ade-arang Ade Arang

Alegre, vivaracha, risueña, curiosa... todo eso y muchas características más definen la personalidad de Zelanda; poseedora de una dulce inocencia que no tienen muchos, nacida dentro de una familia donde reina el amor y la unión y que la hacen plenamente feliz. No hay maldad en ella, no piensa siquiera que la haya hasta que llega la maldad en persona y le da una bofetada de realidad, mostrándole un lado del ser humano que ella todavía ni siquiera conocía.


Romance Sólo para mayores de 18.

#romance #drama
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Capítulo 1

Un tremendo y largo suspiro volvió a traspasar el pequeño espacio que habían formado mis carnosos labios entreabiertos. No lo podía evitar. Eran siempre suspiros tras suspiros cada que mis ojos oscuros captaban su presencia. No importaba lo lejos,( lo cual siempre era el caso ya que así me mantenía de él) , mi cuerpo tenía algo que lo hacía consciente de su cuerpo, por entero. Sentía mis ojos brillar, y mi mirada atontada cada que lo observaba. Me sentía nerviosa, temblorosa, torpe, extasiada... Un montón de mariposas dentro de mi estómago siempre que me lo encontraba. Corazón acelerado, mejillas ruborizada, sonrisa resplandeciente... Todas eso y muchos síntomas más eran las pruebas reales de que estaba enamorada de él, de Lev Cavalier. Alto, piel morena, cabello azabache y unos fascinantes ojos azules que destacaban de la misma manera que las luciérnagas en la oscuridad. Podía tener una mirada tan inexpresiva como otras que decían hasta más no poder. Lo había observado tanto que ya había podido tener el placer de contemplarlas y conocerlas. Podían ser duras si alguien de su equipo cometía un error, las amenazantes para los contrincantes y la pícaras, vivaces y seductoras si tenía a una chica guapa frente a él. Lo había observado tan bien que podía ver que a esa mezcla también se unía un sutil brillo de chispeante rebeldía, de aguerrida fiereza y de mal comportado que a los ojos de las chicas se hacía ver irresistible con su aire de chico malo. Era seguro, de personalidad fuerte, divertida, exuberante, avasalladora, orgullosa... Era competitivo, rápido, fuerte, bueno en lo que hacía...Era un creído, pero también era un ganador. Y era popular, y era guapísimo, y era perfecto y yo estaba loca por él y él por las chicas preciosas, y de su edad. Estaba en su último año de Instituto, era el capitán del equipo y... Mi teléfono sonó y yo pestañeé, saliendo de mi trance fantasioso. Miré la pantalla titilante y abrí los ojos cuando me di cuenta de que mi teléfono llevaba anunciándome que ya estaba en mi hora para entrar a mi siguiente clase. Gemí tomando mi bolso y me levanté de las gradas, soltando otro lamento mientras le daba otra última mirada al entrenamiento del equipo de fútbol. Bajé rápidamente los escalones y cuando salté el último terminé jadeando. La costumbre de poner alarmas en mi teléfono que me avisaran de mis horas había comenzado cuando me di cuenta de que ver los entrenamientos me distraía mucho y me hacía saltar mis clases. Cuando comencé mis primeros días de mi primer año de Instituto, pensé que me sería realmente difícil habituarme y dejar mis años de primaría, pero todo se sintió mejor cuando me di cuenta de que las clases se me daban bien. Habían pasado tres meses desde entonces, y hasta ahora no sentía ninguna repugnancia por ninguna materia. Tenía algunos profesores favoritos, materias preferidas, no amigas pero si compañeras que se comportaban amables y tenía un enamoramiento que ni yo misma podía con él, y eso que mi cuerpo era llenito, pero seguro que era mi altura bajita lo que me hacía no poder con ello. Solté una suave risita y me cubrí la boca con vergüenza cuando una chica pasó a mi lado viéndome como si estuviera loca. Llegué a mi clase cuando el profesor estaba por cerrar la puerta y allí sí que dejé de pensar en pajaritos en el aire y me concentré en esa y en todas las clases que me faltaban. Golpeé repetidas veces mi pie contra el asfalto y miré la masa estudiantil salir por las puertas del colegio. Unos yéndose en sus autos, otros caminando en grupo por las calles...Un claxon sonó con insistencia y yo alejé la vista de las puertas para posarla en la salida. Sonreí con amplitud ante la vista del auto blanco de mamá y salí disparada hacia allí. Estaba gordita, y jadeaba siempre al final de una actividad con sobreesfuerzo, pero por alguna extraña razón, siempre me gustaba andar al trote, y por alguna otra extraña razón, era buena corriendo. Mi profesor de gimnasia decía que si tuviese más rendimiento físico, y que si trabajara más por mi aptitud física y dejara de conformarme solo con mi actitud física, sería muy buena. Tomé la manilla de la puerta copiloto y tiré de ella, viendo inmediatamente la hermosa sonrisa de mamá como saludo de bienvenida. Ojos oscuros brillantes, boca divina, cejas delineadas, pestañas abundantemente rizadas, barbilla delicada...Todo esto sobre la horma de un rostro ovalado que hacía de ella todo un conjunto precioso. Mamá no era alta (asumía que de allí mi tamaño) pero tenía un cuerpo de curvas suaves y esbelto que la hacían ver maravillosamente hermosa. Y por eso papá estaba loco por ella. Cerré la puerta con un golpe seco y dejé mi bolso sobre el suelo del auto antes de acercarme a su rostro y exponer mi mejilla para un tronado, apretado y duradero beso amoroso.

—¿Qué tal tu día?— preguntó mientras movía el volante para ponerse en marcha. Una rápida mirada expectante e interesada fue lo único que necesité para abrir la boca y soltarle hasta el más mínimo detalle. Ella me escuchó atenta, como si todo lo que yo le decía fuese de sumo interés para ella. Se reía cuando le contaba cosas graciosas y me instaba a seguir si por alguna razón no estaba segura. No se veía nunca aburrida de mis relatos, ni desinteresada, ni mucho menos fastidiosa. Ella de igual forma nos contaba de su día, de cosas que le pasaban en el trabajo o en la calle y yo siempre estaba ávida de más cuando algunos relatos me parecían sumamente interesantes. Mamá era una gerente de recursos humanos en una empresa de cosméticos, y mientras yo estaba más ansiosa de información sobre el trabajo de mamá; el manejo, que hacía, cómo lo hacía, a mi hermana simplemente le interesaba que colección estaban sacando, cuando lo harían, que colores eran tendencia y todo eso. Mamá siempre se reía cuando ella y yo peleábamos por su atención y por quién satisfacía primero su necesidad de información. Ella solo nos calmaba y decía que estaría para las dos, siempre. Miré por la ventana cuando el auto de mamá se detuvo frente al impresionante y despampanante colegio. Tanto lujo me hacía estremecer. Gracias a Dios que mis padres habían aceptado mi decisión de no querer estudiar en el mismo colegio en el que lo hacía mi hermana. No éramos millonarios, pero mis padres bien podían permitirse que una de sus hijas asistiera a este tipo de colegio. Yo también estaba en uno privado, pero nunca en algo tan exagerado como esto. Mi hermana lo había querido por que era sofisticado, recatado, culto, de buen prestigio, solo para niños pedantes, fanfarrones y con los bolsillos de sus padres llenos de dinero. Vimos como un grupito de chicas sonreían, hablaban y luego soltaban risitas pretenciosas. Solté una risotada divertida cuando vi a un chico pasar a un lado de ellas, dándole miradas provocativas que fueron despectivamente rechazadas por un ademan indiferente de una chica alta, de figura esbelta y preciosa, con un rostro igual de llamativamente hermoso y unos gestos exquisitamente delicados. Esa chica giró la cabeza cuando el claxon de mamá sonó dos veces. Utilizó movimientos presurosos e igual de refinados cuando las despidió a todas con un beso y solo una de ellas la acompañó hasta nosotros, su mejor amiga. La falda de su uniforme se movió con gracia ante la suavidad de sus pasos ligeros. Ella tenía la espectacular belleza de mamá y la altura de papá. Ojos oscuros igual que los míos y que los de mamá, la piel blanca (mientras que la mía era más cremosa) y un poco más exuberante de la elegancia de mamá. Su pelo era rubio medio mientras que el mío solo era castaño oscuro, el de ella tan corto como el mío lo era de largo. Lo llevaba cortado de manera perfecta hasta los hombros con un modelo muy moderno, y era lacio, pero ella decía que nunca tan lacio como el mío que llegaba hasta el inicio del trasero. Mi hermana estaba cursando su último año de Instituto, tenía diecisiete, por lo que me llevaba casi cinco años ya que faltaba muy poco para que cumpliera su mayoría de edad, y ella era... era una buena hermana mayor. Tiró de la manilla del copiloto y su bonita expresión se convirtió en una de bruja enfurecida cuando lo primero que vio fue mi burlona sonrisa de bienvenida.


—¡Fuera!— chilló y su amiga hizo un gesto de descomposición cuando el agudo sonido entró por sus pobres oídos—. ¡Largo de mi lugar, enana impertinente!— volvió a ordenar y me señaló con un brusco movimiento los asientos de atrás. Negué despacio y me reí de ella—. ¡Mamá!— protestó y golpeó el suelo en señal de rebeldía. Volví a reírme, cosa que la hizo enfurecer mucho más.


—Vamos, Aus— comenzó mamá con voz suave—. Puedes ir tú detrás...


—¡No!— lloriqueó—. Este es mi puesto— señaló mi asiento—. No iré detrás— se cruzó de brazos—. ¡Soy la mayor!— siguió y yo le di una amplia sonrisa inocente que la hizo fulminarme con una mala mirada—. ¡Dije fuera!— me advirtió y yo me relajé.


—Irás tú detrás— dijo mamá sin perder la paciencia—. Ella se ubicó primero...


—¡Por que fuiste primero a por ella!— berreó.


—Dije atrás— dijo mamá.


—No quiero— el cruce de brazos de nuevo.


—Dije— la voz de mamá se escuchó inflexible, entonces yo no seguí burlándome y mi hermana no hizo ninguna señal de protestar—...que te vayas detrás, Australia— mi hermana apretó los dientes y se fue muy rígida a la puerta de atrás. Abrió con movimientos controlados y se sentó muy digna en el asiento. Julie nos miró y sus dientes mordieron su labio con indecisión—. Hola, Julie— dijo mamá por fin—. ¿Quieres que te lleve a casa?— su rostro se transformó en una total expresión de alivio y asintió de inmediato, rodeando rápidamente el auto para sentarse al lado de Australia. Yo cerré mi puerta.


—Gracias, señora Georgina— dijo ella con amabilidad y mamá asintió. Me miró, sonriendo—. Hola, Zelanda, ¿cómo estás?— le sonreí.


—Muy bien, Julie. Gracias— le asentí y ella me sonrió aún más.


—Mami...— se escuchó desde los asientos de atrás en cuanto mamá arrancó.


—¿Si, Ausy?


—Ven mañana a buscarme a mi antes que a Zely— pidió y entonces dentro del auto resonaron tres diferentes carcajadas.


Después de que mamá dejó a Julie en su casa, fuimos al centro comercial y mamá adquirió algunas cosas que necesitaba ella y Andina antes de irnos a casa. Australia y yo bajamos antes de que mamá entrara al garage y Andina nos abrió la puerta mucho antes de que nosotras llegáramos a ésta. Australia fue la primera en darle un beso y yo lo recibí cuando fue mi turno. Seguí mi camino sin ver si mamá ya había salido del garage y noté que Andina fue a ella, seguro para ayudarla a traer las compras. Comencé a subir las escaleras de dos en dos pero a la mitad solo tuve que conformarme con saltar de uno por uno. Solté una risita y me quité un largo mechón que se había salido del amarre de mi goma y lo tiré hacia atrás. Caminé tarareando una canción y moví mi cabeza mientras me conducía por el pasillo del ala derecha de la casa, donde estaban las habitaciones de mi hermana, una de invitados y otra para mí. Abrí mi puerta y dejé el bolso sobre el suelo, sacándome la ropa nos más cerré la puerta para darme un baño. Andina comenzaría a preparar la cena y mamá la ayudaría un poco, pero luego ella también se daría su baño para estar lista en la cena y para la llegada de papá. Eran costumbres. Ducharte no más llegaras. Mamá siempre decía que en el ambiente siempre habían cosas, unas buenas y otras no tantas, así que ella nos había adaptado a sus ideas. En el día a día se sudaba y la piel se llenaba de sustancias; por esa razón mamá decía que era bueno ducharnos en cuanto llegáramos. Eso no se tomaba como una molestia, no cuando pasabas horas en un colegio, correteando de clase en clase y haciendo cualquier ejercicio físico. Me encantaba sentir el frescor y el aroma a limpio después de un día de ajetreada actividad. Adelanté algo de deberes y luego escuché el toque en la puerta por parte de Australia como señal de que ya era hora de bajar. Cerré mi libro y mis cuadernos y los dejé acomodados sobre el escritorio antes de rodar mi silla y levantarme. Salí presurosa de la habitación cuando escuché bullicio y me detuve en cuanto llegué a la escalera. Me reí con una risa jocosa al ver que Ausy ni siquiera había dejado que papá soltara su maletín. Estaba pegada a él como una lapa, ahorcandolo con sus brazos alrededor de él mientras le daba besos y papá se reía. Y ahí estaba el hombres más importante de mi vida. Sonreí mas amplio ante la emoción de mi pecho por su presencia. Papá se había tenido que ir de viaje por unos días por cosas de su trabajo. Papá es un ingeniero químico y trabaja en un fantástico laboratorio, (y lo de fantástico lo sé por que un día Ausy y yo habíamos tenido la dicha de que él nos diera un recorrido, pero fue tan corto que no me alcanzó para preguntarle por todo lo que quería.) Papá es un hombreton, tan alto y fuerte que nos podía sostener a Ausy y a mi al mismo tiempo. Y además papá era bello, por eso mamá estaba loca por él. Dejé de posponer más nuestro encuentro y corrí las escaleras, sin parar en ningún momento, y cuando estuve muy cerca; me tiré sobre ellos, y papá siendo papá, no le importó lo sorpresivo de mi asalto, lo único que hizo fue reírse más y cerrar uno de sus brazos a mi alrededor cuando yo los rodeé a los dos con mis piernas para no caerme. Ahora eran cuatro brazos los que estaban alrededor de su cuello, dos bocas felices que lo llenaban de muchos besos y dos lapas pegadas a él y contentas de que por fin estuviera en casa. Después de que por fin soltamos a papá, mamá solo se rio de nuestra demostración de alegría y ya luego nada, alrededor no importó nada más cuando sus miradas se encontraron y a través de ellas se dijeron mucho, se dijeron todo. Mamá caminó despacio hasta él, y papá la esperó allí, tranquilo, pero tan ansiosos de que se diera prisa y poderla arropar en sus brazos. Era tan emocionante verlos juntos. Era impresionante como sin planearlo podían demostrarse tanto, y como sin quererlo le daban un fabuloso espectáculo de romance a todo el que estuviera de espectador. Suspiré, soñadora, y no dejé de observarlos, ni siquiera cuando se abrazaron y se dieron un beso corto, pero suave, dulce, amoroso, entrañable... Andina también saludó a papá, y luego de que éste bajara por fin su maleta del auto, todos nos fuimos al comedor y Shanny junto con mamá sirvieron la mesa. Para el momento en que comenzamos a comer, ya nos encontrábamos bombardeado a papá por información de su viaje. Que había hecho. Cómo le había ido... Papá nos contó que se trataba de algo nuevo, y de que la empresa había mandado a hacer investigaciones y pruebas para la nueva creación. Nos contó de los lugares, de la gente que lo había recibido, cosas nuevas que había conocido y mucho más. Y luego él nos preguntó que habíamos hecho en su ausencia y cuánto lo habíamos extrañado. Papá dejó de hablar y todos miramos a Australia cuando ésta carraspeó sonoramente. Su tenedor fue dejado despacio sobre su plato y luego su rostro se alzó. Movimientos seguros, una expresión decidida.


—Hay alguien—fue lo único que dijo. Su voz se oyó tranquila, estable. Yo fruncí el ceño, sin saber que quería decir, y cuando miré a mis padres me di cuenta de que ellos se hallaban mirándola, y solo mirándola. Mi hermana hizo el ademán de dignarse a hablar cuando se dio cuenta de que el silencio continuaría—. Desde...desde hace algo de tiempo que estoy conociendo a un chico— informó, su mirada fija en ellos. Alcé las cejas. ¿Estaba hablando de un novio? Mis cejas se alzaron aún más y entonces giré mi cuerpo al completo en su dirección, interesada en lo que iba a decir—. N-no lo dije desde un principio por que en esos momentos c-creo que solo me...me gustaba—tragó saliva—. Pero hemos hablado y hemos compartido y nos hemos conocido y-y sé que ahora sí me gusta mucho más— ojos oscuros dieron una mirada suplicante—. No quiero ocultarles esto, no cuando siento que no es nada malo, ¿me entienden?— un silencio—. No quiero hacer las cosas de otra manera... Las quiero así, quiero contarles y que ustedes lo conozcan. Él... él también quiere conocerlos. Es un buen chico— miró de hito en hito a papá y a mamá—. Me hace feliz estar con él, quiero estar con él...— informó—. Pero también quiero que ustedes estén de acuerdo, no por que ustedes sean los que tengan que elegir lo que me haga feliz, sino por que seré feliz si ustedes lo aprueban, a él, a nuestra relación. Lo quiero así por que ustedes son mis padres y nos han enseñado que siempre es mejor decir la verdad... No quiero estar con él a escondidas— terminó su relato con voz suave y casi rendida, como si el silencio de nuestros padres presagiara algo malo. Mamá pestañeó y el pecho de papá subió un montón cuando inhaló aire con profundidad. Luego ellos dos se miraron y mamá le dio un pequeño y casi imperceptible movimiento de cabeza. Vaya... Se habían comunicado en silencio y se habían respondido con pequeños movimientos. Australia se tensó cuando los ojos azules de papá se posaron en ella con total seriedad. Sus codos se posaron sobre la mesa y él juntó sus manos para posar su barbilla allí.


—Estamos contentos de que nos lo hayas dicho, Australia. Mamá y yo sabemos que estás en edad de enamorarte— las mejillas de Australia enrojecieron, y yo quise hundirme para que no hicieran ninguna referencia a mi edad—. También nosotros fuimos jóvenes y sabemos que cuando se está enamorado solo se piensa en eso. No te prohibiremos nada— Ausy soltó el aire y yo me sorprendí cuando hasta a mi se me alivio la tensión que no sabía que se había apoderado de mi cuerpo—. Mamá y yo estamos dispuesto a conocerlo— dijo y entonces la boca de Ausy por poco y no se le agrietan las comisuras cuando les dio una amplia sonrisa, luego se levantó y soltó sendos chillidos cuando rodeó la mesa y llegó hasta ellos para abrazarlos y llenarlos de besos. Yo me quedé en mi silla, contemplándolos y riéndome hasta más no poder de los gestos exuberantes que hacía Ausy.



8 de Abril de 2020 a las 09:22 0 Reporte Insertar 0
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