerdo —dijo Nadia, recibiendo la mirada de espanto de Cho-Hi— Te daré el dinero en el barco.

El hombre sonrió.

—¡Perfecto! —respondió feliz, luego miró a la camarera— Tráiganos tres cervezas de las mías, esas bien, bien buenas.

—Disculpe… —Nadia ni siquiera sabía el nombre del hombre— Señor, preferiría ir cuantos antes a su barco y preparar el viaje. No puedo permitirme perder más tiempo.

—Bah, no seas aburrida. Tenemos tiempo de sobra, hermosura. Solo bebamos unas cervezas y veamos qué pasa después. ¿De acuerdo?

Nadia enfureció y entrecerró sus ojos color esmeralda. Cho-Hi se percató de esto y se puso aún más nervioso. Sus ojos achinados se abrieron lo más que pudieron y cuando estaba a punto de ocultarse bajo la mesa, otra persona llegó con ellos. El sujeto puso su mano en el hombro del borracho y con una voz tan elegante como potente le dijo:

—No creo que la señorita quiera viajar contigo, Tim. Lo mejor será que la dejes tranquila.

Tim, enrabiado por la borrachera, se dio vuelta dispuesto a quitarse esa mano de encima. Hasta que vio de quien se trataba.

—P-Por supuesto, capitán Lorentz —tras decir eso, Tim se levantó y cedió el puesto al elegante sujeto.

Nadia miró a Lorentz y supo que ese hombre no era tan vulgar como el resto de los marineros. Llevaba una hermosa chaqueta azul oscura, con los bordes dorados, unos pantalones café menos elegantes que su chaqueta pero que no se notaban por sus lustradas botas de cuero. Aunque lo que más resaltaba en Lorentz era su sombrero del mismo color que su chaqueta, que tenía una pluma rojiza puesta al lado, y su pelo y barba plateadas, que no se sabía si era porque ya tenía edad o siempre fue así.

—Señorita —dijo Lorentz sacándose el gorro— Soy el capitán Lorentz Navarres, a su servicio —volviéndose a poner el gorro, se sentó frente Nadia— Nunca confíe en un hombre que no se presenta. Así como tampoco en alguien que no le dice por qué lo quieren contratar. Cuénteme. ¿Por qué quiere llegar cuanto antes a Valgurt?

Con esas palabras, Nadia supo que esa persona se encargaría de llevarla a su destino. Las cervezas que pidió Tim llegaron a la mesa y Lorentz tomó la jarra de él, dándole un largo sorbo, esperando que Nadia respondiera su pregunta.

Nadia Von Burg era una famosa comerciante de aceites y lana de la zona. Pese a su joven edad, se ganó el derecho de dirigir la compañía de su familia tras la muerte de sus padres; y lo hizo de maravilla. Su hermano, Edwin Von Burg, también participó en la empresa familiar, pero debido a su espíritu aventurero, no era tan bueno para los cálculos como su hermana. Sin embargo, una de las pocas movidas inteligentes que hizo fue el de instaurar un nuevo local en Valgurt. Pero su ingenio llegaría hasta ahí, puesto que necesitaba la ayuda de su hermana para administrarlo.

—Por esa razón debo ir a Valgurt —dijo Nadia sin tomar la jarra de cerveza—. Acá el local Von Burg está excelente, y lo dejé en buenas manos. Mi hermano me envió una carta diciendo que el local estaba listo para ser inaugurado. A él no le interesa, solo abrió el local porque yo se lo pedí. Necesito hacerme cargo y expandir la empresa de mi familia en Valgurt.

—Entiendo —dijo Lorentz Navarres, que ya se había terminado la jarra de Tim— Y dígame, señorita Nadia ¿usted sabe porque quedan pocos barcos en Varentia?

—Por supuesto que lo sé. Los caminos por tierra a Valgurt están cerrados a causa de las escaramuzas entre Varentia y Flamvell. Lo que obligó a todos los que querían viajar a usar las rutas marítimas. Y como solo se puede salir en barco, los permisos marítimos escasean. Debí preparar el viaje mucho antes, nunca pensé que las batallas comenzarían justo ahora.

—El viaje será costoso.

—Como dije antes, pagaré el doble de la tarifa y los víveres que se usarán.

—El triple del viaje normal —le propuso Lorentz— Es un viaje largo y en estos tiempos…

—Aceptó —interrumpió Nadia.

—Muy bien —Lorentz se levantó de la mesa y le hizo una seña a la camarera. Amablemente, como ninguno de los demás clientes, siempre avisaba cuando se retiraría para pagar todo lo consumido. Pero esta vez no pagaría, pues Tim había pedido las jarras— Agrégalo a la cuenta de Tim, no creo que le moleste.

—Por supuesto, capitán Lorentz —dijo la camarera sonriendo.

—Señorita Nadia, supongo que prefiere descansar en una zona menos “ruidosa”. Si gusta puedo llevarla inmediatamente a mi barco para que descanse.

—Será un placer, muchas gracias.

Cho-Hi, que no bebió ni una pizca de la cerveza al igual que su ama, no pudo aguantarse más y se bebió la jarra de golpe. Nunca le había gustado desaprovechar las cosas pagadas. Nadia no alcanzó a verlo, solo sintió el ruido de la cabeza de su sirviente chocando contra la mesa.

—¡Coky! —exclamó, pero su querido sirviente ya estaba desmayado.

—Era una cerveza bastante fuerte —dijo Lorentz—. Aunque me sorprende que cayera solo con una.

—Siempre ha sido bueno para el alcohol, pero no tiene resistencia. Por esa misma razón no le permito que beba. Supongo que el nervio lo carcomía.

—Bueno, señorita Nadia, lo pasaremos a buscar mañana.

—¿No podemos llevarlo ahora?

Lorentz avanzó hacia la puerta.

—Nadie le dijo que se bebiera esa jarra. No debió hacerlo si sabía que eso le iba a pasar. No se preocupe, me encargaré de que no le ocurra nada.

Cuando Lorentz abrió la puerta, un hombre cayó bajo sus pies. Tenía la cara cubierta de sangre, causada por tener la nariz rota de un puñetazo. El gritó de agonía de otro sujeto hizo que miraran al frente. Un Goliath, una raza de semigigantes, sujetaba a un moribundo tipo desde el cuello con una sola mano. Un tatuaje rojizo pasaba por la piel gris del goliath recorriendo desde su mejilla derecha, pasando por su hombro, hasta llegar a su pecho. Otro hombre, igual de ensangrentado, estaba boca abajo al lado del goliath.

—Capitán —dijo el semigigante soltando al tipo agonizando—, todo despejado.

—Buen trabajo, Markus —Lorentz caminó hacia el goliath y los dos chocaron sus brazos.

Kayn Markus, era un goliath que conocía a Lorentz desde hace muchos años. Trabajaron juntos en su primer barco como tripulantes, y tras años de aventuras, después de que Lorentz se hiciera capitán, Kayn Markus se volvió su sub-capitán. No había una mejor mano derecha para Lorentz que su buen amigo, Markus, como le gustaba decirle, evitando nombrarlo por su primer nombre.

—¿Te quedarás en la taberna? —preguntó Lorentz a Markus.

—Así es —respondió Kayn Markus con su grave y seca voz.

—Hay un tipo acostado en una mesa en el centro. Llévalo contigo al barco mañana. Zarparemos temprano.

—No hay problema, Capitán.

Kayn se adentró a la taberna y todos gritaron al verlo. Era muy conocido en el lugar.

—No me esperaba eso —dijo Nadia mirando los cuerpos de los tres hombres abatidos.

—Envié a Markus a vigilar afuera cuando la vi entrar a la taberna. ¿Es que acaso la están persiguiendo, señorita Nadia?

Nadia se puso nerviosa y su silencio afirmó la pregunta.

Lorentz le ofreció el brazo a su nueva clienta. Nadia aceptó y cruzó su mano por alrededor del brazo del capitán. Las noches en estos barrios de Varentia son peligrosos, pero cerca de Lorentz Navarres tal vez no ocurriría una desgracia. Ambos avanzaron tranquilamente, iluminados por la media luna del cielo estrellado, hacia el barco de Lorentz.

—Cuénteme, señorita Nadia, ¿por qué quiere ir a Valgurt realmente?

—Está bien —se resignó Nadia— Le diré. No todo lo que le dije es mentira. Mi hermano si me está esperando en Valgurt, pero no voy por asuntos comerciales. Es por la guerra. Escuché un rumor que Flamvell atacara la ciudad.

—Atravesar la línea de defensa de los Paladines de Rovasark es imposible.

Los Paladines de Rovasark, seguidores de la diosa de la batalla, eran una organización que forjó una alianza con Varentia. Ellos defienden la ciudad mientras el reino se encarga subsidiar todo lo que necesiten. Ahora la mayoría de los paladines estaban en el frente, impidiendo que el ejército de Flamvell se siga acercando.

—Yo no sé sobre guerra. Solo conozco ese rumor.

—¿Y se arriesga a dejarlo todo por un rumor?

—Soy comerciante, sin los rumores no hubiera llegado tan lejos. Usted entiende. Empresas Von Burg de Varentia perderá prestigio si es que Flamvell toma la ciudad. Eso si es que no destruyen mi local. Prefiero ir y asegurarme con el local de Valgurt.

—Eso no explica porque la perseguían esos sujetos.

—Deben haber sido enviado por mis rivales comerciales. El negocio es así. ¿Desaprovechar un asesinato por robo al ver que uno de sus principales contrincantes está en los barrios bajos? Es una buena oportunidad para deshacerse de la competencia.

—¿Usted haría lo mismo, señorita Nadia?

Nadia guardó silencio un momento.

—Usted sabe cómo es el negocio.

Lorentz Navarres no respondió.

Tras unos minutos caminando, finalmente llegaron al barco. La noche no le permitió a Nadia ver toda la magnificencia del navío, pero mañana tendría la oportunidad de apreciarlo con detalle.

—Bienvenida al Lobo Marino, señorita Nadia. La llevaré a sus aposentos para que descanse. Zarparemos mañana temprano, le doy mi palabra.

Nadia sonrió satisfecha. Consiguió el transporte que necesitaba. Ahora solo debía soportar el viaje.

Al subir al barco, notó que no había nadie en la cubierta. La mayoría de los tripulantes estaban descansando. Una sombra extraña se veía arriba en el mástil, pero no logró ver de qué se trataba. Lorentz la llevó al cuarto para los invitados, que si bien no era tan elegante como los cuartos a los que estaba acostumbrada, era mucho mejor que dormir en la taberna. Agradeciendo a Lorentz, ella le entregó una bolsa de monedas que corresponde a todos los gastos del viaje. Después de eso, cerró la puerta.

Lorentz sostuvo la bolsa de monedas y la movió con indiferencia. Al llegar al cuarto del capitán, se sentó frente a su escritorio y comenzó a pensar en este nuevo encargó. Tenía el presentimiento de que Nadia todavía no le contaba toda la verdad.

8 Juin 2020 13:24:20 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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