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Manitas

No tenía otra opción, mi salvación dependía de hacer aquel último trabajo que demostrará mi fidelidad y arrepentimiento.

Siempre tuve la concepción de que, entregar a una persona, convertía a su delator en un maldito ser humano. ¿Cómo se califica a uno de los míos traicionando a quien considera su maestro?

Su dedo se presiona con leve fuerza alrededor de mi anillo, de ese anillo.

Sin proponerselo me acaricia suave el rostro, su manita rosa torpemente una de las elevaciones del anillo, el sello que se presionó en aquel armisticio.

La hora había llegado, en cuanto los demás guardianes tomen posesión de el, regresaré a mi lugar como si éstos siglos nunca hubieran sucedido.

—Ya sabes que hacer — deposito su cuerpecito tibio en sus rechonchos y flácidos brazos, cubre de suaves y húmedos besos toda su cabecita.

— ¿Volverá? — me detiene, es algo inquietante en la manera en la que me lo pregunta.

—No lo sé— me pierdo en la oscuridad y a la intemperie de ser cazado por mi traición o absuelto por la decisión que tomé.

La flor del viejo durazno al final de su jardín desprende su fragancia, la misma se cuela por el aire. La sensación de su piel acurrucada en mis brazos me penetra hasta ahogar mis sentidos.

Voy a extrañarla.

2 de Abril de 2020 a las 15:30 0 Reporte Insertar Seguir historia
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