moonlovesmin 𝓂𝑜𝑜𝓃

Estar en el lugar equivocado y en el momento equivocado, no es siempre una mala cosa... Jeon JeongGuk es especial y lo sabe. Sufre un fuerte trastorno obsesivo compulsivo que lo hace necesitar tenerlo todo organizado y en su sitio, pero lo aleja de todo el mundo que lo rodea. No tiene familia o amigos, ni mucho menos un amante. Nunca lo ha tenido. Cuando se encuentra en el lugar equivocado en el momento justo, JeongGuk descubre que el peligro que plantea tener sexo por primera vez, palidece si se compara con el placer de seguir teniéndolo con el asesino que trata de matarlo, incluso si eso significa perder la vida. Kim SeokJin es un asesino. Es lo que siempre ha sido. Y destaca en su trabajo hasta que se mete en el coche de un conductor que pasaba cuando su última misión sale mal. El hombre que conduce es tan peculiar que lo hace sospechar si no será un señuelo enviado para confundirlo y ayudar a su eliminación. No tiene ni idea de que el pequeño hombre que le pide que cuide a su gata va a cambiar su vida de maneras que ni se imagina. SeokJin es arrastrado a un mundo de cambiaformas y reyes exiliados, uno en el que su fuerza es reclamada para mantener a JeongGuk a salvo a toda costa de los orgullosos soldados enviados a impedir que asuma el trono.


Fanfiction Groupes/Chanteurs Déconseillé aux moins de 13 ans.

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uno



—Conduce —gruñó el hombre de pelo oscuro mientras saltaba al coche de JeongGuk. Éste miró. No conocía a ese hombre. Aunque le gustaría conocerlo. Olía maravillosamente. Pero no lo conocía.

—¿Cómo dice?

—¿Mierda, estás sordo? —gritó el hombre mientras golpeaba el salpicadero. No dejaba de mirar por encima del hombro a través de la ventanilla trasera, como si revisara, buscando algo—. Dije que condujeras.

JeongGuk parpadeó por la confusión, sin dejar de mirarlo. — ¿Te conozco? —Tuvo que preguntar. No es que su memoria fuera muy buena recordando caras. Olvidaba a la gente que conocía todo el tiempo. Quizás conocía a este tipo y simplemente lo había olvidado. No sería la primera vez.

—Conduce, maldita sea.

—¿A dónde? —preguntó JeongGuk, curiosamente, todavía se sentía un poco desconcertado de por qué un desconocido estaba sentado en su coche. Cosas como estas simplemente no le ocurrían. Les sucedían a otras personas. Ocurrían en la televisión. Ocurrían en los libros que JeongGuk leía. Pero no le ocurrían a él.

—No me importa, sólo conduce.

JeongGuk volvió a parpadear antes de poner el coche en marcha. Había empezado a salir del aparcamiento del lugar en el que se encontraba cuando se dio cuenta de que el hombre no llevaba puesto el cinturón de seguridad. JeongGuk presionó el freno y se volvió hacia el hombre.

—¿Podrías ponerte el cinturón de seguridad por favor?

—¿Qué?

El hombre lo miró sorprendido por sus palabras, sus cejas oscuras se dispararon casi hasta el nacimiento del pelo, y JeongGuk no lo entendía. Parecía una solicitud perfectamente razonable para él. Era ilegal montar en un coche sin el cinturón de seguridad. Todo el mundo lo sabía. Además, era peligroso.

—Por favor, ponte el cinturón de seguridad.

—No hablas en serio.

—No lo habría dicho si no hablara en serio —explicó JeongGuk con cuidado en caso de que el hombre no entendiera sus palabras. ¿Tal vez no entendiese el inglés?—. Es ilegal montar en un vehículo sin cinturón de seguridad. Es la ley del estado y no quiero una multa.

El hombre le dio a JeongGuk una peculiar mirada, a continuación, llevo su mano al hombro y agarró su cinturón de seguridad, tirando de él alrededor de su cuerpo y haciendo clic en su lugar. —¿Feliz? —preguntó, una ceja levantada.

—Sí, gracias. —JeongGuk empezó a conducir de nuevo, comprobando el indicador de velocidad para asegurarse que iba al límite de la velocidad permitida, a continuación, miró a ambos lados para ver si venía algún coche—. ¿Dónde puedo llevarlo, señor... ehm...?

—SeokJin, Kim SeokJin.

JeongGuk asintió.

—Es un placer conocerle, Sr. Kim. Mi nombre es Jeon JeongGuk.

—Ah, sí, es un placer conocerte también, pero me llaman SeokJin.

JeongGuk miró al hombre, curioso por saber por qué estaba tan desconcertado por su presentación. Era educado presentarse al conocer a alguien por primera vez. Su madre se lo había enseñado.

—¿Dónde puedo llevarte, SeokJin? —¿Puedes conducir más rápido?

—Por supuesto que no —dijo JeongGuk, sacudiendo la cabeza. Quiso reírse del atontado hombre, pero sabía que no habría sido cortés—. El límite de velocidad es de sólo treinta y cinco aquí. Se trata de un distrito de negocios, después de todo.

—¿Eres tonto?

—¿Tonto? —JeongGuk miró justo a tiempo para ver a SeokJin rodar los ojos. Las cejas de JeongGuk se juntaron cuando frunció el ceño, mirando hacia atrás por la ventana. Tenía la sensación de que SeokJin se estaba burlando de él. La sentía mucho.

Tal vez esa fuera una de las razones por las que no le gustaba estar rodeado de un montón de gente. Siempre parecían pensar que era extraño o raro, o cualquier otra cosa que quisieran llamarlo. JeongGuk no encajaba.

—No soy tonto, señor Kim —dijo JeongGuk después de tomar una profunda respiración para controlarse. No serviría de nada permitir que SeokJin supiera cuánto lo habían irritado sus palabras—. Estaré encantado de llevarle a donde quiera ir, pero necesito que me de un destino.

SeokJin suspiró profundamente. —Sólo déjame a unas pocas calles de aquí.

Una pequeña parte de JeongGuk se sintió decepcionada, pero lo entendía. La mayoría de la gente que estaba a su alrededor no quería perder, ni pasar nada de tiempo en su compañía. JeongGuk estaba acostumbrado.

Sin embargo, había algo absorbente en el extraño hombre que llamaba a JeongGuk. Tal vez esa era razón suficiente para dejarlo en cualquier parte a la primera oportunidad. No tenía la necesidad de involucrarse con cualquiera.

JeongGuk tarareó en voz baja mientras se dirigía al aparcamiento de una pequeña gasolinera situada a unas pocas calles de allí. Paró el coche. Apoyó las manos en el volante cuando se volvió para mirar a SeokJin.

—¿Está bien aquí, señor Kim?

SeokJin miró a su alrededor y luego asintió agarrando la manija de la puerta. —Sí, aquí está bien. Gracias por el viaje.

—Encantado de haberlo conocido.—JeongGuk apenas consiguió soltar las palabras antes de que el hombre se encontrara fuera del coche y cerrara la puerta. JeongGuk lo vio de pie. Se sintió algo decepcionado, una vez que desapareció en la noche.

Le costó trabajo para controlarse y no llamarlo y ofrecerse a llevar al hombre allí a donde quisiera ir, y tal vez incluso ofrecerse para acompañarle. Se encontraba solo, y SeokJin era la primera persona en mucho tiempo por la que se sentía atraído.

JeongGuk sabía lo inútil que era querer algo que no podía tener. Mejor se iba a casa y se olvidaba de Kim SeokJin. Nada bueno podía salir de su asociación. La experiencia se lo había enseñado.

Con ese pensamiento en mente, puso su coche en marcha y se metió entre el tráfico para volver a casa. Tenía muchas cosas que hacer, y probablemente más de un gato hambriento. Y Precious hacía cosas muy malas cuando tenía hambre.

Las ventanas de la fachada del apartamento de JeongGuk parecían tristemente solitarias cuando se detuvo frente a su edificio. Pudo ver una pequeña luz encendida, pero sabía que no había nadie para darle la bienvenida. Había encendido la luz antes de que salir temprano.

Siempre lo hacía antes de irse. No sólo porque se sintiera un poco mejor haciéndolo, sino porque era menos peligroso. Una gran cantidad de accidentes ocurrían en el hogar por falta de luz. Además, accidentalmente podría pisar a Precious.

JeongGuk subió los escalones lentamente mientras llevaba sus provisiones y su cartera de cuero por las escaleras hacia su apartamento del segundo piso. Desafortunadamente, no había ascensor en su edificio, pero días como este el ascenso le parecía aún más largo.

Precious estaba esperando a JeongGuk mientras abría las dos cerraduras de la puerta. Maulló y se envolvió alrededor de su pierna, la cola subiendo por la pernera de su pantalón. JeongGuk rápidamente cerró la puerta y se volvió para dejar sus alimentos en la pequeña cocina.

—Hola, Precious, te he traído algo maravilloso del trabajo. Sarah tenía un sándwich de pavo que no quería, y me dijo que podía llevármelo a casa para ti. Eso fue muy amable por su parte.

Precious maulló de nuevo y corrió hacia el plato de comida de color rosa. JeongGuk sonrió cuando comenzó a sacar los alimentos de las bolsas de tela y con sumo cuidado los fue sacando de uno en uno.

Ahora, sabes que tienes que esperar hasta que todos los alimentos estén guardados, Precious. Podría olvidar algo y luego ¿dónde estaríamos, eh?

JeongGuk abrió un cajón de la cocina y sacó su etiquetadora. Echó un vistazo para asegurarse de que todavía había un rollo nuevo de cinta de etiquetar, después puso la fecha de hoy. Una a una, etiquetó cada caja, lata, y recipiente.

Después de poner la pistola de etiquetas en su lugar, sacó la lista de su bolsillo y la puso sobre el mostrador antes de agarrar un lápiz. Nunca usaba bolígrafo. Eran demasiado peligrosos, y permanentes. Uno por uno, fue tachando los alimentos de su lista.

Una vez que lo había hecho todo, JeongGuk dobló la bolsa de tela y la colocó en su lugar al lado de la nevera. Después de poner la lista en la caja situada en el estante que estaba encima del cubo de la basura, colocó una nueva en la nevera para su próximo viaje de compras.

Precious maulló de nuevo, recordándole el sándwich de pavo que le había traído a casa. Caminó hacia su maletín y sacó una pequeña bolsa marrón, arrugando la nariz porque Sarah usara bolsas de papel para traer su almuerzo al trabajo. ¿No sabía que eso significaba un menor número de árboles? Debería utilizar una de esas bolsas reutilizables térmicas para el almuerzo.

JeongGuk lo había leído en un libro.

Sacudiendo la cabeza, abrió el bocadillo y cogió varias lonchas de pavo. Los cortó cuidadosamente en pequeños trozos para que Precious se los pudiera tragar con facilidad y los dejó caer en su plato de comida.

JeongGuk puso el sándwich de nuevo junto y lo cortó por la mitad. Envolvió una mitad y la puso en el refrigerador, después colocó el otro en un plato blanco. JeongGuk tomó un vaso de leche y el plato y se lo llevó consigo hasta la pequeña mesa.

Antes de que pudiera olvidarse, JeongGuk volvió a la cocina y limpió el desorden, lavó el cuchillo, limpió la encimera. Incluso plegó la bolsa de papel y la colocó en el armario de la despensa, junto con las otras que había recogido en la esperanza de devolverlas a la tienda.

El supermercado local pagaba cinco centavos de dólar por cada bolsa de papel que pudiera ser reutilizada. JeongGuk sabía que no era una gran cantidad de dinero por bolsa, pero si sumaba lo que podría ahorrar en un año, JeongGuk sería capaz de comprarle una nueva almohada a Precious para su cama.

A ésta le gustaría eso.

JeongGuk volvió a la mesa y se sentó.

Cogió una servilleta de tela y la dobló en su regazo, tomó su sándwich y le dio un mordisco. JeongGuk hizo una mueca al masticarlo. Sarah no había usado mayonesa de verdad. Sin embargo, era un sándwich gratuito y los mendigos no podían elegir.

Se lo comió.

Una vez que hubo terminado de comer, se bebió su leche y se limpió la boca. Cogió sus platos y los llevó a la cocina para limpiarlos y guardarlos. La servilleta fue a la ropa sucia junto con la ropa que había llevado ese día.

JeongGuk se preparaba para darse una ducha cuando oyó un golpe en la puerta. Frunció el ceño poniéndose de nuevo los pantalones. Rápidamente se puso su camisa y se dirigió a la puerta cuando los golpes se hicieron más —¿Quién es? —preguntó JeongGuk.

—Kim SeokJin.

JeongGuk parpadeó. —¿Quién?

—Nos conocimos hace un rato —dijo la voz—. Me diste un paseo.

JeongGuk negó mientras su corazón se aceleraba ante la breve y entretenida idea de que Kim SeokJinpudiera estar aquí para verlo. Estaba soñando, y lo sabía.

Nadie que estuviera como ese hombre iría a verlo.

—¿Cómo puedo ayudarlo, señor Kim? ¿Necesita otro paseo? —JeongGuk no podía entender ni por su vida por qué Kim SeokJin llamaba a su puerta. Tal vez al hombre se le había caído algo en su coche.

Eso tenía que ser.

—¿Dejó algo en mi coche?

—Por favor, abra la puerta, JeongGuk. No me gusta hablar a través de ella.

Eso sonó como una petición razonable para él.

A la mayoría de la gente le gustaba mirar a otras personas a la cara cuando hablaban. Le puso la cadena a la puerta y la entreabrió para poder ver el rostro del hombre.

—¿Cómo puedo ayudarlo, señor Kim?

—¿Puedo entrar?

JeongGuk frunció el ceño. Supuso que era una petición razonable, sí, pero algo lo contuvo, algo como una sensación de advertencia que poco a poco se arrastró hasta su columna vertebral. JeongGuk se estremeció al recordar que su madre decía que cuando alguien se siente así, es que está caminando por encima de su tumba. Era un dicho extraño, pero también lo era su madre.

JeongGuk miró al apuesto hombre a través de la rajita de la puerta durante varios minutos. Por último, cerró la puerta y quitó la cadena antes de abrirla de nuevo.

—Por favor entre señor Kim.

JeongGuk dio un paso atrás y vio al hombre caminar, no se dio cuenta de lo grande que era en realidad hasta que Kim llenó la puerta de entrada con su altura y anchura. Incluso tuvo que agachar un poco la cabeza para pasar a través del marco de la puerta.

JeongGuk cerró y se volvió hacia el hombre, impresionado por su tamaño y preguntándose por qué ese hombre tan grande estaba de pie en su apartamento. Simplemente no tenía sentido. —¿Se dejó algo en mi coche, señor Kim?

—Echa la cerradura a la puerta, JeongGuk.

Éste se giró rápidamente para echar la cerradura a la puerta y después se volvió lentamente, desconcertado de por qué había reaccionado de forma tan rápida a la orden. Ni siquiera conocía al hombre, y no tenía idea de por qué se había movido con tanta rapidez para hacer lo que SeokJin, le había dicho.

—Eres muy ordenado... ¿No es así, JeongGuk? —dijo SeokJin mientras miraba alrededor del pequeño apartamento. Lo hizo sonar como si encontrara alguna falta en la forma en la que él organizaba su casa.

SeokJin veía. Todo parecía estar en su lugar. No había platos dejados de lado en la encimera o en el fregadero. Su colección de libros estaba organizada de forma clara y en orden alfabético por autor. Incluso la pequeña colección de pájaros de porcelana de su madre, no tenía polvo y estaba bien colocada encima de la librería. Nada estaba fuera de lugar.

—La prolijidad no es una mala cosa, señor Kim.

—No, supongo que no. —SeokJin tenía una sonrisa en los labios cuando se volvió para mirarlo, pero de alguna manera no parecía que llegara a sus ojos—. ¿Puedo obtener un vaso de agua?

—Por supuesto. —JeongGuk se apresuró a la cocina, mentalmente pateándose a sí mismo por olvidarse de sus modales. Su madre lo enseñó mejor que eso. No se sorprendería si SeokJin pensaba que era un completo idiota.

Cogió un vaso limpio del armario y sacó el agua fría de la nevera, poniéndole al hombre un vaso. Puso la jarra de agua en la nevera y continuación le llevó el vaso a la sala.

Encontró a SeokJin hojeando la colección de libros, sacando un título aquí y allá, a continuación, los volvía a colocar. JeongGuk se encogió, cuando sacó uno, leyendo la reseña y entonces lo metió de nuevo en la estantería pero en la ranura equivocada.

—El agua, Sr. Kim.

—Gracias, JeongGuk —dijo, dándose la vuelta y tomando el vaso de agua, se bebió la mitad del mismo de un golpe.

JeongGuk sonrió y juntó las manos detrás de su espalda, apretando los dedos juntos, mirando por encima de la estantería. Se moría de ganas de poner el libro fuera de su sitio en el lugar apropiado. Su mundo sólo estaba bien cuando estaba organizado.

—¿A qué te dedicas, JeongGuk?

—¿Perdón? —Apartó éste la mirada de la estantería y miró a SeokJin, dándose cuenta de que se había olvidado de la presencia del hombre. De inmediato comenzó a sentirse culpable.

JeongGuk sabía que no estaba dando una buena impresión. Su madre estaría muy molesta.

—Te pregunté que haces para ganarte la vida —dijo SeokJin. Hizo un gesto con su mano—. ¿Y sabes, trabajo?

—Oh. —JeongGuk sintió que se ruborizaba—. Soy editor de textos para Silver Publishing.

—Eso suena interesante, lees todos los nuevos libros. — SeokJin sonrió, respiró hondo y fue cuando JeongGuk se dio cuenta de que el hombre tenía hoyuelos en la mejilla, grandes y deslumbrantes hoyuelos—. Apuesto a que eres muy bueno en eso.

—Estoy bien. —JeongGuk pensó que en su trabajo debía estar bien. Todavía lo tenía. Sabía que no era el mejor, pero tampoco era el peor. Además, no era como si ser editor de textos fuera la ambición de su vida, ni nada.

—No suena como que te guste mucho.

—Paga las facturas. —JeongGuk se encogió de hombros—. ¿Qué hace usted, señor Kim? —¿Además de saltar a los coches de extraños? Pensó JeongGuk. Estaba fascinado con la manera en la que las cejas oscuras de SeokJin se arquearon.

—Soy un asesino.

All the love, x.

28 Mai 2020 18:53:31 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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