juan3 Proséf Chetai

La trágica historia de Danny ¿Cuál será? Un muchacho que amaba devotamente; tanto o más que su vida. Sin embargo, llega el día en que se ve forzado a tomar una violenta decisión que herirá hasta la médula a otra mujer; que lo ama tanto como a su vida


Criminalité Interdit aux moins de 18 ans.

#desamor #tragedia
Histoire courte
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SIMPLEMENTE DANNY

Dos horas de carretera oyendo el estridente: “Come Wiht mi now…” era para enloquecer. Jimmy no paraba de hablar de ese tal Simon Morin. A quién se le ocurría viajar escuchando ese tipo de canciones camino a levantar un cadáver; solamente a Jimmy.

Por su parte, Canek no tenía opción. Menos mal apareció por fin a la distancia la estampa del pueblo. Si hubiera sabido que Jimmy se iba a poner tan intenso con ese tema, él mismo lo hubiera borrado hasta de la web.

Al llegar, a la entrada, estaba el grupo de agentes; los encargados de conducirlos hasta el lugar del caso.

─ ¿Vienen por el muerto del “Guásimo”? preguntó uno de los del grupo.

─ Sí. Nos enviaron de la comisaría, les respondió Jimmy.

─ ¡Sígannos! Ordenaron inmediatamente. A lo que Jimmy no tuvo ningún reparo.

Al principio, el camino era algo cómodo, sin embargo a media en que avanzaron se hacía más irregular. Llegados a un punto, la patrulla se detuvo y de una vez se bajaron los agentes. También, Jimmy y Canek lo hicieron.

Bajo los árboles se encontraban algunos habitantes cercanos. Entre ellos se encontraba una mujer, de algunos… cuarenta o cuarenta y cinco años, tal vez. Su fortachona figura contrastaba con sus hinchados parpados y liados cabellos. Sentada desparramadamente en el taburete no parecía que pudiera tener aquella estampa tan fornida.

─ Hablen primero con ella, dijo uno de los oficiales.

─ Buenas tardes, Señora. Lamentamos la pérdida; dijo Canek por cortesía; pues hace mucho tiempo que ya esas escenas no le parecían extrañas. Esa era la forma natural de llevar el alimento a casa; más nada. En el mundo ya no quedaba nada que pudiera afectarlo; decía él.

─ ¿Tiene Usted idea de que pudo pasar? Preguntó a la vez que acercaba el otro taburete para sentarse cerca de la señora. Jimmy, mientras, estaba recorriendo el perímetro y obteniendo información de los agentes.

Bastó la pregunta, para que la pobre mujer soltara todo el llanto contenido. Canek respiró hondo para tragar aquella repetida y cansona escena. Con fingida comprensión le colocó la mano en el hombro y le dijo:

─Tranquila Señora comprendo que es difícil. ella, con ojos llenos de lágrimas y rojo color, lo miró abatidamente y asintió dócilmente con la cabeza.

─ Dígame, ¿Qué sabe de lo que pasó aquí? Reitero Canek, ya un poco impaciente. No había venido a consolar dolientes, vino a hacer su trabajo.

─ Ellos habían tenido problemas, pero nunca como para hacer lo que hizo; aseguró entrecortadamente la señora.

─ Si claro, comprendo. Pero ¿Qué fue lo que pasó? Indagó nuevamente; ocultando su fastidio.

Nuevamente el descorazonado llanto hizo su aparición junto con el inconmensurable esfuerzo de la señora por ahogarlo; sin embargo no pudo. Cansado Canek le dijo:

─ No se preocupe señora. Podemos hablar más tarde. ¿Es familia de la persona?

─ ¡Sí! ¡Soy su madre! Respondió, dejando el alma en tan aplastante y abatida frase. Canek, se alejó con un leve sentimiento de lástima, pero no lo suficiente como para reflejarlo.

Se acercó a Jimmy y le preguntó:

─ ¿Alguna novedad?

─ Bueno, parece que es por una mujer, respondió con naturalidad.

─ ¿Qué pasó? ¿El marido o el amante? Dijo mirándolo de soslayo con cierto sarcasmo.

─ El marido, dijo Jimmy con la mirada un poco baja.

─ Tendremos que ir a buscar el amante. ¿Alguien tiene idea de quién es?

─ Si claro, la mujer está con él.

─ ¿Cómo es eso? Preguntó Canek con curiosidad mal disimulada.

─ Ella lo abandonó ayer. Se fue de casa.

─ ¿Entonces por qué lo mataron? Dijo un poco obstinado de la sórdida situación.

─ No, parece que no es homicidio, aclaró Jimmy.

─ Bien, vamos a averígualo murmuró entre dientes Canek, con tono de haberse dejado vencer por el fastidio.

Cruzaron el umbral de la humilde morada. Al fondo todavía humeaban entre las cenizas algunos troncos del fogón. En los toscos ganchos de madera colgaban algunos utensilios llenos de hollín. Había también unos chamuscados trozos de carne. En conjunto, el ambiente olía a suciedad y desaseo.

En medio, una mesa rústica de madera; con algunas botellas fuera de combate caídas caóticamente. Estaban esparcidas frente al delgado cuerpo. Los anchos hombros, la definición de los huesos y músculos mostraban la juventud del mismo. Todavía mantenía el moreno color del sol que lo tostaba a diario. Su cabeza hacia atrás no dejaba ver el rostro, aunque el pecho y todo el derredor estaban salpicado de sangre. El cuaderno que estaba sobre la mesa no escapó tampoco al sangriento baño.

─ Bien, procedamos, a ver si terminamos por hoy; comentó Canek mientras inclinaba la cabeza para decirle a Jimmy que era hora de acercarse al cuerpo.

Canek rodeó la mesa, entretanto Jimmy se acercó por su lado. La estampa era macabra. El rostro totalmente desfigurado. Una escopeta “Remington” en medio de las piernas. Comprobada la situación, Jimmy sacó el móvil del bolsillo del pantalón y empezó a tomar instantáneas a la vez que sonaba el clik de la cámara. El rostro de Canek tenía el entrecejo fruncido y los labios un poco apretados. Estaba cansado de pedirle a Jimmy que le quitara el sonido de cámara al aparato ¿Por qué tenía que sonar a cámara fotográfica si era un móvil?

─ ¡Tóma hacia los cuatro lados! no quiero que se nos vuelva a escapar algún detalle que sea evidencia y tengamos otra bronca del Capitán Morales. Esto parece un cuchitril, pero todos los detalles son importantes.

─ Tranquilo, todo quedará bien registrado; aseguró Jimmy con su acostumbrada jovialidad. Eran el dúo: “aceite y vinagre”; aun así, funcionaban bien.

─ Ponte al lado, vamos a tirarlo hacia atrás. Luego que tengamos el espaldar del taburete sobre el piso tú jalas hacia afuera para poder enderezar el cuerpo. ¡Trata de hacerlo a la primera por el amor de Dios, Jimmy! Comentó tercamente. La respuesta de Jimmy fue una ligera sonrisa. Con ese comentario lo único que Canek logró fue que Jimmy se diera cuenta de que él iba ganado aquella batalla de resistencia.

Se colocaron los guantes y tendieron con acostumbrada pericia el cuerpo. Jimmy salió rápidamente en dirección a la furgoneta; buscó la camilla de traslado y la sábana para envolver el cuerpo. Al salir vio que ahora había un poco más de gente. Era común, él ya sabía que nunca faltan averiguadores en estas terribles circunstancias. Al regresar halló a Canek con el salpicado cuaderno en las manos.

─ ¿Qué haces? Comentó Jimmy con las cejas un poco levantadas y la mirada sobre Canek.

─ Reviso. Quiero ojear para ver si nos da alguna idea o es algo irrelevante; así escondía su manía de averiguar todo.

─ Está bien, pero primero acomodemos el cadáver, comentó Jimmy algo burlón.

─ Seguro, así podemos irnos de una vez. La camisa sudada y el vapor de agua que circulaba por el calor de la tarde no era algo que disfrutara el chocante Canek.

Les tomó menos de diez minutos acomodar el cuerpo sobre la camilla, envolverlo en la sábanas mortuoria y asegurar las correas sobre el cuerpo que ya estaba adelantado en el rigor mortis. Terminado el protocolo, nuevamente Canek tomó el cuaderno. Le costó un poco pasar la primera hoja en blanco por causa de los guantes.

─ Lee en voz alta, también quiero enterarme. Comentó Jimmy, con cierto interés, al notar que los ojos de Canek iban y venían sobre el salpicado cuaderno.

─ ¡Claro! Eso sí, paciencia; la letra no es muy legible.

─ No te preocupes: lee.

─ Ok.

Se aclaró su voz de fumador y empezó a leer en voz alta:

─ “Tenía que decírtelo. En vano espero que lo leas y mucho más que te des cuenta lo poco que te conocí; de lo poco que me conociste. Lo que tú llegaste a tener en tu cabeza, ése; ése no soy yo.

Desde que el sol de los venados empezó a despuntar sabía que el día iba a ser diferente. Imagínate, al fin pude vender a buen precio. Tanto tiempo que no ocurría. También Akira se me volvió a insinuar:

─ Quédate, ella no lo sabrá.

─ No, no puedo ¡Me dejé de eso!

Sabes qué; no le di tiempo de decirme más nada. Estabas presente en mí, como te lo prometí. En ese momento no entendí por qué por todos lados Armando Martínez me tenía acorraló con su tema. En cada caney se escuchaba como una seguidilla de ecos: “Mujer déjate querer, como yo te estoy queriendooo. No entiendo por qué motivo, por qué motivo me tienes así sufriendo. Viendo que por culpa tuya, ya casi me estoy muriendo...”

Había sido un día de alegría para todos; tan bueno que hasta los dos gallos que jugué ganaron. Y tú sabes cuantos he perdido. Y con todo y todo me vine temprano. ¡Claro! Compré algunas botellas para poder seguir la parranda contigo. Aquí los dos solitos sin más nadie. Pero cuando llegué, solo me recibió “Chipi”; que alcaraván más latoso.

Antes de venirme te compré el tonto peluche por el que te molestaste la otra vez. Traje el costal lleno de lo que te gusta. Hoy llegué a pensar que volvería a tocarte; me ardían las yemas de los dedos de solo imaginarlo. Los labios se me cuarteaban de puro pensar en darte un besito. Cuando crucé la vega del compadre, no pude dejar de sonreír de solo imaginar ver la cara de Junior cuando viera el “Dorito”. Tanto que le gusta.

Siempre te lo dije: ─ Solo tú estás en mi corazón.

Cuando entré y no te vi, supuse que estabas para el río. Me froté las manos no sé cuántas veces de solo pensar que te sorprendería con la carne asada, lista para cuando llegarás. ¿A dónde se fue la mujer que me amaba? ¿En qué momento se me perdió? Has de creer que no me di cuenta hasta que me fui poner las cotizas. Cuando me agaché y no vi durmiendo la maleta de viaje bajo la cama se me descompuso todo el cuerpo ¡Me costó creerlo!

No imagino cómo se te olvidó este cuaderno y lápiz; después de no encontrar nada tuyo: Ni la ropa en el escaparate, ni la cadenita que te di el día que te fugaste conmigo. No me explico por qué dejaste algo que dice todo lo que hice por ti. Le entregué al sol mi piel hasta tostarla. Mis manos y pies a la brega con los animales, hasta tener cayos como lijas; todo para que pudieras graduarte. Y mira, que se te quede el cuaderno y lápiz. Menos mal no fue el título. ¿Qué sería de ti y de mi Junior?

Me dolió mucho que tu amor fuera un negocio tramposo ¿Te acuerdas aquella madrugada? Cuando, con mi cabeza llena de ron fui a cantar a tu ventana. ¿Se te olvidó la carrera que me hizo pegar tu papá cuando sacó la escopeta? Muerta de la risa me contaste el gran coraje que agarró el viejo.

Casi que puedo sentirte todavía temblando cuando mis labios y brazos te envolvían como amorosa hiedra. ¿Qué pasó con la chica que creció hasta convertirse en mujer junto a mí? ¿En qué momento el hilo del tiempo enfrió tu corazón? ¿Cómo dejaste de creerle al amor para créele al interés?

¡Claro! Solo yo mismo me entiendo. Quisiera doblegar las lágrimas; no dejar salir ni una; pero no puedo. Me agitan como un pluma en el aire. No estoy completo ante el frio de tu ausencia. Solo yo comprendo lo que me escribo; porque al fin y al cabo escribo para darme testimonio de mi dolor. ¡A ti es bien seguro que no te importa! Quién te puede prohibir que seas la egoísta.

Esta pena no puede entenderla alguien que no esté tapizada con mi piel. Alguien que no sabe en cuál lugar de mi corazón se aloja las más sentidas razones de mi vida; ni los más ansiados recuerdos. ¿En verdad uno debería creer en la ilusión de que alguien siente algo por ti? ¡Ah, ilusión tan vacía, hecha de nada! ¿Puedes sentir mi pena tan honda?

Que tú me hayas desnudado esa terrible verdad es lo que más te reconozco. A secas, tengo que agradecerte que me hayas mostrado lo tonto que fue creer en besos ardorosos, en dulces caricias, en entrega sin interés; que tanto fingías ¡Hasta los gemidos eran de cartón! Sé que no llegarás a leer nada; sin embargo es lo único que puedo hacer en esta infeliz hora. Escribo para mí; para que cuando no esté no me extrañe, pues supuestamente soy de la única persona de quien no me puedo separar.

¡Imagínate! Me separé de mi madre; que me prestó la piel, que me regaló el corazón, que amontonó algo para hacerme conciencia. ¿Por qué no podría sepárame de ti? Abandonarte como ya lo hiciste tú.

─ ¿Qué? ¡Comprenderás algún día que fuiste la luz de mi oscuridad! Mi cobija en el invernal frio del sin sentido; que ahora me aprisiona por los cuatro costados. ¿Me dejarás llorar la pena sin vergüenza delante de todos? Sin que tenga que esconder mi rostro entre las manos. Llorar es tan duro como los cayos de mis manos. Como el rejo de ordeñar. Como el cabo del hacha.

─ ¿Que soy duro? Quizás si como el vidrio; que únicamente tiene la opción de fragmentarse en mil pedazos antes que doblegarse ¿Quién me enterró este fantasma? ¡Tú, mujer! Mediste alas para después cortarlas. Ni al gabán más descuidado le pasa esa tragedia.

─ ¿Quién me enseñó que debía mantenerme firme aun cuando estuviera doblado?

─ ¿Quién me nombró tu alacena para que tú pudieras volar?

Quisiera susúrratelo al oído, como muchas veces lo hice: ─ Nunca he querido tú lastima. Siempre amé tu amor, tu entrega; lo más puro y lindo que te hace ser quien eres. Mi mayor alegría fue compartir la mitad de lo que soy con la mitad de lo que ofrecías. ¿Ahora que hay? Un rancho lleno de nada. Un fogón con tres palos humeantes; hasta la humilde cuchara de palo extraña tu presencia.

¿En verdad quieres alguien qué te valore? Que te acompañe ¿Para qué? Si ignoras que estás incompleta si nadie fertiliza el territorio de tu ser. Si nadie enriquece tu persona; porque solo quieres un estropajo conque remediar tu penuria de nobleza. ¡Eres tan pobre que lo único que entregas es lo que te sobra! Porque no puedes entregar nada de ti. No tienes nada para dar. Si me lo hiciste a mí, se lo harás a él. ¡No es amor, solamente ganas!

─ ¿Te imaginas cuantas veces esta noche he oído a mi amigo Armando decirte?:

─ Mujer déjate querer… Tantas que hasta yo mismo ya me burlo de él. Tantas que me acordé de la escopeta. Esa que tanto me insististe que comprara porque te sentías temerosa por nosotros solitos en medio de este monte. ¡Es verdad! Ella es la mejor para espantar el maligno asaltante de mi vida.

─ ¡Te lo juro! No volverás a ver mi rostro. Tampoco nadie verá ni una lágrima por ti. Perdóname por creer que eras una verdadera historia de amor. Perdóname por creer que eras quien decías ser”.

Cuando dejó de leer, el curtido rostro de Canek no tuvo inmunidad. Las cejas levantadas al centro y los labios caídos mostraron la emoción que avasalló al inconmovible Canek. El testimonio le resultó desolador. No pudo contener las temibles lágrimas. Ni en sus peores pesadillas hubiera soñado que se escaparían frente a Jimmy; sin que pudiera hacer algo para detenerlas. También Jimmy estaba con la boca entreabierta; completamente pasmado de ver que Canek dejaba escurrir gruesas lágrimas por sus fuertes pómulos.

Por su parte, Canek no dijo nada. Completamente nada. Solo le hizo el gesto a Jimmy para que agarrara el otro lado de la camilla y llevar el cuerpo al vehículo. Ambos con pasos reverentes salieron ante la expectación de todos los presentes. La cara de sorpresa se personificó en cada uno de los asistentes. La madre del muchacho, se levantó impelida por el amor de madre y pidió ahogadamente:

─Por el amor de Dios, déjenme verlo por última vez ¡Se los ruego, soy su madre! Para enseguida gritar desesperadamente a todo pulmón:

─ ¡Dannyyyyy, Dannyyyy!

Canek no pudo dejar que aquel destrozado rostro fuera la última imagen que recordara aquella atormentada madre. Tampoco se merecía aquel enfermo amante, ajusticiado por el desamor, ser recordado tan desfigurado. No podría ser; así que cerró la puerta de la furgoneta ignorando el desquiciado ruego materno. Sin dirigirle una palabra; el áspero y odioso Canek abrazó con todo su ser aquella sufriente madre. Prestó su pecho para que aquella desdichada tuviera donde adjurar con lágrimas la tenebrosa pena que causó el infeliz muchacho.

Fin

21 Mai 2020 23:25:05 2 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

A propos de l’auteur

Proséf Chetai Una obra escrita es una criatura que se va gestando como la vida. Llega el momento en que ella quiere ampliar sus horizontes. Hay que dejarla crecer. Que tenga tantas personas en su camino como tantas quieran conocerla. El lector será quien elija. Por supuesto tiene que ser un lector que quiera ir mas allá de la zona de confort.

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