liaobregon JYD ANDERSON

Clara Luz y Leónidas son secuestrados por el maldito Kent. Ahora los dos deberán intentar escapar de aquel lúgubre lugar con vida, pero no será tan fácil que Kent los deje en paz. En medio del fin del mundo deberán luchar por resistir al infierno de Kent y sobrevivir para ver un nuevo mundo. ¿Pero podrán luchar contra el poderoso Kent o se hundirán en las tinieblas con él?


Fantasía Fantasía urbana Sólo para mayores de 18. © J y D Anderson

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Introducción

CUANDO EL MUNDO TEMBLABA DE MIEDO Y LA FRANCIA OLÍA A AZUFRE DE PICHET

«Durante el año 2031 ocurrió otra gran pandemia que puso a la Tierra de cabeza. Ya había padecido una sacudida en el año 2020, cuando un virus había afectado a todos los continentes, pero no teníamos idea de que lo que veríamos una década después sería imborrable. El mundo estaba por cambiar y nadie estaba preparado para enfrentarlo.


Desde el inicio del virus se crearon miles de teorías sobre la propagación. En pleno año 2052, no hemos sabido la verdad, ¿Pero acaso importa?

La teoría más conocida, es la que dice que un virus llamado K-16 había sido utilizado como medio de manipulación, aplicado a seis juristas del consejo de los guardianes de Irán, con el objetivo de controlar los precios del petróleo y el mundo musulmán por parte de Norteamérica. Pareció funcionar bien, pero pronto descubrieron que el virus, que al principio solo se transmitía por sangre, mutó hasta transmitirse por aire, después de eso el virus se propagó con rapidez hasta llegar a todos los continentes.


La historia del virus K-16 era larga y complicada, se había creado a finales de la segunda guerra mundial por el científico Elliot White, quien murió en el año 2012, pero había probado la letalidad del virus en el Instituto Netsfield, contagiando a más de cuatrocientos alumnos y maestros de entre cinco y sesenta años de edad, murieron ciento dieciocho personas. Aquello había ocurrido en el año 2012 y la historia del pueblo de Arenville, en Texas, nunca tuvo suficiente publicidad para que el mundo supiera la gravedad. Las autoridades sí lo sabían, se llevaron consigo tanto el virus como la medicina, pero Netsfield jamás entregó la cura. Aquella cura la habían obtenido gracias al trabajo de los maestros y alumnos más dotados, apoyándose en las pruebas que habían podido robar de Millenium, la empresa que financiaba la creación del virus, fue la única esperanza que tuvieron para salvar la vida. Cuando lo consiguieron abandonaron el pueblo por un año, aunque el gobierno instigó y acoso para que les dieran la cura, los habitantes de Arenville que tenían información hicieron un voto de silencio.


El virus K-16, era peligroso, cualquier cuerpo físico contagiado se consumía en un lapso de cinco días, hasta morir. Su sintomatología era dolorosa y continua; dolor de cabeza, fiebres superiores a los treinta y nueve grados, cansancio extremo, hemorragias nasales y al evacuar, piel amoratada, ceguera, hemorragias internas, locura temporal, fallo de órganos y muerte. La medicina era un suero bebible que lograba contrarrestar los síntomas y retardarlos, pero se debía consumir cada veinticuatro horas y al no hacerlo provocaba el inicio de los síntomas, hasta la muerte.

Los políticos iraníes informaron al mundo que Norteamérica había sido la causante de crear y propagar el virus, los involucrados fueron arrestados y enjuiciados. El mundo centró su atención en buscar una cura y mantener una cuarentena que impidiera tener más contagios, pero era inútil, pronto la gente dejó de tener fe. Seis meses después vieron la luz, Alexander y Sherry Schiltz, familiares de Elliot White, entregaron información para la creación de la cura, descubrieron que el dos por ciento de la población era inmune al virus, y los inmunes ayudaron a través de donaciones sanguíneas para obtener el suero de la cura, que después se conseguía en una máquina de radiación. Durante el camino a la cura se perdieron alrededor de cincuenta y tres millones de vidas en todo el mundo. Cuando el virus se erradicó, prosiguió una de las peores crisis económicas de la historia, y el cambio de gobierno de muchos países, propiciado por la actuación durante la pandemia.


Así, Armindo Pichet llegó a la presidencia de Francia, hijo de padre español y madre francesa. Era una esperanza para el pueblo francés, tenía buenas ideas, un gran equipo de trabajo. Pichet tenía grandes dotes, era elocuente, sociable, simpático y manipulador. Pero escondía algo, dentro de sí, yacía una bestia hambrienta de poder que nunca estaba satisfecha.


En el año 2032 inició la guerra de Goliat, era la unión de diez países contra Estados Unidos de América, fomentado por un deseo de venganza. Norteamérica cayó sucumbida ante una bomba atómica que le hizo perder su gobierno y la mitad de su territorio que se volvió inhabitable. Y mientras los países vencedores celebraban, se atacaron entre ellos mismos. La guerra de los triunfadores se extendió por diez largos años hasta que, en el año 2042, Francia, Inglaterra y China se alzaron con el triunfo, cada país anexo nuevos territorios. China tomó Corea, Francia tomó la mitad de Europa y el resto fue para Inglaterra.

Fue por esos años que Armindo Pichet se reveló como el terrible dictador que era; prohibió la religión en toda Francia provocando la persecución y muerte de miles de religiosos, abolió el derecho al voto, convirtiéndose en líder de la nación hasta su muerte. Incrementó el costo de la tecnología, generando la desinformación y la ignorancia. Incitó la corrupción, la división y el odio entre el pueblo.


Pichet murió en el año 2048, después de gobernar por dieciséis años, dejando una Francia consumida por el hambre, la pobreza y el miedo.

Francia volvió a la democracia, eligió como su nuevo presidente a Thierry Gautier, un gobernante pacífico, inteligente y negociador, que hasta el día de hoy hace su trabajo para reconstruir a un país que casi se consumía en las cenizas.

¿Qué destino nos espera?, ¿Podrá el mundo ser el paraíso prometido donde vivirán nuestros descendientes?, ¿O acaso debemos mirar al firmamento y buscar uno mucho mejor?, quizás no sabremos la respuesta, lo único seguro que tenemos ahora, es que, sea lo que sea que mañana suceda, ya nada nos sorprenderá, porque ya hemos pasado por todo»


Ella arrugó con fuerza aquel periódico y después lo lanzó hasta el cesto de basura que yacía a dos asientos adelante. Cuando miró por la ventana se levantó asustada, caminando por el autobús, mirando en cada ventanilla. ¡Había perdido la última parada!

—¡Diablos!—gruñó casi con furia —. ¡Deténgase, me bajo aquí!

Ni siquiera atinó a tocar la campanilla que anunciaba la salida, cuando el autobús paró, descendió de inmediato. Si hubiera pensado con lógica no se hubiera bajado aún, estaba a once kilómetros de la parada donde debía bajar y a quince kilómetros de la próxima. Cuando estuvo en suelo se dio cuenta de que estaba en medio de la carretera rodeada de árboles y vegetación. Todo estaba en silencio, excepto por el rugido de algunos motores de carros que a toda velocidad pasaban frente a ella.

—La culpa es de ese columnista, ¿Cómo se llama?, ¡Ah sí!, Leónidas Garreti.

Ella no soportaba las noticias sensacionalistas como la nota que había leído en el periódico durante su trayecto en el autobús. Era maestra, estudió pedagogía con una beca en la Universidad de Sorbona, y trabajaba en una escuela pública.


Cruzó la carretera aprovechando que no circulaban muchos carros, y caminó por toda la acera hacia el norte. Había avanzado cerca de cuatro kilómetros, cuando se detuvo al mirar tras los árboles una gran mansión, estaba mal conservada y en ruinas.

—¡Es la mansión del kilómetro veintiuno!—gritó cuando recordó la leyenda de aquel lugar—. Fue aquí donde Sir Walter Duncan fue auxiliado tras su terrible accidente por ¡Kent!

Walter Duncan era un héroe nacional, un coronel retirado que había luchado en la guerra de Goliat, había salvado a muchos inmigrantes franceses de la ira de Pichet. También había escrito un viejo libro llamado "Los caminos que llevan al Sol", donde había descrito que tras el accidente de moto que tuvo en esa misma carretera, un hombre llamado Kent le había salvado la vida, a pesar de que estaba casi muerto. Cuando estuvo recuperado, Duncan escribió como Kent se transformó en un ser femenino alado, que desapareció tras un espejo mágico. «Kent conoce todas las respuestas», había escrito Walter Duncan al final de su libro.


Sin dudar, Clara Luz caminó a la mansión, movida por esa curiosidad voraz que la caracterizaba desde niña. Cuando estuvo cerca de la mansión, tuvo un sentimiento de decepción, aquel lugar estaba en decadencia, la fachada estaba por caer, las paredes que alguna vez fueron blanco inmaculado hoy estaban ennegrecidas, las ventanas rotas y los suelos del jardín lodosos, llenos de basura y hierba alta.


Se asomó por las ventanas ahumadas y polvorientas tratando de observar algo, cualquier cosa que la hiciera olvidar su rutinaria vida, podía mirar un poco dentro, había muebles viejos, rotos y antiguos, parecía interesante, aunque no dudaba que podía llevarse alguno que otro susto, ¡Pero valía la pena el riesgo!, a ella le encantaba el misterio y las historias desconocidas.

El crujir de unas ramas la sobresaltó, vio como una lagartija corría hasta el otro extremo, la miró con desagrado, sin saber que aquel animalito con su rápida huida le advertía de un peligro mayor.

Clara Luz lanzó un suspiro y de nuevo espió por la ventana, pero al ver un oscuro reflejo sobre la sucia ventana, intentó voltear, entonces alguien tapó su boca con un pañuelo impidiéndole gritar, una mano la tomaba con fuerza por la cintura intentando cargarla. Ella se movía como si fuera un renacuajo, pero aquello que la sostenía era mucho más fuerte que ella. Aquel pañuelo desprendía un olor extraño a avellanas quemadas y tierra mojada, Clara Luz no quería oler, pero era imposible cuando estaba tan cerca de su nariz, sintió como si anduviera en una montaña rusa, todo le daba vueltas, una sensación de cansancio y letargo se apoderó de ella, sus ojos se cerraban, mientras sentía que alguien la recostaba sobre el suelo, no pudo ver su rostro, solo vio las hojas verdes de los árboles, el cielo azul turquesa y después todo se volvió oscuridad.

15 de Abril de 2020 a las 00:26 2 Reporte Insertar Seguir historia
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Rafael Enrique Ortiz Gimenez Rafael Enrique Ortiz Gimenez
Me recordó con los nombres a otras situaciones ya previas en la historia contemporánea, continuaré
April 25, 2020, 13:42
AXEL CARREON AXEL CARREON
Se ve interesante, espero el siguiente capítulo...
April 16, 2020, 01:08
~

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