amdelu Dení Luna

En la soledad de su jardín espera con paciencia la llegada de las cartas de sus flores.


Romance Romance adulto joven No para niños menores de 13.

#rosa #cartas #guerra #jardín #flores
0
1.0mil VISITAS
En progreso - Nuevo capítulo Cada 10 días
tiempo de lectura
AA Compartir

Jardín

En el solemne jardín un muchacho leía la carta de una de sus flores. Aunque estar encerrado en aquel lugar no se lo hacía de lo más feliz, agradecía estar afuera del desorden que estaba siendo el mundo detrás de los muros de su castillo.

La firma de su carta era una dalia, pintada con mucha delicadeza, sabía que no había sido la chica que se la enviaba; los eruditos escribían las cartas que ellas les redactaban, la falta de educación hacia ellas era un obstáculo para su comunicación en tiempos de guerra, aun así, había eruditos reales que hacían ese deber y ellos firman por ellas también.

No sabía el nombre real de ellas, sin embargo, podía distinguirlas. Girasol; la más joven, está decidida a ser la flor que gane su corazón, sus pensamientos son alegres y era la única que le preguntaba cómo se encontraba. Lila; se preocupaba no regresar para estar a su lado, temía de la muerte que la esperaba en el campo, pero él intentaba animarla, como podía. Lirios; era una chica la cual le platicaba todo lo que hacía en el día, y repetía cual bellos serían sus hijos, ella se describió una vez, pero solo pudo imaginarse una chica normal (aunque su situación no lo era). Dalias, era como su amiga, fue la primera en ser su flor y aunque al principio no sabía que decir en sus cartas, al final son las que más espera, ambos tienen confianza de decir lo que piensan, aunque guarden algunas cosas, Dalias se dice que es buena guerrera y hará todo lo que pueda para defender el reino en donde vivirá el cambio, Clavel; puede ser la flor que teme ya no tener respuesta, a veces desaparece, aunque entiende que la situación está peor en el sur de Eracho. No sabe mucho de ella, solo que su hermana quería ser flor, pero no lo consiguió, Clavel es una chica muy reservada, lo poco que hablan son del clima y como ha mejorado en su dibujo, es la única que firma, en su poco tiempo libre a escondidas dibuja, y aunque debería de delatarla, jamás sintió que fuera lo correcto, así que cada carta es un clavel más detallado.

Y, por último, Rosa. No había tenido ni una carta suya, y solo se enteró de su existencia por Dalias. Ambas se conocen, pero aun así no sabe nada de ella y si decide olvidarse de su rol como Rosa, él la olvidará también, aunque en su fondo quisiera que se presentara, hay algo que siente que debería hacer, pero está prohibido dar el primer paso y de buscar a su flor a no ser por cartas.

Ellas eran sus noticias de afuera, son sus flores, las cuales esperan regresar al jardín.

La carta de Dalias decía que estaba fastidiada de una de las chicas que no dejaba de hablar de su jardín, lo cuan hermoso es y que al terminar este sería solo suyo. Pero al chico le llamó la atención que no hablara del jardinero, de su rey, solo esperaba que si ella sería la flor, que el rey tuviera cuidado de ella. También redactaba que no sabía cómo era él físicamente, y que pensó en eso ya que la flor de la que se quejaba había dicho que su jardinero era horrible, que no parecía alguien de la realeza. Kenhof saltó una risita, sin embargo, después se dio cuenta que él tampoco sabía el físico de Dalias, en su mente la veía como una mujer de alto porte y fuerte, nunca le dio un rostro, solo la presencia.

Esa tarde escribiría su respuesta, para enviarla en ese mismo día, las cartas en esta situación a veces demoraban en llegar e ir. Antes de la guerra ellas estaban en entrenamiento para ellas, tenían tiempo para ellas, sin embargo, algunas tenían que ser el sustento de sus casas con trabajos pesados para salir de la economía. Las princesas no iban a la guerra, pero tampoco a la escuela, ellas eran artistas, así mismo como las que ayudaban a firmar las cartas.

Cuando se sentó en su silla para empezar a escribir, un joven entró en su habitación con un sobre en su mano.

—Para usted, su majestad

—Gracias, puedes retirarte—le contestó el príncipe

Puso un espejo en su mesa para dar detalles de su físico, quería que Dalias supiera bien su aspecto. Cuando estuvo por terminar su carta el sobre se vio en el rabillo de su ojo, con curiosidad la tomó, decía su firma en ella y cuando la abrió sus ojos como imanes se posaron en la firma. Rosa.

25 de Marzo de 2020 a las 06:41 0 Reporte Insertar 0
Continuará… Nuevo capítulo Cada 10 días.

Conoce al autor

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~

Historias relacionadas