queenm93 Lydia Morato

Cuando te enamoras de alguien día tras día y no se da cuenta duele. Pero más duele saber que lo pierdes y que no puedes hacer nada para recuperarlo. Me llamo Alexia Adams y desde hace años estoy enamorada de un chico que mi hermano considera como de la familia. No le gusto y cada vez que me llama, me habla o me mira me hace daño. Pero no puedo resistirme a sus ojos color café, su torso, no puedo resistirme a él... ¿Como se siente perder a alguien tan importante y que no se esté dando cuenta? ¿Como se siente que te digan que te quieren para que a la mañana siguiente te digan que te odian?


Fiction adolescente Déconseillé aux moins de 13 ans.

#hermanos #mejoramigo #ficcionadolescente #amor
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Capítulo 1

Alexia

Las 8:00 a.m.

—Alexia y Luka llegaréis tarde como no os deis prisa —grita mi madre desde abajo.


—Yo ya estoy —digo bajando las escaleras de dos en dos más contenta que nunca—. No necesito nada más, sólo cojo la mochila y espero a Luka.


—Desayuna hija —me dice mi madre tendiendome una taza de café—. Tienes que coger algo de fuerzas para tu último día en el instituto.


—Luka como no bajes te hago bajar yo —chillo—. ¡No quiero llegar tarde el último día de curso por tu culpa!


—Claro es que eso sería una fatalidad —balbucea mi hermano.


—Luka no me hagas burla, ya sabes lo mucho que me molesta. Yo no tengo la culpa de que seas un amargado y estés buscando un lugar en este mundo pero que no sea jodiéndome a mi y ahora coge el coche necesito que me lleves a clase.

—Déjame desayunar al menos —dice señalando las tortitas.

—Si te hubieras levantado antes —le reto. No me gusta llegar tarde a ningún sitio.

—Cómo te gusta mandar, hermana...

—¡Idiota! —digo sonriendo de oreja a oreja.— Tenemos muchas cosas que hacer...

—¡Pasadlo bien en el instituto el último día! —dice mi madre antes de que cierre la puerta principal.

Una mujer encantadora como siempre, bien peinada y arreglada para recibirnos con el desayuno sobre la mesa.


—Vale mamá —decimos a la vez, mi hermano y yo y salimos por la puerta.

Y cinco minutos después, como siempre, mi hermano rompe el silencio diciendo:

—Es la última vez que te llevo a clases, la próxima vez te coges un taxi.

—Si me lo pagas tú, entonces sí —me encojo de brazos mientras miro por la ventanilla del coche.

—No tenenos dinero... Acostúmbrate a ir andando, o sácate el permiso.

—Coge el coche, llévame y cállate ya Luka. Tampoco te cuesta tanto...

—Esta me la apunto —dice apretando la mandíbula y mirando al frente.

—Avísame cuando tengas toda la libreta llena —río con sarcasmo, y él pone los ojos en blanco.

Mi hermano condujo hasta el instituto, allí me bajé y él se fue a aparcar el coche. Era el último día y apenas había alguien en los pasillos, se notaba, aquellos pasillos siempre estaban más llenos que los de el centro comercial un día de rebajas.

Espero a que mis amigas o por lo menos alguna de ellas entren puesto que nunca faltan a las clases, sólo si estaban enfermas.... Cosa que pocas veces sucede.

Se aproximaba la hora de entrada a las clases, miraba el reloj desesperadamente pero nada. Ni siquiera mi hermano entraba de aparcar.
Decidí ir a buscar a mis amigas corriendo pero cuando me encaminaba a los pasillos del primer curso del instituto una voz me detuvo...


—¡Alexia! —yo sólo me giro lentamente para mirar de donde proviene, pero cuando lo hago siento que alguien está pegado a mi—. ¡Sorpresa! —me grita él.


—Brian, ¿qué haces tú aquí? —pregunto sorprendida.


—Te vi sola caminando y sentí pena —dice rascándose la nuca—. Aparte no tenía nada mejor que hacer...


—¿Tú?¿Sintiendo pena? ¡Por favor! —suspiro.


—He cambiado mucho, ¿vale? —dice poniendo los ojos en blanco.


—Brian, por favor, ayúdame a encontrar las chicas no sé donde están. Me estoy volviendo loca.


—Las estás buscando en el lugar erróneo.


—¿Estás insinuando que están en otro sitio?


—¿Acaso no te quedó claro?


—Me imaginaba algo... —digo asintiendo.


—Ven, están por aquí —y me agarra la mano dirigiéndome hacia la salida.


Una voz nos grita a nuestras espaldas, ahora sí sabía quien era.


—Señorita Adams, joven Hall ¿A dónde creen que van? —nos pregunta el director—.


—A la clase —responde Brian nervioso.


—Van por el lugar equivocado entonces, está en dirección contraria


—Es que es nuestro último día y estamos emocionados Señor Director —respondo lo más rápido posible para que no sospeche.


—Que no se repita más, ahora a clase y separaditos —nosotros miramos nuestras manos unidas y nos soltamos al instante.


De camino a clase, nadie, en clase ¡nadie! ¿Donde está todo el mundo?


—¡Escapemos! —susurra Brian eufórico.


—Por una vez estoy de acuerdo contigo —le digo—. ¿Qué hacemos?


—Salir por el pasillo y si el director nos encuentra corre y no pares hasta llegar al aparcamiento, Alex. Dame la mano por si tengo que tirar de ti para acelerar el paso, mira para atrás por si acaso.


—Estás loco, yo no te voy a dar la mano, prefiero que me coja el director —digo riendo.


—Está bien, hasta luego entonces —me suelta el brazo y corre por el pasillo, yo le sigo casi pisándole los talones.


Por fin llegamos al aparcamiento, yo jadeo en busca de oxígeno con el que llenar mis pulmones, y sigo así durante un rato.


—No ha estado tan mal como pensaba... Lo haría de nuevo —dice Brian con una sonrisa dibujada en el rostro.


—Ya, pues yo no he muerto de milagro. He tropezado con una papelera que estaba en medio, menos mal que había paredes con las que sujetarme.


—Lo tenía todo pensado, nena...


—Y ahora, ¿dónde están mis amigas?


—Debemos salir del instituto... Porque no están aquí.


—¿Qué les has hecho? —le digo cogiéndole por el cuello, pero cuando me di cuenta de que él estaba en el aire le suelto.


—Gracias y no les he hecho nada solo que no vinieron a clases —se toca el cuello, en señal de molestia.


—¿Y dónde fueron? —estoy sorprendida con el comportamiento de estas chicas—. Ayer me dijeron que venían, que no se lo iban a perder por nada del mundo.


—Yo te llevo a donde están, no te preocupes, no está lejos. Sube... —me dice abriendo la puerta del coche.


—No me la juegues... ¿Vale? Sé donde vives —arranca su coche y sale del instituto.


—Yo también sé donde vives, cariño. —este chico me saca de mis casillas cada vez que dice una palabra. ¿Es que no puede ser normal?


—¿Has acabado ya? —le digo sin esperar a que me de una respuesta—. Bien, ahora acelera...


—Soy el mejor conduciendo no hace falta que me digas lo que hacer, ¿vale, lista?


—¿Ah, sí? Por eso llevamos cinco minutos parados en un semáforo, ¿no? —se escuchan unos pitidos detrás de nosotros y le doy un codazo para que arranque de nuevo.


—Es que me distraes mucho, Alex —dice poniendo los ojos en blanco y me echa una mirada como si quisiera que me baje del coche.


—Acelera y cállate...


Mientras, pone la radio, una canción de Imagine Dragons y tamborilea un poco con los dedos en el volante. Su vista está fija en la carretera y mi vista fija por la ventanilla del coche. ¿Dónde se han metido las chicas?
De repente oigo tararear a Brian la canción.

Yeah, you're a natural

Living your life cutthroat

You gotta be so cold

Yeah, you're a natural

Debo admitir que amo esa canción, Brian tiene tan buen gusto musical. A pesar de que a veces sea un pesado y siempre quiera hacerme enfadar, reconozco que se porta bien conmigo. Creo que no tiene ninguna maldad en su corazón a pesar de todo lo que le pasó...

12 Mai 2020 18:36:49 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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