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El pacto lector no es una cuestión externa.

En esta ocasión, les propongo que reflexionemos sobre el pacto lector, un proceso que comienza cuando una persona se encuentra con un texto, y de la que depende que esa persona se sumerja en el discurso o lo rechace.

Más allá de que últimamente vemos muchos casos de lectores que, escudándose en el “es ficción”, defienden a capa y espada libros que no cumplen con el mínimo de calidad para poder pactar con ellos... Con la mano en el corazón les digo que es solo una etapa. A medida que avancen en su vida lectora, se darán cuenta de que no pueden creer en cualquier cuento si no cumple con ciertas características que les permitan pactar con ellos.

Y cuáles son esas características, te las contaré brevemente a continuación.

Si bien el pacto lector es un proceso de recepción, sobre el cual un escritor no tiene tanto poder, durante la producción si se puede pensar en esto, y de hecho se hace incluso de manera inconsciente. ¿Han escuchado alguna vez sobre el lector implícito? Es el receptor ideal de un texto, el que el escritor imagina cuando escribe. Algunos teóricos afirman que se trata del mismo autor, que es como una proyección, pero no es en el sentido “yo escribo para mí, y ustedes son afortunados de leerlo”, sino más bien “el escritor escribe el libro que le gustaría leer y que no ha encontrado”.

Por supuesto el lector real y el lector ideal son diferentes, y si bien escribir un texto que le guste a todo el mundo es imposible, si tenemos en cuenta el pacto lector, podríamos llegar a más lectores y hacer que comprendan y reciban lo que hemos escrito.

¿Y cómo lograremos esto? Pues hay que tener en cuenta dos cosas que nos ayudarán a componer textos que puedan llegar a más lectores, tanto principiantes como experimentados.

La primera de ellas es la consistencia narrativa. En caso de novelas o cuentos, por supuesto, la historia no llega al lector a través del escritor sino de una figura abstracta llamada narrador, quien está a cargo de contar los sucesos de distintas maneras. Y que tenga una voz firme y consistente, es lo que nos va a hacer llegar la historia de modo claro y creíble, lo suficiente para pactar con el texto.

Cuando me refiero a narrador consistente, no hablo solo de persona y tiempo, sino también de perspectiva. La perspectiva se relaciona con el lugar, con la posición que tiene el sujeto, en el caso del narrador, desde el cual accederá a la información, la cual será limitada.

Por ejemplo, en ningún momento pueden ver lo que hay atrás de de ustedes, ni cuando se dan vuelta, porque esto se vuelve lo que está en frente. Hasta ahí llega su perspectiva o punto de vista. Y eso es algo que debemos tener en cuenta para desarrollar la narración.

En este sentido, se reconocen tres perspectivas a la hora de narrar, cero o narrador omnisciente, que sabe de todo y todos en la historia, o sea los acontecimientos externos e internos que afectan a los personajes, y administra la información. Si elegimos este narrador es un poco más fácil moverse entre la perspectiva de los personajes, siempre y cuando esté organizado (mínimo, se avise del cambio de perspectiva). A menos que, por una elección estética, se haga una mezcolanza de todo a fin de lograr un efecto en el lector, como la incertidumbre o la confusión, lo que sucede en El aplazamiento de JP Sartre.

Otro narrador es el de focalización interna, que generalmente es en primera persona, narrador testigo o protagonista. En primera persona, tenemos tres alternativas, narrador de monólogo, dual, cuando narran dos personajes, y coral, es cuando varios personajes cuentan la historia. Cada personaje narrador en primera debe tener su propia perspectiva, y esta debe ser acorde a lo que nos ha dicho de ellos. Por ejemplo, si tengo a dos personajes que narran, uno culto y el otro no, y ambos narran igual... no resulta una narración consistente. Esto es algo que no se hizo bien en Invisible de Juan Solá, pero sí en Casas vacías, de Brenda Navarro. Además, también la personalidad de los personajes que narran tiene que dejar su huella en el discurso, como sucede en Alguien está mintiendo de Karen McMannus y Catedrales de Claudia Piñeiro. Si no se nota la personalidad del narrador, este pierde consistencia. Y es uno de los errores más frecuentes que encontré cuando hacía las reseñas.

Y, por último, está la focalización externa o narrador cámara, que es donde el narrador nos ofrece la misma visión de una película en plano general, sin subjetivas, sin planos detalle, o primeros planos, donde solo vemos lo que hacen y escuchamos lo que dicen... el enfoque que se usa en las novelas que proponen un compilador que encuentra otro texto, o que también usan algunos relatos policiales. Si nos corremos un poco de ese lugar, la narración será inconsistente.

Por supuesto, se puede intercalar perspectivas y narradores, pero debe tener un propósito, y estar estructurado de alguna manera, porque si no el relato perderá credibilidad por la inconsistencia narrativa.

El segundo factor a tener en cuenta para lograr el pacto lector es la verosimilitud del relato. Que sí, como se cuentan las cosas es importante, pero lo hechos también lo son. Para construir relatos creíbles, sean de fantasía, ciencia ficción, suspenso, romance, contemporánea, thriller, etc., necesitan tener algún tipo de respaldo en la realidad. Por ejemplo, para describir el infierno en La divina comedia, Dante usó elementos de la realidad, como el fuego, la oscuridad, un río, entre otros, en vez de inventarse cosas.

Recuerdo que en una novela en una plataforma, leí que los protagonistas estaban en peligro y el FBI los metió en el programa de protección de testigos... o algo así, porque lo que proponían allí era similar, pero estaba relatado como si la autora se lo hubiera inventado... lo que, junto a la inconsistencia narrativa, me hizo dejar de leer en el primer capítulo...

Si bien existe el programa de protección de testigos en la realidad, se notaba demasiado que la autora no se había amparado en ella. Algo similar sucede cuando se le trata de dar profundidad a la personalidad de los personajes de una forma tan cliché que el intento se hace agua, y terminan presentándonos a un grupo de unidimensionales o como mucho, bidimensionales que hemos encontrado en un montón de textos.

Es que, de verdad, es poco verosímil que por cualquier hecho que se considere traumático, muchas autoras y autores justifiquen que sus protagonistas masculinos sean unos patanes, misóginos, alcohólicos y violentos. O que todas las mujeres con familias estrictas se convertirán en sumisas, inocentes y rehabilitadoras de los patanes misóginos, alcohólicos y violentos.

No estoy diciendo que todo escritor debería ser psicólogo, pero un poco de investigación no vendría mal a la hora de componer personajes, al igual que cuando ubican las historias en escenarios lejanos que no se corresponden con la nacionalidad de los autores, y que están llenos de jerga local (del autor), o que están vacíos de representación cultural, o errores al respecto. Por ejemplo, ubicar una historia en Estados Unidos y llenarla de clichés no es suficiente para que resulte bien ambientada, sino respetamos el idioma, le ponemos paisajes, comportamientos que reflejen la cultura o las costumbres. Y no me refiero a poner un tiroteo escolar (aunque estaría interesante, si me lo preguntan) ...

Otros errores que afectan la verosimilitud, son el contar y no mostrar y la falta de sentido común. Si planteamos que el personaje principal es el mejor o la mejor de la clase, no debería comportarse como si tuviera seis años o déficit de atención, ya que ser distraído es algo que puede afectar su rendimiento escolar. Algo similar ocurre con lo del sentido común. ¿Por qué vemos tantas veces que los personajes, sean jóvenes o adultos, actúan con cero lógica y no sufren las consecuencias de ninguno de sus impulsos de estupidez? Porque eso permite que la trama avance de manera conveniente, como si no tuvieran otro truco.

Otro error que puede afectar la verosimilitud es, específicamente de los mundos de fantasía, distopía y ciencia ficción, el worldbuilding inconsistente, que permita transgresiones a cada rato o que cambie las reglas de juego a favor de la trama. Si necesitamos cambian o deshacer las leyes que nosotros mismos establecimos para que los acontecimientos sigan su curso, hay algo que no estamos haciendo bien.

Ahora bien, las reglas de la verosimilitud se pueden transgredir... si estamos escribiendo una sátira o parodia. Es decir, a favor del humor. La parodia y la sátira permite la exageración, el poco sentido común, la transgresión de las reglas, las contradicciones, lo cliché y lo superficial, pero necesita de una buena ejecución para que resulte gracioso y no de vergüenza ajena o rabia... cosas que pueden pasar.

Si cuidan la verosimilitud y la consistencia narrativa, estoy segura de que crearán textos capaces de conquistar a muchos lectores diversos.

Y bien, esto es todo por ahora. ¿La información que le di les pareció útil, para organizarse al escribir ficción? Si es así, pueden expresarse en la parte de los comentarios. Pueden hacer lo mismo si comparten mi opinión, o tienen una diferente.

¡Muchas gracias!

10 Septembre 2022 00:45:24 0 Rapport Incorporer 1
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Sobre la romantización.

Volvemos con los consejos, y en esta ocasión trataremos un tema muy problemático que estoy viendo realizado a cuatro manos, y se trata de la Romantización, un pecado capital de todo escritor que debe ser evitado. Pero para evitarlo, tenemos que saber de qué se trata, darnos cuenta de cuando caemos en el error, cómo evitarlo y de ganga les daré un consejito para... si necesitamos hacerlo en la trama, que no se note mucho.

Hay dos términos que a veces se confunden. Normalización y romantización. La primera tiene dos grados, positivo y negativo, pero las más común es la negativa y refiere a situaciones donde ocurren cosas problemáticas que no se ponen en cuestión ni se critican, sino que se retratan como lo más común del mundo, y por eso no sea. Por ejemplo, hace algún tiempo, aquí en Argentina, dieron la noticia de que un tipo acosó a una chica en el transporte público, y al conductor del noticiero no se le ocurrió mejor que pregunta que: ¿Vos llevabas ropa sexy? Cuando la chica, de forma muy educada le dijo que no, que iba con un pantalón y una campera. El tipo respondió que entonces no se entendía. Eso es normalizar. Según el conductor, si la chica iba con ropa sexy, el acoso tendría toda la lógica del mundo. Y no. No importa cómo se vista una mujer, nadie tiene derecho a tocarla sin su consentimiento.

Ahora, la normalización positiva refiere a cuando una situación que antes era problematizada se retrata como normal. Por ejemplo, desde hace algunos años podemos ver como es cada vez menos frecuente que en la ficción el conflicto de los personajes homosexuales sea asumir su orientación. Cada vez es más normal que la orientación no defina o conflictúe al personaje sino sea una característica más, como la altura, contextura física o personalidad.

Ahora bien, la romantización sucede cuando una actitud problemática se justifica, se muestra como algo bonito y deseable, pues permite que el “amor” suceda y que todo sea maravilloso. Pero no lo es.

No voy a dar ejemplos concretos para no herir susceptibilidades, pero el año pasado leí una novela (historia n°1)en la cual publicada en redes de autodifusión (como esta), al principio, el protagonista (al que llamaremos Sr E) mandaba a vigilar a su interés romántico (la Srta V) de manera constante. Y eso está mal, ya que no lo hacía para protegerla porque su vida estaba siendo amenazada o porque Srta V lo hubiera pedido, sino para saber lo que hacía a todo momento. ¿Estas cosas pasan? Sí. ¿Está bien mostrarlas? Sí. El problema con esta situación es que, en al menos dos ocasiones, “gracias” a su control y vigilancia, el Sr E rescata a la Srta V del peligro inminente. De ese modo, se transforma algo que es malo o cuestionable, en algo bueno que permite que los dos se enamoren, ya que ella se siente protegida por él, a diferencia de sus padres explotadores.

Entonces, el problema de la romantización no es lo que muestran sino cómo lo muestran, como si los justificaran, como si nos dijeran “Esto está bien”, “Es lindo” o “es deseable”.

Un truco para reconocer si estamos antes un caso de romantización es preguntarnos si esto nos sucediera a nosotros, ¿nos gustaría? Si piensan que lo que le ocurrió a la Srta V (que fue vigilada, interceptada, llevada a la casa por la fuerza y luego nalgueada a modo de castigo -sí, eso... juro que no es mentira) les gustaría que les pase, les recomiendo que busquen ayuda psicológica. O que pregunten la opinión de otra persona.

O leer/escribir la situación o escena como si fuese parte de un cuento de terror o de suspenso psicológico. Y si queda bien, a lo mejor no es muy buen idea.

Vamos con otro ejemplo: En otra novela (historia 2) que leí, que supuestamente era de acción, durante casi cuatro años, el protagonista, al que llamaremos T.F. aisló socialmente a la protagonista, a la que llamaremos L.C., la humilló, insultó, le puso apodos hirientes, y su justificación es que se sentía celoso de que otros chicos se le acerquen, y para él, querer es complicado por la relación tan disfuncional que tenían sus padres... Ajá. ¿L.C. tenía la culpa de todo eso? No. Justificar esas actitudes posesivas y controladoras, y hacer que el personaje de T.F. no enfrente ninguna consecuencia por sus actos, es más, premiarlo con el amor de L.C. como si ella fuera un peluche de feria... es romantización.

Ahora, tal vez se pregunten cómo podría evitarse este error si su novela está narrada en primera persona y el personaje narrador tiene baja autoestima o es víctima de una relación abusiva. Pues, en ese caso se puede apelar al juicio de lector, a través de la opinión de otros personajes, algo que leí en una 3° novela de internet. En una parte, la protagonista J. estaba muy borracha y llamó a K. para que la fuera a buscar. Él accedió y la llevó a su casa, donde tuvo relaciones con ella. Recordemos, J. estaba borracha. A ella no le pareció mal, porque K. le contó que ella había insistido pese a que estaba borracha. Pero un amigo con derechos suyo, D., no lo vio así y no dudó en hacérselo saber a J. y al bravucón de K. también.

Ese fue un buen manejo de la situación, a diferencia de una 4° historia, en la que sucede algo similar e incluso la chica termina embarazada y la autora lo romantiza, ya que se cuestiona que la protagonista se haya emborrachado y accediera a ir a un departamento con un tipo atractivo, en vez que cuestionar que un hombre la llevó a su departamento, estando borracha, y tuvo relaciones con ella... sin protección, encima. Eso es el sin-consentimiento (entiéndase, el acto que comienza con Vio y termina con lación).

En el caso que conté de la tercera novela, podemos ver un ejemplo de cómo mostrar una situación problemática sin romantizarla, pese a que parece un detalle. Y aguante D.

Ahora bien, y si en tu historia ocurre algo que puede ser cuestionable pero que ayuda a que la trama amorosa avance... y necesitan que suceda, un buen truco para que no parezca que están romantizando es... que sea un hecho excepcional construido sobre una casualidad.

Les daré un ejemplo de algo que hice en ¡Hagamos que valga la pena! (pero que ha quedado despublicado a esta altura) cuando comenzó a avanzar la relación entre Shinichi y Melani. Él solía ir a la cafetería donde ella trabajaba con regularidad, por lo que, si en algún momento a ella le ocurría algo malo, si Shinichi pasaba por ahí no sería tan raro. En una de esas ocasiones, por retrasos en una grabación, Shinichi pasó más tarde por la cafetería y vio que Melani iba saliendo, así que decidió volver a la productora, pero notó que unos tipos hacían gestos hacia ella y comenzaban a seguirla, por lo que decidió ir tras ellos. Sí, tras ellos, no tras ella. Esto podría ser algo cuestionable en otro contexto pero acá solo ocurre una vez. Si la situación hubiera sido otra, o sea si nadie comenzaba a seguir a Melani, Shinichi hubiera regresado a la productora.

Repasemos: Acá nos encontramos con una casualidad establecida, o sea, no es que justo ese día él pasaba por ahí, sino que lo hacía con frecuencia por lo que, si llegaba a suceder algo malo y Shinichi lo veía, iba a ser casualidad y también una posibilidad que no nos sería extraña. Y, como dije, es algo que solo sucede una vez. Ya que, después del ataque, es Shinichi quien le pide a Melani que la deje acompañarla cuando nadie más pueda, y ella acepta de buena gana. Por lo que, si alguien quiere hacerle algo malo otra vez, se la van a pensar mejor viéndola acompañada de un tipo de 1.80 mts. que se evidentemente va al gym.

Y mencionaré una 5° novela donde ocurre algo que en otro contexto sería cuestionable, pero que es producto de la casualidad. En esta historia, el protagonista M.H. asume una actitud de cretino malgenioso hacia su interés romántico, R.L. Hay un momento en el que, sin explicación, R.L. abandona la ciudad y M.H. trata de comunicarse con ella, pero no recibe respuesta. Él intenta darle su espacio, pero el tiempo pasa y M.H. comienza a desesperarse y termina enojado con ella. Desde esa perspectiva, podemos entenderlo. Y recuerdo que fue una sorpresa para mí que, cuando ella al fin regreso, él la mando a la mierda. Yo pensé que la iba a recibir con los brazos abiertos porque era don perfección, y que tuviera esa reacción tan natural y humana lo mejoró como personaje para mí. Sí, fue duro y cretino en su trato con R.L., pero personalmente yo lo entiendo. O sea, también la entiendo a ella, sufrió una tragedia personal y no supo cómo manejarlo, porque es una chica joven e inmadura. Estaba pasando por un duelo, y no merecía que la trataran así... Pero M.H. no tenía modo de saber lo que a ella le estaba pasando...

Esa es otra excepción construida a base de una casualidad trágica. No se romantiza el trato de M.H., dado que solo sucede en unos pocos episodios y su razón es entendible.

Los últimos son dos ejemplos de situaciones que podrían ser romantizadas en otro contexto, pero con el adecuado son solo excepciones que podemos pasar por alto porque, justamente son excepciones y ocurren por casualidades bien planteadas.

Y bien, esto es todo por este video. ¿La información que le di les pareció útil, para organizarse al escribir ficción? Si es así, pueden expresarse en la parte de los comentarios. Pueden hacer lo mismo si comparten mi opinión, o tienen una diferente.

Si les interesa ver una versión en video, pueden hacerlo a través de este link.

Nos leemos la próxima.

22 Mai 2022 00:34:45 0 Rapport Incorporer 2
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Preguntas que pueden ayudar a crear una religión ficticia.

El worldbuilding puede ser tan fascinante como laborioso. Podemos crear culturas, sociedades, ciudades, costumbres, razas o especies o etnias, y, por supuesto, religiones.

Todos sabemos que, para bien o para mal, la religió es un aspecto importante en la vida de los seres humano o de las sociedades en general. Y más allá del tipo de práctica que los individuos o las comunidades realicen, no dotar a la historia de una religión ficticia podría ser un error, ya que este aspecto resulta interesante en las historias que tienen un trabajo de worldbuilding detrás.

Si les interesa crear una religión ficticia para su mundo o universo, les dejo algunas preguntas para reflexionar a respecto.

1) ¿Hay un dios o una deidad superior? Si es así, ¿cuántos y cómo se caracterizan? (Es decir, si es monoteísta o politeísta)

2) ¿Cómo creen que el mundo fue creado? (Este es un aspecto importante e interesante a la hora de crear una religión, aunque puede ser uno de los más difíciles)

3) ¿Cuál es el evento histórico más importante de esta religión? (Este se puede enlazar con los hechos históricos o culturales del worldbuilding)

4) ¿Hay algún lugar en el que las personas de esta religión se reúnan? ¿Cómo se ve? ¿Pueden todos ingresar? (Pueden ser templos, iglesias, cuevas secretas si el culto es prohibido)

5) ¿Ellos adoran? Si es así, ¿cómo y con qué frecuencia? (Los ritos que forman parte de la religión pueden otorgarle mucha verosimilitud a la historia)

6) ¿Hay una figura central dentro de su sociedad religiosa? ya sea sobrenatural o en lugares de reunión. (Algo así como un profeta a un líder, o un santo)

7) ¿Qué símbolos están asociados con esta religión? (Como las cruces o estrellas)

8) ¿Los miembros de esta religión intentan convertir a otros a ella? Si es así, ¿a través de qué medio?

9) ¿Es la religión tolerante con otras religiones? (Este aspecto puede depender de si es un culto oficial o prohibido)

10) ¿Hay ciertas comidas que los miembros de la religión no pueden comer o ropa que deben usar?

11) ¿La religión marca una diferencia entre el bien y el mal? ¿Qué definen ellos como bueno o malo? (La moral de la religión puede repercutir en los ideales sociales)

12) ¿Hay una jerarquía de miembros?

13) ¿Puede alguien ser miembro de esta religión, o deben nacer en la familia de un miembro? (Sería recomendable que pudieran ser de ambas maneras)

14) ¿Hay eventos anuales, celebraciones o tradiciones que tienen lugar? (Este aspecto también puede impactar en los hechos históricos e hitos sociales)

15) ¿Hay ciertos animales protegidos por esta religión? ¿Cuál es su punto de vista sobre el tratamiento de animales y plantas?

16) ¿Hay alguna forma de escritura que registre las enseñanzas de la religión? ¿Está escrito en un lenguaje comprensible para todos? (como una Biblia o un Corán)

17) Si tuviera que reducir la religión a una sola creencia, ¿cuál sería? (La idea principal puede ser el punto de partida para comenzar a crear la religión)

A grandes rasgos, con estas preguntas podemos definir la religión para seguir construyendo nuestro universo, con algunos detalles más. Esperamos que les sea de utilidad, si se atreven a utilizarlo, y que les proporcione buenos resultados.

¡Manos a la obra!

8 Décembre 2021 23:26:57 0 Rapport Incorporer 4
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Consejos para hacer una buena cronología.

Muchas veces, en la redacción de un relato, podemos cometer ciertos errores que no siempre son notorios para los lectores. Aunque sí hay algunos que no pasan desapercibidos, y los problemas con la cronología se notan muchos, por más que parezcan solo detalles.

La cronología narrativa es el orden de los hechos del relato (el texto) y de la historia (el contenido). Y la poca o nula planificación puede llevarnos a cometer errores en este aspecto.

Por ejemplo: supongamos que nuestro relato comienza desde que el protagonista y el antagonista de reencuentran después de dos años de no verse, pero la historia de ambos inicia al conocerse, desde que tienen diez años de edad. Si en algún momento, cuando queremos explicar el pasado del personaje principal, surge una anécdota en la cual tenía siete años y el villano es mencionado en ella, estaríamos incurriendo en un error de cronología. ¿Por qué sucede esto? Porque no lo hemos planificado con anterioridad.

La planificación no solo estructura la historia y el relato, sino también nos ayuda a no cometer esta clase de errores, que en muchas ocasiones no escapan ni del lector más distraído. Pero planear no nos libra de algunos fallos, sobre todo si la historia que vamos a contar abarca mucho más que el relato.

Organizar el esqueleto del texto es útil, pero muchas veces la historia que queremos contar va más allá, y es esa la parte puede escaparse de nuestro control y arruinar la cronología del relato o, cuando menos, tornarla confusa.

A menos, claro, que el relato comience con el nacimiento de todo el universo.

Lo más efectivo para evitar los fallos cronológicos de la historia y del relato es armar una secuencia y una línea temporal. Con la secuencia vamos a organizar el relato, desde el principio hasta el final, colocando un suceso de origen, que no sea aislado, y su respectiva consecuencia, formando una cadena de ellos, llegando por fin un clímax y a una resolución.

Si volvemos al esbozo de trama ofrecido en un inicio, el hecho inicial del relato es el reencuentro de los dos rivales, que tienen esta relación porque ocurrió algo antes, es decir, no se conocen y se enemistan de inmediato. El inicio no tiene porqué ser un hecho aislado. Recuerden: La historia siempre va más allá del relato, a menos que este comience con la creación del universo.

Los dos rivales, al reencontrarse, se confrontan e intentarán ganarse el uno al otro en sucesivas batallas hasta que hay un enfrentamiento final donde uno de ellos es el ganador, o dejan sus diferencias de lado cuando aparece una amenaza mayor que los requiere unidos, o la sucesión de enfrentamientos se convierte en una atracción y culmina con el nacimiento de un amor pasional y explosivo. Cualquiera sea la secuencia que elijamos, ese será el inicio y el final de nuestro relato.

Es, entonces, cuando pasamos a armar la línea temporal de nuestra historia.

En esta etapa, ya podemos reconocer el origen de todo, y no nos referimos al universo, sino al momento en que los futuros enemigos se conocen. Podría ser a la edad de diez años de ambos, en caso de que tengan la misma edad. El motivo que los vuelve rivales puede ser cualquiera: ambos son muy diferentes y se detestan por naturaleza, ocurre algo específico que los hace odiarse, o un conflicto producto de su inmadurez infantil, en caso de que decidamos que en el futuro puedan volverse amigos… o algo más. También puede tratarse de un conflicto más bien ético, como que uno de ellos sea deontológico (que crea que solo se debe seguir las reglas sin excepciones) y el otro sea consecuencialista (algo similar al pensamiento pseudo maquiavélico, pero que no tiene malas intenciones).

Antes de que se enemisten los personajes, podemos secuenciar otros eventos que atenúen este cambio para que no sea tan abrupto, en cuyo caso, la cronología comenzaría de este modo:

1. Los personajes se conocen a los diez años.

2. Al principio, se llevan bien.

3. Algo sucede que produce los primeros roces.

4. Tratan de dejarlo pasar y llevarse bien.

5. Ocurre un segundo suceso que acentúa sus diferencias.

6. No lo dejan pasar y se confrontan.

7. Uno agrede directa o indirectamente al otro.

8. El agraviado se venga.

9. Tratan de conciliar, pero fracasan

10. Se vuelven enemigos.

11. Ocurre una sucesión de agravios mutuos en una franja temporal que van creciendo en intensidad.

12. Uno debe irse de la ciudad, pero se juran que, al volver a verse, ajustarán cuentas.

Desde este punto, comienza el relato.

13 (1) Después de dos años, se reencuentran.

A partir de esta cronología, nos evitaremos cometer errores como el que ejemplificamos al principio. Si quisiéramos colocar una analepsis, o flashback, consultaremos la cronología de nuestra historia, y, si es necesario cambiarla, debemos tener en cuenta que debemos hacerlo en todo el relato, preguntándonos, primero, si es imprescindible.

Con una cronología y una secuencia, además de la planificación, podremos evitarnos errores y sinsentidos. Y, sobre todo, no dejaremos confundidos a nuestros lectores.

Manos a la obra.

8 Décembre 2021 23:25:12 0 Rapport Incorporer 4
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