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davidr David Ramírez

Recuerdo que esa noche estaba muy deprimido; y en medio de un ataque de pánico, se me ocurre pensar cómo puedo salir de esa situación de una vez por todas. Y salió esto. Sospecho que a alguna persona le puede sentar mejor esto, así que decidí compartirlo con ustedes. Ojalá lo disfruten.


Inspiracional Todo público.

#drama #desamor #tristeza #ansiedad #filosofía #reflexión #nihilismo #motivación
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Reflexionando a las 3 a.m.

— Así que… después de tanto nos volvemos a encontrar.
— Exacto. Ya ni me acuerdo cómo escribir en este formato.
— Es irónico, ya que nunca supiste. Recuerda que así empezaste. ¿Viniste por otro desamor?
— Algo así.
— Ya lo presentía. ¿Te acuerdas cuando yo te machacaba continuamente por allá por las épocas de tu primera musa? qué tiempos aquellos. Hasta me siento un poco mal y todo.
— Si, yo también. No debí darte tanto poder como para gobernarme así.
— Necesitábamos un tiempo, ninguno de los dos sabía cómo gestionar su vida, a pesar de pertenecer al mismo cuerpo. ¿Qué tal tus ataques de pánico?
— Pues me dan muchos menos.
— Me alegro. Me siento un poco culpable también, puede que yo haya sido el causante de muchos de ellos.
— Nada que ver —me reí— . No eras tú, simplemente eran los demonios que me creaba.
— ¿Y ahora cómo vas?
— No te puedo decir que he mejorado mucho. Sigo teniéndolos, pero ya con mucha menos frecuencia y, de todas maneras, cuando siento alguno sé cómo sobrellevarlo.
— Es cierto. No sé tu experiencia, pero veo que hablas diferente y, lo más importante de todo, yo hablo diferente. Parece que hay más armonía entre los dos.
— Y me siento más cómodo escribiendo contigo, no como con esa voz criticona del pasado.
— Ahora sí, cuéntame. ¿Qué te trae por aquí?
— Es un conjunto de cosas. Siento que lo tengo todo claro, pero no tengo el tiempo suficiente como para tener credibilidad sobre mis palabras; además, mi ambiente no se deja llevar por los argumentos, precisamente.
— O sea que no es sólo por un desamor.
— No necesariamente. Sí me tormento a veces pero, el saber que la existencia no tiene sentido, me ayuda a jugar con esa chica, tal como ella juega conmigo. Al final del día, ves que nadie hizo nada; y a la vez lo hicimos todo.
— Eso está bien. Me sorprende mucho verte así: hace unos años era inimaginable verte escribir eso.
— Lo sé, lo sé. Gracias por el halago. Hay veces que es difícil por los sentimientos y todo eso, pero una vez que se lleva el ritmo, es fácil.
— Claro. Cambiaste, pero en 3 años nadie cambia tanto. ¿Crees que puedes cambiar esa tristeza que te invade a veces?
— No creo que pueda cambiarla nunca, principalmente porque no quiero. Me parece muy lindo ver cómo puedo dar todas esas facetas de mi querer a las personas que sí importan: mis amigos, mi perro, la gente nueva que conozco…
— ¿Entonces?
— Quisiera aprender a diferenciar entre personas. Puede que esa sea la razón (en resumen) de por qué estoy aquí. No hay problemas a mayor escala, no hay personas que me odien; y si existen, no importan mucho tampoco. El problema radica en las personas a las que amé. Ahorita están destruyendo los jarrones de lujo en forma de amor que les dí.
— Y te molesta que tus expectativas estén tan descolocadas.
— Probablemente.
— "Probablemente" no. Soy tu mente. Sé que eso es un sí, pero no quieres admitirlo del todo.
— Pues para qué ocultarlo. Sí, tienes razón.
— ¿No crees que tu falta de decisión es la que te cause esos problemas?
— Es un muy buen punto, no lo había pensado así. Puede que sí. Eso resolvería muchos problemas en mi vida, y seguramente mis relaciones se recuperen con creces, pero da miedo. Eso, y que no soy lo suficientemente “otra persona”, como para mancillar por completo a mi yo del pasado.
— ¿Por qué no quieres hacerlo todavía?
— Porque siento que hay cosas buenas que se pueden quedar de ese joven adolescente, aunque esta otra versión tiene puntos muy válidos también.
— Entonces estás mediando entre una y otra, y gracias a eso no estás tomando decisiones claras.
— Correcto. Siento mucho miedo de que la otra versión esté en lo cierto, y no esta; y viceversa.
— Pero no tomas ninguna decisión. Venga, hombre, ¡anímate! ¿no has escuchado esa frase que reza que “es mejor tomar una decisión equivocada que no tomar ninguna”?
— Claro, por supuesto que sí, pero hay un detalle. El hecho de que no tome ninguna decisión hace de eso una decisión en sí.
— ¡Pero es la peor!
— Ya sé; no te dije que fuera buena. Es difícil cambiar. Tengo una crisis de identidad a cada paso que doy. ¿Soy el tierno en el que siempre puedes encontrar apoyo (además de ser carismático con todas las personas) ?, ¿o soy el desquiciado que se la pasa jugando con los demás (con el plus de que me divertiría el triple)?
— ¿Por qué tienes que decidir eso? cada cosa tiene su momento y su lugar, tú mismo lo dijiste.
— Inteligente jugada, bien hecho. No repararé más en eso. Ahora, ¿cómo puedo superar ese miedo que me da de ser malo con la gente con la que juego?
— Depende. ¿Sabes exactamente a qué le tienes miedo?
— Déjame pensarlo. —los sonidos ambientales se apoderaron de mi cabeza. Empecé a visualizar situaciones, pero me dí cuenta de que no tenía miedo a las situaciones como tal, sino— a… comprometerme.
— ¿A qué?
— A tener que ser la misma persona siempre. Habrá días en los que no me sienta de ese modo.
— ¿Y quién te dice a ti que tienes que hablar con todas esas personas todo el tiempo?
— Pues sí.
— Me parece que no tienes claro lo que es un juego. Un juego tiene como propósito la diversión; un juego es algo en lo que tienes que progresar (o por lo menos pulir tus dotes, lo mismo que la práctica); un juego no es nada más que eso, un juego. Es algo que no tiene validez real en tu vida, algo que no te afecta para nada y, dada la cantidad de situaciones que se pueden generar en esos contextos, algo con lo que puedes hacer lo que quieras.
— ¿Lo que quiera?
— Sí, todo lo que quieras. Tienes que entender que, para poder jugar a este juego, debes relajarte. Esa ha sido una de las grandes bazas que te acompañan, y es lo que no te deja mantener la constancia. Cuando has mantenido la calma, las cosas han fluido, y cuando no, fracasas rotundamente. Desesperarte no ayuda.
— ¿Y si no encuentro solución?
— Ya se te ocurrirá alguna. No te estoy diciendo que todo lo que hagas vaya a ser correcto (te adelanto que, ninguna de las cosas que hagas va a estar 100% acertada). Lo que te estoy intentando decir es que no tienes que desesperarte, y siempre mostrarte en calma; esa es la manera de conseguir las decisiones correctas.
— Nada va a ser 100% acertado... Ese margen de error me asusta.
— No debería. Te tratas a ti mismo como si fueras el anfitrión de una fiesta gigante. Como si tu universo mental fuese una casa con un banquete, y los comensales tuviesen que elegir qué plato empezar a comer.

Ahí hay otro punto de inflexión, si te das cuenta. Te estás tratando a ti mismo como la persona que tiene el deber de que otras lo quieran, cuando esa es una manera de pensar que conduce al caos absoluto. Es así de simple: así como tú jamás vas a acertar, ellos tampoco. Todos están llenos de inseguridades. Literalmente, ¡la persona a la que más le apostabas que fuera segura, terminó mostrando más inseguridad que tú! y esa persona es mayor que tú por bastante tiempo.
— Entonces… ¿estoy en igualdad de condiciones?
— ¡Por supuesto! no tienes que ser el mejor de todos en cuanto a socializar; ya lo has dicho millones de veces: “para socializar, simplemente hay que ser y ya”. Lo único que tienes que hacer, es estar en sitios donde te sientas cómodo. Con personas con las que te sientas cómodo; y cuando no te sientas de esa manera, recordar que tú eres el dueño de ti, y que el rechazo que sientes está en tu mente. Amigo, tienes demasiada consciencia como para no mortificarte.
Tienes ansiedad desde los 12 años. Siempre te has criado con el cariño hacia los demás, nunca pasarías por encima de alguien, por más que te lo hagan creer las personas más pisoteadas de tus círculos.
— Es… cierto.
— ¡Y lo que me molesta es que no te lo creas! Hasta que no te lo dije, y hasta que no lo escribiste (y por resignación, porque no tenías nada que publicar) no lo interiorizaste.
— Si. Me siento un poco mal conmigo mismo.
— Y ahí lo tienes de nuevo. Otra trampa más. Así como con la vida, no acertaste; pero le diste a este texto un toque sentimental que, personalmente, me encanta. Esa es la esencia de la vida: hacer lo que se te dé la gana.
— Mira que curioso, eso concuerda con mis ideas sobre la existencia… ¡Claro! ahora todo se conecta. Resulta que nada de lo que haga va a ser importante para el universo. Al universo le valgo 3 kilos, así como toda la gente que conocí y alguna vez conoceré. La ciencia es estúpida porque estudia cosas que en el largo plazo no van a tener sentido: si no nos matamos nosotros mismos, el sol nos matará. Si no nos mata el sol, lo hará su consecuente congelación. Si eso tampoco lo logra, lo hará otra congelación; la de la vía láctea. Y aún con todo; si eso no nos afecta, todo el universo estará, o más lejos de lo que podamos llegar a imaginar, o dentro de un agujero negro que, sorpresa, se congelará también.

Partiendo de esa base, literalmente nada de lo que haga va a causar mayor impacto. La gente se podría preguntar entonces ¿para qué vivir? y tienen razón; los suicidas nunca sabrían cómo responder a esa pregunta. Pero si la vida no tiene sentido, lo único que tiene sentido es mi bienestar, porque es lo único que me importa, y visto desde otro prisma, es lo único que importa. Y es perfecto, porque no me siento bien haciéndole daño a los demás, y tampoco me siento bien al no ser alguien que no soy, pero como tú dices; ese último miedo tiene que desaparecer.


Disfruto de muchas cosas, pero de lo que más disfruto es de jugar con personas que me tratan como un juego, más cuando tengo amigos tan geniales y compañeros tan fieles, que no necesito mostrar con ellos esa careta temporal. Puede que me desilusione de vez en cuando, pero he llegado a un punto en el que juego tan bien, que hasta la persona que más idolatre no se va a poder meter en mi cabeza; tal y como acaba de pasar.


Tienes toda la razón. La única cosa que me falta para jugar al juego con todas las de la ley, es esa confianza en que soy genuino, a pesar de cómo juegue. Yo no soy mis actos, soy el cómo los ejecuto, y si lo hago más confiado, voy a convencerme de que sí soy, voy a convencer a los demás de que sí soy, y me voy a llevar esos premios que tanto ansío. Voy a romper el juego.
— Y lo mejor de todo, ¿sabes qué es?
— ¡Dime!
— Que vas a poder seguir conociendo gente que te comprenda, con la que no tengas que jugar. Ese beneficio de la duda al conocer, que le permite a la persona actuar como mejor le parezca antes de que hagas un movimiento, es la clave. Si actúan con amor, se volverán compañeros de vida. Si actúan con recelo, se volverán contrincantes del juego. El juego de las personas.
— Bien. Nunca pensé que fuera tan fácil.
— Toda la vida lo es. Lo que pasa es que las personas se complican.
— Quiero darte un abrazo. Una lástima no poder.
— No es necesario. Soy parte de ti. Una vez que consigas quererte al 100%, vas a hacerme más feliz que con todos los abrazos del mundo. Para cerrar, te dejo con una frase que sé que amarás, de parte de tu artista favorito: “no hay mayor acierto que aceptarse cuando fallas”.
— Por supuesto. Muchas gracias, te amo.
— Y yo a ti. Ten una buena vida. Cuando me necesites, aquí estaré. Tú sólo llámame y correré a tu ayuda.
— Eso haré. Descansa.
— Buenas noches.

28 de Marzo de 2020 a las 21:47 0 Reporte Insertar 1
Fin

Conoce al autor

David Ramírez Sería un placer que te tomes unos minutos para leer algo mío, así sea este extracto. ¿Qué me gusta? de todo, pero me fascinan los relatos cortos, las mini novelas y los poemas. Si tu eres así de variado, cómo estaría de bien que te pasaras por mis textos. Por último, procura reseñar mis textos contándome qué te parecieron. Así sea una crítica o un halago, no sabes como me sentaría de bien leerte. Publico relatos todos los lunes, para ver si así se pasa mejor la semana.

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