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gera-rm1585440255 Gerardo Roma

Maria Eugenia es el lago que brinda Agua a toda la comunidad de Jovel, Concha la tatarabuela del pueblo descubre un peculiar olor en el aire mientras celebran el aniversario del pueblo, hace todo lo posible para conservar aquel lago pero sus intento fue en vano, el lago desaparece quedando solamente recuerdos.


Infantil Todo público.
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como llego se fue

Al amanecer de cada nuevo día de todos los días del año, los hombres y mujeres de Jovel esperaban pacientes los primeros rayos del sol que iluminaban el majestuoso lago de Maria Eugenia, Concha la tatarabuela del pueblo solía levantar la primera oración elevando sus manos llenas del agua cristalina que agarraba con mucho respeto de aquel inmenso lago.
¡Por ti somos y para ti estamos! Decían cada unos de los pobladores con armonía y fe, los padres de Concha habían sido los primeros fundadores de aquella comunidad, muchas leyendas se contaban sobre aquel lago pero nunca nadie lo había descubierto, siempre eran cuentos de los viajeros y caminantes así que un día armándose de valor decidieron emprender el viaje entre montañas y bosques buscando aquel lago y una nueva tierra que les brindara mejores oportunidades, la comida y el agua se habían terminado, estaban un poco desesperados y preocupados y no por ellos sino por Conchita.

-¿Que vamos a hacer, Domingo?, la comida se nos ha terminado y Conchita no ha comido en días, apenas estamos sobreviviendo con el agua que nos queda- dijo Angélica.

-Tranquila encontraremos algo pronto- respondió Domingo angustiado por la situación.

Conchita era una niña muy especial, le gustaba jugar con todo lo que iba encontrando en el camino, piedras, palos y animales, algo en particular pasaba con ella, cuando estaba cerca del agua podía sentirlo y eso sucedió aquel día.

La noche estaba entrando, unas nubes grandes y grises aparecieron en aquel inmenso cielo, algunas gotas de lluvia comenzaron a caer, Conchita corrió a donde estaban sus papás:

-Tenemos que salir de aquí estamos dentro del lago, es un lugar sagrado-les dijo.

Domingo y Angélica siempre creían en la palabra de su hija así que hicieron lo que les había dicho, tomaron sus cosas y comenzaron a correr alejándose de ese lugar, llegaron a una peña rodeada de árboles altos donde decidieron refugiarse, parecía como si un diluvio se hubiera desatado, aquel valle lleno de árboles donde se encontraban comenzó a llenarse poco a poco de agua hasta formar un lago interminable.

Angélica y Domingo no podían creer lo que sus ojos habían visto, aquel misterioso lago del que tantas leyendas se contaban había aparecido frente a ellos, finalmente estaban en el lugar que tanto buscaban para comenzar una nueva vida, los tonos azules de aquel lago eran únicos, Conchita corrió emocionada acercándose para poder entrar.

Sus pies fueron los primeros en sentir el agua, el lago resplandeció con los la luz del sol, la noticia corrió como pólvora, los días fueron pasando y más personas comenzaron a llegar a Jovel para vivir, las casas se fueron levantando a la orilla de aquel lago, muchas construidas con adobe y paja, el lago era de vital importancia para todas las personas que vivían ahí, les servia para tomarla, bañarse y hacer uso de ella para otras cosas, personas comenzaron a construir algunos veleros para dedicarse a la pesca y así poder vender lo que sacaban de aquel lago los Domingos por la mañana en el mercado.

Conchita estaba preocupada, se había dado cuenta que en los años que llevaba viviendo ahí todos consumían y hacían uso del agua pero no habían reglamentos para su protección así que fue a platicar con su padre:

-Papá, he notado que la comunidad ha crecido y me da mucho gusto, aquí todos tenemos la oportunidad para vivir, pero nadie está cuidando lo que el lago nos brinda-dijo ella.

Domingo estaba colocando la ventana que había construido para tener una vista completa del lago, dejo de hacerlo y se acerco a Conchita.

-Que bueno que te preocupes hija, hablaremos con todo Jovel para llegar a un acuerdo- respondió.

Las reglas se propusieron en una reunión con todos los habitantes, sabían que era importante cuidarlo para que las próximas generaciones pudieran verlo y seguir conservandolo.

Todos estaban reunidos cuando la voz de Felipe se escuchó:

-Yo pienso que tenemos que cuidar mucho de la basura que hacemos cada uno para que no termine en el lago- dijo

-Me gustaría que las lanchas o veleros no usen motor para no contaminar- menciono alguien más.

De repente Conchita levanto la voz:
- Simplemente debemos de ser conscientes con lo que Maria Eugenia nos ha dado hasta ahora, apareció frente a nosotros para brindarnos la vida que llevamos y como agradecimiento debemos cuidarlo hasta nuestro últimos días-.

Las reglas quedaron establecidas y así funciono por mucho tiempo, cada mañana levantaban la mirada al cielo agradeciendo por ser tan afortunados de tener el agua de Maria Eugenia con ellos, los años fueron pasando y Jovel continuo creciendo, concha ya no era aquella pequeña niña, tenia 80 años cumplidos y era la tatarabuela del pueblo, siempre con esa sonrisa que la caracterizaba, todos la querían y respetaban mucho, seguía viviendo en la casa que en algún momento le perteneció a sus padres, al abrir la ventana el viento traía el olor del agua que la había acompañado durante tantos años hasta ese día, el olor que sintió esa mañana fue diferente, pensó que era la leña que las personas hacían por el aniversario de Jovel, tomó su taza de té como de costumbre y se dirigió a la puerta, la gente se encontraba preparándose para aquel gran acontecimiento, en las puertas estaban colgadas las flores blancas que año con año ponían en cada casa, los veleros estaban formados para hacer el recorrido con todos los habitantes, en el ambiente se respiraba felicidad y armonía pero también ese olor peculiar que todo el mundo sentía.

Fermín y Elena eran los nietos de Concha, la esperaban en la entrada como cada 15 de abril para tomar el velero y recorrer el lago.

-Abuela, ¿que es ese olor?, nunca lo había sentido y Fermín me dijo que el tampoco- mencionó Elena.

-No sé que pueda ser hija pero vamos a averiguarlo- respondió Concha con un tono preocupante.

El recorrido por el lago comenzó, toda la gente vestía de blanco, Fermín estaba angustiado, había notado que los niveles del lago jamas habían estado tan bajos y eso no se veía aunque no fuera época de sequía, Concha también lo notó, algo no andaba bien. Al llegar al otro extremo de lago se percataron como maquinas trabajaban abriendo camino, mientras que el agua se fugaba sin importar, esa era la razón que los niveles estuvieran bajando, al llegar a la orilla Concha y los habitantes bajaron y se acercaron para hablar con ellos.

- ¿Que está pasando?, ¿Por que están haciendo esto?, ¿No ven lo que están causando?, la tierra lo está sintiendo, los niveles del lago están bajando- gritó Concha.

-Cumplimos con nuestro trabajo señora, sé está construyendo una nueva carretera y pasará por aquí, me temo que el lago sufrirá daños pero tendremos conexión con más pueblos y ciudades- dijo aquel hombre esperando que la reacción de los habitantes fuera aceptada..

El pequeño sendero que usaban muchas personas que venían de otros pueblos había desaparecido, se había convertido en una carretera.

Concha subió de nuevo al velero y regreso con todos los pobladores a Jovel, tenían que conseguir detener lo que pasaba a como diera lugar, los días pasaron y los niveles del lago seguían bajando, el agua comenzaba a ponerse sucia, la preocupación de los habitantes fue incrementando, hablaron con los señores de las máquinas pero todo fue en vano.

La carretera estaba progresando y faltaba poco para terminarla, sabían que el lago no resistiría más, a Concha se le ocurrió una idea, construir pequeñas presas para tratar de retener la mayor parte de agua posible pero ya no para su uso sino para su cuidado y conservación, no podían creer lo poco que quedaba de aquel majestuoso lago con el que muchos habían crecido, aventuras e historias desaparecerían con él.

Era de madrugada cuando una lluvia torrencial cayo en Jovel por varias horas hasta el amanecer, todos los habitantes salieron para admirar aquel lago por última vez, las lagrimas de Concha rodaban por su rostro recordando cada momento vivido con Maria Eugenia, después de algunas horas el agua comenzó a desaparecer quedando aquellas porciones retenidas en pequenas presas.

Con el paso del tiempo aquel lago misterioso que apareció repentinamente no fue más que un recuerdo.

12 de Agosto de 2020 a las 23:24 1 Reporte Insertar Seguir historia
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Gerardo Roma desde que naces empiezas a crear solo necesitas un poco de imaginación para hacerlo realidad

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Galo Vargas Galo Vargas
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April 02, 2020, 01:16
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