natcast_67 Nat Castañeda

La conocí una tarde de verano. Ella con un vestido de flores y unas sandalias de tiras, con sus ojos cafés claros y una sonrisa traviesa, con una melena larga que ondeaba según los designios de la suave brisa. Era la hermana de uno de mis amigos con los que jugaba futbol. Para mí, era la niña más hermosa que había visto en mi vida; estaba embobado con ella desde esa primera vez, sobre todo cuando era el merecedor de tan lindas sonrisas, pero no era digno de ella. Ella estaba prohibida. No porque fuera una política de amigos, no porque ella fuera apenas 2 años menor que yo. No, era porque no podía arrastras a una niña tan dulce e ingenua al infierno en el que yo vivía, mi propio infierno personal. Mi nombre es Maximiliano Carrasco y ésta es mi historia.


Drama Todo público.

#romance #drama #amor #superación #lealtad #dramafamiliar #trastornos-alimenticios #amigos-verdaderos
0
3.4mil VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

Capítulo 1

Mi nombre es Maximiliano, tengo 25 años y acabo de casarme con la única mujer que logró romper cada uno de mis muros, que logró encontrar el camino hacia mi corazón. Pero, sobre todo, que fue mi apoyo y uno de mis principales motivos para no darme por vencido, para seguir en esta lucha, para seguir vivo. Pero antes de mi final feliz voy a contarles desde el principio para que me entiendan mejor.

Nací y me crie dentro de una familia con una buena condición económica. Dos padres, un hermano mayor, una casa confortable, un buen vecindario. Hasta ahí todo bien. Ha medida que crecí todo seguía bien, al menos desde mi punto de vista; mis padres seguían juntos, aunque ambos trabajaban; era mi hermano quien solía cuidar de mí. Tengo mas recuerdos con él que con mis padres. Cuando era mi cumpleaños ambos se hacían presentes con regalos para contentarme. A la edad de 5 años una vida como la mía no estaba mal; nunca tuve una nana. La nana fue mi hermano hasta que tuve 10 años, entonces él se rebeló, entonces la venda cayó de mis ojos.

Cuando yo tenía 10 años mi hermano tenía 16; estaba en la etapa de la adolescencia y como cualquier adolescente quería ir de fiesta con sus amigos, salir con chicas o simplemente haraganear en casa; el obstáculo, yo. Cuando digo que mi hermano era mi nana, no miento. Me cambiaba los pañales, me hacia los biberones, se levantaba a cuidarme y hacerme dormir por las noches, me entretenía. Cuando crecí me daba de comer, me explicaba las tareas, me llevaba y recogía del jardín, y también pagaba los platos rotos por mí. Así que cuando cumplió 16 decidió poner un fin a esa situación.

Se escapó de casa una noche para ir a una fiesta y me dejó en casa solo, encerrado. Mi padre trabajaba de vigilante y mi madre de recepcionista en un condominio y justo por esas fechas ambos tenían turno noche. Mi hermano ni siquiera me dio de cenar, me dejó viendo una película en mi recamara y ya. Así que cuando fui para preguntarle por la cena, no encontré a nadie. Como niño de 10 años y un poco temeroso de la oscuridad y soledad, lo busqué por toda la casa, pero no lo encontré. Pasada la media noche y con el sonido de los coches fuera de mi ventana me acurruqué en mi cama y solté algunas lágrimas hasta que me quedé dormido. Cuando desperté escuché gritos, curioso me dirigí hacia la cocina. Encontré a mamá y a papá parados frente a mi hermano, él con una expresión fatal y tenía una mejilla enrojecida. Entonces su mirada chocó con la mía y conocí por primera vez lo que era el desprecio.

—Todo esto es tu maldita culpa, mocoso del demonio—dijo con furia—. Pero se acabó me entendiste, estoy harto de ti, harto—abrí los ojos en sorpresa al ver el odio en su mirada y sus manos echas puños a sus costados.

—Cállate la boca, tu hermano no tiene la culpa de tus estupideces—atacó mi madre.

—¿Estupideces? –preguntó con amargura—. Estúpidos ustedes. Todos me tienen cansado. No sé para qué quedaste embarazada sino te ibas a ser cargo de tu hijo. ¡Joder, acaso yo lo parí! –el golpe llegó tan veloz como un rayo.

—No me vuelvas a hablar de ese modo André. Eres un atrevido, un malcriado, un…

—¿Un qué? Sigue. Vamos mamá, no te detengas. Pero déjame aclararte una cosa, yo no te pedí nacer, yo no te obligue a casarte, a abrirte de piernas—otro golpe llegó, esta vez de mi padre.

—Cállate la puta boca, no le hables así a tu madre—ordenó— ¿Quién miércoles te has creído? Mocoso irrespetuoso, pero yo te voy a enseñar a respetar—mi padre empezó a sacar su correa.

Yo no sabía qué hacer ¿Qué podía hacer? Le tenía miedo a mi padre; si bien es cierto nunca me había pegado, no quería tentar mi suerte. Pero tampoco quería que le hagan daño a mi hermano, porque a pesar de lo que él me dijo, yo lo amaba. Era padre y madre para mí. Así que respiré profundo y di un paso vacilante.

—Papá—él ni siquiera se dio la vuelta.

—Vete a tu cuarto Maximiliano.

—Pero…

—¡Lárgate de aquí! –gritó.

—No le hables así al niño Carlos—reclamó mi madre.

—Llévatelo de aquí Marina, André y yo tenemos cosas que arreglar—mi madre vino y me obligó a darme la vuelta.

—Por favor mamá no permitas que mi padre le pegue. Por favor—rogué.

—Eso es algo entre tu padre y él. Tu hermano está muy malcriado y debe aprender. Dejarte solo toda la noche e irse de parranda.

—¿Tu padre te pegó alguna vez? –pregunté. Ella me miró y negó con la cabeza. Suspiró.

—Voy a salvar el trasero de tu hermano por esta vez. Aunque no se lo merezca—asentí y callé; sin embargo, me abstuve de recordarle que mi hermano no era mi madre y no estaba obligado a cuidarme.

Mi hermano no probó bocado durante todo el día, ni tampoco salió de su habitación. Mi madre tenía toda la mañana y tarde libre así que estuve con ella.

—André, André, ven aquí.

—¿Qué quieres? –mi hermano apareció todo desafiante.

—Me voy a trabajar, cuida de tu hermano. Tu padre se acaba de ir. Pórtate bien André, porque a la próxima voy a dejar que tu padre se haga cargo.

—Como si te importara.

—Nada de estupideces André, lo advierto.

—Algo más, jefa. Desea que le lave los platos o le lustre los zapatos. Soy más tu esclavo que tu hijo. Y hoy no me has dado de comer. La esclavitud se abolió hace mucho.

—Esa boca no te va a llevar a nada bueno André. Aprende a controlarla—mi hermano solo bufó.

Mamá nos dio un beso de despedida y se fue. Sin más que hablar me metí a mi habitación y encendí la televisión. Unas horas después mi hermano apareció vestido y perfumado.

—Ahí te dejo un pedazo de pizza. Cómetelo, te encierras y te pones a mirar la tele. Vuelvo antes de que vengan los abusadores.

—André mamá dijo que…—empecé.

—Mamá puede decir todo lo que quiere. Tú no vas a abrir la boca y yo tampoco. Haz lo que te digo.

—¿Por qué no te quedas y ves películas conmigo? –sugerí.

—Ya no tienes 5 años Max y yo estoy harto de ser tu niñero.

—Pero soy tu hermano…

—Nunca pedí ser el tuyo. Eres algo que me impusieron y algo de lo que pienso desligarme.

—Pero…

—Tienes 10 años Max, abre los ojos. Las cosas no son lo que crees. Papá y mamá viven sus vidas como quieren y se acuerdan de nosotros cuando la conciencia les remuerde. Mamá no fue tan mala madre siempre, pero desde que llegaste las cosas cambiaron.

—Yo no pedí nacer.

—Bueno yo tampoco fíjate, pero estamos aquí y te aguantas. Aprende a valerte solo Max, porque yo no voy a estar contigo toda la vida.

—Lo que dijiste de mí en la mañana…

—No es del todo mentira. Estoy harto de ti. Siempre que algo va mal contigo, la culpa es mía. Yo no te parí Max y sinceramente si no estuvieras aquí las cosas serían más fáciles para mí. Eres un estorbo.

Y con eso salió de mi habitación y de nuestra casa. No dormí en toda la noche; es increíble con qué facilidad los malos recuerdos se graban en tu mente y se niegan a perderse. Lo que mi hermano me dijo quedó tan arraigado que lo llevé conmigo durante gran parte de mi adolescencia. Desde ese momento intenté de todo por no ser un estorbo para él, aunque las cosas no siempre eran fáciles.

1 de Mayo de 2020 a las 23:33 0 Reporte Insertar Seguir historia
0
Leer el siguiente capítulo Capítulo 2

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 28 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión

Historias relacionadas