diego-barriga-gomez1586305674 Diego Barriga Gomez

Conan el Cimmerio tiene unos treinta y seis años de edad cuando deja a los piratas barachanos, con quienes navego durante varios meses, se dirije a Valadelad el poblado mas cercano a las Islas Barachas. Es aqui donde se le encarga una mision por dinero que se pone un poco mas peligrosa de lo que parecia en un inicio, como ya es una costumbre para Conan. Aunque conoce a un valioso aliado en esta nueva aventura del barbaro mas conocido de todos los tiempos.


Fantasía Épico No para niños menores de 13.

#conan #Brujeria-y-espada #Cimmerio #Barbaro
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Una nueva aventura

Conan el Cimmerio tiene unos treinta y seis años de edad cuando deja a los piratas barachanos, con quienes navego durante varios meses, a pesar que estos piratas procedentes de las islas Barachas aprecian al Cimmerio por su experiencia y habilidad en batalla no presentan organización y es muy difícil ordenarlos a diferencia de los ejércitos de reyes hiboreos que Conan está acostumbrado a dirigir. En Tortage una isla cercana a las islas Barachas en una disputa entre piratas Conan al entender que para salvar el pellejo lo mejor es dejar a los piratas y cruza a nado el Océano Occidental dejando la mayor parte de su armadura, solo logra llevar su espada, una daga, su cota de mallas y una bolsa de monedas. Una vez en tierra se dirige al noroeste al asentamiento más cercano Valadelad.

En la posada de Valadelad un hombre alto de melena negra, con ojos de un azul llameante y al parecer de una gran fuerza física, bebía aguamiel un jarro tras otro y devoraba un pernil de jabalí con un fervor tal, que daba la idea de haber realizado un gran esfuerzo físico. Llevaba una vestimenta de cuero con una cota de mallas bastante fina daba la impresión de ser muy cómoda y liviana en comparación con la mayoría de los mercenarios comunes y no calzaba con el talante de su portador de aspecto bárbaro y osco más bien parecía una cota de caballero al igual que su espada, esta observación la realizada un joven argoniano sentado cerca del bárbaro. En ese momento entra un hombre mayor de unos sesenta años con rostro de inquietud, en busca de alguien en específico, se dirige al bárbaro le pregunta tu eres Amra el León este le mira con gesto osco y bebe un sorbo de su jarro de aguamiel.

—¿Quién eres? —pregunto el bárbaro— Soy Wooden tengo unas tierras a unos quinientos pasos al norte, unos hombres afuera que navegaron contigo me dijeron que eres Amra el León y si estás dispuesto vengo por tu ayuda te pagare bien.

—Soy Conan de Cimmeria o como me conocen en estas costas Amra el León, al oír esto se levanto un negro Zingario enorme de una mesa contigua con cara de pocos amigos.

—¡Amra! —exclamo el negro con gran colera—. ¡Tus malditos piratas barachanos mataron a muchos de mis hermanos de armas anoche en Tortage! Como es que llegaste aquí, destruimos su barco.

Conan sonrió y le clavo el diente a su pernil de jabalí.

—¡Responde perro! —insistió el negro —. Con la mirada fija en el Cimmerio.

—Llegue nadando —replico Conan con aplomo. Wooden miro al bárbaro con gesto de sorpresa.

—¡Nadando perro! —repuso el negro colocando su mano sobre su cimitarra —. ¿Te burlas de mí? Eso ya no importa serás solo un recuerdo Amra el León al igual que Belit la reina de la costa con la que saqueaste estas tierras.

—Vamos no es necesario llegar a esto —intervino Wooden colocándose entre el negro y Conan.

—¡Sal viejo sino quieres probar el filo de mi cimitarra! —el negro tomo al viejo con una mano y lo lanzo hacia un costado como lanzar un niño.

Conan se alzo suavemente, tomo un último sorbo de su jarro y lo coloco boca abajo con estrepito, dio un resoplido, coloco su mano sobre la empuñadura de su espada y poso su mirada sobre el negro de forma desafiante.

—Que te pasa solo te gusta fanfarronear y tocar la empuñadura de tu cimitarra ¿eh? —dijo Conan escupiendo a los pies del negro —. Largo de aquí zingario de mierda no quiero perder mi tiempo limpiando mi espada de tus restos apestosos.

Esto provocó la colera del negro quien desenvaino su cimitarra al tiempo que los demás parroquianos salían corriendo de la posada, mientras Conan con velocidad felina se lanzaba sobre el negro y le propinaba un fuerte golpe de puño en la mandíbula mandándolo a volar sobre las mesas, dejándolo fuera de combate. El bárbaro le pago al dueño de la posada por lo consumido y le dice que los daños de las mesas se los cobre al zingario cuando despierte, ya que fue este con su cuerpo quien las rompió, y cuando el posadero parecía querer protestar Conan lo miro con el ceño fruncido, borrando toda señal de reclamo de la rechoncha cara del posadero, quien solo trago saliva y se despidió con fingida cortesía.

Saliendo de la posada Wooden le pregunta al bárbaro si acepta su petición.

—¿Que debo hacer con exactitud? —pregunto Conan arqueando el cuello y echando su melena hacia atrás.

—Conan te contare lo que se—repuso Wooden—. Tengo la sospecha... pero ¡qué digo! sospecha la certeza de que mis bosques son ahora el hogar de una manada de lobos, contrate una cuadrilla de leñadores para que talaran mi bosque, jóvenes y corpulentos y al parecer con experiencia en una infinidad de talas, pero imaginaras mi sorpresa cuando estos desaparecieron al adentrarse en el bosque. Solo quedo un sobreviviente quien asegura que fueron atacados por lobos que dirigía un tipo de demonio del bosque según sus palabras.

—¿Demonio? —exclamo Conan— ¿Qué tipo de demonio?

—Con forma de árbol— dijo Wooden— Aunque dudo de la existencia del demonio, el sobreviviente Brenn estaba ebrio hasta atrás, cuando llego gritando a mi casa y contándome lo sucedido. De seguro todos estaban borrachos además el sol ya se ocultaba, pero los aullidos de los lobos si los oí y es muy raro en estas zonas es muy inusual llegar a ver un lobo yo que estado toda mi vida en Valadelad nunca he visto uno solo, sé que son similares a los perros, pero más grandes y que aúllan de forma similar.

—Debo hablar con el sobreviviente, para saber a qué atenerme y que me diga donde sucedió todo exactamente. ¿Sabes dónde puedo encontrarlo?

—Debe estar en la taberna el Marinero borracho, es la que está a la vuelta — señalo Wooden —.

De seguro está gastando su paga emborrachándose y bueno, pasando la conmoción por todo lo que paso el pobre que presencio como esas bestias acabaron a sus camaradas. Confió en ti Conan, ten la mitad por adelantado y ve por la otra mitad a mi casa una vez que des caza a esas bestias.

Conan se condujo hasta la pintoresca taberna y entro en esta que solo tenía un par de clientes, pensó bueno aun no es ni medio día y se acerca a una mesa donde bebía un hombre de fornidos brazos solo y con una mirada vacía, pero con una jarra llena de vino.

—Tu eres el leñador ¿Brenn? — pregunto —. Se percibía en el aire un fuerte olor a vino.

—Si Brenn de Valadelad, bienvenido — contesto girándose —. Bebe conmigo, colega. Tomate unos tragos para que mis amigos descansen en paz. Los han jodido bien jodidos y no se bien lo que paso ni a que o a quien culpar.

—Hable con un tal Wooden — repuso Conan —. Me conto lo de la muerte de tus camaradas.

—Ese cabronazo — intervino el leñador—. Intentamos explicarle que había algo en ese bosque… que algo asecha ahí, pero el necio imbécil se negó a creernos.

—Me ha contratado. Quiere que encuentre a las bestias que atacaron a tus amigos y las extermine.

—¿A, sí…? — pregunto el leñador con gesto de sorpresa—. Entonces retiro lo dicho. Buen tipo Wooden… aunque sea un alcornoque incrédulo.

—Que recuerdas del ataque

—Mmm… salíamos del bosque cargados de leña como bueyes, cuando oímos un aullido horripilante que nos congelo la sangre como el de un lobo enorme… como un huargo hasta la borrachera se nos quitó. Echamos a correr, pero la rueda de la carreta se atascó. Magnus me grito que corra a la cabaña por las ballestas. Cuando volví… me encontré con una carnicería, no distinguía a mis compañeros y abandoné el lugar.

Entre los lobos había algo más estoy seguro mata a esas malditas bestias para poder recuperar los cuerpos de mis amigos o lo que quede de ellos para sepultarlos como se debe y descansen en paz.

—¿Algo más dices? —pregunto Conan —. Puedes describir ese algo más.

—No lo vi bien, pero era alto movía las ramas bajas de los árboles y no era por el viento si vas a responder eso — explicó Brenn con dureza—. Toma mi ballesta te puede resultar muy útil contra esas bestias, y lamento no poder acompañarte creo que solo estorbaría.

En el momento que Conan inspeccionaba la ballesta se acercó un joven de unos veinte años, alto con una cabellera negra y atada con un cinto escarlata, vestía ropas ligeras de cuero lo que le daba la impresión de poseer gran agilidad, portaba un arco largo, una aljaba de madera adornada con el dibujo de un pavo real y un par de dagas curvas en un cinto que le cruzaba de forma trasversal.

—Hola — intervino el desconocido—. Mi nombre es Morten Ador, soy un cazador, puedo ser de gran utilidad para hallar a los lobos que pretendes dar caza, y los cuerpos de los leñadores en caso de que ya no estén donde este borracho cobarde los dejo tirados. Estoy al tanto de lo que sucede los oí, lo mejor para ti bárbaro es que no cobro mucho por mis servicios y soy muy diestro con el arco y en caso de tener que vérmelas cuerpo a cuerpo me las apaño muy bien con mis dagas.

—Si me vendría bien refuerzo — repuso Conan —. Pensaba en eliminar a varios con la ballesta y evitar a parte de la jauría en el cuerpo a cuerpo, y con ayuda de un arco quizás lo evite por completo, además al examinar sus huellas tal vez puedas deducir cuantos lobos componen la jauría y como sucedió todo. Te parece una cuarta parte del botín y si lo haces bien yo invito las cervezas.

—¡Claro! por mi está bien, pero si me quedo con las pieles — respondió Morten con una mueca de malicia picara mirando a Brenn —. También escuche que Brenn invitaba unos tragos por los caídos. Aprovechando que aún es temprano lo mejor será adentrarse en el bosque unas horas antes de que el sol se oculte, ya que al parecer salen por esas horas las bestias de sus escondrijos.

—¡Tendero! — bramo Brenn —. Unos jarros de cerveza para mis camaradas.

Conan asintió — Aun tenemos varias horas.

Unas horas más tarde con varias jarras de cerveza en el cuerpo Conan y Morten se despiden del leñador que apenas se sostenía y de otros parroquianos que los acompañaban en la bulliciosa mesa en la posada Marinero Borracho. Aún quedaban unas horas para la cita con los lobos en el bosque, Morten conocía el camino a seguir y conducía a Conan a paso lento por este. Una vez a las afueras del bosque preparan sus armas y cotas.

—Porque te conformas con la cuarta parte de la paga — pregunta Conan con incertidumbre —. Supongo que no piensas traicionarme, otros más fuertes y experimentados que tú lo han intentado y yacen junto al polvo.

—Esa no es la razón. La verdad es por los lobos, esas bestias dejaron lisiada a mi amada Yegua Pastora y prometí acabar con cualquier lobo que produzca problemas por poca que sea la paga, además las pieles tienen buen valor y creo a ti no te interesan.

—¿Te arriesgas por ese animal?

—¡Oye! hombre no le digas así — profirió Morten con cara de fastidio —. Yegua es el nombre de mi amada y aunque este toda tullida yo la quiero, no es como para decirle animal solo por eso.

—¡Por Crom! —repuso el cimmerio riéndose —. Quien le pone así a una mujer, eh conocido a varias yeguas, pero no se llamaban así. Con ese nombre tal vez se lo merecía.

Morten miraba serio al Cimmerio manifestando con su rostro que no le hallaba la gracia, a la desgracia de su querida Yegua Pastora.

—¿Yegua Pastora? — pregunto Conan pensando que le tomaban el pelo —. Y como ocurrió lo del incidente con los lobos.

—En una aldea pequeña al norte en la cual estábamos de paso una manada de lobos rondaba cerca y se había perdido un niño, las gentes de la aldea creían que los lobos se lo habían llevado y nos ofrecimos a ayudar como cazadores y rastreadores por un módico pago por traer al niño de vuelta o lo que quede de él y matar a cuantos lobos podamos para bajar su número por lo menos. Seguimos el rastro de los lobos sin pistas del mocoso, llegados a una brusca inclinación de rocas me subí sin mucha dificultad para tener una mejor vista del lugar y usarlo como zona de ataque a las bestias que se encontraban del otro lado con nuestros arcos y flechas.

Cuando volvía por Yegua… — miro a Conan con gesto aburrido y este no pudo evitar una leve sonrisa — Vi que se le aproximaban a gran velocidad seis lobos enormes, Yegu… ella alcanzo a disparar dos flechas derribando a uno y dejando herido a otro y yo tumbe a un tercero con una flecha en el cuello, en ese momento ya estaban muy cerca de ella para seguir usando los arcos saco sus dagas mientras yo bajaba de las rocas cuando llegue hasta el lugar yacía un lobo junto a ella y los dos restantes mordían sus piernas y uno de sus brazos. Degollé a uno y apuñale en el vientre al último que arrancó con las tripas colgando, finalmente le dispare y callo. Luego volví como pude con mi amada a la aldea que se recuperó con el paso de los días, pero ya no podremos seguir con nuestros recorridos buscando fama y fortuna.

—Es lamentable — respondió el cimmerio.

—Sabes Conan — dijo Morten mirando el cielo —. Es lo que ella más anhelaba la libertad el no pertenecer a ningún lado solo seguir los senderos hasta donde nos llevasen, como siempre dice no somos árboles para permanecer plantados en un lugar por siempre esperando que nos talen.

—Si en campo abierto son peligrosos en un bosque frondoso aún más — dijo Conan pensando en lo dicho por Morten, en no pertenecer a ningún lado—. Y que paso con el mocoso se supo algo de él.

—Cuando volvimos a la aldea después de limpiar y aplicar vendajes Yegua se quedó dormida, escuche a un mocoso llorando parecía haberse torcido una mano, para mi sorpresa era el mocoso que fuimos a buscar. El infeliz se había quedado dormido en un árbol, se acababa de estrellar en el suelo y estuve a punto de trenzarme a golpes con los estúpidos lugareños por habernos arriesgado por nada.

—La vida a veces es un mal chiste.

—Es hora de adentrarse al bosque para examinar las huellas y hacernos con las ballestas de la cabaña.

Al llegar a la cabaña cogieron la ballesta que encontraron y varios virotes, pero no había rastro de batalla ni cuerpos. Al ver que no estaba la carreta Morten y Conan supusieron que debía estar más adentrada en el bosque y que solo debían seguir los profundos surcos dejados en el suelo por sus ruedas.

—No hay pisadas de lobos hasta el momento — dijo pensativo Morten —. De seguro no se acercan al camino.

El cazador se detuvo y quedo mirando fijo a los arbustos que estaban a unos veinticinco pasos adelante en el camino, detuvo a Conan que parecía no advertir lo que se ocultaba delante, luego alzo su mano para extraer una flecha de su aljaba la coloco en su arco apuntando inhalo y disparo, se oyó un gemido y asomo una cabeza lobuna desde los arbustos atravesada por una flecha desmoronándose al instante en el suelo.

—¡Vaya! No lo había visto — dijo sorprendido el bárbaro —. ¿Crees hallan más en las cercanías?

—No al parecer — contesto Morten reflexivo —. Habrá que estar más atento y con las armas apunto no quiero que me vuelvan a pillar como la última vez.

El par recorrió el camino sin más novedad hasta llegar a la carreta que estaba inclinada en el suelo hacia adelante y los restos de los caballos que parecían haber muerto en su puesto de encargo. Morten arrodillándose comenzó a examinar el lugar.

—Eh Conan mira esto, creo son las pisadas de Brenn huyendo a toda velocidad se puede notar por las zancadas largas y una mayor presión en la punta de la huella como en su parte posterior, de seguro no volvió con la ballesta.

— O por lo menos no volvió hasta acá, al pensar que sus amigos ya estaban perdidos y prefirió salvar el pellejo.

—Probablemente — asintió el cazador—. Aquí están las huellas de los otros tres todos abandonaron la carreta uno parece haberse quedado a pelear, pero fue herido de gravedad y huyo en dirección al bosque donde de seguro encontró su fin ya sea por los lobos o por la gran cantidad de sangre perdida. Otro huyo por el camino en dirección opuesta a la cabaña, lo acorralaron y fue forzado a huir en esa dirección.

—Todos muertos al parecer —repuso Conan —. ¿y el ultimo?

—Y el ultimo al parecer quiso huir hacia el rio, pero no lo logro perdió ambos brazos además este vestía completamente de café excepto por su gorro de color rojo con una línea blanca.

—¿Sabes eso solo con examinar sus huellas? —dijo el bárbaro boquiabierto.

—Claro que no — respondió Morten con aburrimiento señalando un árbol —. Esta colgando en la rama de ese árbol lo ves, aunque no sé cómo consiguió llegar hay.

—¡Por Crom! — maldijo Conan avergonzado —. Tal vez subió huyendo y asediado por los lobos no pudo bajar y murió desangrado.

—Enserio — intervino Morten irónico —. Y como lo hizo eh Conan se subió al árbol se arrancó los brazos los lanzo para distraer a los lobos y noto que sin brazos no podía bajar o que tal esto se subió al árbol y luego pensó en descansar y hacer brazos caídos y estos cayeron se desangro y murió o se me ocurre que …

—Ya basta ya entendí — dijo Conan con cara de pocos amigos —. Entonces como lo explicas, que el cuerpo haya llegado allá…

—¡Silencio! — advirtió Morten —. Al parecer se acercan por las huellas que he visto deben ser como quince.

En ese instante se oye un aullido seguido de otros y el sonido de arbustos y hierba bajo las pisadas de la jauría dispuesta a repetir la matanza del día anterior, se sentía el lúgubre olor de la muerte acercándose pasando de su representación etérea, adquiriendo forma física. El bárbaro al sentir que los pillaban con la guardia baja inicia el movimiento de sacar su espada para una batalla cuerpo a cuerpo, Morten niega con la cabeza y le hace un gesto indicando la carreta. Un momento después se hallaban sobre la carreta preparando las ballestas.

El aire se había vuelto denso y pesado Conan en varias ocasiones había tenido esta impresión, el augurio a que algo iba más mal de lo que parecía si bien el bárbaro no temía a hombre alguno se estremecía al sentir el efecto que ejercían sobre él las fuerzas de lo sobrenatural. Morten pareció perturbarse también percibía la atmosfera densa y su corazón agitado parecía querer salir de su pecho y un sudor frio perlaba su rostro que se había vuelto lívido en un instante.

—¿Conan que sucede? — pregunto Morten con semblante fúnebre —. ¿Son estos lobos? puedo sentir su odio sobre mí, hasta parece que el bosque se ha silenciado solo escucho la respiración de las bestias casi siento su hálito sobre mi rostro.

—¡Escucha! — respondió Conan dejando su mano pesadamente sobre el hombre de Morten —. Sean lobos o no son de carne y hueso podemos matarlos como al que disparaste hace un rato.

Morten reaccionando ve aparecer al primer lobo justo en frente a unos treinta pasos quita el brazo del cimmerio de su hombro y dispara en el lomo del animal que dio unos pasos y se derrumbó muerto al momento que comienzan aparecer los demás por todos lados rodeando la carreta Conan alcanza hacer varios tiros con la ballesta y Morten varios más con su arco derribando a varios lobunos reduciendo su número drásticamente. Al momento que Conan se disponía a cargar la ballesta un enorme lobo se lanza sobre él, Morten le dispara mientras el lobo está en vuelo y Conan se lo quita de encima usando la ballesta como escudo y tirándolo al suelo, y saca su espada colocándose por el lado inclinado de la carreta que es el lugar por donde pueden subir las bestias mientras Morten arremete con sus flechas que pasan silbando junto del bárbaro matando bestias sin clemencia.

El par de guerreros a medida que van matando a las bestias se va juntando una pequeña pirámide de cuerpos al pie de la carreta, los restantes retroceden y Conan y Morten aprovechan de atacar con la ballesta y el arco despachando a casi todos y resto huyo por bosque. Morten extenuado se sienta sobre la parte más alta de la carreta cuando se oye un crujido como de ramas quebrándose, en ese instante aparece frente a él un ser enorme de unos tres metros que intenta atraparlo con sus brazos que parecían ramas, Morten salto hacia atrás con velocidad felina y tiro una flecha en lo que creía la cabeza del ser.

—¡Por Crom! que mierda es eso

Al momento que Conan tiraba una maldición y corría hacia la parte más alta de la carreta atacando con la espada y cercenando varios brazos del ser, que con sus demás extremidades mando a volar al bárbaro. El ser del bosque se giró en busca de Conan al instante recibe otra flecha en la cabeza.

—¡Bestia de mierda te voy a quemar! — grito Morten —. ¡Conan! distrae a la bestia para prender fuego con mi pedernal… ¡oh mierda!

El ser golpeo con gran fuerza la parte superior de la carreta catapultando a Morten que estaba en la parte inferior de esta y la pirámide de lobos muertos por los aires. Conan se ponía en pie viendo como su colega pasaba volando sobre él para estrellarse finalmente contra la copa de un árbol.

Conan apretujó los molares y se puso pálido aquel ser le resultaba totalmente chocante, años atrás cuando navegaba junto a Belit asolando la Costa Negra escucho en más de alguna ocasión historias de la tripulación, acerca de árboles devoradores de hombres podría ser este ente uno de aquellos árboles.

El bárbaro se lanzo al ataque con ímpetu desenfrenada golpeando y esquivando golpes mortales a una velocidad tal, que a personas comunes les seria imposible ver. Corto algunas extremidades del ser, pero a Conan le daba la impresión que a estas les reemplazaban nuevas. Mientras Morten intentaba bajar del árbol donde se había aporreado quedando medio atontado, además se le había caído su pedernal.

—¡Baja ya Morten! — grito Conan agobiado y realizando una pirueta para evadir un golpe —. Debemos quemarlo, mi espada no tiene mayor efecto sobre él y ya me estoy cansando no podré aguantar mucho más sus ataques.

—Perdí mi pedernal — dijo el cazador dando un salto al suelo —. Huyamos a la cabaña, vi un cubo con aceite y pedernal.

—¡Vamos! ¡corre!

Conan y Morten emprenden la huida por el sendero en dirección a la cabaña en la que no hace mucho habían estado, para su sorpresa la bestia no era tan veloz, pero no paraba de perseguirlos. Una vez dentro de la cabaña Morten toma unas fibras secas y comienza a encenderlas sobre la mesa, mientras Conan intentaba atascar la puerta.

— Atasque la puerta, eso debería darnos algo de tiempo.

En ese mismo instante la puerta es arrancada hacia afuera, aun así, el ser no podía entrar por el espacio que dejo esta, dando así inicio a una oleada de arañazos y rasguños despedazando la cabaña. Morten lanza una flecha ardiente sobre el ser y este se la quita de un arañazo haciéndola añicos y apagando el fuego.

—Tengo una idea dame el cubo Morten.

—Entiendo — repuso Morten mojando algunas flechas en el balde con aceite.

Conan arremetió sobre el ser deslizándose sobre el suelo esquivando un zarpazo y tirándole el contenido del cubo, de inmediato Morten apunto y disparo la flecha ígnea dando en su blanco y creando una verdadera bola de fuego el ser en su agonía entro a la cabaña de la que ya no saldría lanzando zarpadas hacia todos lados.

Conan ya fuera de la cabaña le gritaba al cazador que saliese antes de que arda toda la cabaña y con el dentro. Cuando Morten estaba por salir se volvió a meter dentro.

—¡Morten mierda que haces sal de ahí! — maldijo Conan —. Porque volviste a entrar.

—Por esto — dijo mostrando una botella de vino y escuchando los gritos guturales del ser siniestro, sintiendo como se le erizaban los cabellos, destapo la botella y le dio un largo sorbo como si fuese esto un antídoto ante el funesto ambiente.

—Dame eso, te lo vas acabar — dijo Conan arrebatándole del hocico la botella —. Casi te lo tomas todo, y con la falta que me hace estoy seco. Volvamos al pueblo, a la posada yo invito.

—¿Y las pieles de lobo?

—Regresas mañana, no irán a ningún lado — dijo Conan entrando a la cabaña en llamas.

—Tienes razón — dijo Morten mirando anonadado a Conan —. ¡Oye tu coco loco que haces!

La cabaña ya empezaba a crepitar por el fuego. El olor a vegetación del bosque se fusionaba con el de la madera quemada, el aire era acalorado y húmedo. En el momento que la cabaña parecía venirse abajo sale corriendo Conan veloz como una gacela salvando el pellejo.

—Esos leñadores la pasaban bien — dijo Conan mostrando dos botellas —. Nos vendrán de maravilla para el camino de vuelta.

8 de Abril de 2020 a las 01:17 0 Reporte Insertar 0
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