u15889739481588973948 Jesús David

El destino reúne a un hombre mayor, a quien le quitaron su trabajo y a un par de hermanos cansados de recibir órdenes en la vida militar. Un banco, un robo y una nueva vida.


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#militar #armas #policia #robo #atraco
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Despedido

El sonido de la alarma tan terrible y tan desconcertante para un señor que teniendo la edad de sesenta y un años, aún debe ir a trabajar. Para Rodrigo Álvarez no había mejor manera de despertar que tomar el recipiente de plástico y echar sobre sí, agua fría. La misma que a las 5 de la mañana, es tan helada como la que se puede sacar del refrigerador.


Su esposa, quien se despierta unos minutos más tarde, se levanta y va a la cocina. Hay algunas veces en las que es común ver a uno o dos ratones, que se escabullen... una vez que notan su presencia en el lugar. No le pasa todos los días, pero en ese momento, se encuentra con la mente completamente en blanco. ¨¿Qué le puedo preparar a Rodri?¨, una pregunta aparentemente sencilla de responder, da lugar a que su mente cansada y preocupada, se bloquee. Es ahí cuando, prefiere sacar del refrigerador un porta-comidas lleno de arroz, que con un poco de calor, unos huevos fritos y café, dan lugar a un desayuno cotidiano.


A las 6 a. m. ya se encuentra listo para irse, su trabajo queda en el centro de la ciudad; la única ventaja es que, Sincelejo, es lo bastante pequeña como para que la distancia desde su casa al centro, no represente un problema. El uniforme de seguridad privada, a su edad, ya no genera el mismo respeto en las personas; y mucho menos cuando trabaja en el banco principal de la ciudad. Cuando llega al lobby del banco a recibir su turno, se ve en el reflejo del gran ventanal. Ya no es fácil disimular la mirada perdida de sus ojos teñidos de miel, o sus evidentes pliegues en la piel. Su cabello que, hacía unos años, estaba coloreado como el más fino petróleo, ya no era más que un mosaico abstracto de vetas con tonos grises y blancos. Además, sus ciento ochenta y dos centímetros ya no son tan imponentes como cuando en su juventud, podía derribar a un novillo de más de tres cientos kilogramos.


—Señor Rodrigo, ¿Cómo está? —preguntó Sofia Méndez, la jefa del departamento de seguridad del Banco de la República de Colombia.


—Mejor de lo que se puede esperar, ¿y usted? —la miró detenidamente— ¿Qué puedo hacer por usted?


—Señor Rodrigo, seré breve con usted. Últimamente el banco se ha visto en la necesidad de renovar a su personal de seguridad. Por eso, me veo en la penosa tarea, de decirle que sus servicios en esta institución ya no son requeridos.


Su rostro se tornó pálido, las manos secretaban un abundante sudor. Las rodillas, las cuales tenía sujetas por sus manos, comenzaron a temblar. Su mente estaba en shock; era increíble como la entidad para la que había trabajado por más de dieciocho años lo sacara a la calle sin titubear. Sin embargo, en medio del caos de su mente, sólo había un sentimiento muy claro: rencor.


—¿Me está diciendo que todo mi trabajo y los planes de mi pensión se irán a la mierda, solo porque personas como usted, que tienen una vida perfecta, necesitan rotar el personal? —Su voz parecía tranquila, pero su expresión facial decía todo lo contrario.


—Señor Rodrigo, necesito que entienda que su liquidación será procesada de inmediato, lamento que haya tenido que pasar por esto. —Sus ojos verdes miraban a Rodrigo con tristeza, la oficina de Sofia se había llenado de una nube invisible cargada de tensión y desconcierto.


Rodrigo se levantó del asiento, miró fijamente a Sofia. Tomó su arma y su placa, las dejó en la mesa y se fue sin pronunciar palabra. Mientras caminaba hacia la salida principal, su mente no dejaba de dar vueltas. La sensación que experimentaba en ese momento solo se podía comparar a la vez que le contaron que a su único hijo, le quedaban pocos meses de vida.


—Cariño, ¿estás bien? —le preguntó su esposa —¿Por qué regresaste tan rápido?


—Ya no tengo trabajo. —suspiró —Y todos los planes que teníamos con mi pensión, se acaban de esfumar.


Hubo un silencio abrumador, los muros de la habitación parecían encogerse y el techo se sentía cayendo a pedazos. En sus rostros solo había una mirada perdida que visualizaba como tanto esfuerzo y dedicación eran tirados por la borda. No cruzaron mas palabras, solo una mirada frustrada que dejó entrever su desesperación.


8 de Mayo de 2020 a las 22:21 0 Reporte Insertar Seguir historia
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