valrosen Valeria Zúñiga

"Cuando las ilusiones son la única jugada para ganar." El casino Scherz se conoce por ser un lujoso centro nocturno con clientes distinguidos, entre ellos los hermanos Alarcón: Álvaro, Gael, Luciano y Ulises, cuatro hombres con gustos excéntricos donde las apuestas y mujeres no pueden ser la excepción. Conocen muy bien las reglas del lugar: los juegos deben ser limpios, las apuestas aseguradas y las farsas son duramente penadas. Pero Ulises se caracteriza por quebrar todo a su paso: normas, corazones y una que otra braga que se le atraviese, de ahí que se le conozca como el Rey de corazones en el juego de la vida, aunque tarde o temprano es ella quien se cobra todos los engaños con creces. Una estafa, un corazón roto y el juramento de una venganza sellarán el futuro del menor de los Alarcón, amenazando con tirar su fortaleza al convertirla en una simple torre de naipes. Póker de reyes 1 - Juegos perversos.


Érotique Interdit aux moins de 18 ans.

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PRELUDIO

Luvia

Las luces intermitentes hacían parecer al viejo edificio un lugar digno de las películas de terror, las goteras cada día se hacían mayores y los muebles comenzaban a dañarse a causa de las filtraciones. La comida se agotaba, la nevera había dejado de ser útil pues la luz había sido interrumpida por el servicio de electricidad.

Luvia aborrecía el lugar donde vivía desde que tenía uso de razón, odiaba la idea de que su padre no pudiera conseguir un trabajo digno a causa de su edad avanzada y que su madre solo ganara unos cuantos pesos lavando ajeno o limpiando casas de gente adinerada. Porque no, nunca sería suficiente para ella y sus expectativas de sobresalir de un mundo que bien describía como la miseria andante.

No, no aborrecía a su familia porque la amaba por sobre todas las cosas, amaba incluso la idea de que su hermano mayor se fuera a perseguir el sueño de una vida mejor y, de vez en vez, tener noticias de él así como un poco de dinero extra gracias a su trabajo como lavaloza en un restaurante prestigioso.

Era confiada y con un ápice de meticulosidad al momento de tomar decisiones con el fin de no repercutir más a su familia, sino en el afán de apoyar en cuanto pudiera. Fue por ello que entendió, a la mala, que la escuela no era su prioridad en esos momentos, que debía aprovechar la juventud que le había otorgado buenas facultades de memorización y entendimiento rápido que supo aprovechar a la perfección cuando la oportunidad se presentó.

—¿Estás entendiendo el método, Luvi? —Preguntó Héctor, el chico que le provocaba tantos retortijones en el estómago con su simple presencia.

—Sí, comprendo. Es decir que del dos al seis se contabilizan como +1, mientras que del siete al nueve no tienen valor así que es cero y el diez, jota, rey, reina y el as tienen el valor de -1—. Respondió la castaña ruborizada ante la mirada del pelinegro.

—¡Muy bien, comprendes muy rápido las reglas!

Héctor conocía a Luvia desde la primaria y tras casi seis años de una amistad fortalecida por las condiciones que ambos enfrentaban, decidió mostrarle un poco del trabajo que los casinos considerarían "sucios" por no acoplarse a sus reglas pues eso significaría la pérdida de dinero en sus centros de entretenimiento.

Sin embargo, el joven de 18 años hacía caso omiso del ultimátum que se le daban en cada casa de apuestas donde descubrían sus fechorías, sabía bien que le buscaba tres pies al gato, que en algún momento tendría que asumir las consecuencias, pero la pobreza lo había corrompido lo suficiente como para entender que el ideal de comer y tener una vida lo más apropiada posible era inalcanzable si no usaba un poco sus dotes de jugador empedernido.

—Ahora, practiquemos el contabilizar las cartas—. Indicó Héctor.

—¡Luvia! —Gritó Ernestina, madre de esta, mientras entraba a su cuarto.

Cuando se escuchó la perilla girar, con gran astucia la joven escondió la baraja española bajo las almohadas del catre que ocupaba para dormir, tomó el periódico que había puesto cerca previendo que en cualquier momento alguien entrara. Esa era otra de sus gracias: ser una excelente estratega y conseguir buenas fintas.

—¡Te dije que te ganaría, no había manera de que supieras que coque —refiriéndose al caballo negro— conseguiría ganar la carrera!— Habló elevando el tono de voz como si estuviera siguiendo el hilo de una conversación inexistente.

Entre todas las curiosidades que tanto le atraían se encontraban los juegos de azar, sin importar cual le encantaba retar a la suerte y, en ocasiones, esta le sonreía. Una herencia de su padre y quizá del abuelo que podían parlotear de tener buenos augurios en lo referente a apuestas, aunque su progenitor decidiera que no era algo a lo que se dedicaría para siempre, solo para los ratos libres y si se podía permitir algunos gastitos.

Luvia había hojeado horas antes las noticias, en especial la sección de deportes y más para así ver que había ganado la apuesta que realizó con Héctor en la carrera estelar de caballos. Sabía que esos doscientos pesos que apostó bien podrían servirle para que por una vez en meses pudieran comer un poco de pollo o carne, algo que de verdad nutriera lejos de las tortillas y frijoles que debían consumir diariamente tres veces al día. Y agradecía al cielo que así fuera porque no sabía de dónde podría ella haber sacado semejante cantidad de dinero.

Héctor, sonriendo, sacó su cartera al sentirse liviano nuevamente porque sabía que Ernestina podría correrlo de casa si veía los pasos en que metía a su pequeña hija de apenas 14 años. Pero Luvia era bastante inteligente como para lograr evadir los problemas.

Ernestina abrió la puerta en el preciso momento que el chico hacía entrega del dinero a la ojiazul, sorprendiéndose por lo que veía y aunque se encontraba molesta por decirle mil veces a Luvia que el jugar con el dinero no era para nada agradable a los ojos de Dios, supo también que su hija era tan agradecida como para abonar esa cantidad para una buena causa familiar, así como lo hizo al decidir dejar de estudiar para disminuir los gastos.

Decidió callar al ver tal escena, elevó las cejas al verse sorprendida por la cantidad de dinero que su hija había ganado aun cuando estaba estrictamente prohibido para ella.

—¿Cuántas veces les he dicho que esos jueguitos son creados por el enemigo de Dios? —Se acercó a los chicos para sentarse en el catre—. ¿Quién más desearía aumentar el número de almas en el infierno si no es el mismo demonio?

Luvia rodó los ojos como lo hacía al escuchar el mismo sermón de su madre, ese que condenaba a capa y espada una simple actividad de distracción «¿Qué tan difícil es para ti, mamá, entender eso? ¡DIS-TRAC-CIÓN!» se repetía mentalmente.

No había muestras de que ganar dinero de esta forma trajera consecuencias graves, por lo menos no para ella porque su entorno le hacía ver que todo lo que tuviera que ver con dinero fácil era la mejor opción para vivir, comer y seguir adelante. Nunca había tenido problemas con jugar en esas maquinitas tragamonedas que varias veces le ayudaron a comprar alguna golosina, un antojito o simplemente guardar un poco de dinero.

«La vida —se repetía diariamente—, es para tomar las decisiones cuando se presenten, sin pensarlo dos veces. Una sola oportunidad en la vida.»

Pero a veces no tenemos pleno conocimiento de lo que esas elecciones acarrean, de si son buenas o malas, y esa sería la desventaja a la cual Luvia se enfrentaría cuando hiciera caso omiso a los cientos de avisos, las señales que se llegaron a presentar en los momentos justos para hacerle ver que quizá repensar sería la mejor de las decisiones.



Ulises

En un día como cualquier otro para un chico de casi 18 años no se hallaba nada relevante, unos cuantos partidos de FIFA en la consola de X-box, estudiar para los próximos exámenes y planear todo para su próxima fiesta de cumpleaños. Por fin la mayoría de edad, al fin se sentiría más libre aunque él no entendiera que desde los catorce era lo suficientemente independiente pues sus padres, bastante permisivos, le dejaban rienda suelta para todo aquello que deseara.

—¿Qué haces, engendro? —Preguntó Gael, su hermano, mientras irrumpía en su habitación. Como de costumbre lo tomó del cabello y en un gesto de hermandad, frotó los nudillos sobre este.

—¡Basta, déjame! —Gruñó el joven empujando a su hermano mayor.

—¡Uy! El niño está muy delicadito esta tarde—. Lo soltó y se alejó unos centímetros de Ulises.

»En fin, venía a preguntarte si querías asistir hoy a una reunión de la banda, vendrán algunas de nuestras admiradoras y me gustaría presentarte como mi bro y el camarógrafo estrella en las sesiones fotográficas—. Dijo provocando que su hermano se emocionara al instante.

—No lo sé, tengo que... —Aunque sus nervios muchas veces le jugaban mal, de ahí que no quisiera tener mucho contacto con sus compañeras que le resultaban lindas, no quería perder la oportunidad de ser reconocido.

—Según entiendo no tienes nada qué hacer en casa, yo puedo ayudarte más tarde con todo ese rollo de tu cumple e incluso, si vas a la reunión, te ofrezco dar un concierto en tu fiesta y sin cobrarte un solo centavo.

»Y si eso no te es suficiente puedo proponerte el presentarte algunas chicas del club de fans que veremos hoy. No sé, deberías pensarlo bien si quieres continuar soltero y solo como un perro o te arriesgas a ver qué cueros podrías conocer hoy.

Sabía que pese a la reciente creación de la banda de su hermano cinco años atrás, tenía la suficiente cantidad de seguidores entre sus compañeros como para que ellos decidieran asistir.

Ulises comenzaba a entender que el dinero, los contactos y sobre todo, los favores, podrían traerle buenas cosas a su vida: mujeres, amistades importantes, así como derechos innegables por la familia de la cual provenía. Así el árbol poco a poco se torcía.

Aceptó cuando su cabeza maquinó no solo las ventajas que esto le traería, sino la cantidad de chicas que podría conocer en dicha reunión.

Si bien los cuatro hermanos Alarcón eran lo suficientemente apuestos gracias a las raíces genealógicas, también tenían la herencia del bisabuelo por conquistar cuanta mujer encontraban a lo largo de sus vidas. Ulises comenzaría a recorrer ese largo camino de conquista hasta ser todo un mujeriego, pero entendiendo que no debe uno negarse a los placeres de la vida.

Unos pantalones de mezclilla oscuros y camisa a cuadros serían el perfecto outfit para una tarde que pintaba de lo más entretenida posible. Tomó los anteojos de armazón rojo y su cámara profesional para salir de casa junto con su hermano.

—Ya ves que si te arreglas te puedes ver bien, así hasta orgulloso dedecir que soy tu hermano—. Le guiñó el ojo mientras conducía su BMW negro.

***

Una vez en el hotel de lujo donde Gael había alquilado el salón principal para la reunión del grupo Ruiten con su gran club de fans, ambos bajaron del auto para toparse con cientos de chicas jóvenes intentando acercarse y siendo interceptadas por la seguridad del lugar. Gael amaba ver lo que provocaba en las féminas y Ulises comenzó a sentirse atraído por los gritos de euforia, cosa muy lejana a lo que su carrera como Ingeniero químico podría dejarle algún día. Quizá eso no era para él, tal vez cada uno de sus hermanos era experto en lo que hacía y él debía quedarse con su hobbie de fotógrafo.

—Es momento de empezar con lo que te gusta y por lo que te pago bien, bro—. Habló Gael.

El resto del grupo se encontraba frente al majestuoso Hotel cinco estrellas, justo donde estaban las letras doradas con el nombre se "Grand Deluxe". Los cinco chicos se abrazaron y Ulises fotografió el momento justo en que todos reían alegres.

Momentos después entraron por la enorme puerta de cristal seguidos de los guardaespaldas del grupo que los acompañarían hasta el recinto donde ya se encontraba el club de fans. Ulises se sentó alejado de la multitud para solo fotografiar a las asistentes y a los integrantes del grupo de su hermano.

—Bueno, antes de irnos al bar por unos bien merecidos tragos—, dijo Gael— les quiero presentar a alguien especial para mí porque gracias a él mañana estarán en el Instagram y en todas nuestras redes sociales con las fotografías de esta noche.

Su hermano le hizo señas para que se acercara y de esa forma Ulises se colocó a un lado de la silla en que su hermano estaba sentado.

»Él es Ulises, mi pequeño hermano y fotógrafo oficial de Ruiten—. Todas las jovencitas aplaudieron al unísono, algunas más gritaron y eso le agradó.

***

—¡Salud! —Brindó Leonel, el vocalista de la banda, acto seguido todas las chicas comenzaron a beber sus cervezas.

Muchas de las chicas comenzaron a irse pues la noche había llegado y debían retirarse a casa, pese que la banda las alentaba a quedarse. Muy pocas continuaron la fiesta, en especial una castaña con cuerpo escultural, o por lo menos eso creía Ulises.

La joven no le quitaba la mirada de encima, parecía querer devorarlo completamente y él, inexplicablemente, sentía un calor diferente y no era el ambiente, era su cuerpo que emanaba ese calor sin razón aparente más que las miradas indiscretas de la chica.

Podía ver que era algunos años mayor que él, lo entendía por la forma en que se expresaba e incluso porque en la reunión la escuchó decir que era secretaria en un bufete de abogados. «Aunque sea mayor sí me la daba.» Algo dentro de su cabeza le hablaba, tal vez el mismo demonio que comenzaba a quemarlo por dentro, ese que terminaría por convertirlo en una réplica exacta del infierno en el cual arden las almas bondadosas.

Unas cuantas sonrisitas bastaron para que la mujer tomara la delantera, se acercara a él y decidiera hacerle plática con un solo objetivo, el mismo que sabía había logrado despertar en él.

—Ulises ¿cierto? —Preguntó con voz dulce—, un gusto, soy Iriana—. Plantó un beso en su mejilla.

Trago tras trago durante una plática amena ella preguntando sobre sus intereses y él sobre su vida; comenzaban a sentirse identificados uno con el otro y, quizá, un poco atraídos como para ver qué resultaba de esa noche.

Gael observaba de lejos a la mujer, entendía que a veces los hombres son suficientemente débiles a las pláticas e incluso a las bellezas que la vida presentaba, que en ocasiones fallaba cualquier método de evasión, así que sacó el móvil enviándole un mensaje a su hermano: «Necesito que vayas al baño en dos minutos. ¡Urge!» una vez el tiempo transcurrió ambos se encontraron en el lugar acordado, sin decirle más que un—: cuídate, nunca lo olvides, bro—. Gael sacudió el cabello de Ulises y le dejó algunos condones.

—Espera, pero yo soy...

Gael se caracterizaba por conocer bien a su hermano, tanto o mejor que cualquiera de los otros dos podría decir, así que tenía la habilidad de conocer lo que posiblemente pensaba y así, interrumpirle.

—Quizás hoy sea el día, uno nunca sabe. De no ser así, entonces me los devuelves mañana—. Le guiñó el ojo y salió del sanitario.

Ulises guardó el paquete en sus pantalones y pasando saliva salió del mismo lugar.

—¡Aquí estás! Ya es muy noche ¿Crees que puedas llevarme a casa? Me siento mareada—. Iriana lo tomó del brazo para sujetarse y no caerse de nalgas como sentía que lo haría.

—Claro, solo dame un minuto—. Aun con ella del brazo caminó hasta donde se encontraba su hermano, le hizo señas dándole a entender lo que necesitaba, este sacó las llaves del automóvil y se las arrojó.

Ulises salió acompañado de Iriana al comprobar que no había reporteros o fanáticas. Ayudó a la mujer a subir al automóvil y luego se dispuso a manejar hasta donde ella le indicara.

—¿Siempre cargas con tu cámara colgada? Te ves... chistoso—. Comenzó a reír.

—No, bueno, es la primera vez que no suelto la cámara—. La quitó de su cuello y la dejó en la guantera.

»Ahora sí, señorita, dígame a dónde llevarla.

Ella lo miraba divertida, era el hombre más gracioso y divertido que había conocido en toda la vida y, en cierta parte, eso la hacía entender que tanta dulzura solo se podía deber a una cosa y ella era experta en probar a esos novatos, en hacerlos casi expertos en los dotes del amor.

Algo en ella se encendió, su sentido que la alertaba de que podía ser una presa excelente para intentar sacar un error del pasado o posiblemente un amor, no lo sabía a ciencia cierta, lo único que se le ocurría era que él se vería perfecto sobre su cama y ella... ella pedía estar sobre sus muslos y no bajarse hasta hacerlo terminar.

Sonrió.

—Quiero preguntar algo ¿puedo? —Inquirió Iriana.

—Sí, claro, lo que gustes.

Prefirió hacer algo diferente, algo que le respondiera la pregunta por sí solo, así que se acercó hasta tenerlo cerca para mirarlo a los ojos por unos segundos y, posteriormente, poder besarlo. Primero un beso casto, delicado; se alejó para ver la reacción que pronto le hizo ver podría obtener su ansiada respuesta si volvía a intentarlo ahora introduciendo su lengua seguido de tomarle el cabello. Lo hizo y la reacción necesaria no se hizo esperar.

Se alejó nuevamente y una sonrisa, como la sonrisa que le hace el diablo a una persona que decide vender su alma, escapó de sus labios—. Eres virgen, Ulises y yo tengo la solución a eso.

Una noche bastó para que algo escapara en el joven, algo que estaba recluido en lo más profundo de su ser, eso que había estallado ya en los hombres de la familia y de lo cual algunos se habían logrado zafar a duras penas, pero el sería la excepción a la regla.

Alguien más tendría que aprender, a lo largo de su vida, que lasdecisiones deben pensarse dos veces y que las elecciones suelen traerconsecuencias devastadoras. Era el turno de Ulises de entenderlo aunque paraello necesitara experimentarlo un sinfín de veces.


***
¡Nos leemos en Septiembre!
2 Juin 2020 04:06:28 2 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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Rous Mar Rous Mar
Me ha gustado mucho el comienzo. la seguiré leyendo. Un saludo
September 26, 2020, 13:28

  • Valeria Zúñiga Valeria Zúñiga
    Bienvenida! Me alegro que te haya gustado y espero saber qué te parece :) Saludos, linda!! September 26, 2020, 17:50
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